Detectan rastros de coronavirus en las aguas residuales de Santiago

Un estudio encontró genoma del virus en los centros de tratamiento La Farfana y El Trebal, que juntas procesan alrededor del 85% de las aguas residuales de la capital. Aún así, uno de los autores asegura que no hay peligro para la población, y que el método puede servir como un "marcador predictivo" de la presencia de este u otros patógenos.




En abril pasado, en inodoros, alcantarillas y plantas de procesamiento de aguas residuales de ciudades como París, Roma, Milán y Ámsterdam, científicos anunciaron haber descubierto elementos del genoma del Sars-CoV-2, procedentes de las heces de los enfermos.

Aunque expertos señalan que mientras el agua potable esté sometida a tratamientos rigurosos no existe ningún riesgo para la salud humana, el consenso es menor en cuanto a una eventual contaminación mediante las aguas residuales desechadas al medio ambiente, donde sí podrían suponer un riesgo sanitario, como lo afirma un artículo publicado en la revista médica The Lancet.

Además, especialistas indican que la presencia de trazas del coronavirus en las heces no necesariamente implica que sea transmisible por esa vía, recordando que éste no se reproduce en la naturaleza sin un huésped.

El mismo estudio menciona que más allá del tema sanitario, el análisis de las aguas residuales podría servir como una fuente de datos para saber si el virus circula entre la población, permitiendo monitorear su evolución y así elaborar un sistema de alerta precoz.

Es más, debido al gran número de casos no sintomáticos -la gran pesadilla para las autoridades sanitarias-, la presencia del virus puede ser detectada antes que se confirmen los primeros casos clínicos, ya sea en zonas donde aún no se sepa de la llegada del virus de forma oficial, o bien en donde se haya frenado el avance de la enfermedad y se quiera anticipar una segunda ola.

Así ocurrió en 2018, cuando un grupo de investigadores demostró que la detección del virus de la polio en aguas residuales de Israel en 2013 había permitido relanzar una campaña de vacunación, evitando miles de casos.

De esta forma, este tipo de monitoreo ayudaría como un complemento a las medidas individuales, o bien servir en sitios donde la cantidad de test no sea posible, como África.

Aunque en el caso del Sars-CoV-2 los estudios llevados a cabo aún son preliminares, algunos expertos se muestran entusiastas. Tal es el caso de una investigación llevada a cabo por un grupo de científicos chilenos, que encontraron rastros del virus en aguas residuales de Santiago.

Alerta temprana

En su estudio, publicado en el repositorio de preprints medRxiv y aún sin revisión por pares, se obtuvieron muestras de aguas residuales mensualmente entre marzo y junio de 2020 de las plantas de tratamiento La Farfana y El Trebal, que juntas procesan alrededor del 85% de las aguas residuales generadas en la capital.

En ambas, los números de copias del genoma del SARS-CoV-2 aumentaron progresivamente de mayo a junio, lo que se correlacionó con el aumento en la cantidad estimada de virus en la comunidad.

“Si bien la transmisión entérica de SARS-CoV-2 puede ser posible y la exposición al virus en las aguas residuales podría representar un riesgo para la salud pública, no está claro si el virus es viable en condiciones ambientales”, mencionan.

“Nuestros resultados demostraron que la búsqueda de SARS-CoV-2 en las aguas residuales puede usarse como un marcador predictivo de la circulación del virus en la población, incluidos los generadores sintomáticos y asintomáticos, y por lo tanto, puede usarse como un sistema de alerta temprana”, afirma el texto.

Aldo Gaggero, director del programa de Virología del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y uno de los autores de la investigación, cuenta que hace años se encuentra estudiando la circulación de los virus en aguas residuales. “Durante mucho tiempo estuvimos trabajando del punto se vista clínico, y ver cómo estos virus circulan en la comunidad te permite tener una visión distinta de la enfermedad”, sostiene.

Gaggero señala que en su trabajo se centraron en recolectar muestras en las plantas de tratamiento, que luego se filtran y procesan para extraer el ácido nucleico viral, extrayendo el genoma para luego analizarlo, permitiendo visualizar la comunidad de cualquier virus presente en las aguas residuales.

