Mauricio Rojas, ex ministro de Cultura y escritor: "El Manifiesto Comunista debiera ser lectura obligatoria en toda escuela"

El joven Karl Marx y la utopía comunista es su nuevo libro. Un ensayo en el que repasa la obra del filósofo alemán, quien marcó su juventud y del que terminó distanciándose con los años. Un libro en el que busca desentrañar una ideología que delineó el siglo XX.


Fue un verano de lecturas en Tongoy. Mauricio Rojas tenía 14 años y vacacionaba junto a su madre, una profesora de Historia y Geografía Económica, marxista, lectora, con una curiosidad intelectual que la llevó a tener una biblioteca generosa en casa. De esa biblioteca -donde estaban las Obras Completas de Lenin-, Rojas sacó los primeros títulos de Karl Marx, que leyó aquel verano en Tongoy.

No olvidaría nunca esa lectura, pues Marx sería un filósofo que terminaría marcando -intelectual y vitalmente- su vida, particularmente su juventud.

Años más tarde, cuando Mauricio Rojas fuera otro -cuando pensara completamente distinto a aquel joven que se fascinó con el marxismo-, las ideas del filósofo alemán seguirían rondando en su cabeza. Tanto así, que terminó dedicándole su tesis doctoral en la Universidad de Lund, Suecia, país en el que se radicó a partir de octubre de 1973.

Y esa tesis, que escribió en sueco en los años 80, es el origen de su nuevo libro, que acaba de publicar Penguin Random House en su sello Debate: El joven Karl Marx y la utopía comunista.

—El libro es básicamente una parte de mi tesis doctoral, por supuesto que actualizada. Este es un trabajo que emprendí a comienzo de los años 80, que tuvo mucho que ver con mi propio desarrollo. El libro trata, por supuesto, de Marx, de su biografía intelectual, y enfrenta un problema que es histórico: el éxito, la atracción enorme que tuvo su pensamiento y después el fracaso. Pero detrás de todo eso está la historia personal, mi historia, la de un hombre que se sintió profundamente atraído por estas ideas y que después hace un proceso crítico y autocrítico también, y en ese proceso trato de entender qué es lo que me fascinó de este pensamiento -explica Rojas, sentado en una oficina de la Fundación para el Progreso, donde es senior fellow.

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Hace unos días le llegaron los primeros ejemplares de su nuevo libro, un ensayo en el que rastrea la importancia que tuvo la herencia de Hegel en un joven Karl Marx, aunque detrás de este análisis está, dice él, un pedazo de su experiencia. Aunque esta vez esa experiencia no está expuesta de forma tan evidente y lamentable como en su libro anterior, 94 horas, crónica de una infamia, sino que ahora opta por un tono más neutro y formal, más cercano a su trabajo como profesor universitario.

¿Por qué publicar hoy un libro sobre Marx? ¿Cuál es la vigencia de ese pensamiento?

Creo que es fundamental comprender lo que fue el marxismo, que es, digamos, la ideología revolucionaria más importante de la modernidad. Es imposible entender el Chile de hoy y el mundo actual sin entender lo que fue el marxismo.

¿Y cómo se manifiesta lo autobiográfico en un ensayo de estas características, más cercano a lo académico?

Tiene que ver con mi formación, con los libros que había en casa. Leí muy joven algunas obras de Marx que fueron las que me captaron profundamente. Transformaron mi vida. El manifiesto comunista, que es un texto extraordinario, para mí debiera ser lectura obligatoria en toda escuela, tal como lo es la Biblia o el Nuevo Testamento, porque son textos que han formado el mundo occidental, para bien o para mal, eso se puede discutir, pero son fundamentales.

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Usted ha contado que fue en Suecia donde empezó a alejarse de las ideas políticas que lo guiaron en su juventud. Particularmente, cuando en los 80 tuvo contacto con personas que, según cuenta, arrancaban de los totalitarismos de izquierda. Pareciera que es más fácil entender ese distanciamiento desde lo emocional que desde lo intelectual. ¿Cómo recuerda que fue todo ese proceso?

