El aumento del riesgo de recesión crea un nuevo dolor de cabeza para Biden

Las medidas de lucha contra la inflación del banco central podrían complicar los esfuerzos del presidente Biden por destacar los puntos fuertes de la economía estadounidense. FOTO: TIFFANY BLANCHETTE/ ASSOCIATED PRESS

La Casa Blanca despliega una estrategia para destacar los puntos positivos de la economía, mientras la Fed aborda la inflación. Biden y su equipo económico han sostenido que la economía está bien posicionada para resistir los desafíos, señalando factores como la solidez del mercado laboral y la tendencia del desempleo, que se acerca a su nivel más bajo en 50 años.




Los esfuerzos de la Reserva Federal por frenar la inflación están aumentando la posibilidad de un mayor desempleo, un crecimiento más lento de la economía y una recesión, perspectivas que podrían crear nuevos dolores de cabeza a la administración Biden.

Mientras el país se adentra en la temporada de elecciones de mitad de mandato, gran parte del debate político se ha centrado en el crecimiento económico sólido y el empleo robusto frente al impacto perjudicial de la inflación. Más recientemente, las advertencias sobre la perspectiva de una recesión económica -que podría llegar en 2023 según algunas estimaciones- han complicado el panorama económico de una nueva forma.

Joe Biden y sus asesores ya están lidiando con una inflación que tiende a alcanzar el nivel más alto de las últimas cuatro décadas, con una confianza del consumidor vacilante y con los vientos en contra que plantea la guerra de Rusia en Ucrania. Los republicanos culpan al gobierno por el aumento de los precios, diciendo que avivó la inflación con el estímulo relacionado a la pandemia y luego no pudo contrarrestarla cuando los precios subieron. Han arremetido contra Biden y los legisladores demócratas antes de las elecciones de mitad de período de este otoño, que decidirán qué partido controla el Congreso.

“Es este Presidente y su gobierno totalmente demócrata quienes han vaciado los bolsillos de las familias estadounidenses, y todas las encuestas muestran que nuestros ciudadanos comprenden demasiado bien esa triste realidad”, dijo recientemente en el Senado el líder de la minoría Mitch McConnell (republicano, Kentucky).

Biden y su equipo económico han sostenido que la economía está bien posicionada para resistir los desafíos, señalando factores como la solidez del mercado laboral y la tendencia del desempleo, que se acerca a su nivel más bajo en 50 años. Están desplegando una estrategia que busca mejorar la opinión de los estadounidenses sobre la economía, lo que podría reforzar la confianza y ayudar a apuntalar el gasto de los consumidores.

“Nuestra economía se encuentra en una transición de lo que ha sido la recuperación más fuerte de la historia moderna de Estados Unidos, a lo que puede ser un período de crecimiento más estable y resistente que funcione mejor para las familias”, sostuvo el domingo Brian Deese, director del Consejo Económico Nacional, en el programa “State of the Union” de la CNN.

La estrategia incluye el aumento de los viajes internos de Biden para promocionar los puntos positivos de la economía y los esfuerzos de la administración para reducir los precios al consumidor. También está estableciendo un contraste más marcado entre su programa de política económica y el de los republicanos, que, según la administración, harían poco para combatir la inflación y tratarían de aumentar los impuestos a las familias estadounidenses.

“Es una economía con algunos vientos en contra, pero los hogares estadounidenses están enfrentando esos vientos en contra desde una posición de fortaleza”, comentó Jared Bernstein, miembro del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca. “Hay una serie de indicadores económicos importantes que subrayan esa posición de fuerza”, agregó.

La Casa Blanca se enfrenta a dos obstáculos. Las preocupaciones económicas tienen un alto índice entre los votantes, por lo que los mensajes sobre la fortaleza de la economía corren el riesgo de caer de plano, y cambiar la dirección de la economía sólo está parcialmente bajo el control de la administración, ya que las palancas más fuertes las tiene la Reserva Federal. El banco central está realizando un esfuerzo agresivo para controlar la inflación sin ralentizar sustancialmente el mercado laboral y la economía en general, una hazaña que, según algunos economistas, puede ser difícil de lograr.

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, declaró la semana pasada a The Wall Street Journal que “podría haber cierto dolor” en la reducción de la inflación y que el desempleo podría aumentar ligeramente. La secretaria del Tesoro, Janet Yellen, comentó el miércoles pasado que las perspectivas de la economía mundial son difíciles y que el aumento de los precios de los alimentos y la energía está “teniendo efectos de estanflación”, en referencia a una combinación de alta inflación y débil crecimiento. A su vez, las acciones estadounidenses cayeron con fuerza la semana pasada.

El domingo, Deese dijo que la Casa Blanca apoyaba el enfoque de la Fed. “Tenemos que dar a la Reserva Federal el espacio y la independencia para hacer su trabajo, que es controlar la inflación”, declaró.

