En la mente de un psicópata: lo que hay en el cerebro de un asesino

¿Qué hace a un asesino? Una recurrente pregunta de la ciencia, que a través de la neurociencia y el estudio del cerebro, ha entregado algunas pistas para responderla.




No existe comprensión. Menos justificación. Son las emociones ante hechos como el asesinato de Ámbar Cornejo. Hugo Bustamante, según informó hoy la Fiscalía, será formalizado como sospechoso de este hecho por femicidio, violación e inhumación ilegal en calidad de consumado.

¿Qué hace a un asesino? La ciencia se ha hecho esa pregunta por mucho tiempo. Y la neurociencia, a través del estudio del cerebro, se ha encargado de dar pistas para responderla.

Adrian Raine, neurocriminólogo inglés y profesor en la U. de Pensilvania (EE.UU), fue uno de los primeros en hacer escáneres cerebrales a asesinos para entender la criminalidad violenta. En 1994 usó exploraciones PET (tomografía por emisión de positrones) para analizar a 41 asesinos convictos, que comparó con grupo de control “normal” de 41 personas de edad y perfil similar.

¿Qué encontró? Actividad metabólica en diferentes partes del cerebro que revelaron que los cerebros de asesinos mostraban una reducción significativa en el desarrollo de la corteza prefrontal, área de “la función ejecutiva” del cerebro, al comparar con el grupo de control.

Un escáner cerebral. Foto: Reuters

Esa diferencia, planteó Raine, daría lugar a mayor probabilidad de comportamientos. Menos control sobre el sistema límbico, encargado de emociones primarias como la ira y la rabia; una mayor adicción al riesgo; una reducción del autocontrol; y habilidades deficientes para resolver problemas, eran esos rasgos. Todos predisponen, indica, a una persona a la violencia.

En 2019 se publicó uno de los estudios más grandes sobre el tema, basado en una muestra de escáneres cerebrales de más de 800 hombres encarcelados. Sus conclusiones muestran que quienes habían cometido o intentado un homicidio mostraban una reducción en la función de la materia gris en comparación con las personas involucradas en otros delitos.

El estudio, publicado en la revista Brain Imaging and Behavior, señala que esas diferencias podrían estar relacionadas, con la forma en que procesan la empatía y la moralidad. “Más materia gris significa más células, neuronas y glía”, indica.

Lo que hay en el cerebro de un asesino

Enrique Lorca del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica, BNI, de la Facultad de Medicina de la U. de Chile, explica que, si bien ningún cerebro es igual a otro, no hay grandes variaciones de formas y alteraciones morfológicas.

Sin embargo, en el caso de las personas psicópatas sí hay diferencias en el funcionamiento cerebral. “No son personas que sean más inteligentes que otras, no son personas genias que canalicen mal sus recursos. Son comunes y corrientes en su potencial cognitivo, pero en ellos la emoción y recompensa no funciona de manera adecuada”, señala Lorca.

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Pedro Maldonado, neurociéntifico de esta misma institución señala que existen varias regiones del cerebro detectadas con exámenes de imágenes, que se han identificado con menor actividad en personas psicópatas: “Ellos parecen tener menor actividad en situaciones emocionales como el miedo, pero es más significativa esta menor actividad cuando ven que otra persona está en situación de amenaza. Casi no muestra actividad cuando otra persona está en una situación que a uno lo afectaría”.

Biología y sociedad

Encontrar las causas biológicas de los problemas puede ser un camino para entender temas complejos. Pero ¿Puede un escáner cerebral detectar a un asesino? En el caso del trabajo de la U. de Chicago, se indica que no tienen suficiente evidencia para establecer una relación causal entre la reducción de materia gris y el homicidio.

El cerebro y su función, tendrían algo que decir, pero no tiene la última palabra. Si influye más la biología o aspectos sociales, Jean Decety , profesor en psicología y psiquiatría en la Universidad de Chicago, autor del estudio, afirma a que Qué Pasa, que “nadie tiene la respuesta a esa pregunta”.

“Siempre es una interacción entre un individuo específico, la forma en que se construye su cerebro y el impacto del entorno social. La única forma de saberlo sería realizar estudios longitudinales. Estos estudios son muy difíciles de realizar”, agrega Decety.

