El gran test de las clases ‘online’

Ilustración: Alfredo Cáceres

Esta semana se cumple un mes de la suspensión de clases. Jardines, colegios y universidades del país han tenido que enfrentar un desafío que siempre se creyó que íbamos a experimentar en muchas décadas más: la educación a distancia. Aunque para muchos pueda estar siendo traumática, para sus evangelizadores -pedagogos que llevan años trabajando con la modalidad- ya es un camino sin vuelta atrás.




Cuando en 2018, Times Higher Education (THE), la prestigiosa revista sobre temas de educación superior con sede en Londres, encuestó a 200 líderes de 45 universidades de todo el mundo, los resultados fueron claros: pocos veían la educación en línea como una realidad en el corto plazo. Si bien el 63% creía que las casas de estudio más importantes tendrían cursos exclusivamente en línea para 2030, el año al que se proyectaba la publicación, sólo el 24% pensaba que estos superarían en interés a las tradicionales clases en el aula.

El ejercicio propuesto por THE no necesitó de 12 años para ver algunos de sus resultados, sino que sólo 2. La crisis por el Covid-19 ha sacado de sus salas de clases a 1.500 millones de estudiantes en el mundo, según la Unesco. Esto ha obligado a los profesores ha adaptar sus clases pensadas originalmente para el aula al hogar a través de la tecnología.

Escuchando a profesores, alumnos y apoderados, queda la sensación de que el mes de educación a distancia que se cumplirá la próxima semana no ha sido la mejor de las experiencias. La doctora en educación Natalia Ávila, jefa del programa de Doctorado en Educación de la UC, explica que esto pasa porque este tipo de educación requiere de un diseño especial que los docentes no aprenden de la noche a la mañana. “Esto ha hecho que la teleeducación termine siendo un fiasco porque lo que terminó ocurriendo, y es lo que he visto, es que los estudiantes están todo el día sentados frente a la pantalla en una clase tras otra de Zoom, y eso es lo que no debería haber pasado”, apunta Ávila.

"Lo que he visto, es que los estudiantes están todo el día sentados frente a la pantalla en una clase tras otra de Zoom, y eso es lo que no debería haber pasado”, apunta Natalia Ávila.

El trauma para los docentes ha sido tal que le tienen un nombre. Luz Montero trabaja hace 20 años en educación en línea y es directora de UC Online, el departamento de esa universidad que busca potenciar la educación en línea, y cuenta que lo llaman “coronateaching”: dícese de transformar las clases presenciales a modo virtual, pero sin cambiar el currículum ni la metodología. “Eso está ocurriendo y tiene el riesgo de que para muchos sea la primera experiencia de e-learning y no sea la óptima”, explica Montero.

Eso le pasó a Andrea Celis, profesora de cuarto básico en la escuela Inglaterra de Quinta Normal, quien cuenta que tuvo su primera experiencia con educación virtual hace 4 años, pero nunca dimensionó lo difíciles que iban a ser estas semanas de cuarentena. Dice que trabaja 24/7 porque muchos apoderados de su curso llegan después del horario laboral a hacer las actividades que les envía por WhatsApp a sus alumnos durante las mañanas.

“Mi jornada de trabajo se alarga enormemente: estoy respondiendo dudas desde las 8 de la mañana hasta la una de la tarde y después de las 5 de la tarde en adelante de nuevo. Prefiero las clases presenciales”, reconoce Celis, una de miles de docentes que cumplen con seguir con su planificación para los más de 5 millones de estudiantes -entre preescolares, escolares y universitarios- que la pandemia alejó en Chile de sus salas de clases.

“Mi jornada de trabajo se alarga enormemente: estoy respondiendo dudas desde las 8 de la mañana hasta la una de la tarde y después de las 5 de la tarde en adelante de nuevo. Prefiero las clases presenciales”, reconoce Celis.

¿Estamos listos?