Yo voy observando a fines de los 70 algo que era obvio para otros: siempre que estas ideas se han puesto en práctica, poco tiene que ver con ese paraíso en la tierra que es lo que forma la propuesta comunista. Para mí lo que fue quedando claro es que lo que atrae del marxismo es que es una propuesta religiosa. Era una invitación que no podías rechazar. Pero luego descubrí la realidad terrible de cómo resultan esas cosas. Cuando hablé con judíos que arrancaban del antisemitismo comunista o la historia de un cubano homosexual que tuvo que arrancar…, todo eso me llevó a replantearme muchas cosas. Y cuando me enfrenté a eso, tuve que recurrir a una gran parte de la literatura que había entendido este mensaje religioso del marxismo y que lo había cuestionado.

Ahora, llama la atención que mientras usted tiene contacto con estas personas que arrancan de regímenes comunistas, Chile estaba bajo una dictadura antimarxista, anticomunista, donde mucha gente sufría lo mismo que esas personas…

Claro, claro.

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¿Cómo se conectan esos dos hechos? O sea, usted dice que abrió los ojos y se dio cuenta de los males del marxismo. ¿Pero cuáles eran las opciones, si en Chile también se estaban cometiendo crímenes?

Ese es un punto muy fácil de conexión: yo venía huyendo de una dictadura brutal y me encontraba a gente huyendo de otra dictadura brutal, y llegué al convencimiento de que los problemas eran las dictaduras. O sea, todo régimen político que se arroga el derecho de violentar a la persona, violar los derechos humanos, lo que se hacía en Chile y en la RDA, o en Rusia, era algo que yo rechazaba. Para mí había una coincidencia que me golpeaba muchísimo: somos todos prófugos de sistemas que atentan contra la dignidad de un ser humano. Para mí la condena de una y otra dictadura deben ir juntas.

¿Qué significó para usted volver a revisar material que fue parte de su tesis? Hoy, el marxismo tiene una presencia mucho más difusa en la política chilena actual.

Para mí este es un texto sobre la tragedia de la modernidad y de la formación de nuestro mundo. Si alguien me dijera que ya no tiene interés en entender cómo pasó todo esto, o en estudiar el nazismo ni la dictadura, no lo entendería. Todas estas grandes tragedias históricas hay que estudiarlas, porque tienen una lección. Además, puede que mañana reaparezcan bajo otra forma, porque lo que planteo acá es que en el ser humano hay una contradicción que tiene estos aspectos peligrosos y que en la modernidad se ha manifestado con más fuerza incluso que en las épocas anteriores. Me parecería extraño que como en Chile ya no tenemos marxistas reconocibles o activos, esto ya no tiene interés.

¿Cree que la clase política ya no lee a Marx?

Es cierto que nuestra generación se tomaba en serio estas cosas y lo leía. Hoy día, el marxismo ni se estudia ni tiene esa presencia en absoluto, lo que para bien y para mal demuestra que hay una liviandad intelectual que antes no existía.

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A propósito de esa liviandad intelectual: se suele asociar la cultura y las ideas más con la izquierda que con la derecha, que en general manifiesta poco interés por estas materias. ¿Cree que eso puede cambiar?

Creo que el debate de ideas hoy día es mucho más vital en la centroderecha que en la centroizquierda. Yo no veo un debate allá, pero en la centroderecha sí veo un debate entre tendencias más conservadoras, podríamos llamar, socialcristianas, difícil de definirlo, pero tienes a gente como Daniel Mansuy, como (Hugo) Herrera, (Pablo) Ortúzar, y tienes pensamiento más liberales, como el que representa esta fundación (FPP), y a cada rato aparecen en los diarios enfrentamientos de gran interés. Son muy prometedores y a veces se dejan llevar por la pasión de sus posiciones, pelean mucho entre ellos, pero están reflejando una vitalidad que es muy bienvenida. Mi único llamado es a cuidar un poquito la forma. Discrepen de las ideas, pero no se traten como enemigos. De hecho, ni siquiera la izquierda es nuestro enemigo. Es un adversario político.

