¿Cómo lo contará la Historia de Chile en 30 años?: 12 respuestas (Parte I)

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En los últimos días, nuestro país ha vivido tiempos difíciles: estado de emergencia, toque de queda, manifestaciones masivas, discursos presidenciales, aceleradas votaciones legislativas, violencia que se desbordó con repetidos saqueos e incendios que sembraron temor. Fueron días que, con seguridad, quedarán registrados en la historia nacional. Por eso, nos acercamos a 12 historiadores chilenos -hombres y mujeres con distintas edades, análisis y posiciones- para que nos respondieran algunas preguntas: ¿cómo nuestra historia va a contar, en tres décadas más, lo que ha estado ocurriendo en esta última semana?, ¿cuáles son, hasta ahora, los tres hechos significativos que deberían quedar registrados?, ¿cómo se hablará de los distintos actores que protagonizaron estos días? A continuación, sus respuestas.




Puede leer la segunda parte de este reportaje aquí.

Macarena Ponce de León

Directora del Museo Histórico Nacional

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  • "Los tiempos de la historia y la memoria no son los mismos, y me parece complejo especular en pleno desarrollo de los acontecimientos, sobre todo viviendo en una sociedad cuyos cambios son muy rápidos y la información corre por redes sociales. Sin embargo, sí creo que hay un consenso amplio sobre la profundidad de la crisis, la legitimidad de la crítica hacia las contradicciones de las democracias, y la condena a la violencia. No son 30 pesos, tampoco creo que sean 30 años, como se ha dicho. Históricamente ha existido una desvinculación entre la democracia política y la social; el siglo XX de nuestro país ha sido testigo de manifestaciones cuando se ha constatado que los derechos políticos no garantizan la igualdad de los derechos civiles y sociales".
  • "La sorpresa existe y es bastante compartida. La historia reciente de Chile tiene varios episodios de convulsión social debido a lo sensible del costo del transporte en la vida urbana. El 2 de abril de 1957 todavía está en la memoria colectiva. Aunque, como ya mencioné, sea sólo el gatillante. Sin embargo, a diferencia de ese episodio, la sorpresa no está en la irrupción de una violencia desenfrenada de ciertos sectores, sino en la radicalidad de posiciones sin atisbarse ideologías, proyectos de sociedad, liderazgos políticos o sociales que conciten la coherencia de propuestas. Esto es malestar acumulado por años, es la experiencia por generaciones de quedarse al margen no sólo del acceso a los beneficios prometidos por el sistema, por el modelo económico, sino del olvido, de la indiferencia radical. La movilidad social en Chile es un fenómeno reciente".
  • "Lo fundamental es revalorar la política y las instituciones de la democracia, por muy debilitadas que nos parezcan. La paz y los acuerdos se consiguen con buena política y siguiendo las reglas del juego democrático que son las ideas, el disenso, la negociación y el sufragio. Por lo mismo, me parece cada día más urgente formar en conciencia histórica y ciudadanía a los jóvenes y a los no tan jóvenes. La historia salió de las aulas para darle énfasis a esa dimensión política de la vida en común, pero no puede hacerse sin formar la empatía por el otro. Y en eso la historia es irreemplazable. Por último, estos días refuerzan, sin duda alguna, que el respeto de los derechos humanos no se transa".

