Malbec para los argentinos, cabernet para los chilenos: académico Usach obtiene importante premio por libro que relata la historia del vino en el cono sur

Texto escrito por el historiador Pablo Lacoste, muestra cómo diferencias sociales, culturales y económicas terminaron configurando estas históricas diferencias, las que se mantienen hasta hoy. El libro logró un importante premio de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV).




La Vid y el Vino en el Cono sur de América: Argentina y Chile (1545-2019) fue publicado en 2019 y analiza el contexto político, económico y social en que se desarrolló la industria del vino en ambos países.

El texto aborda las llamadas “fronteras enológicas” de la región, que delimitaron la influencia del cabernet sauvignon al oeste de la cordillera de los Andes y del malbec al este de esta cadena montañosa. Es la histórica división que hoy hace que los chilenos prefieran el cabernet y los argentinos el malbec.

El libro fue escrito por el académico del Instituto de Estudios Avanzados (Idea) de la Universidad de Santiago, Pablo Lacoste, que gracias a este texto, logró el único reconocimiento para Latinoamérica de la edición 2020 de los Premios de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), una especie de “Fifa” de la industria vitivinícola.

El libro del historiador Pablo Lacoste.

El texto obtuvo la mención especial en la categoría Historia de los premios.

Lacoste explica que esta “frontera enológica” del Cono Sur, con el malbec al este y el cabernet sauvignon al oeste se estableció en la segunda mitad del siglo XIX. Dice que la diferencia la marcó el actor social que tuvo a su cargo la expansión de la viticultura francesa en cada país.

“En Chile, el actor decisivo fue la burguesía nacional, que resolvió invertir parte de sus capitales en la industria vitivinícola, aprovechando la ventana de oportunidad que generó la plaga de filoxera, que dañó cuatro millones de hectáreas de viñedos en Europa. En cambio en Argentina, la expansión fue liderada por campesinos pobres, criollos e inmigrantes, que no disponían de grandes capitales”, dice.

Explica que el malbec es más productivo que el cabernet; produce mayor cantidad de kilos de uva por hectárea. “Para los campesinos pobres que cultivaban las viñas argentinas, era una mejor opción”, señala.

“Ellos sintieron que esta planta se adaptaba bien a sus suelos y climas, y le ofrecía mayor productividad; además, el mercado rioplatense la valoró muy bien. El vino de malbec se vendía con éxito en Buenos Aires. Los bodegueros aprendieron a elaborarlo, y se sintieron también satisfechos. Por lo tanto, se produjo la triple convergencia: viticultores, bodegueros y consumidores argentinos se inclinaron tempranamente por el malbec”.

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En cambio en Chile, explica, la burguesía se mantuvo firme en la convicción del cabernet como cepaje de mayor valor enológico, el cual se adaptaba muy bien a los climas y suelos de la zona central de Chile.

“Esas diferencias se han mantenido hasta hoy”, señala.

Premio por libro que relata la historia del vino en el cono sur

Lacoste también resalta la importancia del premio. “Llama mucho la atención que un libro hecho en América Latina haya podido llegar a esta instancia, porque tenemos una asimetría muy grande con Europa, donde existen grandes centros de investigación dedicados a la vitivinicultura”, explica.

En Europa, hay enormes subsidios y programas de investigación, recursos y grandes equipos de trabajo. En América Latina, esto aún no se ha empezado a desarrollar”, explica el doctor en estudios americanos y, también, doctor en historia.

“Por eso, estas competencias las ganan los europeos y, en algunos casos, los colegas de Estados Unidos. Es una sorpresa que un libro de América Latina haya podido llegar a estas instancias de la OIV”, destaca el académico del Idea.

Afiche que muestra el premio ganado por Lacoste.

La investigación del doctor Lacoste obtuvo su reconocimiento el martes de la semana pasada en el marco de una edición que celebró 90 años desde la creación de los Premios de la Organización Internacional de la Viña y el Vino.

De acuerdo a la OIV, se recibieron candidaturas de 25 países correspondientes a cuatro continentes, distribuidas en las 11 categorías de este reconocido galardón internacional del sector vitivinícola.

De esta manera, se adjudicaron 19 premios y 10 menciones especiales entre un total de 30 publicaciones nominadas, las cuales se dividieron en 27 libros y tres sitios web.

“Este libro, premiado por la Organización Internacional de la Vid y el Vino, es una prueba de la interesante historia que tienen nuestros viticultores”, reflexiona Lacoste.

Pablo Lacoste. Foto: Usach

Lamentablemente, hasta ahora, ni la industria ni el Ministerio de Agricultura han reconocido con suficiente profundidad la extraordinaria riqueza histórica, se queja el historiador. Añade que espera que ahora se puedan romper esas barreras mentales, y avanzar en la valoración cultural de nuestros viñedos. “Chile tiene un tesoro extraordinario en sus viñas patrimoniales. Necesitamos mostrarlas al mundo, con orgullo”.

La “Fifa” del vino

La OIV es una organización intergubernamental de carácter científico y técnico creada por el Acuerdo de abril de 2001, firmada por 35 Estados soberanos, que entró en vigor el 1 de enero de 2004.

La organización está compuesta por 47 Estados miembros, entre los que se encuentran países como Chile, Argentina y Francia. A estos, se agregan como Estados observadores los antiguos miembros de la Oficina Internacional de la Viña y el Vino.

Entre sus objetivos, se encuentran indicar medidas que “permitan tener en cuenta las preocupaciones de los productores, de los consumidores y de los otros actores del sector vitivinícola”, afirma el sitio web de la OIV.

Además, busca contribuir “a la armonización internacional de las prácticas y normas existentes y, cuando sea necesario, a la elaboración de nuevas normas internacionales a fin de mejorar las condiciones de elaboración y comercialización de los productos vitivinícolas, tomando en cuenta los intereses de los consumidores”, agrega la página.

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