Hay otros especialistas que creen que este traumático mes va a terminar de asentar la educación en línea. Uno de ellos es Roberto Araya, investigador y académico del CIAE de la Universidad de Chile, con 30 años de experiencia en educación virtual, quien cree que estas duras semanas serán el empujón final para que los docentes reacios a estas técnicas las empiecen a usar. “Esto es como cuando uno aprende inglés: se puede estudiar en un instituto acá en Chile y pasar los cursos, pero es difícil aprenderlo bien. Sólo estando en otro país te empujan y a los 6 meses estás hablando y pensando en inglés. Eso está sucediendo con muchos docentes que se van a acostumbrar a este tipo de educación”, opina.

Una obligatoriedad en la que también confía Luz Montero, quien recuerda que por años sus colegas en la UC le preguntaron para qué trabajaba tanto en mejorar las plataformas de educación en línea si los profesores no las usaban. “Tenían toda la razón, mientras no estaba la necesidad nadie se preocupaba de este tema”, opina la directora de UC Online.

“La educación en línea va a pasar de estar en el patio a estar en un lugar más importante al interior de la sala de clases, aunque sin reemplazarlo todo”, dice la antropóloga Ana María Raad -ex directora del portal Educar Chile y hoy al frente de EcosiSTEAM, un programa de la Universidad de Harvard para acelerar el aprendizaje-, quien de todas maneras cree que es importante distinguir entre educación en línea y remota. “Una educación 100% en línea la están teniendo un conjunto de colegios y universidades que tienen buena conexión y equipamientos en sus casas. Hay un intermedio que es la educación a distancia que tiene un uso de la tecnología intermitente; ahí hubo una llegada obligada que está siendo interesante de observar”, analiza.

“La educación en línea va a pasar de estar en el patio a estar en un lugar más importante al interior de la sala de clases, aunque sin reemplazarlo todo”, dice la antropóloga Ana María Raad.

Esa es una de las incógnitas que presenta la educación en línea pensando en el futuro y el efecto que tendrá frente a las desigualdades de los distintos sistemas educacionales del mundo. Un estudio hecho en 2018 entre 748 universitarios de Estados Unidos, mostró que a pesar de que casi todos contaban con celulares y laptops, un 20% tenía igualmente dificultades para acceder a la tecnología. Números que podrían empeorar en un país más pobre como Chile, donde, según la OCDE, el 12% de la población no tiene conexión a internet.

En ese sentido, Raad opina que la educación en línea puede disminuir la desigualdad, pero para eso necesita de apoyos. “El enfoque de la educación online tiene un principio bien democratizador, pero hay que intencionarlo. Nos tenemos que hacer cargo de que no todos entran a estas plataformas de la misma manera, por eso se requiere apuntalar una política pública en acceso a dispositivos, conexiones y también a entornos distintos de apoyo a esos estudiantes”, dice.

Desde el Mineduc cuentan que durante el período de suspensión de clases han desarrollado instrumentos de apoyo para los alumnos con y sin conectividad a internet. “Pusimos a disposición la plataforma Aprendo en línea y también hemos distribuido material físico a todas las escuelas rurales del país para que ningún alumno quede al margen del proceso”, cuenta Raúl Figueroa, ministro de Educación.

“Pusimos a disposición la plataforma Aprendo en línea y también hemos distribuido material físico a todas las escuelas rurales del país para que ningún alumno quede al margen del proceso”, cuenta Raúl Figueroa, ministro de Educación.

Aunque Luz Montero cree que este problema de acceso a la educación virtual será más planetario que local. “Si hay países o regiones completas que se quedan atrás, va a ser muy complejo, porque puede aumentar la brecha digital que tenemos hoy a nivel mundial. Ahí tienen que estar las universidades, las empresas, los organismos globales, esto es un trabajo world wide”, dice.

