Sam Altman, el fundador de OpenAI, pide un marco federal de seguridad para la IA y se distancia de Trump
El jefe de OpenAI respaldó reglas comunes y auditores independientes para la IA de frontera. “Ninguna presión competitiva estadounidense debería justificar la imprudencia”, escribió. Trump, un día antes: “Quien gane la IA, gana”.
El debate en torno a graduar el avance de la IA está lejos de terminar. Luego de los puntos de acuerdo entre los representantes de las grandes empresas del rubro, el fundador y máximo ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, respaldó la creación de un marco regulatorio federal para la inteligencia artificial de frontera y afirmó que “ninguna presión competitiva estadounidense debería justificar la imprudencia”.
El pronunciamiento, publicado en X pasada la medianoche del lunes, lo sitúa en una posición distinta a la de Donald Trump, quien el domingo rechazó la idea de frenar el desarrollo.
“Damos la bienvenida a un marco federal que establezca requisitos de seguridad consistentes para la IA de frontera”, escribió Altman.
En el mismo posteo abrió la puerta a la fiscalización externa: “Reglas consistentes para gestionar el riesgo de la frontera, de modo que podamos maximizar los beneficios, son una buena idea (y nos entusiasman ideas como la de auditores independientes)”.
El ejecutivo advirtió que hay dos caminos por los que el avance de la IA podría salir “muy mal”: que se pierda “el control del futuro a manos de la IA” y que demasiado poder termine concentrado en una sola persona o compañía.
“Quien gane la IA, gana”
El Presidente de Estados Unidos había fijado su posición un día antes, ante periodistas en su resort de golf de Doonbeg, en Irlanda.
“Le estamos ganando a China en IA, somos el país más sofisticado del mundo y, francamente, quiero que siga así, porque quien gane la IA, gana”, dijo Trump el domingo.
El mandatario relativizó las advertencias de la propia industria: “Podemos poner barreras de protección, podemos hacer esto y aquello, pero creo que hay muchas fuerzas negativas que están levantando el tema y que no deberían estar levantándolo”.
Altman marcó un límite al llamado a graduar el desarrollo. “Cuando hablamos de ‘moderar el ritmo’, no queremos decir ‘detener’. El progreso ha sido rápido y seguirá siéndolo”, escribió. Y cerró con el costo de esa decisión: “Moderar el ritmo valdrá bien ese costo; ninguna presión competitiva estadounidense debería justificar la imprudencia, ni dejar que las capacidades se adelanten al alineamiento y el monitoreo”.
Sobre el papel del Estado, agregó: “Donde vamos a necesitar la ayuda de nuestro gobierno es en la coordinación internacional. Pero primero deberíamos hacer lo que podamos nosotros mismos”.
Las acciones ligadas a la IA operaban a la baja este lunes, mientras los inversionistas procesaban los comentarios. En Washington, los legisladores trabajan contrarreloj para responder a las demandas de resguardos.
El ensayo que gatilló el debate
El posteo de Altman sigue al ensayo “We Must Pace the Frontier”, que el máximo ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, publicó el sábado para urgir al sector a moderar la velocidad con que mejora sus modelos más avanzados.
“Desde aproximadamente este verano (boreal), la IA ha venido avanzando drásticamente más rápido, impulsada sobre todo por su creciente capacidad de construir la siguiente generación de IA”, escribió Amodei.
“Sin control, podría superar nuestra capacidad de entender y controlar estos sistemas, por lo que debe perseguirse con mucho cuidado, si acaso”.
Buena parte de los temores apunta a que los modelos desarrollen la capacidad de mejorar su propio desempeño, técnica conocida como automejora recursiva (RSI, por su sigla en inglés).
El plan de tres pasos de Amodei parte por dar a evaluadores externos un “acceso similar al de un empleado”, compromiso que Anthropic asumió de inmediato, y sigue con estándares comunes de seguridad entre los laboratorios y una coordinación global. Altman ya había adherido el sábado.
Las preocupaciones escalaron la semana pasada, tras la renuncia del investigador de Anthropic, Jacob Coxon, que acusó a la industria de no tomarse el asunto en serio, lo que llevó a otros empleados de ese laboratorio y de OpenAI a advertir sobre riesgos catastróficos.
Todo ocurre mientras ambas compañías preparan lo que se espera sean aperturas a bolsa históricas: Altman descartó el debut de OpenAI en 2026 en una entrevista con Fortune publicada el sábado.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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