La inyección de oxígeno de ChucaoTec

Tomás Bravo, José Pablo Puga y Paulo Jorquera

Dos ingenieros y un abogado se reunieron en el sur de Chile para atacar uno de los grandes dolores de la industria del salmón, con una tecnología de alto nivel. Ahora, van por Noruega y EEUU.




ChucaoTec nació de una idea bastante difusa que tuvimos a comienzos del 2018″, explica José Pablo Puga, gerente general de esta startup, desde Llanquihue, donde están las oficinas centrales de Chucao Technology Consultants. Y no se trata del ave del sur de Chile que está impregnada en el nombre de la empresa, sino de la experiencia en los fríos mares de la puerta de la Patagonia chilena. “Llevaba unos tres años trabajando como jefe de proyectos en una piscicultura grande, ubicada en Pargua (Región de los Lagos), donde conocí el mundo de la salmonicultura. Detecté varios espacios para mejoras operacionales, pero que a la vez, tuvieran impacto medioambiental positivo”, cuenta el ingeniero civil mecánico.

Su amigo Tomás Bravo, abogado, venía llegando de un MBA en Inglaterra, entusiasmado con desarrollar la sustentabilidad en los negocios. En una conversación entre ambos en un día de lluvia sureña nació la idea de armar una consultora de eficiencia operacional en “tecnologías incipientes” (estado inicial de desarrollo), como la generación eléctrica renovable, bombas de calor y… nanoburbujas.

Estuvieron un año explorando y experimentando, hasta que conocieron a su tercer socio: el ingeniero ambiental Paulo Jorquera, quien les abrió los ojos acerca de un dolor gigante de la industria de la salmonicultura: los sedimentos marinos. Y al parecer en las nanoburbujas estaba la solución. Comenzaron a trabajar tres frentes de forma paralela: la tecnología, la estrategia comercial y los temas regulatorios, hablando con clientes para que les dieran la oportunidad de probar a estas brubujas microscópicas. Corría el año 2019.

“Pero además, en ese tiempo se destaparon practicas ‘poco felices’ en la industria del salmón respecto a los fondos marinos, por lo que el tema estaba muy candente. A fines de ese año logramos convencer a un par de clientes e invertimos en equipos de generación de nanoburbujas. También trabajamos con el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) y la autoridad marítima, para obtener los permisos que necesarios. Por último, un amigo de Paulo que tenía una naviera, nos facilitó su infraestructura y pequeños botes para hacer pruebas técnicas reales en el mar”, recuerda Puga.

A comienzos del 2020 les aprobaron los permisos y en febrero se tiraron a la piscina para “remediar” los fondos marinos en el primer centro de cultivo real, perteneciente a la empresa Marine Farm. “Paulo y Tomás tenían sus trabajos, pero yo estaba solo en esto. Fue duro y estuvimos a punto de abandonar, pero a partir de ese momento comenzamos a crecer de forma orgánica”, señala el gerente general de ChucaoTec. En 2020 facturaron un poco más de US$ 1 millón y al año siguiente lograron US$2,5 millones. Para este año esperan tener un crecimiento de alrededor del 20% con respecto al 2021.

Los centros de engorda de salmones que están en el mar tienen varias “jaulas balsa” que están semiabiertas y permeables al entorno. Por lo tanto, se producen sedimentos con las fecas de los peces y el alimento que no alcanzan a consumir. Cuando las salmoneras se establecen en una concesión, hacen una Declaración de Impacto Ambiental (DIA), donde indican cuál será su nivel de sedimentación y ciertas reglas de diseño, que determinan si el ambiente será capaz de degradar esos elementos. Para que esto ocurra se requiere de oxígeno. Y como medida para comprobar que ese ambiente está sano al momento de tener mayor biomasa (o sea cuando el centro está más cargado de peces y empieza la cosecha), Sernapesca hace un informe para determinar que se está cumpliendo la condición natural de degradación. Si no es así, el centro se declara “anaeróbico”.

Para algunos centros significa que deben dejar descansar el sector hasta que la naturaleza se ponga al día y degrade el fondo marino. En algunos casos pueden pasar años. Mientras tanto, la salmonera no puede sembrar de nuevo hasta que un nuevo informe indique lo contrario. Este era el gran dolor de esta industria.

¿Qué significa “remediar” los fondos marinos con nanoburbujas? Puga lo explica: “Las tecnología de nanoburbujas consiste en burbujas de diámetros nanométricos, o sea, que no se ven a la vista y que tienen ciertas propiedades totalmente diferentes a las burbujas que uno conoce. De partida, son invisibles, ya que no alcanzan a reflejar la luz. Tienen densidades tan altas y tamaños tan pequeños, que sus fuerzas de flotación son comparables a otras fuerzas que existen normalmente en el agua, incluso las de repulsión, por lo que no flotan. O sea, no suben a la superficie. Además tienen una carga eléctrica que las hacen afines a la materia orgánica. Entonces cuando las dispersas en el fondo marino, son muy eficientes en aportar oxígeno al sedimento para que los microorganismos (o la microbiota) hagan su trabajo y degraden la materia orgánica. En otras palabras, acelera el proceso de degradación de los fondos marinos (remediación). No tiene efectos secundarios, ya que es solo una inyección de oxígeno que se hace en un lugar específico. Una carga extra”.

Y de inmediato sigue con la segunda parte de la cátedra: “La tecnología de nanoburbujas ya existía. Nació en Japón. En realidad, se descubrió, nadie la inventó, pero como eran invisibles, se necesitaba observarlas con ciertos instrumentos. Teóricamente no deberían existir, ya que con la enorme presión que tienen dentro deberían disolverse inmediatamente. Sin embargo, en la práctica son estables durante meses. Recién en la década pasada se definió a ciencia cierta su estabilidad y de ahí empezaron a nacer un montón de aplicaciones en industrias variadas, desde la de semiconductores hasta la industria agrícola”.

De hecho, ChucaoTec partió con una tecnología canadiense para, en paralelo, desarrollar la suya propia, a la que le pusieron Quetru (por el pato endémico del sur de Chile) y desde 2021 comenzaron a comercializarla para otras industrias.

En el primer semestre de 2020 estaban en tres centros y ya a fines del año pasado tenían su tecnología en cerca de 8 centros simultáneos al mes. Actualmente, tienen 10 clientes, pero han trabajado con cerca del 75% de la industria salmonera.

Ya están pensando en salir afuera de la mano de Cargill, en Noruega, y con un pequeño distribuidor en Estados Unidos. Si bien ambos países son el foco, ya han tenido conversaciones en el mundo de los camarones en Ecuador, con la tilapia en Colombia y de Singapur los llamaron para un proyecto de remediación de fondos marinos. En total son 35 empleados repartidos en ciudades y playas de las regiones australes de Sudamérica.

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