La columna de Matías Concha: “Nuestra identidad para volver a creer”

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La columna de Matías Concha: “Nuestra identidad para volver a creer”

"Hay un pacto sicológico por el desarrollo que requiere de un reconocimiento explícito que ponga en valor todo el orgullo que significa contar en Chile con industrias referentes mineras, forestales y pesqueras como nuestra verdadera fuerza motriz que nos de la base para volver a creer".


Desde tiempos inmemorables se habla de que estamos en decadencia, que se requiere de refundación o que en política el correcto rumbo se plantea por culpabilizar a algunos para sostener una propuesta. Quizá el absurdo más emblemático es cómo en la Roma de Nerón, Calígula o Cómodo se plantearon persecuciones y acusaciones que abrieron profundas heridas y señalaron un camino de fuerte decadencia.

La pregunta es por qué Roma no decayó y logró perdurar por más de un milenio en donde lo interesante no está en el contexto histórico pasado, sino en las enseñanzas para el presente. No podemos entender mejor el ejemplo de Roma sin valorar el aporte de hombres como Trajano, Adriano o Marco Aurelio que pasaron a la historia como los grandes articuladores del legado romano por precisamente unir a muchas personas por medio del orgullo de identidad romana que lentamente fue configurando la civilización más trascendente que ha tenido Occidente a lo largo de la historia.

En nuestra política contingente se ha hablado mucho de cambiar el sistema, de culpables o de nuestras debilidades, pero ¿Hemos valorado lo que tenemos al momento de plantear la mejor proyección hacia adelante? En otras palabras, ¿Estamos conscientes de lo único y extraordinario que tenemos en Chile para plantear un fomento de la mejor política pública?

Se dice que el mayor desafío que enfrenta la humanidad es la descarbonización y alimentación saludable, en donde Chile es protagonista relevante para la solución del problema. Ahora bien, si bien la minería, industria forestal y pesca han forjado nuestra identidad, existe la convicción de un grupo que erróneamente los visualizan como parte de un modelo de saqueo y descuido de la naturaleza cuya interpretación sesgada e influencia busca detener su desarrollo.

¿Se sabe que el cobre, litio y tierras raras producidas en nuestro país lo convierten a nivel mundial en los productos claves para la transición energética con la menor huella de carbono y agua? ¿Se ha comunicado que los bosques renovables de la macrozona sur son la mejor aspiradora natural de CO2 en el mundo y que su crecimiento permitió que las regiones que lo albergaran avanzaran en nivel de desarrollo muy por sobre el resto del país? Es más, nuestros bosques renovables reducen a la mitad de las emisiones de Chile y más allá que no lo valoramos, somos cómplices pasivos de que si bien hay más de 1 millón de hectáreas disponibles en proceso de erosión sin uso alternativo, el crecimiento e inversión que el mundo forestal requiere se vaya a otros países.

A nivel de alimentación saludable, la pesca en el extremo norte ha virtualmente desaparecido, la Ley de la Jibia hizo desaparecer una pujante industria en la macrozona sur y la incerteza jurídica ha generado parálisis para canalizar la mejor fuente de alimentación de proteínas del mundo con la menor huella de carbono y de agua que es la pesca y salmonicultura.

El punto es que los vehículos que Chile tiene en forma natural que a nivel global ofrecen enormes ventajas y externalidades positivas en vez de crecer, han sufrido un fuerte retroceso hacia un decrecimiento, lo cual implica retroceder en inversión y calidad de vida desaprovechando toda nuestra diferenciadora inercia favorable.

En pocas palabras, no podemos socavar las bases del crecimiento que sustentan nuestra identidad y orgullo, lo cual sólo nos empobrece y debilita como nación. Es nuestro deber mejorar la calidad de vida de las personas ahora y la mejor forma de avanzar es donde a nivel mundial Chile es referente y valorado, lo cual debería ser fuente de profundo orgullo a nivel de identidad nacional, regional y comunal. En resumen, hay un pacto sicológico por el desarrollo que requiere de un reconocimiento explícito que ponga en valor todo el orgullo que significa contar en Chile con industrias referentes mineras, forestales y pesqueras como nuestra verdadera fuerza motriz que nos de la base para volver a creer.

*El autor de la columna es consejero Sofofa

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