Temperatura, índice UV y humedad relativa: por qué estos tres factores determinan la mortalidad del coronavirus

Estudio realizado por chilenos en Oxford en base a 88 países sostiene que por cada 1ºC adicional disminuye en 4% la tasa de muerte, un aumento de 1% en la humedad relativa aumenta la tasa de muerte en 2%; y el aumento de una unidad UV disminuye en 15% la tasa de mortalidad. Pero también, hay que considerar variables como camas disponibles, medidas implementadas y número de personas de más de 65 años.




La influencia de los factores climáticos en la propagación del coronavirus ha sido desde el inicio de la pandemia -en pleno invierno en China- un asunto de interés para los científicos, que cada semana establecen nuevas teorías sobre cómo el frío o el calor afectan no sólo al microorganismo, sino a las personas que padecen la infección.

Uno de los estudios más recientes, realizado en Estados Unidos, sostiene que los rayos ultravioletas podrían matar rápidamente al virus que al día de hoy tiene a 2,85 millones de personas infectadas, y casi 200 mil muertos en todo el mundo, 174 de ellos en Chile.

“Nuestra observación más llamativa hasta el momento es el potente efecto que la luz solar parece tener para matar el virus, tanto en superficies como en el aire. Hemos visto un efecto similar tanto en las temperaturas como en la humedad. El alza de las temperaturas o de la humedad, o de los dos, es generalmente menos favorable para el virus”, indicó este jueves William Bryan, asesor sobre ciencia y tecnología del Departamento de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.

El estudio mostró que, con una temperatura de entre 21 y 24 °C y una humedad del 20% en una superficie no porosa, el virus tarda 18 horas en reducirse de mitad.

Así ocurrió en seis horas cuando el coronavirus fue sometido a la misma temperatura pero con una humedad del 80%, y en apenas dos minutos cuando se añadió la exposición a la luz solar a la ecuación.

Además, los científicos medieron el impacto de esas variantes sobre el virus en el aire. En sus resultados, el patógeno se redujo a la mitad en una hora, con una temperatura de entre 21 y 24 °C y una humedad del 20%. En presencia de luz solar, apenas tardó un minuto y medio para hacerlo.

Es por ello que los científicos consideran que al menos en el hemisferio norte, con la llegada del verano, el virus se debilite.

Sin embargo, para dos científicos chilenos de la Universidades de Oxford (Reino Unido) y Ginebra (Suiza), esta variable, si bien es importante, no es la única que establece la expansión del virus y su posible impacto en las muertes de los enfermos.

Los tres factores

“Una pregunta central en la pandemia de Covid-19 es si los factores climáticos modulan su progresión, datos claves para epidemiólogos y los encargados de la toma de decisiones de salud para mejorar sus planes de manejo”, señala el estudio realizado por Claudio Quilodrán, ecólogo evolutivo del departamento de zoología e investigador post doctoral de la Universidad de Oxford, y Juan Montoya Burgos, también ecólogo evolutivo y profesor en la Universidad de Ginebra, Suiza.

En conversación con La Tercera, Quilodrán explica que “hay resultados muy contradictorios en las revistas científicas -sobre todo artículos que aún no han sido sometidos a revisión por otros especialistas- con respecto a las variables climáticas que pueden influenciar al coronavirus”.

“En el caso de la temperatura y humedad se ha dicho de todo: efectos positivos, negativos o neutros, pero todos los estudios han estado restringidos al caso de China, o bien, investigaciones entre países considerando la tasa de infecciones en ellos. Nosotros demostramos que usar este último parámetro es un pésimo medidor para hacer comparaciones, porque depende mucho de la estrategia que cada país implementa para testear. En algunos países se analiza a todas las personas y en otros sólo a quienes tienen síntomas. No podemos comparar en este sentido a Chile, Alemania o Japón, porque son distintos métodos”, cuenta.