Un adversario que intelectualmente, según usted, no pasa por un buen momento.

Para mí hay una decadencia terrible. Ahora, la oportunidad de recobrar un poco más de profundidad intelectual era el Frente Amplio. Pero tuvieron un dilema muy importante: eran chicos jóvenes, en general, que saltaron de la calle al estrellato y no tuvieron el tiempo para hacer un proceso intelectual más profundo. Eso ha sido muy perjudicial para ellos. Estos muchachos prometedores, que lo son, y que los veo con mucha simpatía, porque es bueno que haya gente así, pasaron demasiado pronto a jugar en la primera división mediática, sin tener ese tiempo de formación que es tan importante. Por eso, para mí hoy el panorama es muy claro: la centroderecha tiene un fuerte y vital debate de ideas, y la centroizquierda, lamentablemente no.

¿Cómo convive esa centroderecha de "ideas" con una derecha conservadora, donde no se observa un mayor espesor intelectual?

Estoy de acuerdo contigo cuando dices que hay una tradición en la cual durante mucho tiempo la cultura, las ideas, la literatura, fueron una especie de patrimonio de la izquierda. La derecha formó muchos y buenos economistas, mientras la izquierda habitualmente formó sociólogos y acumuló un capital muy importante… Pero en la derecha hay una clara contradicción entre su vieja estructura dirigencial en cuanto a la parte cultural, teórica, que no tiene mayor profundidad (con algunas excepciones, claro), y los más jóvenes. Es un cambio que no se va a producir de aquí a mañana, pero sí de aquí a pasado mañana.

¿Confía en que esta nueva generación va a renovar de ideas a la centroderecha?

Ahora están saliendo de la cancha algunas generaciones de viejos cracks y están entrando en la cancha, haciendo mucho ruido en los camarines de la política, por lo menos, nuevos jugadores. Creo que eso le va a hacer muy bien a la centroderecha. Hay una vitalidad importante para no reducir la política a la cosa cotidiana y pensar en proyectos a largo plazo, y es ahí donde veo con mucho entusiasmo toda esta vitalidad en estos jóvenes.

Usted en 2011 dijo que un problema de la centroderecha es que no había podido construir un relato. ¿Cree que eso ha cambiado?

Yo creo que la gente tiene una cierta confusión. Se está esperando que los políticos de primera fila o el Presidente construyan un relato, y eso es una idea un poco extraña.

Así no surgen los relatos históricos. El marxismo es el relato más importante de la época moderna. Este relato no lo hizo un político activo ni nada por el estilo. Esto lo hicieron los intelectuales, personajes con una pasión por las ideas, los sueños, que son las que después les dan a los políticos activos ese marco de idea en el que se orientan y construyen sus relatos más cotidianos para una elección, etc. Por lo tanto, lo que ha faltado acá no es tanto que un Presidente haga un relato, sino todo ese entorno intelectual que debe generarlo.

¿Y ahí es donde estas nuevas generaciones deberían tener un rol importante?

La derecha está buscando nuevos relatos a través de estos jóvenes intelectuales. Los políticos se mueven dentro de una ventana de posibilidades, pero los marcos de la ventana los ponen la sociedad civil, los intelectuales, los debates culturales, todo eso va moviendo esto… y el político, que es una persona realista siempre, sigue estas orientaciones.

¿Cree que Chile Vamos va a aprehender ese relato?

Eso es imposible decirlo hoy. Son varios relatos que están enfrentados, y tú los ves en los diarios cuando discuten. Para que fructifique un relato debe pasar un buen tiempo. Si alguien piensa que estos intelectuales están construyendo el discurso para el próximo candidato… es difícil. Esto tiene que ser pensado en otros plazos para que la influencia sea mucho más importante.

El joven Karl Marx y la utopía comunista.

Mauricio Rojas

Editorial Debate

Precio: $ 12.000.

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