Fue la mejor tenista del mundo, la única chilena en ganar un Grand Slam, pero pocos la recuerdan

Anita Lizana en 1938, en el Queen's Club de Londres.

Durante marzo Cristián Garín y Alejandro Tabilo han estado disputando espectaculares partidos en importantes torneos de los Estados Unidos, país donde décadas atrás una raqueta chilena alcanzó la fama mundial y el número uno.

¿Saben de quien hablo?

Mientras refrescan la memoria, Tabilo queda fuera a manos de su par chileno, Garín sigue compitiendo en Miami y Jarry cae en el ranking sin haber pisado suelo estadounidense. Así es el tenis, rápido, implacable, y por esas latitudes, en 1937, una chilena levantó el trofeo de Forest Hills -torneo antecesor del US Open- tras una final que no alcanzó a durar una hora.

El periodista Juan Carlos Cappello, en el prólogo de su libro, Miss Lizana from Chile, 49 minutos de fama, lo cuenta así:

“En ese caluroso sábado del 11 de septiembre de 1937, cuando el verano del hemisferio norte se estaba despidiendo, Ana Lizana Lizana, una joven chilena (tenía entonces menos de 22 años), pequeña de físico y de orígenes modestos, culminó con su gran talento y simpatía sus legítimas aspiraciones personales y materializó las esperanzas de su pueblo. Triunfó -para sorpresa de los expertos- en la cancha central del West Side Tennis Club de Forest Hills, una de las catedrales del tenis mundial, ubicada en los suburbios de Nueva York. Esa tarde se tituló campeona de Estados Unidos y se transformó en un ídolo para Chile y para América Latina. Ana Lizana en escasos 49 minutos se permitió ganar el torneo y alcanzar dos récords notables; no perdió ningún set a lo largo de todo el campeonato y fue la primera latinoamericana en lograr dicho título”.

Anita Lizana.

Así parte el libro de Cappello y debo reconocer que, aunque sabía de la existencia de Anita Lizana y había visto algunos registros audiovisuales en YouTube, nunca le había tomado el peso a lo que esta raqueta nacional había logrado a tan corta edad y en una breve carrera, pues las guerras mundiales en Europa, el matrimonio y la familia frenaron este vertiginoso ascenso.

Pero… ¿de dónde salió este prodigio nacional?

Hija de Roberto Lizana, profesor de tenis del club de los alemanes, ubicado en la Quinta Normal, Anita literalmente vivió y creció al borde de una cancha de tenis. Su tío Aurelio Lizana, también tenista y profesor, era muy consciente no solo del talento de su sobrina, sino de su fuerte dedicación. Clotilde, hermana de Anita, lo cuenta así en Miss Lizana from Chile:

“Todos nos dedicábamos al tenis, pero mientras a nosotros nos daba por épocas, a Anita le gustó como una forma de vida. No pensaba en otra cosa… dormía con su raqueta… en los fines de semana esperaba que se fueran los socios (…) para irse a las canchas o para hacer gimnasia en los jardines de la Quinta”.

La cabra chica Lizana era descrita como alegre, rebelde, independiente y revoltosa, características complejas no solo para la época y para nuestro país, sino para su padre, un hombre tradicional que veía con ambivalencia las ambiciones de su hija.

Pero los números le daban la razón a la menor del clan Lizana, pues con menos de catorce años se tituló por primera vez campeona de Chile. En total fue cinco veces campeona nacional y en Sudamérica fue vicecampeona en Buenos Aires y campeona en el torneo sudamericano disputado en Montevideo.

Es importante resaltar que en esos años el tenis era un deporte no remunerado, por lo que la carrera internacional de Anita Lizana peligraba. Sus padres no tenían como financiar viajes al extranjero o a un equipo técnico, pero era tal el furor que causaban sus golpes y destreza, que una serie de personas que creían en su potencial reunieron 120 mil pesos en una colecta. Gracias a este esfuerzo económico, la pequeña Lizana pudo armar las maletas y partir.

Escuchemos a Cappello:

“Hizo su debut en The Thally-Ho Championships en el sudeste de Inglaterra. Ganó el torneo sin perder un set. Luego triunfó en los torneos de Bradford, Sheffield, Newcastle y Hurlingham. Por último viajó a Francia para jugar el Roland Garros. Perdió en la tercera ronda (…) En 1935, después de Roland Garros, Ana Lizana regresó a Inglaterra y llegó a las finales del prestigioso Queen’s Club, el importante campeonato previo a Wimbledon. En Wimbledon mismo alcanzó la tercera ronda.”

En Chile, los éxitos europeos de Anita causaban furor y el cronista y novelista Joaquín Edwards Bello (1887-1968) lo sintetiza así: “Si alguien nos hubiera dicho… que la raqueta de una chiquilla de 20 años sería capaz de producir honda vibracional nacional, es seguro que nos hubiéramos sonreído… La raqueta de Anita Lizana ¡parece mentira! es la batuta de la vida chilena en el momento actual”.

Pese a los escollos económicos que tuvo que atravesar la familia Lizana y a los reparos sociales que preocupaban a los padres de nuestra raqueta nacional -en un Chile donde era mal visto que una mujer se dedicara a algo tan poco femenino como el deporte y viajara sola por el mundo- Anita salió triunfando en el debut y en su segunda temporada en Europa (1936) repitió la hazaña de Thally-Ho, cayó en la final de Bournemouth, defendió con éxito el título de Hurlingham y se tituló campeona de Irlanda y Escocia. Por segunda vez cayó en la tercera ronda en Wimbledon y terminó número ocho del mundo, según A. Wallis Myers, el periodista y gurú reconocido del tenis internacional.

Parece mentira, pero ya en 1937 “Miss Ana Lizana from Chile” era la jugadora número uno del mundo. Era la primera latinoamericana en lograrlo. La primera chilena en conseguirlo. Una mujer chilena lograba en Estados Unidos lo que ningún hombre chileno o latinoamericano había logrado y el prestigioso New York Times, pese a que no era la favorita de los expertos, escribió lo siguiente de esta mujer que crecía al jugar a estadio lleno:

“Es (sorprendente) para los miles que asistieron a ver a la pequeña chilena en acción. Es una deportista guiada por un cerebro estratégico, que le da las órdenes correctas a sus músculos en el momento preciso”.

Tal como nos recuerda Cappello, no era nada sorprendente que Anita ganara la final. No había perdido un set en el campeonato y había realizado extraordinarias campañas en el viejo continente. Simplemente no era la favorita de la prensa especializada norteamericana.

Lizana con la copa del Abierto de Estados Unidos.

Hans Gildemeister, una de las raquetas nacionales más importantes y exitosas de nuestra historia, ganó, junto al ecuatoriano Andrés Pérez, Forest Hills en 1986 y en el libro de Cappello nos ayuda a dimensionar la hazaña de nuestra compatriota: “Anita marcó un hito a nivel mundial. Su marca será difícil de igualar para los tenistas chilenos. Cuando yo jugaba en Forest Hills me emocionaba ver el nombre de una chilena en la placa de los campeones”.

En octubre de 1937 Anita Lizana vuelve a Chile, donde es recibida por el Presidente Arturo Alessandri en La Moneda y de ahí partiría de vuelta al viejo continente para casarse con el tenista y golfista Ronald Ellis en 1938, pasando de ser Ana Lizana from Chile a Mrs. Ana Lizana-Ellis from Scotland

Continuará...

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