Matthew Luzzetti, economista jefe para Estados Unidos de Deutsche Bank Securities, indicó que espera que la Reserva Federal tenga que tomar medidas más drásticas para enfriar la inflación, lo que, en su opinión, aumentaría el riesgo de una recesión en 2023. Deutsche Bank prevé que la inflación al consumo, excluyendo los precios de los alimentos y la energía, a menudo volátiles, se reducirá respecto a los niveles actuales a finales de 2022, pero se mantendrá muy por encima de los niveles prepandémicos.

“A corto plazo, vemos una economía fuerte y resistente, pero de forma que sigue presionando al alza sobre los precios y los salarios”, manifestó Luzzetti. “Eso hará necesaria una respuesta más agresiva de la política monetaria, que creemos que es el origen de la recesión”, añadió.

Por otra parte, Bernstein, de la Casa Blanca, afirmó que la pandemia ha creado un conjunto de circunstancias económicas que no encajan fácilmente en los cálculos tradicionales sobre si se avecina una recesión.

“En lugar de tratar de encajar este momento económico único y hecho a medida a un modelo de probabilidad, creo que es mejor tratar de clasificar los vientos a favor y los vientos en contra”, declaró Bernstein. “Y cuando hacemos eso, vemos una economía que todavía tiene fortalezas fundamentales”, apuntó.

La inflación representa un desafío molesto, tanto para la administración como para la Fed. Los precios al consumo aumentaron un 8,3% en abril con respecto al año anterior, lo que significa que los estadounidenses de todo tipo de clases están pagando más por la gasolina, los alimentos y los viajes, incluso si se sienten seguros en sus puestos de trabajo.

Además, una economía que se expandía rápidamente desde principios de 2020 ha mostrado algunos signos de desaceleración, contrayéndose en el primer trimestre.

Larry Summers, secretario del Tesoro en la administración Clinton, comentó al Journal a principios de este mes que cree que una recesión en los próximos dos años es más probable a que no: “Creo que los riesgos son bastante importantes”, dijo.

Los economistas encuestados por The Wall Street Journal en abril sitúan la probabilidad de que la economía entre en recesión en algún momento de los próximos 12 meses en un todavía moderado 28%, pero superior al 18% de enero y a sólo el 13% del año pasado.

Los precios al consumo subieron un 8,3% en abril, y todos los estadounidenses están pagando más por los comestibles, la gasolina y los viajes. FOTO: ANDREW KELLY/ REUTERS

A su vez, Biden ha seguido impulsando la siguiente fase de su programa económico, pidiendo que se aumenten los impuestos a los ricos y a las grandes empresas, en parte para ayudar a financiar inversiones en programas sociales que, según la administración, ayudarían a reducir los costos cotidianos de las familias. Sin embargo, Biden no ha podido conseguir la aprobación del Congreso para esa agenda en medio de las preocupaciones del senador Joe Manchin (demócrata, West Virginia) y de los republicanos, que dicen que un mayor gasto avivará aún más la inflación.

Josh Bivens, director de investigación del Instituto de Política Económica, un centro de estudios de izquierda, planteó que las políticas económicas propuestas por Biden ayudarían a preparar la economía para cualquier posibilidad de recesión: “Simplemente le daría a la Fed un mayor margen de error para sobrepasar un poco los límites y creo que eso sería algo bueno”.

Bivens agregó que cree que el escenario más probable es el llamado aterrizaje suave, en el que la Fed hace bajar la inflación sin desencadenar una gran desaceleración del mercado laboral.

Glenn Hubbard, uno de los principales asesores económicos del expresidente republicano George W. Bush, aseguró, por su parte, que cree que una recesión en 2023 es más probable que ocurra a que no, pero que muchos estadounidenses sentirán el impacto de un crecimiento más lento, incluso si no hay una contracción absoluta en el Producto Interno Bruto de Estados Unidos durante trimestres consecutivos.

“Mucho de esto a la gente le va a parecer una tontería, porque se va a sentir como una recesión, no importa cómo la llamemos”, explicó Hubbard.

El aumento de los tipos de interés como consecuencia de las medidas de la Reserva Federal hará que los préstamos para automóviles y viviendas sean más caros, por ejemplo.

Hubbard comentó que las administraciones presidenciales no tienen mucho margen para responder directamente a la política de la Fed, debido a la tradición de la Casa Blanca de respetar la independencia del banco central. A su vez, el asesor económico dijo que la administración de Biden debería mantenerse alejada de cualquier acción que pudiera aumentar las presiones inflacionarias.

“Cuando se está en un agujero, hay que dejar de cavar”, señaló Hubbard. “Lo último que necesitamos es aumentar las presiones inflacionistas en un momento en que la Fed está tratando de reducirlas”, concluyó.

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