Mario Puig: “En pandemia la inteligencia más importante es la espiritual”

Mario Alonso Puig médico español, cirujano general y del aparato digestivo, especialista en motivación, creatividad, comunicación, liderazgo e inteligencia.

Médico español especialista en creatividad, liderazgo e inteligencia, resalta que las relaciones humanas han sido, son y serán fundamentales en nuestra salud y felicidad, tal cómo lo demostró la crisis. Hoy se requiere colaboración, ver la dignidad en todos y celebrar la variedad, para buscar soluciones.




¿Qué permite la felicidad? Una pregunta que en pandemia toma fuerza. Las dificultades y temores de un momento único, han hecho reflexionar sobre aquello.

Una búsqueda que no es nueva. En 1938 en Estados Unidos, en la Universidad de Harvard se inició un estudio para dar luces a esa interrogante. En plena Gran Depresión, comenzaron el seguir a 268 estudiantes de segundo año en un estudio longitudinal para revelar pistas sobre una vida sana y feliz.

El denominado Estudio de Desarrollo de Adultos de Harvard los siguió por 75 años. Una de las investigaciones más extensas del mundo, que hoy considera a la descendencia de esos hombres (cuando partió solo se aceptaban hombres en la universidad), con 1.300 personas.

Estudiaron su salud y vidas. También sus triunfos y fracasos. Algunos se convirtieron en empresarios, médicos o abogados exitosos. Otros desarrollaron esquizofrenia o alcoholismo. ¿Qué determinó su felicidad? No fue el dinero ni la carrera. Fueron las relaciones y la calidad de ellas, la influencia más poderosa en su salud. “Cuidar tu cuerpo es importante, pero cuidar tus relaciones también es una forma de autocuidado. Eso, creo, es la revelación”, ha señalado Robert Waldinger, director del estudio y profesor de psiquiatría en la Escuela de Medicina de Harvard.

Justamente esas relaciones la pandemia interrumpió. Y nos hizo recordar que la felicidad está ahí, destaca Mario Alonso Puig médico español, cirujano general y del aparato digestivo, especialista en motivación, creatividad, comunicación, liderazgo e inteligencia, invitado por la Universidad Autónoma de Chile a inaugurar su año académico 2021 con la clase magistral “Encajar o destacar. La fuerza de 1”, el lunes 31 de mayo.

Para cuidarnos nos alejamos. Abrazos, tomar la mano, hasta soplar las velas de una torta de cumpleaños, ya no son como antes. “Nos hemos dado cuenta hasta qué punto nos gusta estar juntos, vernos, tocarnos. La tecnología permitió cierto contacto, pero nos gusta que sea más personal”, indica Puig en entrevista con Qué Pasa.

El encierro y todas las restricciones recordaron dónde está la felicidad. “Es lo que ha destacado el estudio más grande sobre la felicidad de la Universidad de Harvard, el elemento más importante son las relaciones humanas”, señala el autor de diez libros traducidos a 14 idiomas.

Inteligencia espiritual

-La vida ya en 2019 era muy cambiante, pero la pandemia la aceleró ¿Qué representa en ese sentido para la sociedad?

Toda situación de crisis pone al ser humano en búsqueda de algo que le permita mantenerse firme ante las tempestades de la vida. Eso solo se hace cuando se vive una crisis. Cuando las personas están bien nunca hacen un trabajo interior, solo cuando tenemos la sensación de que el suelo tiembla, nos ponemos a buscar valores para tener esperanza. En esta pandemia nos podemos quedar con lo negativo o sabiendo que eso es parte de lo que nos ha tocado vivir y prestar atención a las grandes posibilidades que ofrece la crisis. Pero hay que buscar, si alguien no busca no encuentra.

-¿Qué tipo de inteligencia es necesaria en estos tiempos?

Si prestamos atención a la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, él hablaba de las distintas formas en que el ser humano aprende y la más importante ahora es la inteligencia espiritual, la que nos ayuda a ver el fondo de las cosas. No vemos la realidad profunda que tienen las cosas, pero si una persona desarrolla la inteligencia espiritual pueden ver mejorías. Va a quererse mucho más porque va a reconocer una dimensión mucho más hermosa de que aquello que piensa. Ayuda a generar encuentros más cercanos y auténticos. Ver la dignidad que hay en todo ser humano y celebrar la variedad. Quien desarrolle esa inteligencia espiritual no ve la naturaleza como algo que usa, la ve como una fuente de inspiración, belleza, de unión, es la inteligencia más importante ahora.

En esta pandemia nos podemos quedar con lo negativo o sabiendo que eso es parte de lo que nos ha tocado vivir y prestar atención a las grandes posibilidades que ofrece la crisis, plantea el especialista. Foto: Reuters.