Alejandro San Francisco

Académico UC y USS; director de formación Instituto Res Publica

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  • "Se recordará como la peor crisis política y social que ha vivido Chile desde el regreso a la democracia, con el estallido popular, la rebeldía, el impacto mediático, el brusco cambio en la agenda política y la reaparición de algunos factores que parecían lejanos u olvidados. El primero es el uso de la violencia y el saqueo, el asalto a supermercados y otros comercios, el incendio provocado a numerosos lugares, con una secuela de daños inmensa; el segundo es el regreso del estado de emergencia y el toque de queda, con Fuerzas Armadas en las calles, con su carga simbólica y de trastorno en la vida normal de la población. Es probable que aparezca el factor bolivariano y la influencia de la dictadura de Maduro en el escenario, aunque es un tema que requiere más información".
  • "Los hechos del 2019 son parte de una lógica de movilización social que surgió el 2006 con mucha fuerza, quebrando el espíritu y las prácticas de los 90, que fue especialmente desmovilizadora de las organizaciones sociales. Después de la 'revolución de los pingüinos' surgió el movimiento estudiantil del 2011 y el feminista del 2018. La rebelión de octubre de 2019 es más plural en sus protestas y sin un liderazgo claro o vertical, y no fue algo que los actores políticos o analistas hubieran vaticinado en la forma como se manifestó".
  • "Esto es historia abierta. El análisis de los actores depende, en gran medida, de cómo termine la situación, por lo que sería muy aventurado vaticinar. Pero la crisis de la política y las instituciones es evidente; sobre los militares, es relevante saber cuánto se mantendrá su presencia y los costos humanos asociados a esa extensión. En el caso de los ciudadanos, es complejo, ya que hablaron de manera contundente el 2017, eligiendo a Sebastián Piñera como Presidente de la República; hoy habría que ver cómo se canaliza política y electoralmente 'la calle', cuya expresión institucional ha sido minoritaria en relación a ese aparente monopolio que ostenta de representar la voz de la sociedad. El caso del Presidente dependerá de tres circunstancias: la capacidad de articular un equipo de ministros con renovación de nombres y una composición social y regional diversa; el éxito efectivo de la agenda social anunciada y, finalmente, la creatividad que muestre en la conducción política y económica, y en la elaboración de propuestas (temas en que está claramente al debe)".

Sol Serrano

Premio Nacional de Historia 2018

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"Me pidieron hacer una interpretación de lo que ocurrió esta semana, proyectándolo a 30 años, pero preferí hacerlo hacia atrás en nuestra historia en vez de hacia adelante.

Era martes el 2 de abril de 1957. Días antes los estudiantes secundarios salieron a protestar en Santiago, Valparaíso y Concepción por el alza de la locomoción en más de un 100%. Les tiraron piedras a las micros y el comercio del centro cerró después del destrozo de algunas vitrinas. Protestas y enfrentamientos entre estudiantes y carabineros no tenían mayor novedad. Pero el gobierno reaccionó con inusitada fuerza. Los manifestantes recibieron el apoyo de la CUT, de la coalición de izquierda y por cierto de la FECH. Patrullas militares salieron a las calles. Una estudiante resulto muerta. Los manifestantes llamaron a un gran paro, pero la fisonomía de la protesta había cambiado. Miles de manifestantes llegaron espontáneamente al centro sobrepasando de tal forma a los estudiantes que se batieron en retirada. Destrozaron los edificios públicos y hubo un gigantesco saqueo del comercio. Ya no eran, como había sido la tónica de la protesta social en la historia del país, grupos organizados, sindicatos, partidos, gremios, federaciones. Como lo señala el historiador Pedro Milos, esta era una masa heterogénea, inorgánica, que mostró una ira nueva contra todo lo establecido. Eran los excluidos que nadie, ni siquiera los más progresistas, querían mucho ver. El gobierno, sobrepasado, decretó estado de sitio. Mandó un proyecto al Congreso para anular el alza de la locomoción… pero no hubo suficientes diputados para votarla. Los partidos se trenzaron en una discusión sobre si otorgar o no facultades extraordinarias. Para la derecha , era vandalismo puro y complot comunista, para el centro y también para la izquierda azuzar, la violencia era una estrategia del gobierno para tomar control total del poder. No hubo mayor conciencia de que no era una turba cualquiera, que no era como los saqueos después de los terremotos. No lograron avizorar la magnitud estructural de lo sucedido

Parece una analogía inventada, pero es cierta. Aunque engañosa. Chile vivía entonces una crisis radical. Las arcas fiscales estaban prácticamente quebradas, el costo de la vida había subido un 80% en la década, la cesantía se había duplicado y la inflación bordeaba el 70%. El gobierno carecía de apoyo. Los partidos tenían soporte electoral, pero estaban paralizados, sabían que el país se venía abajo pero creían que solo un cambio de timón político podría salvarlo. Al año siguiente se publicaron los dos textos más lúcidos de la crisis de la democracia chilena en el siglo XX, Chile. Un caso de desarrollo frustrado, de Aníbal Pinto, y En vez de la miseria, de Jorge Ahumada. Lúcidos, porque la historia les dio la razón en demasía.