Otro cambio que puede acarrear la educación online es una revalorización del tiempo en la sala de clases. “Hoy los profesores están experimentando que no tiene ningún sentido sentarse en el computador a explicar una clase y después volver a pasar todos los contenidos en el aula”, comenta Raad. Esto debería acelerar el uso de metodologías de blended learning, que complementan la educación en aula con la online. El ejemplo más comentado es la “clase invertida”, que consiste en que los profesores dictan los contenidos de forma virtual y la interacción en el aula se utiliza para aclarar dudas y profundizar en los temas.

“Hemos avanzado en eso. Los profesores suben con anterioridad la clase a la plataforma, los estudiantes la estudian en su casa y llegan a la clase sólo a hacer preguntas y aplicación, el profesor no ‘pierde tiempo’ pasando materia”, cuenta Natalia Ávila. Esto es relevante en un país como Chile que tiene un 36% más de horas anuales en aula que el promedio de la OCDE, siendo uno de los que arrojan peores resultados en las mediciones de la organización.

"Los profesores suben con anterioridad la clase a la plataforma, los estudiantes la estudian en su casa y llegan a la clase sólo a hacer preguntas y aplicación, el profesor no ‘pierde tiempo’ pasando materia”, cuenta Natalia Ávila

Montero agrega que otro de los cambios que podía traer la educación online tiene que ver con la forma de evaluar si los alumnos aprendieron. Ella cree que esto se hará a través del modelo de proyectos, como videos o ensayos presentando su aprendizaje, debido a lo complejo que es hacer las pruebas tradicionales en línea y el alto costo que tiene. “Eso va a tener un cambio de paradigma, una apertura a modelos mucho más modernos o distintos de evaluación que existen hace muchos años, pero se usaban menos”, explica la directora de UC Online.

Beatriz Fernández, académica del CIAE, se muestra escéptica de que estos días terminen de consolidar la educación en línea, pero adhiere a la posibilidad de que ocurra un cambio inédito en el trabajo docente: “Puede ser que tengamos más herramientas y recursos para trabajar que quizás antes no habíamos visualizado porque estábamos centrados en lo presencial. Ahí hay una oportunidad porque la escuela no ha cambiado mucho en los últimos 100 años”.

Muchas de estos recursos tecnológicos se han puesto en práctica durante estas semanas. Natalia Ávila menciona los videos de YouTube o las conversaciones a través de la muy cuestionada Zoom. Luego habla de plataformas educativas más complejas como Moodle, que debe ser configurada por un informático; Canvas LMS, utilizada en la misma UC; o la ya popular entre los profesores Google Class Room, que con una interfaz similar a Facebook es mucho más sencilla de usar para los docentes.

“Puede ser que tengamos más herramientas y recursos para trabajar que quizás antes no habíamos visualizado porque estábamos centrados en lo presencial. Ahí hay una oportunidad porque la escuela no ha cambiado mucho en los últimos 100 años”, comenta Beatriz Fernández.

A la tecnología se suma la creatividad de cada profesor. “Por ejemplo, lo mejor de Zoom es romper las reuniones en salas. Uno da la tarea, separa al curso en grupos, les da 10 minutos y después un vocero de cada grupo cuenta qué hicieron. Todo en línea”, detalla Ávila.

Pero no todas son buenas noticias para los docentes: estos cambios se podrían traducir en la salida de los menos adaptables a esta nueva realidad virtual, aunque pocos lo ven así. En la UC cuentan que este mes siguieron un modelo de “training of trainers” (formador de formadores) entre sus profesores, al verse sobrepasados ante su interés por capacitarse. “No creo que haya profesores que no puedan adaptarse. La necesidad manda: si este es tu trabajo, te puedes jubilar, pero creo que la gran mayoría no está interesada en eso y se va a subir al carro nomás”, dice Montero, y explica que recibe muchas dudas de los académicos, desde cómo tomar las pruebas en línea y evitar que los alumnos se copien hasta la normativa de propiedad intelectual o privacidad en los datos de sus clases.

