“Yo fui víctima de Sartor”: Los heridos que dejó el escándalo financiero
Testimonios recogidos por la PDI revelan el impacto personal y patrimonial generado por el colapso del holding financiero que presidía Pedro Pablo Larraín Mery. Adultos mayores, empresarios, profesionales de distintas áreas relatan cómo fueron atraídos por ejecutivos del grupo, su sorpresa tras enterarse de los problemas de la firma, los engaños de los que fueron víctimas y las mentiras que les dijeron, como que las acciones de Azul Azul estaban para respaldar el negocio. Hay familias y sueños rotos, el patrimonio de toda una vida, sin rastro. El 30 de julio 11 exsocios y exejecutivos de Sartor serán formalizados.
A Pedro Pablo Larraín Mery, el fundador de Sartor, le gustaba atender a sus clientes personalmente. Por eso mismo le puso Sartor, que significa sastre, a su negocio. Decía que vendía “trajes” financieros a la medida. Él mismo recibía a los clientes en sus modernas oficinas de Las Condes, en Cerro el Plomo, o se encargaba de que jamás faltara un estacionamiento para cuando fueran a conversar con él. Dicen algunos de los afectados por el colapso del holding financiero que él y sus socios Óscar Ebel y Alfredo Harz -quienes ahora están colaborando con la Fiscalía- siempre estuvieron disponibles para ellos. Hasta que el grupo financiero colapsó en diciembre de 2024, cuando la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) intervino Sartor Administradora General de Fondos (AGF).
En sus declaraciones ante la Policía de Investigaciones, los afectados coinciden en que hasta entonces, Sartor había cumplido sus compromisos y que ninguno de ellos cuestionó jamás sus métodos de inversión. Sus máximos ejecutivos, que se movían como peces en el agua en el sistema financiero, eran los avales de un negocio que parecía ir sobre ruedas. La captación de capital no dependía de campañas masivas, sino de la explotación de la confianza. Ejecutivos y directores abordaron a excompañeros de colegio, apoderados, familiares y amigos de toda la vida para atraer sus ahorros al grupo. La realidad, sin embargo, era muy distinta: una parte importante de los fondos terminaban en negocios de sus propios accionistas, según determinó la CMF.
Adultos mayores, empresarios, profesionales de distintas áreas relataron ante la PDI cómo resultaron afectados por la entidad, cómo su confianza empezó a resquebrajarse, su desesperación y el miedo a perder su patrimonio. Todos confiaron en la fiscalización de la CMF, el nombre de los dueños como garantía de solvencia, y en la persona que las presentó -Yáñez, Ebel, Harz, un amigo, un familiar- como aval de honestidad. El 30 de julio en el Cuarto Juzgado de Garantía, el fiscal Juan Araya formalizará por los delitos de negociación incompatible, estafa, administración desleal y entrega de información falsa al mercado a exsocios y exdirectores de Sartor: Pedro Pablo Larraín Mery, Carlos Larraín Mery, Alfredo Harz Castro, Óscar Ebel Sepúlveda, Mauro Valdés Raczynski, Miguel León Núñez, Rodrigo Bustamante García, Hugo Baranda Peralta, Sergio Yáñez Astete, Juan Carlos Jorquera Salhus y Michael Clark.
La puerta de ECapital
eCapital, el nombre comercial de Emprender Capital Servicios Financieros SpA es el vehículo por el que varios de los afectados cayeron en el mundo Sartor. Bajo la dirección de Sergio Yáñez Astete, la firma operó como factoring y negocio de deuda privada hasta que en marzo de 2021 Sartor se convirtió en el controlador de la firma.
Seis declarantes mencionan explícitamente la entrada de Sartor a eCapital como algo que aumentó su confianza en lugar de generarles dudas. El inversionista inmobiliario Guillermo Irarrázaval relató que la relación era tal que hasta eran invitados todos los años a las asambleas anuales donde se analizaban los estados financieros. Su cónyugue, la diseñadora Macarena Valdes (56) también fue afectada por la firma ($ 35 millones).