Alessandri ganó por muy poco la elección del 58 (cura de Catapilco mediante) y su proyecto de modernización no logró apoyo político. Fue Frei y su abrumadora mayoría electoral la que permitió emprender un proyecto, pero la Guerra Fría estaba haciendo lo suyo, y aunque hizo cambios profundos, no tuvo apoyo ni siquiera entre los suyos para un proyecto de modernización que sólo podía funcionar si era sostenible en el tiempo.

Lo que siguió lo sabemos demasiado bien.

¿Interpretaríamos el 2 de abril de la misma manera con o sin 11 de septiembre?  La crisis de hoy está a años luz del 57 porque Chile es una sociedad infinitamente más democrática, más próspera  y más justa que la de entonces. Podría no haber sido así. Para tantos países no lo fue.

La crisis actual ha sido explicada por varios como la consecuencia de la anomia de la modernización. Agrego que la velocidad del cambio  se ha dado sobre un sustrato cultural que lo procesa con diversa desarmonía en todos los sectores. Desde los antiguos y nuevos ricos, los pobres que dejaron de serlo, la nueva clase media que se hizo grande y heterogénea, todos cambiaron de tal forma que no quieren –y la mayoría con justa razón- que su propio pasado vuelva a asomarse. Qué duda cabe, la experiencia de estas décadas transformó el horizonte de expectativas. Y ahí estamos. En la expectativa

Sectores que fueron pujantes en los 90 como la política y la empresa se estancaron hace un rato y ya están viendo las consecuencias. El mayor poder de los individuos y sus exigencias fueron más rápido que la comprensión institucional del cambio. La densidad cívica de esta nueva sociedad ha sido débil, muy débil y por ello protestar es para muchos la  verdadera participación porque es performativa. Ahí está su fuerza y también su peligro.

Ello porque desde mi punto de vista , vivimos un desacoplamiento total entre el concepto de poder y el de autoridad. El poder, en cualquiera de sus formas, aparece como opresivo y por tanto la pregunta sobre la legitimidad es sencillamente irrelevante. Ninguna lo es salvo la propia. Algo está pasando entre generaciones,  en que los propios adultos ya no creen en su poder ni en su autoridad incluso para formar a sus propios hijos. La violencia y vandalismo de los primeros días tuvo algo de eso, que se había anunciado en la violencia de los liceos.Y el círculo es fatal y perfecto porque entonces aparece el poder duro, el de la fuerza pública. Se cumple el presagio.

La autoridad es comprender al otro y conducir con legitimidad.  Ha llegado la hora en que la política asuma la suya.

El gobierno se paralizó, erró y luego empezó a escuchar.  Tendrá que escuchar mucho más para encontrar su estilo, su vocabulario, su impronta con quilla de barco y no con remo de bote.  Y los políticos tendrán que quejarse menos de que 'la política' - ellos mismos- está lejos de la gente, y en vez del 'negoceo hormiga' de cada día ejerzan la autoridad que efectivamente tienen,  el de las urnas, para legislar y avanzar sabiendo que en democracia nadie se lleva el botín. Pero hay parlamentarios que no creen que su autoridad derive de las urnas sino de ser interpretes por unción divina del descontento.  Por ello, en el fondo, tampoco reconocen más legitimidad que la suya.

En 30 años más - esto es en serio- podemos estar mucho peor que ahora. Chile por su tamaño e inserción internacional, tiene un margen de maniobra limitado y es en ese margen donde ha podido hacer la diferencia para mal y para bien. Estos días impactantes, mirados desde la experiencia histórica,  imponen muchos mandatos. El más urgente es la urgencia".

