Hayabusa 2, la sonda japonesa que busca realizar una proeza en un asteroide

La sonda japonesa aterrizó en el asteroide que ha venido orbitando por meses. Expertos destacan su eficiencia y oportunidades para la ciencia que se pueden lograr de esta expedición.


Hayabusa 2, la nave nipona, proyecto de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), aterrizó con éxito en el asteroide Ryugu. Se esperaba que la nave, que es dirigida de manera remota, lance un proyectil de tantalio y tome una muestra del cuerpo rocoso para después volver a la Tierra.

La sonda apenas tocará el asteroide debido a la falta de gravedad del asteroide, mientras busca reunir los restos desplazados con un instrumento llamado el Cuerno de la Muestra, que cuelga de su parte inferior. “Es una expedición bastante interesante, además de que es muy barata: apenas 90 millones de dólares”, aseguró Cesas Fuentes, astrofísico y experto en naves espaciales de la U. de Harvard, e investigador del Centro de Astrofísica de la Universidad de Chile.

El científico recalca que la misión no es costosa si se compara con otras expediciones. Incluso, la misión del Hayabusa 2 cuesta menos que los 130 millones de dólares que Chile pagó por el satélite Fasat Charlie, en 2011.

El asteroide Ryugu tiene menos de un kilómetro de ancho y su densidad es tal que su atracción gravitatoria es 60 mil veces menor que en la Tierra. Hayabusa 2 llegó al asteroide en junio del año pasado después de un viaje de tres años y medio para interceptarlo. Los controladores de la misión en la agencia espacial japonesa habían planeado aterrizar en octubre, pero retrasaron el intento después de que las cámaras revelaron que la superficie era mucho más rocosa de lo esperado.

Hayabusa 2 disparará el proyectil de tantalio, de 5 gramos y a más de 290 metros por segundo, en la superficie del asteroide. Si todo sale según lo planeado, la sonda recolectará hasta 10 g de la superficie del asteroide, arrojados por el impacto. El material se almacenará a bordo hasta que la nave aterrice en la Tierra, donde se espera que lo haga en Australia, en 2020, después de un viaje de más de casi 5 mil millones de kilómetros.

Ryugu pertenece a una familia de rocas espaciales que son los bloques de construcción más primitivos del Sistema Solar. “Es importante saber su composición, ya que podría darnos pistas de cuánto material del que está en el asteroide pertenece a la composición de la Tierra primitiva”, asegura  Fuentes.

Una mina en el espacio

Fragmentos de asteroides como el Ryugu caen a la Tierra como meteoritos, pero golpeados y quemados a medida que atraviesan la atmósfera. Además, que se contaminan rápidamente cuando caen al suelo. El material del asteroide de Hayabusa 2 mostrará a los científicos cómo es el meteorito antes de que se precipite a la Tierra.

El análisis de los granos de asteroides puede arrojar luz sobre el lugar donde la Tierra obtuvo su agua. Muchos científicos alguna vez pensaron que los cometas traían agua a la Tierra, pero los estudios han demostrado que el agua de los cometas tiene una firma química diferente a la que se encuentra en la Tierra”, explica Fuentes. Además, con los estudios que se le realice a estas muestras de asteroides servirán para sentar las bases de búsqueda de la existencia planeta “hermano” de la Tierra. Es decir, que tenga componentes como agua y minerales que pueden asentar la vida.

Ryugu, el asteroide donde aterrizará la nave. Foto: AP

La agencia espacial japonesa realizará una segunda etapa marzo. Hayabusa 2 detonará un explosivo que le hará un cráter en Ryugu, para después descender al interior del asteroide y recolectar material de allí.

Fuentes destaca también que esta misión puede sentar las bases de generar nuevas formas de extraer minerales desde el espacio. Además, asegura que muchas de las fuentes minerales que se encuentran en la superficie de la Tierra, tienen relación con el impacto de un meteorito. “Tengo colegas que trabajan en Estados Unidos, y su tarea es generar mecanismos para hacer minería en el espacio. Se ha visto que algunos asteroides son muy ricos en platino”, explica el astrofísico.

 



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