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La creciente demanda de los inversionistas internacionales por entrar a los fondos agribusiness en Chile

En el país, los principales actores son Sembrador, con 12 mil hectáreas, y Toesca, con más de 1.200. Entre ambos suman cientos de millones de dólares en activos, y su foco está en los frutales.

Andres Perez

Inversionistas institucionales extranjeros, en muchos casos fondos de pensiones, suelen ser los mayores aportantes de los fondos de inversión enfocados en agribusiness.

En Chile los dos grandes actores son Sembrador y Toesca, que manejan activos por cientos de millones de dólares y poseen miles de hectáreas enfocadas en la producción de cítricos, paltas y avellanas, entre otros.

Sembrador Capital tiene dos fondos vigentes (uno en Chile y otro en Ecuador) y otros dos en liquidación. En distintas estrategias, manejan más de US$500 millones, cuentan con 12.000 hectáreas y tienen entre 2.000 y 4.000 más proyectadas.

José Miguel Fernández, managing partner de la firma, detalla que tienen más de 20 años en el mercado, y que cuentan fondos públicos y privados, pero “a través de una gestora contamos con distintos vehículos, y también hacemos estructuraciones directas con inversionistas”.

El único vehículo público es el feeder de Larrainvial Sembrador IV- con activos a marzo de este año por $50.305 millones—, que invierte en el FIP Sembrador IV.

Según Fernández, “la agricultura, como clase de activo financiero, es una categoría bastante nueva en el mundo. Inicia en un periodo largo de tasas bajas donde los inversionistas institucionales empezaron a buscar inversiones más allá de las tradicionales y desarrollaron los activos alternativos, categoría dentro de la que cabe la agricultura”.

El interés por esta clase de inversión explica, se produjo tras la crisis subprime, pues los inversionistas notaron que las tierras cultivables mantenían su valor, se convierten en “una protección contra situaciones específicas de alta inflación o deflación porque está atado a la alimentación”.

En ese contexto, Chile se ha convertido en un sitio de interés. Los inversionistas institucionales entran a EEUU y luego a Europa, Australia, Nueva Zelanda, y posteriormente llegan a Chile, un país con grado de inversión que les permite una “complementariedad con el hemisferio norte”, pues las temporadas de cosecha en ambos hemisferios se dan en distintas épocas, por lo que permite mantener flujos durante los doce meses del año.

A esto se suma el hecho de que “hay ciertas frutas, en particular mediterráneas, que se dan en Chile y no en otros lados, como las cerezas, los nogales, los avellanos, los manzanos, las peras, que son ciertos cultivos que cuesta mucho producirlos en otros países”.

La demanda por esta clase de activos va al alza. Según Fernández, la tasa de crecimiento a nivel global es de dos dígitos medido como valor, cifra que se replica en Chile.

El caso de Toesca

En 2021, Toesca inició su estrategia agrícola al lanzar el fondo Permanent Crops I, para luego poner en marcha un segundo vehículo: Permanent Crops II, donde ya cuentan con activos por US$100 millones. En conjunto, suman US$112 millones.

Matías Guajardo, co-portfolio manager de Farmland de Toesca, explica que el interés por estas inversiones se profundizó en medio de la pandemia global, por la preocupación por temas de seguridad alimentaria.

“Y adicionalmente, esto va de la mano con algo que creemos fundamental. Esto no es vender agricultura productiva, sino que en momentos de mayor incertidumbre financiera, como ocurrió con la crisis de Rusia o con el Covid, cuando la inflación se disparó, los portafolios institucionales que tenían exposiciones a activos naturales como la agricultura, tuvieron un efecto mitigador muy fuerte”, dice Guajardo.

El ejecutivo detalla que este tipo de inversiones supera los 10 años de plazo y está dominada por institucionales, pero no descarta que a futuro el tipo de inversores pueda ampliarse, no obstante, apunta que “esta no es una industria que excluye a inversionistas, es una industria que siempre ha requerido mucho capital. Los proyectos agrícolas son de altas exigencias y además que tienen una curva jota, este tiempo entre que se planta un huerto y empieza a producir es muy largo”.

“Se puede empezar a plantar en el año 0 o 1 y a ver los primeros flujos en el año 4 o el 5 y llegar al punto de equilibrio 5 o 7 años después”, agrega.

Actualmente cuentan con 1.200 hectáreas en las regiones de O’Higgins y Ñuble, pero esa cifra se incrementará fuertemente en los próximos años.

Toesca se encuentra trabajando para un segundo cierre del vehículo Permanent Crops II hacia fines de este año, y un tercer cierre durante 2027, con el que llegarían a US$300 millones.

“Vamos a estar invirtiendo por al menos los próximos tres años, y una vez que terminemos nuestro periodo de inversión, ahí podremos dar pie a un segundo fondo. Pero antes de eso tenemos que estar bien”, apunta Guajardo, quien agrega que “estamos absolutamente apuntando a triplicar el número de hectáreas”.

Respecto del interés por esta clase de activos, apunta que “tenemos algunos inversionistas que están viendo una oportunidad para poder diversificarse de una manera en donde ellos no tienen la capacidad, pues una familia o un family office perfectamente puede tener un campo o dos campos y estar concentrado en una especie en donde se especializa”.

Hoy hay mucho capital institucional en Chile, hay fondos de pensiones canadienses trabajando, hay fondos de pensiones norteamericanos, hay fondos de inversión de otros países que están invirtiendo en Chile”, sostiene.

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