El valor de la empresa familiar en el contexto país actual

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Uno de los grandes motores de movilidad social es el emprendimiento. Abundan los casos de empresas pequeñas y medianas de origen familiar que, empujadas por hombres y mujeres con visión de futuro, talento y esfuerzo, le han doblado la mano a las condicionantes de origen.




En los últimos meses se han develado demandas que son transversales a nivel global. Más allá de las exigencias históricas y cada realidad local, han emergido elementos que exceden los ámbitos económicos y que están relacionados con avanzar hacia un desarrollo sostenible, hacia la equidad de género y mejorar las oportunidades sociales.

En este contexto, las empresas familiares tienen mucho que aportar. Varias ya se han adherido al Pacto Global (instancia que une a las organizaciones empresariales comprometidas con la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible) y otras buscan certificarse como Empresa B.

Uno de los grandes motores de movilidad social es el emprendimiento. Abundan los casos de empresas pequeñas y medianas de origen familiar que, empujadas por hombres y mujeres con visión de futuro, talento y esfuerzo, le han doblado la mano a las condicionantes de origen.

Esta contribución silenciosa ha quedado en evidencia en la cuarta Encuesta Longitudinal de Empresas (ELE4), que establece que casi la mitad (48,3%) de las compañías en Chile se define como familiar, aportando el 41% del empleo, al punto que si fueran consideradas como un sector económico, serían el más importante del país. Dadas las restricciones metodológicas de la ELE4, es muy probable que el peso sea bastante mayor. De hecho, el 2014 la Universidad del Desarrollo realizó un estudio en que las empresas familiares representaban el 78% del total y expertos de la Universidad de Chile establecieron que el 57% de las empresas cotizadas en bolsa son familiares y tienen más rentabilidad que las no familiares.

También es importante el rol que juega la mujer en las empresas familiares. Poseen una mayor participación (32%) en el cargo de gerente general que las no familiares (25%), y en los directorios, con 25,4% y 12,4%, respectivamente. Además, mientras 1 de cada 3 dueños y/o socios en las empresas familiares son mujeres, en las no familiares es solo uno de cada cuatro. Por último, la ELE 4 establece que las empresas familiares tienen una menor cantidad de conflictos laborales que las no familiares.

Desde la Asociación de Empresas Familiares creemos que los valores que guían a nuestros asociados, inspirados en un desarrollo sostenible, pueden ser un gran aporte en el actual contexto país. Es responsabilidad de todos establecer espacios de diálogo, incorporar nuevas miradas y trabajar con un propósito común. Esta convicción es útil no solo en lo empresarial; es especialmente importante de cara a los desafíos que enfrentaremos como país.

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