El amigo cuando es forastero: Chilenos mejoran su actitud hacia los inmigrantes

Imagen Inmigrantes Haitianos llegan a chile (41214271)

De acuerdo al libro del CEP Inmigración en Chile: una mirada multidimensional, los locales tienen una mejor visión sobre los inmigrantes que en 2003. Además, Chile es más proinmigración que una amplia muestra de países.




Una visión positiva tienen los chilenos sobre los inmigrantes, la cual incluso ha mejorado con el tiempo.

Esa es una de las conclusiones del capítulo "Cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero: actitudes de los chilenos hacia la inmigración", de los investigadores del CEP Ricardo González, Esteban Muñoz y Bernardo Mackenna, del libro Inmigración en Chile, una mirada multidimensional, que se lanza mañana.

El estudio exploró las actitudes de los locales hacia la inmigración, especialmente dado el contexto del shock migratorio de los últimos años, utilizando datos de las encuestas CEP de diciembre de 2003 y de mayo de 2017, cuando se preguntó precisamente sobre este tema.

Entre los resultados se ve que en 2003, poco más de dos tercios de la población (68%) apoyaba la incorporación de políticas más drásticas contra los inmigrantes ilegales, 11 puntos porcentuales más que en 2017, aunque de todas formas sigue siendo una opinión mayoritaria.

Además, en temas económicos, un 63% de los chilenos creía que los inmigrantes les quitaban los trabajos en 2003, 23 puntos porcentuales más que en 2017 (40%). Y, ante la pregunta si "son generalmente buenos para la economía de Chile", el porcentaje se mantiene estable (32% en 2003, versus 34% en 2017).

En la variable que sí se ve una actitud más negativa es ante la pregunta sobre si los inmigrantes elevan los índices de criminalidad, donde las respuestas afirmativas pasaron de 35% a 41%.

Los investigadores construyeron con los datos disponibles un indicador de "nativismo", para intentar capturar percepciones negativas de la llegada de inmigrantes sobre la economía y cultura locales.

De acuerdo a los resultados, se ven planos entre distintas categorías (como edad, sexo, posición política y grupo socioeconómico de los consultados).De todas formas, la educación y el grupo socioeconómico (gse) son las variables donde se aprecian las diferencias más estadísticamente significativas.

Los datos muestran que las personas que viven en entornos socialmente diversos, como consecuencia de la inmigración, son más nativistas, es decir, tienen actitudes menos favorables hacia la inmigración, pero únicamente cuando perciben que la situación económica del país es negativa. Y, por el contrario, en contexto de optimismo económico, tales relaciones no se observan.

Además, los chilenos parecen tener actitudes más proinmigración si se compara con una amplia muestra de países. Es así como se aprecia que los ciudadanos de Suiza, Dinamarca, Noruega, Francia, Finlandia y el Reino Unido, entre otros, aparecen, en promedio, con actitudes más antiinmigración que lo observado en nuestro país.

Otro elemento que muestra el estudio es que la exposición a los medios de comunicación masiva está asociada con actitudes más proclives a la inmigración, algo que, dicen, se observa en algunos casos en la literatura, dependiendo del retrato que los medios hagan de la presencia de los inmigrantes. Eso sí, ese análisis de medios no fue parte de esta investigación.

Individualidad

En el capítulo "Para una política reflexiva de inmigración en Chile: una aproximación sociológica", del investigador Aldo Mascareño, se hace, en primer lugar, un repaso histórico sobre las políticas de inmigración en el país de los siglos XIXy XX, y se realza la necesidad de incrementar los niveles de reflexividad de cara a la nueva composición migratoria del siglo XXI.

El experto muestra que históricamente se clasificó al extranjero con atribuciones culturalistas generales, con lo que se favoreció a ciertos grupos sobre otros, lo que se intensificó desde 1990, pero asociado a los tipos de trabajo que desempeñaban.

Hacia adelante, Mascareño sugiere que las políticas migratorias asuman "la individualidad del inmigrante", así como la diversidad y oscilación de sus trayectorias de vida como principio normativo. En concreto, verlo como un individuo no encasillado en relación a su país de origen. Para esto, se necesita más flexibilidad de las políticas públicas. R

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