¿Qué problemas enfrentan las personas transgénero en los servicios de salud?

Autor: Tania Opazo

Sicóloga del Programa de Diversidad Sexual del Hospital Sótero del Río/ Fotografía: Reinaldo Ubilla

Mientras que las organizaciones han levantado una batalla contra la "despatologización" de la condiciones trans, algunos profesionales de la salud advierten que sacarla del todo de los manuales diagnósticos podría restringir el acceso de estas personas a ciertos tratamientos.


Tanto el acceso a los servicios médicos, como el trato que las personas transgénero reciben en los mismos, ha sido fuerte objeto de debate. Mientras que las organizaciones han levantado una batalla contra la “despatologización” de la condiciones trans (es decir, dejar de entender la transgeneridad como una enfermedad), algunos profesionales de la salud advierten que sacarla del todo de los manuales diagnósticos podría restringir el acceso de estas personas a ciertos tratamientos.

Hasta ahora, tanto la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), de la Organización Mundial de la Salud, y el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5), de Asociación Estadounidense de Psiquiatría, mencionan a la transgeneridad. El primero realizó este año un cambio, trasladando a la llamada “incongruencia de género” a un nuevo capítulo sobre salud sexual, definición que entrará en rigor a comienzos de 2022. Por su parte, el DSM-5 mantiene la nomenclatura de “disforia de género” para hablar de un estado de tristeza, ansiedad, estrés, etc. asociado a la discordancia entre la identidad de género y el sexo de una persona.

Existe un concenso entre los profesionales médicos en que la transgeneridad, en sí misma, no puede ser entendida como una patología. Un estado sicológico se considera trastorno mental si le causa a la persona angustia o discapacidad, explica el siquiatra Rodrigo Sierra, y “las personas trans no experimentan su género como algo que los haga sufrir”. Si ese individuo, agrega, no está puesto en una situación social de vulnerabilidad, no va a sufrir nada. “Son la discriminación, el rechazo y la violencia los que provocan el sufrimiento”.

Las consecuencias están a la vista: Un 51,6% ha pensado, al menos una vez, en terminar con su vida, según una encuesta realizada por el investigador de la Universidad Alberto Hurtado, Jaime Barrientos.

Cada vez más hospitales y clínicas están actualizando sus protocolos y educando a sus trabajadores en el trato correcto a las personas trans, siguiendo las mismas circulares que el Ministerio de Salud ha elaborado al respecto. En ellas se detalla, entre otras cosas, el respeto a su nombre social.

Varios servicios públicos han desarrollado, además, programas especialmente diseñados para estas personas, como el Carlos Van Buren (Valparaíso), Sótero del Río (Santiago) y Las Higueras (Talcahuano). Un esfuerzo relevante considerando que 76,5% de las personas trans encuestas por Barrientos tiene Fonasa. Los profesionales de estos programas critican que esta no sea una oferta sistemática del Estado y sólo iniciativas puntuales. “Para nosotros se trata de una urgencia social”, afirma Cynthia Aránguiz, asesora técnica del Programa de Identidad de Género del Complejo Asistencial Doctor Sótero del Río

Puede leer más sobre el capítulo Salud Trans, en el especial Transición: https://especiales.latercera.com/transicion/salud-trans Al final de esa sección se puede encontrar el podcast “Medicina Trans”, donde se detallan los tratamientos médicos disponibles para la personas transgénero



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