El científico asevera que en marzo de este año hubo una explosión en el número de países que empezaron a contar fallecidos. Hasta febrero, habían sólo nueve países que contaban este parámetro, que aumentó a 120 a fines de marzo, permitiéndoles, en vez de considerar a los infectados como medida para visualizar el impacto de la enfermedad, esta vez tomar el número de muertos. Esto, aunque también puede tener un sesgo en las medidas de cada país, es más tolerable que el caso de la tasa de infectados.

“Consideramos el número de muertes a los 15 días después que se comenzó a contar este parámetro”, cuenta Quilodrán. “Esto nos permitió, en base a datos de la Organización Mundial de la Salud y la Universidad Johns Hopkins, elaborar un filtro con 88 países y más de 200 territorios dentro de ellos, incluyendo a Chile y a Santiago, buscando analizar el efecto de las variables climáticas. Dejamos fuera a China debido a que aunque se trató del primer país infectado por el virus, no existían datos certeros sobre muertos iniciales, tratamientos, políticas implementadas, y preferimos evitar el sesgo".

“Así, calculamos los promedios de temperatura, humedad relativa y radiación UV durante los 15 días antes y después del primer registro de muerte por coronavirus, descubriendo que hay un efecto negativo de la temperatura en el número de muertes”, agrega.

“En síntesis, descubrimos que mientras más temperaturas y radiación UV, hay menos muertes. Pero a mayor humedad, hay más fallecidos”, sostiene el científico. Pero hay más.

Advertencia

Asimismo, la investigación indica que al considerar el número de muertes y no infectados, implica que la enfermedad ya está bien establecida en el país. Esto le permitió a los expertos añadir otras variables que pudiesen explicar las muertes, como la cantidad de personas de más de 65 años, número de camas en los hospitales, y las medidas implementadas en cada país para controlar los viajes dentro de los territorios e impedir la dispersión del virus, determinando a su vez tres categorías: países con medidas tempranas, intermedias y tardías.

De esta forma, Quilodrán explica que además del aspecto climático, se determinaron tres variables críticas: países con personas de más de 65 años, menos camas disponibles, y medidas tardías. “En ellos habrán más muertes”, señala.

El científico apunta que el hecho que haya una correlación con las variables climáticas en las muertes por coronavirus, es una advertencia para los países del hemisferio sur que van a entrar a la época invernal, donde posiblemente haya un incremento en a tasa de mortalidad. Por otro lado, también es un aviso para las personas de los países del hemisferio norte, que consideran que la llegada del verano los podrá salvar del virus. En este caso, se considera el acceso a un sistema de salud, políticas implementadas, y cantidad de personas de 65 años o más.

“La variable climática por sí sola no va a detener el virus”, sentencia el científico de Oxford.

Con ello, Quilodrán y su colega pudo cuantificar el efecto de las variables climáticas, estableciendo que por ejemplo cada 1ºC adicional disminuye en 4% la tasa de muerte; un aumento de 1% en la humedad relativa aumenta la tasa de muerte en 2%; y el aumento de una unidad UV disminuye en 15% la tasa de mortalidad.

“Pero esto no quiere decir que la radiación UV sea más importante que la temperatura”, afirma el científico. “Esto ocurre porque la temperatura promedio variaba entre -10ºC y 40ºC, mientras que la radiación UV entre 1 y 10. Esto implica que un cambio de unidad sea más significativo. Por ello estos tres factores deben ser tomadas en conjunto y no de forma independiente”.

A su vez, el experto recalca que estas tres variables por sí solas, tampoco pueden explicar las muertes por el virus: “Es crítico considerar el acceso a un sistema de salud que no esté colapsado, las políticas implementadas y el número de personas mayores de 65 años. Así ocurrió en Italia o España: una vez que el sistema de salud colapsó, las muertes se disparan y las variables climáticas ya no fueron tan importantes”.

“Cuando mencionamos que los países del hemisferio sur deben tener cuidado con la llegada del invierno, implica considerar a las personas graves y no colapsar el sistema de salud. Si bien en Chile esto no ha ocurrido aún, hay que prepararse antes que suceda”, puntualiza.

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