Pía Montalva

Académica de la UC

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  • "No puedo saber cómo la historia consignará estos hechos; continúan desarrollándose mientras contesto estas preguntas. Sin embargo, espero que al revisar esta crisis en perspectiva, la historia no pierda de vista que el modelo económico que hoy hace agua, luego de más de 40 años, fue impuesto por la fuerza, en plena dictadura, y en un contexto de restricción de las libertades públicas. Y que, más adelante, al inicio de la transición, fue ampliamente aceptado por los sectores políticos que asumieron los gobiernos siguientes. Las autoridades no cuestionaron su legitimidad ni dimensionaron sus efectos a largo plazo. Y los llamados de atención no fueron tomados en serio".
  • "¿Hechos a destacar? Destacaría la falta de temor ante la fuerza militar que exhiben las generaciones que no vivieron en dictadura y que -asumiendo riesgos e informados sobre sus derechos- pueden increpar, como si nada, a quienes están armados.

    Un segundo hecho significativo es el uso que los ciudadanos han dado a las redes sociales, transformándolas en un mecanismo de control y medio de prueba de la acción militar. Gracias a la socialización de estas imágenes podemos acceder a información que los medios de comunicación no incorporaron, particularmente durante los primeros días, donde los incendios y saqueos marcaron la pauta y los atropellos a los derechos humanos pasaron aparentemente desapercibidos.

    Por último, me parece que los saqueos debieran quedar registrados porque además de evidenciar prácticas delictivas de larga data -exacerbadas en esta oportunidad por la intensidad y duración del conflicto- exponen acciones individuales que refieren a esta coyuntura en particular. Hoy muchas personas aprovechan la oportunidad de llevarse algo, sin ningún cargo de conciencia, simplemente para 'darse por pagadas', cuando el acceso a otros bienes más permanentes (casa propia, educación y salud de calidad…) no están a su alcance".

  • "Sobre el Presidente, se hablará de la falta de empatía y la frivolidad con que enfrentó la crisis asistiendo a una celebración cuando ardía Santiago y, sin duda, de su desafortunada declaración de guerra, en el estilo de François Hollande luego de los ataques terroristas del 13 de diciembre de 2015. Sobre el gobierno, recordaremos una seguidilla de desafortunadas declaraciones, su evidente 'falta de calle' a la hora de asumir el manejo político de la crisis y la forma cómo seguramente endosará a los militares la responsabilidad por las violaciones a los derechos humanos. Sobre los políticos en general, sus mea culpa y declaraciones de buena voluntad. Sobre los militares, se analizarán los excesos cometidos y la pertinencia de haberlos vuelto a involucrar en un conflicto que debiera haberse abordado por otras vías. Y de los ciudadanos, la ira combinada con una vocación mayoritariamente pacifista".