“Supimos de la incorporación de Sartor Finance Group a la propiedad de eCapital, lo que vimos con muy buenos ojos. Se consideró una muy buena noticia y gran oportunidad para el crecimiento, desarrollo y consolidación de eCapital en la industria del factoring”, declaró el ingeniero civil Eugenio Cruz Novoa (63)
El ingeniero, residente en Brasil, Sandro Garimani (40) hizo cuatro aportes en eCapital y recibió el pago de intereses hasta noviembre de 2024. Reclama $276 millones que tenía invertidos para pagar la universidad de sus hijos. “Hoy estoy desesperado, los ahorros de mi vida se esfumaron”, dijo a la PDI.
El ingeniero René Subiabre (74) también creyó que la entrada de Sartor a eCapital era una buena noticia: “Dado el fortalecimiento que parecía tener la empresa con estos nuevos socios de larga trayectoria y reconocimiento en el mercado, decidí hacer una nueva inversión por $200 millones en junio del 2021”. En total tiene $ 735 millones retenidos en la firma del sastre.
Se enteraron por la prensa
Los afectados coinciden en sus declaraciones que se enteraron de los problemas de Sartor por la prensa y no por canales oficiales de la empresa. “Del denominado caso Sartor y sus implicancias tomé conocimiento únicamente cuando este se hizo público y comenzó a ser difundido ampliamente en distintos medios de comunicación”, sostuvo el ingeniero forestal Camilo González (49), quien invirtió más de $1.000 millones.
La orientadora familiar Paulina Fores (78), que reclama $150 millones lo narró así: “Leyendo una nota en la prensa, me encontré con algo que me dejó helada: la empresa estaba diciendo que yo no era inversionista, sino prestamista. Jamás nadie me comunicó eso... Cambiar mi figura sin informarme, y enterarme por los medios, fue una segunda traición”.
“Lamentablemente fui víctima de un elaborado esquema generado bajo la apariencia de una empresa seria, sólida y solvente a quienes confié mis ahorros. Jamás se me informó ni advirtió que los dineros se invertirían en otros fondos privados relacionados con otros directores y accionistas de Sartor”, dijo la abogada Paula Hamuy (69), cuyo perjuicio supera los $ 200 millones.
“Ahora que se acerca la formalización por parte de la Fiscalía, me da un halo de esperanza de recuperar parte de mis fondos, que eran ahorros para el futuro”, dice Hamuy a La Tercera.
El alemán de Puerto Montt
Sartor tenía varios clientes en Los Lagos. Algunos de los testimonios que están en la carpeta investigativa coinciden en que llegaron a Sartor por invitación del exsocio, exdirector y miembro del comité de riesgo durante años de esa firma Óscar Ebel Sepúlveda, a quien conocían porque fueron juntos al Instituto Alemán de Puerto Montt.
“La confianza que yo tenía en Oscar Ebel y los buenos resultados de Empresas LN me llevaron a confiar en el Grupo Sartor e invertir en los fondos que eran administrados por la AGF”, narró el empresario Luis Felipe Navarro, cuyo perjuicio supera los $ 293 millones. “El día sábado 16 de noviembre de 2024 llamé inmediatamente a Óscar Ebel para verificar la gravedad de la situación. Él le bajó totalmente el perfil al asunto”, añadió. Navarro y Ebel eran vecinos y amigos. Sus familias se conocían hacía décadas.
El traumatólogo Roberto Negrin (57), quien llegó a admnistrar más de $ 2 mil millones de su familia, de los cuales casi $ 360 millones correspondían a recursos de su anciana madre, narró que “a medida que se fueron conociendo antecedentes sobre las irregularidades cometidas por los dueños del Grupo Sartor, Óscar Ebel me fue confesando que sabía que existían inversiones hechas por los fondos de inversión de Sartor AGF con sociedades relacionadas con sus socios y dueños, pero que no sabía que los montos eran tan altos”.
