Cómo hacer exitosamente una desintoxicación digital, según los expertos
Apagar el celular no siempre basta para recuperar la calma: la clave de una desintoxicación digital exitosa pasa por algo más complejo que simplemente “desconectarse”.
La tecnología se ha convertido en una gran protagonista del mundo cotidiano, que precisa del uso de dispositivos como computadoras, tablets y teléfonos celulares. Sin embargo, el exceso de uso de pantallas hace necesaria la desintoxicación digital.
Esto significa pasar un periodo de tiempo determinado alejado de los dispositivos electrónicos y redes sociales, con el propósito de tener tiempo para experimentar la vida real sin distracciones, según la Universidad de Brown.
A grandes rasgos, es usar la tecnología de una manera consciente, y no por hábito.
Con el aumento creciente del deseo de realizar una desintoxicación digital, varias empresas han aprovechado el contexto para ofrecer servicios relacionados. Por ejemplo, ciertas agencias de turismo ofrecen “viajes de desconexión”, o, hay empresas de teléfonos que venden una versión más “minimalista” de los aparatos.
Sin embargo, un estudio realizado por Quynh Hoang, profesora de Marketing y Consumo en la Escuela de Negocios de la Universidad de Leicester, reveló cómo realizar una desintoxicación digital eficaz sin pagar un costo social o profesional demasiado alto.
Su investigación, difundida en el medio The Conversation, revisa evidencia científica, teorías psicológicas y casos prácticos que muestran beneficios tangibles de “desconectarse” de forma consciente y planificada, con el objetivo principal de redefinir la relación que tienen las personas con la tecnología.
1. Apuntar a la desconexión parcial y no total
El hallazgo clave del estudio fue que las estrategias más eficaces para llevar un estilo de vida balanceado entre el entorno real de las personas y la tecnología no consisten en “desaparecer” del mundo digital, sino en renegociar expectativas.
Los participantes del estudio se vieron más cómodos y, observaron mejores resultados, cuando realizaron una desconexión parcial antes que una eliminación completa de la tecnología y las pantallas.
De hecho, aquellas personas que intentaron eliminar abruptamente el hábito, no lograron hacer cambios sostenibles en el tiempo y volvieron a la misma rutina y a experimentar la dependencia a lo digital.
Por el contrario, se observaron mejores resultados cuando las personas aplicaron prácticas cotidianas de reducción de uso digital como limitar redes sociales, apagar notificaciones o establecer horarios sin pantallas.
De este modo, las probabilidades de tener éxito al momento de poner esto en práctica son mucho más altas si se trabaja en limitar el uso de pantallas antes que evitar por completo el uso de la tecnología.
2. Ser parte de una comunidad
La desintoxicación digital no puede entenderse solo como una responsabilidad individual. Según los resultados del estudio, hay que tomar en cuenta factores estructurales que contribuyen al uso regular de pantallas (educación, entretención, trabajo).
Por esa razón, la investigación plantea que desconectarse no depende en su totalidad de la disposición que una persona tiene para llevarlo a cabo, sino que requiere de cambios culturales amplios y del apoyo comunitario.
Sin embargo, hay países que ya se encuentran implementando estrategias para contribuir al cambio.
Por ejemplo, en la ciudad Toyoake de Japón, se han presentado las primeras directrices municipales del país sobre el uso de pantallas, y se está animando a las familias a establecer normas compartidas, como que los niños dejen de usar los dispositivos después de las 21:00.
Esto replantea la restricción digital como una práctica comunitaria, no como una prueba de voluntad individual.
Algo similar ocurre al oeste de India, donde se le pide a los habitantes de la ciudad de Bhadgaon que practiquen un “apagón digital nocturno” de 90 minutos al día.
Durante ese tiempo, los teléfonos y televisores se apagan a las 19:00 hrs y muchas personas salen a las calles para reunirse en comunidad y al aire libre.
3. Apoyarse en normas y regulaciones que faciliten la desconexión
Siguiendo una línea similar, el estudio también plantea la necesidad de legislar en materia relacionada a la digitalización con el fin de facilitar y promover un estilo de vida más alejado de las pantallas.
En agosto de 2025, Corea del Sur aprobó una nueva ley que prohíbe el uso de teléfonos en las aulas escolares a partir de marzo del año siguiente. De la misma forma, se descubrió que una política similar en los Países Bajos mejoró la concentración de los estudiantes.
Chile no se ha quedado atrás, ya que en marzo de este año comenzará a aplicarse una nueva ley que prohíbe el uso de celulares en las salas de clases para los estudiantes hasta 6° básico. Para aquellos que se encuentren en 7° a 4° medio, se regularizará el uso, aunque de forma más flexible.
Esto tiene como finalidad no solo mejorar la concentración de los estudiantes, sino que también el ambiente escolar en el que se desenvuelven de lunes a viernes.
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