¿Trampa de ingresos medios?: década 2010-2019 es la de menor crecimiento desde la del '70

Vistas Santiago

El fenómeno se entiende como el estancamiento de los países emergentes en su camino al desarrollo. Si bien entre los expertos no hay consenso de si Chile está entrampado o no, advierten que el riesgo existe y es necesario abordarlo.




Un escenario poco auspicioso para los próximos años anticipó para Chile el Fondo Monetario Internacional (FMI). Es que si bien la economía doméstica no deja de crecer, lo hará a un menor ritmo que el mundo hasta 2024. La brecha es notoria: si para el mundo se proyecta una expansión de 3,6% a esa fecha, Chile estará en torno a 3,2%.

Pero no sólo eso. Lograr la meta de un PIB per cápita de US$30 mil, medido como poder de paridad de compra (ppp) también se rezaga un año por el menor crecimiento y sólo se alcanzaría en 2023.

Estas expectativas ponen nuevamente sobre la mesa el debate si Chile ha caído en la "trampa de los ingresos medios", fenómeno que afecta a las economías emergentes, que por múltiples razones y sin dejar de crecer, se estancan en su trayectoria de convertirse en países desarrollados, ya que no alcanzan tasas sostenidas de 5% como promedio mínimo de expansión de su PIB.

Y si bien el año pasado la Ocde afirmó que el país había sorteado ese riesgo, los ajustes del FMI abren nuevamente la interrogante.

¿Qué dicen las cifras? Si se considera el crecimiento desde 1990, el promedio del PIB se ubica sobre 5% hasta 2015. Luego de ello, comienza sostenidamente a caer y si se considera hasta la última proyección de este año, el ciclo completo promedia 4,6%. Es más, la década 2010-2019 es la de menor crecimiento promedio (3,5%) desde la de 1970-1979 (2,5%).

¿Estamos en la trampa?

Sobre el punto no existe consenso entre los expertos.

Uno de quienes más ha escrito sobre el tema, el exministro de Hacienda Alejandro Foxley asevera que si bien Chile no ha caído todavía en la trampa "el riesgo está latente por la brusca desaceleración en el crecimiento de su economía".

Sobre las razones, Foxley apunta a las de tipo coyuntural, asociadas al menor crecimiento mundial, pero la más inquietante es de tipo estructural. "La productividad tuvo un crecimiento nulo o negativo desde 2013. Eso quiere decir que hemos sido incapaces de mejorar la eficiencia de los procesos productivos", afirma.

A su juicio, esto sólo podrá ser subsanado con un esfuerzo conjunto del Estado, las empresas y las universidades "para incorporar nuevas tecnologías, mejorar la calidad en la formación de su fuerza de trabajo, impulsar una inversión en infraestructura que reduzca los costos de producción y transporte" y la diversificación de exportaciones. "Hay que aprender de los países desarrollados que fueron capaces de instalar a tiempo una estrategia de desarrollo productivo", sentencia el exministro.

Coincide con su diagnóstico Igal Magendzo, de Pacífico Research y exasesor del Ministerio de Hacienda, quien considera que aún es posible sortear la trampa. "Chile es un país que tiene estabilidad macroeconómica, orden institucional, un mercado que funciona y tenemos un Ejecutivo y un Legislativo que buscan resolver los problemas, no siempre de la mejor forma, pero no vamos hacia un rompimiento institucional", sostiene.

Ahora bien, eso no significa que los riesgos no existan: "Tendremos que seguir ordenados por un buen tiempo y aunque se avance lento, lo importante es que se avance".

Desde la vereda contraria, quienes ven a Chile ya entrampado apuntan a la ausencia de reformas, o de mala calidad y deficiencias en el debate político.

En esa línea, el académico de la Universidad de Chile, Guillermo Le Fort, sostiene que "hemos dejado de hacer las transformaciones, las reformas estructurales que requiere la economía para irse pareciendo a las economías desarrolladas", mencionando como las áreas pendientes el mercado de capitales, la legislación laboral, el sistema de pensiones, y particularmente el sistema tributario y la educación. Estas últimas al debe porque "las últimas reformas que se hicieron son desastrosas".

Para Le Fort "no se trata sólo de hacer reformas, hay que hacer las adecuadas, con consenso político y perdurables en el tiempo, porque cuando se produce el estancamiento, se empieza la búsqueda de soluciones mágicas y el deterioro de la política".

Esto, agrega Alejandro Fernández de Gémines, se da incluso a nivel del discurso. "Ya ni siquiera se habla de cuándo seremos desarrollados. Se habló de 2010, después se fue corriendo la fecha y ahora ya no se menciona el tema. El crecimiento dejó de ser prioridad", afirma.

Sobre las razones, el experto plantea que "los distintos gobiernos no han tenido la claridad y el valor para aproximarse a los problemas de una manera correcta", mencionando, por ejemplo, el alza sostenida del impuesto a las empresas. "El gran problema que eso significa es que no podemos financiar la inversión, que es cada vez más baja y, obviamente, si invertimos menos, vamos a crecer menos", dice.

Complementa Cecilia Cifuentes, de la Universidad de Los Andes, quien además, ve que la caída de Chile en la trampa data de hace mucho más tiempo. "Llevamos 20 años sin hacer ninguna reforma importante en políticas públicas que apunten al crecimiento y la productividad. La última fue durante la administración de (Ricardo) Lagos en Concesiones y a partir de los 2000 las que se han hecho, necesarias y válidas, tienen un foco más social", destacando la rigidez del mercado laboral como uno de los grandes puntos pendientes.

Cifuentes también coincide en que la falta de acuerdos políticos "está en el centro del problema porque todo lo que se quiera hacer, en pensiones, calidad de la educación o que los sueldos suban, requiere crecimiento" y que para ello, "necesitamos a los poderes del Estado, Ejecutivo y Legislativo, alineados en ese objetivo y eso no lo tenemos, tanto por el accionar de la oposición como por falta de liderazgo del gobierno".

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