Su hermana, la cirujano dentista Gabriela Negrin (54), contó que Ebel fue quien invitó a su hermano, Roberto Negrin, en 2012 para que invirtiera en Sartor. Se conocían también del Alemán de Puerto Montt.
“En Puerto Montt, hay muchos casos dramáticos que llegaron a Sartor, única y exclusivamente por amistad con uno de los dueños”, resumió a Pulso Luis Felipe Navarro.
Vendieron sus propiedades
Varios de los afectados que invirtieron capital en la firma lo hicieron con la plata de la venta de propiedades y activos inmobiliarios de toda una vida. Paulina Flores Vera (78) tomó la decisión de vender su único departamento con el objetivo de asegurar su independencia económica. “Lo perdí todo ($150 millones). No tengo ahorros. No tengo ingresos. Y no tengo respaldo. Me despierto todos los días con la angustia de no saber qué pasará si llego a enfermarme o si simplemente no puedo seguir pagando lo básico”, sostuvo en sus declaraciones
La enfermera María Antonieta Larroulet Vignau (77) declaró que financió su inversión de más de US$274 mil en el Fondo Sartor Táctico Internacional con la venta de un campo familiar. “Las personas que me ofrecieron o recomendaron la inversión fueron Alfredo Harz y Rodrigo Bustamante. Decidí invertir en Fondos Sartor por la confianza que tenía en Alfredo Harz, ya que junto a mi cónyuge, Jorge Hayler, somos amigos de sus padres desde hace muchos años. De hecho, Alfredo era mi ejecutivo y así aparece en mi cartola”, declaró.
María Eugenia González Antillo, la madre de la familia Navarro González vendió en 2023, un inmueble en El Quisco. Los $120 millones obtenidos por esa transacción fueron captados por los ejecutivos de Sartor y canjeados por un “Contrato de Asociación para Inversiones” (CAI) a tasa fija.
La sorpresa de los CAI
Las declaraciones ante la PDI revelan el uso sistemático de los CAI por parte de Sartor. Según los afectados, solo se enteraron por sus abogados, cuando el holding financiero ya había colapsado, que un CAI implicaba convertirse en prestamista, sin garantía alguna de los dueños de la firma.
“Claudia Hidalgo (ejecutiva de Sartor) me señaló que mi madre ahora estaba en un CAI, lo que para mi entendimiento era una inversión en uno de los varios fondos que Sartor AGF administraba y ofrecía a los clientes”, narró Luis Felipe Navarro.
Su hermano Carlos Navarro (con $ 293 millones) sostuvo que sus abogados les señalaron que ese instrumento “era absolutamente irregular y no era común en el mercado financiero”.
El doctor Negrin también cayó en los CAI. Declaró que Alfredo Harz le dijo que era un producto que solo ofrecían a personas muy cercanas. “Hago presente que nunca suscribí y tampoco recibí ningún documento sobre este nuevo producto”, afirmó.
Su hermana Gabriela (afectada en $ 31 millones) denunció que la cuenta CAI fue abierta a su nombre “antes de abril de 2017” sin que ella lo supiera ni menos, autorizara. Esa fecha, según abogados de las víctimas que están agrupadas hoy en tres grupos de Whatsapp, es clave para refrendar que el engaño llevaba varios años.
El empresario Camilo González firmó conscientemente contratos CAI. “Fueron gestionados directamente con Inmobiliaria Macul Sartor SpA, los cuales fueron firmados por Pedro Pablo Larraín Mery y Rodrigo Bustamante García”, explicitó.