-¿Y cómo se desarrolla?

Hay varios caminos. En mi experiencia todo lo que contribuya en el plan de amor en el mundo. Todas las opciones de ayudar a otro ser humano, de reducir su dolor, perdonar los errores, todo eso favorece la inteligencia espiritual. Además, la gratitud, saber agradecer a la vida lo que nos queda. Agradecer levantarse todos los días sin dolor. La gratitud es una forma de desarrollar inteligencia espiritual.

Lo otro es el contacto con la naturaleza. Al estar en el mar o los bosques, algo se mueve y no es algo intelectual, es más profundo. También la contribución, no puedo sacar provecho de los demás, sino ver en qué puedo contribuir. Y el silencio, en momentos de mayor silencio he tenido conexiones profundas con el mundo espiritual. Si hacemos eso y entendemos que la belleza exterior, la naturaleza, los pájaros, no son fruto del azar y pensáramos que hay algo más, que nos supera y se mueve bajo la sabiduría y el amor absoluto, sabríamos que lo mejor es nuestra felicidad.

La inteligencia espiritual, dice Puig ayuda a ver el fondo de las cosas: "Ayuda a generar encuentros más cercanos y auténticos. Ver la dignidad que hay en todo ser humano y celebrar la variedad. Quien desarrolle esa inteligencia espiritual no ve la naturaleza como algo que usa, la ve como una fuente de inspiración, belleza, de unión, es la inteligencia más importante ahora".

-¿Ese sería un modo apropiado de atravesar esta crisis?

La inteligencia espiritual siempre es opuesta al miedo porque está alineada al amor, porque no es el odio el opuesto al amor, si no el miedo. Ahora el miedo a lo desconocido y sobre qué pasará, revela falta de cultivo de inteligencia espiritual. Quien la tiene mantiene la serenidad, no se altera, no se queda bloqueado. Pero nos hemos alejado tanto porque es algo sutil, no es algo que la captan los sentidos, es algo que uno vive. Al no darle importancia en momentos donde todo se derrumba nos falta. Falta afianzarnos sólidamente en algo que nos de confianza. Claro que hay dificultades, pero podemos resolverlas juntos.

Cuando se habla de inteligencia espiritual se asocia a religiones, pero no tiene que ser así. Hay personas que pueden estar en una religión, pero no tener vida espiritual. El abordaje en ese sentido ha sido desde la culpa, y esto es algo diferente, es la capacidad de reconocer en los demás algo que va más allá de las ideas políticas, es ver la humanidad que a todos nos une.

La inteligencia espiritual sería la capacidad de las diferentes olas del océano de reconocer que todas tienen algo en común, todas son océano. La capacidad de reconocer que somos diferentes y que eso no sea obstáculo para ayudarnos sobre todo cuando tenemos un enemigo común, un virus. Si la desarrolláramos las olas no pelearían entre ellas, no agitarían el océano.

Relevancia de las relaciones

-¿Se pueden sacar lecciones positivas de estos tiempos? ¿O es muy pronto?

Claro, hemos visto ejemplos de grandeza y de solidaridad espectacular en profesionales de sanidad, de la educación, capaces de de mantener la energía en tiempos difíciles. Hemos visto ejemplos maravillosos de lo que es la grandeza humana, por lo que no hay que perder la fe.

Nos hemos dado cuenta hasta qué punto nos gusta estar juntos, vernos, tocarnos. La tecnología nos ha permitido tener cierto contacto, pero nos gusta que sea de una forma más personal. Es lo que ha destacado el estudio más grande sobre la felicidad que se realiza en la Universidad de Harvard, que indica que el elemento más importante en la felicidad son las relaciones humanas. Y ahora si algo nos ha permitido sostenernos ha sido el esfuerzo de miles de personas.

-Si nos dimos cuenta de que las relaciones son relevantes, tal como el estudio de Harvard ya indicaba ¿Posterior a la pandemia deberíamos relacionarnos diferente?

Nadie sabe cómo será la vida después. Lo que sí sabemos es que antes, en medio y después de la pandemia, la calidad de las relaciones humanas ha sido, son y serán un elemento fundamental en nuestra salud, bienestar y felicidad.

-En ese mismo sentido, ¿Qué actitudes son obsoletas?

Muchas personas no se han planteado seriamente como veníamos antes de la pandemia en la idea de que “todo tiempo pasado fue mejor”, pero no. Antes de la pandemia ya teníamos 25% de personas en tratamiento de ansiolíticos y antidepresivos. En ese sentido, la actitud obsoleta es una actitud de que solo importan la fama, el poder y la fortuna. Tener fama cómo sea, llegar al poder cómo sea y a la fortuna por el camino que sea. Personas que quieren obtener beneficios y de los demás, que creen que se les lidera a través del miedo, personas que se han deshumanizado al estar solo centradas en sí mismas y que el resto importa. La prioridad es avanzar como seres humanos y contribuir al desarrollo de los demás.