Pero con la llegada de la pandemia, su investigación tomó otro perfil. Al tener todo el procedimiento montado y conociendo estudios que afirmaban que el virus también se encontraba en las deposiciones, decidió enfocarse en el Sars-CoV-2.

“La idea era ver si el coronavirus se encontraba activo tras el tratamiento de las aguas residuales”, dice. “Así, podría al igual que otros virus, volver al contagiar a un humano una vez que estas aguas son vertidas a cursos naturales o usadas para riego en la agricultura, tal como ocurre con la hepatitis A, por ejemplo”.

“Pero con el Sars-CoV-2 no sabíamos qué ocurriría. Vimos las muestras de marzo a junio -considerando que el primer caso es del 3 de marzo-, y empezamos a buscar partículas virales. Lo que hicimos fue, a partir del ácido nucleico extraído, intentar encontrar el virus con una técnica PCR, que es la misma usada en los pacientes”, afirma.

“Este es un virus ‘envuelto’, entonces podría ser la proteína viral o el genoma. Y lo que nosotros encontramos fue esto último; no buscamos el virus completo porque no tenemos la capacidad técnica para hacerlo, ni tampoco las proteínas porque no era nuestro objetivo”, indica Gaggero.

El científico puntualiza que al analizar las muestras de marzo y abril no se encontraron rastros del virus, pero todo cambió en los meses de mayo y junio: “Esto tiene sentido, porque la presencia del virus en las aguas residuales eliminadas por la población será en la medida que tengamos un número importante de casos”, asevera. “Esto se explica porque las aguas residuales no sólo tienen fecas y orina, sino también desechos industriales”.

Así, sólo el 25 de mayo y ya con 58 mil casos confirmados se encontró el primer dato positivo, lo que aumentó el 15 de junio con 143 mil confirmados en Santiago. El genoma del virus fue encontrado en ambas plantas de tratamiento.

En todo Chile

“Esto debería ocurrir en otras ciudades también”, menciona el científico, que continuará estudiando datos de ciudades como Concepción y Puerto Montt, entre otros.

“La detección de virus en aguas residuales es un método de vigilancia. Si voy a estar tomando muestras periódicas en el tiempo, puedo ver cómo circulan los distintos virus. Sabemos que por cada infectado notificado deben existir muchos no notificados, sobre todo en esta enfermedad donde la mayoría cursa la enfermedad de forma asintomática, que es lo que ha complicado el control de la enfermedad”, agrega.

Gaggero apunta que en personas ya mejoradas y sin el virus en las secreciones respiratorias, siguen eliminando residuos a través de las deposiciones por un periodo bastante grande.

“Imaginemos que el virus entra hoy en la comunidad, y la gran mayoría hace una infección asintomática. En tal caso no sabré que el virus ingresó hasta que hayan cuadros clínicos severos y se detecten casos en los hospitales”, dice. “Es una herramienta muy importante y se podría usar como un marcador predictivo en una población, Ya se está haciendo en muchas ciudades en Europa”.

En cuanto a las posibilidades de infección, Gaggero inicialmente lo descarta.

“Hay datos que dicen que la circulación de otros virus en aguas residuales se asocian con infecciones, pero aquí no disponemos de un laboratorio de bioseguridad clase 3, que nos permitiera usar cultivos celulares y ver si el virus esta activo. Se cree que no es así, debido a que al tratarse de un virus con ‘envoltura’, es débil a las condiciones ambientales”, asevera.

“En general los virus asociados a ser transmitidos por alimentos o aguas residuales no tienen envoltura, son virus ‘desnudos’, mucho mas resistentes al ambiente. Pero si esta envoltura se destruye, pierde su capacidad infecciosa”.

El experto apunta que “una cosa son las deposiciones, y otra distinta es lo que llega a las aguas residuales, donde se mezcla con muchos otros elementos que destruyen la partícula viral”.

“En ese caso, lo más probable es que el virus no sea infeccioso”, sentencia.

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