Empresas familiares
Empresas fundadas por padres ya fallecidos, herencias en proceso de ordenamiento, propiedades vendidas para asegurar una vejez digna. El expediente de casi una treintena de afectados incluye varios casos en que el patrimonio construido a lo largo de generaciones hoy está en cuestión. Hay familias enteras peleadas por esto.
El ingeniero comercial Gonzalo Echeverría (62), quien vivía en Madrid y recomendó a su entorno invertir en los instrumentos de Sartor, reclama $ 600 millones de sus sociedades Asesorías e Inversiones GCP S.A y Sociedad de Inversiones GC SpA.
Echeverría recomendó eCapital a sus primas Mariana De Peña ($250 millones) y Gabriela De Peña ($482 millones), a Bruno Francia ($290 millones), y a Sandro Garimani Fores ($276 millones) y su madre. El expediente documenta que viajó desde Madrid a Santiago en enero de 2025 para enfrentar a Larraín y Baranda. Dice que le ofrecieron tomar el control de eCapital para saldar su deuda. Lo rechazó.
El ingeniero civil Guillermo Irarrázaval invirtió a través de su empresa Asesoría e Inversiones Irraval Ltda. $140 millones. Su vínculo era Sergio Yáñez, conocido desde la universidad. Cuando pidió la devolución, le ofrecieron el pago en dos cuotas. Solo recibió una. “Ahora sé que esto fue una artimaña, ellos sabían perfectamente que los fondos no estaban y no estarían”, indicó.
El inversionista inmobiliario Eugenio Cruz (63) también llegó por Sergio Yáñez a Sartor. Comenzó a invertir en 2012 y reclama un saldo de $62,5 millones. También le ofrecieron devolverle la plata en dos cuotas. Solo recibió la primera.
Gabriela de Peña (70) puso $482 millones (entre capital personal y del negocio familiar Inmobiliaria Vitivinícola Limitada). Cuando preguntó en diciembre de 2024 por sus inversiones, no recibió ninguna respuesta. “Rehacer mi vida laboral ya es imposible”, dijo en su declaración donde narró los difíciles momentos que enfrenta.
El constructor civil Jorge Mouat invirtió como persona natural y a través de su Sociedad de Inversiones Balmar SpA. “El objetivo de esta inversión era mantener y aumentar mi patrimonio en instrumentos ‘seguros’ dado que sus cuotas mantenían un resultado parejo y positivo desde hace muchos años”, dijo a la PDI. En conversación con La Tercera añadió que ha debido enfrentar cuadros de estrés y “la necesidad de buscar nuevas maneras de sobrellevar el hecho de haber sido engañados por una empresa que operaba bajo la vigilancia de las instituciones encargadas de velar el buen funcionamiento del sistema, sumado a la participación de empresas auditoras de renombre”. Cuenta que tuvo que reestructurar sus gastos, dado que su mamá, de 80 años, tenía invertido en Sartor todo el dinero que le dejó su esposo morir y que le servía para subsistir.
El “respaldo” de Azul Azul
La propiedad de Sartor en Azul Azul S.A. fue usada activamente por el socio de Sartor, Alfredo Harz, en noviembre de 2024 como argumento tranquilizador, aunque un mes fue supuestamente vendida a Michael Clark.
Paula Hamuy, madre de un ex compañero de colegio del ejecutivo de Sartor, Diego del Prado, dijo que éste le indicó que administraban “importantes fondos de inversión, destacando que eran dueños de Azul Azul S.A., quienes son dueños del equipo de fútbol Universidad de Chile”, relató la abogada.
En su declaración, Luis Felipe Navarro sostiene que Harz intentó tranquilizar a Roberto Negrín, señalándole que Sartor era dueño de la sociedad Azul Azul S.A., y que podrían venderla a un precio casi tres veces mayor. “Luego cuando vi la noticia de la controversial adquisición de Michael Clark de Azul Azul S.A. me preocupé más todavía, porque todo indicaba a que Sartor S.A. se estaba deshaciendo de sus bienes” relató.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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