-Entonces, ¿La empatía es hoy un valor importante?

Por ejemplo, una de las cosas más conmovedoras desde los primeros meses cuando el mundo comenzó a confinarse, fue el papel de los funcionarios de sanidad. Estaba prohibido que los familiares fueran a ver a los hospitalizados y quién ha suplido esa carencia afectiva de personas asustadas por una enfermedad nueva, fueron los profesionales de la salud. Aparte de llevar a cabo la importante labor científica, técnica y de asistencia, han hecho de vínculo entre enfermos y sus familias. Tomaban su propio teléfono para que los familiares le hablaran al enfermo. Eso ponía en valor la empatía, sentir la cercanía de otro ser humano que no solo se ocupa, sino que se preocupa de ti, es importante. Esa empatía tiene impacto directo a nivel molecular, en cómo funciona la célula por sorprendente que parezca. Todos sabíamos que la empatía era muy importante, pero ahora hemos experimentado en primera persona que es importante.

-Es a veces inevitable una visión poco optimista ¿Cómo manejar eso para no caer en desanimo e inactividad?

Hay que entender que en el ser humano la atención es selectiva, tenemos que elegir a qué prestar atención. Por ejemplo, si entramos a una habitación hermosa, pero tiene una mancha en el suelo, si mi atención se queda en la mancha, la percepción será de una habitación sucia. Dónde ponemos la atención es lo que se hace más real para nosotros.

Hoy, claro que tenemos que un problema. Pero dónde tenemos que poner el foco no es en problema, es en la solución. Cuando se pone en el problema el foco, el cerebro reduce la capacidad de atender. Cuando se pone el foco en la solución, se activa su capacidad de resolver y la creatividad. Poner la atención en lo que sí está bien, en lo que funciona. Quien no domina el foco de atención se altera.

En pandemia, dice, "nos hemos dado cuenta hasta qué punto nos gusta estar juntos, vernos, tocarnos. La tecnología nos ha permitido tener cierto contacto, pero nos gusta que sea de una forma más personal". En la imagen mujer abraza a su cuñada a través de una cortina de plástico transparente en un hogar de ancianos en Sao Paulo, Brasil. Foto: AFP

-¿Y cómo se logra ese dominio?

Sabemos que hay dos redes en el cerebro humano, la red neuronal por defecto y la segunda es la red ejecutiva central. Todas las practicas de mindfulness, la atención plena, refuerzan áreas de la red ejecutiva central, que evitan distraerse cuando lo relevante ocurre. Ese entrenamiento no solo se enseña en hospitales o empresas de tecnología, se enseña en universidades. Cuando operamos con la red ejecutiva central nos angustiamos menos. Nos preocupamos menos, sin ser indiferentes, aprendemos más de prisa, nos damos cuenta de las necesidades que tenemos. Por eso, debemos tener cuidado dónde poner la atención, si está en aquello que revela lo mal que está el mundo, la persona acabará sintiendo que el mundo es un lugar espantoso donde vivir, pierde una visión equilibrada de la realidad. Por eso es importante en la mañana enfocarse en qué nos ayuda a crecer y no en lo que genera ansiedad.

-Pero no todo el mundo sabe qué es atención plena o mindfulness, ¿Cómo se acercan a esto?

Pocas cosas son tan sencillas como el mindfulness. Es tan sencillo que cuesta creer que tenga tanto impacto. Es llevar la atención a la respiración. Pero se piensa que no puede tener tanto impacto. La complejidad la ponemos nosotros, ‘para que voy a cerrar los ojos con la cantidad de cosas que tenemos que hacer’.

El mindfulness se puede explicar de una forma muy sencilla. Imagino que me asomo a un estanque y no puedo ver el fondo porque el agua está agitada. Cuando el agua se calma, miro y en fondo hay dos cosas: creencias limitantes y los elementos que hacen mi vida más difícil, que no lo había visto. Veo que hay más cosas, recursos que no sé qué tengo, capacidades que no han aflorado. ¿Qué puede hacer una persona para que esa agua se aquiete? Su atención llevarla a algo que no es mental, sino físico. La respiración es algo físico, detenerse y notar cuando se hinchan los pulmones al inspirar y luego se vacían al exhalar. Al bajar la atención mental se quieta la persona y cuando se aquieta, puede ver cosas útiles en la vida, niveles de serenidad y atención que pensaba que no eran posibles mientras el agua estuvo agitada.

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