Caterine Galaz

Caterine Galaz

Investigadora FOndecyt, académica Universidad de Chile

Qué Pasa

Tercer género desde el nacimiento

EFE

El viernes pasado, el Parlamento germano aprobó una ley que reconoce la existencia de un tercer género en los certificados de nacimiento, convirtiéndose así en precursor en Europa en registrar a personas que no se consideran bajo categorías binarias como las de hombre y mujer, en los documentos oficiales.


Cuando en Chile y el mundo se levantan voces que intentan desconocer los derechos de las personas LGTBI (Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales e Intersexuales), Alemania da un paso más allá y es un ejemplo de lo que hoy muchos Estados dicen o aspiran ser, pero que no logran concretar en la práctica: consolidarse como democracias que responden a las demandas de toda la ciudadanía, sin distinción, y en igualdad de condiciones.

El viernes pasado, el Parlamento germano aprobó una ley que reconoce la existencia de un tercer género en los certificados de nacimiento, convirtiéndose así en precursor en Europa en registrar a personas que no se consideran bajo categorías binarias como las de hombre y mujer, en los documentos oficiales. Estas personas podrán optar desde ahora por marcar como “masculino”, “femenino” o “diverso”, según el texto aprobado en la Cámara de Diputados.

Según Naciones Unidas, actualmente entre el 0.05 % y 1.7 % de la población mundial es intersexual, antes llamados erróneamente hermafroditas. Eso significa que hay más de 76 millones de personas que nacieron con características y órganos físicos, tanto femeninos como masculinos. En Alemania son unas 80 mil personas (1% de la población).

Esta ley se aprueba después de que en 2013 familias alemanas fueran las primeras en Europa en tener la opción de dejar en blanco la casilla que indica el sexo de un bebé en su partida de nacimiento, cuando no existía claridad médica al respecto.

Así esta ley se hace cargo de la realidad de un grupo de la población que no por ser minoría no existe y no tiene derechos -respondiendo con ello al argumento tan manoseado por los movimientos de ultraderecha- y son un paso muy importante en el reconocimiento de sus derechos, toda vez que permiten romper la idea social binaria que existe sobre el sexo y el género y que se reduce a hombre/mujer o femenino/masculino.

No es trivial que el cambio apunte al certificado de nacimiento, ya que es justamente la infancia intersexual la que más sufren una discriminación, falta de comprensión y el irrespeto sobre su identidad de género y sexual. Y este reconocimiento permite, por lo mismo, que personas que nacen intersexuales puedan armar un camino de vida sin que sus familiares tengan que decidir obligadamente en su nombre, por tanto, si deben vivir como hombres o mujeres.

Insisto. Para los negacionistas de los derechos humanos de la población LGTBI, esto bien podría ser un problema de minorías que no necesita legislación, sino definiciones médicas o familiares. Se equivocan: Amnistía Internacional reportó hace no mucho cómo personas intersexuales aún son sometidas a las llamadas cirugías de “normalización”, consideradas por multitud de organismos de derechos humanos como una forma de mutilación genital. Y es que ya son conocidos los errores y horrores que se cometen en estos casos y los problemas que ello puede acarrear en la salud física y mental de esa persona a largo plazo.

En Chile estas cirugías eran una realidad sólo hasta hace unos pocos años. Recién en 2015 una normativa del Ministerio de Salud prohibió procedimientos innecesarios de normalización, como cirugías genitales irreversibles, hasta que se tuviera una edad suficiente para decidir sobre su cuerpo.
Antes de eso, cuando nacía un niñx interesexual en nuestro país, se le permitía inscribir en el Registro Civil bajo la categoría de “sexo indefinido”. Sin embargo, personal médico y familias rápidamente aceleraban la definición de su sexo con cirugías.

Solo en 2017, 26 infantes fueron inscritos en esta condición en nuestro país, totalizando 269 en los últimos 12 años. Una cifra pequeña, pero cuando se habla de personas no olvidemos que cada una cuenta. Y esas personas tienen derecho a definir con el tiempo y sin imposición, como se sienten: hombre o mujer o simplemente intersexual.

Chile debería tomar lecciones de lo que sucede en Alemania, pensando en una sociedad y democracia, donde todos, todas y todxs tienen iguales derechos.



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