Margarita Rojo psicóloga forense, ex PDI, explica que siempre los dos aspectos influyen: “Somos una indisoluble unión entre la biología y lo cultura. La biología tiene un peso, pero también tiene que ver con lo cultural”.

La psicóloga forense añade que Hugo Bustamante era un psicópata. “Él tiene una carrera criminal, empezó tempranamente y es un depredador, no podía controlarse, entonces en él pesa mucho esa genética. Él tampoco quiso hacer algo para poder controlar eso, no buscó ayuda, los psicópatas en general se creen por sobre las normas”.

No sólo los hombres. También hay mujeres que incurren en conductas psicopáticas, dice Rojo. No siempre el psicópata comete crimines de sangre, que causan mayor horror por lo macabro, “también hay crímenes de ‘cuello blanco’ que son estafas, engaños y manipulación, que también destruyen a la persona, pero no son tan impactantes, porque en este caso si a Bustamante no lo capturaban iba a ser un asesino serial”.

Esta condición no lo exime de su responsabilidad. Porque el trastorno psicópata no es una enfermedad mental. “Él tiene conciencia de lo que está haciendo, y como tiene conciencia podría perfectamente buscar ayuda para que no vuelva a incurrir en el delito”, plantea Rojo.

Victoria Hurtado psicóloga y subdirectora de Corporación Humanas, señala que, cuestionan el determinismo biológico. El cómo se encausa esa predisposición, desde la psicología se llama el temperamento, que tiene que ver con la cultura en cómo se desarrolla. “En esa perspectiva, en culturas justas, solidarias, comunitarias, se evitan muchos problemas de salud mental. Es muy peligroso el discurso del determinismo biológico, porque es el que justifica el racismo también. El ser humano se construye en comunidad y ese es su espacio de socialización y aprendizaje”.

Así al concentrarse solo en la biología, se estaría quitando la vista de otras causas como pobreza, mala nutrición, falta de educación, etc., que estudios también vinculan.

Hay estudios que dicen que podría haber una predisposición genetica la sociopatia, agrega Lorca, pero no todas los sociópatas cometen delitos ni se vuelven asesinos. “Hay eventos particulares en la vida que tienen que ver con la inserción social que ellos no desarrolla, como problemas de cuidado afectivo, relación de desapego en madre y sujeto, exposición a ambiente nocivo”, comenta.

Psicopatía y violencia, se tienden a asociar pero no son sinónimos. Muchas personas diagnosticadas con alguna psicopatología no son violentas, detalla Maldonado. Tampoco la falta de empatía es un impedimento para funcionar socialmente. “Pueden haber muchas personas con psicopatologías que se insertan bien, que se adaptan al mundo y han aprendido a funcionar bien en la sociedad”.

Hay características personales muy propias de cada uno, que como en este caso, podrían acercarte a los comportamientos psicopáticos, como cerebro, personalidad, entre otros, añade la psicóloga de la Universidad Diego Portales, Mónica Peña, “pero también se hace evidente que la sociedad a través de la ley debe ser clara en qué comportamientos son permitidos y cuáles no”.

¿Es posible la recuperación?

Una de las características del cerebro es su plasticidad, lo que determina su capacidad de aprender y de crear conexiones nuevas. En cuanto al crecimiento de la masa encefálica, los estudios dicen que éste se produce hasta los 21 años en hombres y 23 en mujeres. Tras ese tiempo, deja de crecer pero no de crear nuevas conexiones. Este peak se produce entre los 30 y los 35 años.

Psicopatía y violencia, se tienden a asociar pero no son sinónimos. Muchas personas diagnosticadas con alguna psicopatología no son violenta.

“Hasta esa edad es probable que una persona tenga la capacidad modificar este tipo de conductas, si es que tiene una intervención adecuada. En las personas que son más adultas, la dificultad son las conexiones neuronales, porque sobre los 35 años, ya están más o menos establecidas. Se pueden aprender nuevas cosas, pero es más complejo”, advierte Lorca.

Respecto de la posibilidad de reincidencia, desde la neurociencia dice Lorca, es difícil determinar: “Las redes neuronales son súper plásticas y es probable que una persona pese a estar con tratamiento o que haya pasado mucho tiempo desde un primer acto, pueda hacerlo de nuevo, porque ya existe una red neuronal que lo hizo”

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