Joaquín Fermandois 

Presidente de la Academia Chilena de Historia

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  • "Imposible adivinarlo (cómo la historia contará estos hechos en 30 años), ningún historiador honesto lo podría decir. Ahora, si me pregunta cómo se juzga esto, porque los juicios cambian con la historia y la de Chile tiene hoy diversas miradas, va a haber una división entre los historiadores. Eso ha existido siempre, pero hoy es más fuerte; y se va a proyectar presumiblemente. Eso también depende de cómo termine esto. Si el gobierno logra afirmarse en su estrategia y salir más o menos indemne, si no hay una crisis institucional, ¿uno podría considerar eso bueno? Es una mirada. Ahora, si uno es contrario a esa postura, lo va a considerar de otra manera. Si nos encaminamos hacia una Asamblea Constituyente, que es una idea que cada tanto aparece y hoy está fuerte, lo que sería apostar por uno de los populismos que hay en Latinoamérica; sería un momento positivo de nuestra historia para quien le guste eso. Yo no lo vería así. Este es un momento de crisis, creo que con eso estamos todos de acuerdo".
  • "Creo que tres hechos quedarán registrados en la historia. Primero, el impresionante estallido de violencia, porque el violentismo sí que está en guerra; es un fenómeno importante que paraliza una ciudad con grandes consecuencias como el abastecimiento y el sistema de Metro. Una violencia y vandalismo con elementos medio mafiosos. Segundo, la sorpresa: fue algo que pasó en 48 horas y que se extendió de una ciudad al resto del país de manera instantánea. Tercero, esto ha arrastrado a la juventud en una protesta que todos resaltan pacífica, aunque no creo que esa palabra cubra toda la realidad. Vengo del centro (de Santiago) y hay calor, bombas lacrimógenas, mucho aroma a marihuana -nunca he fumado, pero sé cuál es- y procacidad; lo que se le dice a los Carabineros es increíble".
  • "¿Que se dirá del gobierno? El Presidente y su gobierno estuvieron desconcertados, pero en ninguna de estas crisis los gobiernos no lo están, pues es algo nuevo y las respuestas cotidianas son insuficientes. El gran modelo moderno es mayo del 68: el gobierno del general De Gaulle dio palos de ciego en las primeras 5 semanas, parecía que iba a caer y después logró dar vuelta la situación. Las Fuerzas Armadas han dejado una cifra alta de muertos, más alta de lo que uno esperaría en Chile, aunque también es cierto que no actúan mucho porque no se atreven. Hay un clamor 'popular' contra ellos, que no creo tan popular ni general. Por último, para la ciudadanía esto puede hacerle un servicio si se transforma después en un interés y no en una fiesta, en un carnaval que pasa rápidamente. Veo mucho aire de fiesta, que tiene algo de positivo porque no tenemos carnavales, pero habría que ver en qué va a terminar".

Gabriel Salazar

Premio Nacional de Historia 2006

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  • "En la historia, el gran 'estallido social' que partió el 18 de octubre quedará claro que corresponde a la primera gran jornada nacional de protesta contra el modelo neoliberal chileno en tiempos de 'democracia', y que viene a continuar las 22 grandes jornadas nacionales de protesta contra el mismo modelo en tiempos de 'tiranía militar' (1983-1987). Si estas últimas le demostraron al mundo que Chile era ingobernable bajo la tiranía militar neoliberal del general Pinochet, la jornada nacional de protesta actual está demostrando que el mismo modelo neoliberal también carece de gobernabilidad 'en democracia'. El conjunto histórico global de estas protestas deja en claro que ese modelo es ilegítimo por nacimiento, no representativo en su madurez y que, por tanto, debe ser abolido por la ciudadanía en el más breve plazo posible".
  • "Para muchos –sobre todo para los actuales gobernantes– el estallido social en curso es sorpresivo, tanto, que, al mismo tiempo les ha traído como coletazo la imposición de un proceso de cambios profundos inevitable. Para un historiador social no es un hecho sorpresivo –era previsible a cualquier análisis histórico-social medianamente profundo desde 1990– sino, más bien, una etapa importante en el proceso de aprendizaje ciudadano que se inició, lenta y subterráneamente desde la época del 'poder popular'. Los hechos no irrumpen de la nada: son manifestaciones de procesos socioculturales profundos".
  • "Los tres hechos más significativos de este proceso son: a) La no existencia de organizaciones políticas ni coordinaciones soterradas que planificaran o actuaran como vanguardias políticas del movimiento. Es una acción propia y típica de la sociedad civil y de la masa ciudadana deliberante; b) Que el 'enemigo central' de esta movilización no es, como antaño, la burguesía capitalista ni el imperialismo en sí, sino, principalmente, la "clase política civil", que escuda y protege al gran empresariado internacional; c) Que ni las Fuerzas Armadas ni la Fuerza Policial respondieran ametrallando y/o masacrando al pueblo amotinado, como siempre hicieron en el pasado en casos similares. Lo que es tanto o más notable, considerando que el gobierno actual es de derecha y abiertamente empresarial. Es, pues, un 'estallido social' similar a los del pasado, pero cuyo contexto político y la actitud de los actores tradicionales es distinta. Esto requiere de un análisis serio, fino y objetivo, pues se trata de un problema que requiere inteligencia y creatividad cívicas".

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