Raad cree que el desafío está en reconvertir a los profesores que no se criaron en una cultura online y les cuesta más acostumbrarse a este cambio que a sus pares más jóvenes. “Lo que sí empieza a desactualizar y dejar a profesores detrás de otros, más que la tecnología en sí, es su propuesta de cómo hacer las clases y su propuesta más pedagógica. Ahí puede haber una brecha muy grande que la tecnología agudiza”, opina la directora de EcosiSTEAM.

“No creo que haya profesores que no puedan adaptarse. La necesidad manda: si este es tu trabajo, te puedes jubilar, pero creo que la gran mayoría no está interesada en eso y se va a subir al carro nomás”, dice Montero.

Dónde sí y dónde no

En noviembre de 2012, New York Times publicó el artículo “The Year of the MOOC”, decretando ese año como el de estos cursos, que en su sigla en inglés significan “cursos online masivos y abiertos”. Los años pasaron y el vaticinio del medio neoyorquino se fue diluyendo hasta que este tiempo de cuarentena lo parece haber reflotado.

En la UC, donde a través de la plataforma de educación virtual Coursera dictan MOOCs que comparten con las universidades Tecnológica de Monterrey, de México, y de Los Andes, de Colombia, dicen que el interés por estos cursos se ha triplicado en estas semanas de encierro. “Claramente hay alumnos con más tiempo y están tomando muchos más cursos en línea. Son distintos temas, hay uno de García Márquez, temas de salud, de negocios, de programación. Son variados”, dice Montero.

Pero hay más. En Estados Unidos, hace años que los estudios de la Association of American Medical Colleges, que agrupa las escuelas de Medicina, reporta que los futuros doctores de ese país prácticamente no asisten a clases en sus dos primeros años de carrera donde casi no hay clases prácticas. En 2017, una cuarta parte de los estudiantes reconoció que “casi nunca” asistía al aula. En su lugar, siguen clases en línea, ven videos prácticos en YouTube y toman clases particulares en línea para prepararse para el “Step 1”, la primera parte del examen para recibir la licencia médica en Estados Unidos.

“Claramente hay alumnos con más tiempo y están tomando muchos más cursos en línea. Son distintos temas, hay uno de García Márquez, temas de salud, de negocios, de programación. Son variados”, dice Montero.

Roberto Araya no es tan optimista y duda que nuestros estudiantes aprovechen el tiempo sobrante en más cursos online. “Esto es como la televisión: la gente ve teleseries o partidos de fútbol y los programas educativos apenas se financian y no se ven”, dice el investigador del CIAE.

Natalia Ávila también es descreída e indica que la educación virtual tiene sus limitaciones, lo que ejemplifica con la carrera docente: “Tú no puedes enseñarle a un profesor a serlo de manera 100% virtual. Se necesitan prácticas y que los universitarios vayan a los colegios. Hay un componente de la profesión que es práctico y que sólo se puede hacer en la sala de clases. No sé si se podría ser médico sin ir a la clínica o agrónomo sin ir al campo”.

Esta traba ha sido resuelta en algunas universidades del mundo desarrollando convenios con otras entidades. Un ejemplo es Drexel University, una casa de estudios privada instalada en Filadelfia, que enseña la teoría médica de forma online, pero tiene alianzas con campos clínicos donde hay tutores para el aprendizaje de los alumnos. “Muchas universidades resuelven esto con asociaciones con otras entidades, pero en la práctica si se mira el currículum no es 100% online. Eso sí se puede hacer en los posgrados u en otros estudios, como aprender arameo o euskera, donde es más fácil conseguir profesores en línea”, dice Montero.

"Hay un componente de la profesión que es práctico y que sólo se puede hacer en la sala de clases. No sé si se podría ser médico sin ir a la clínica o agrónomo sin ir al campo”, dice Ávila.

La mirada colaborativa ha sido una de las principales formas de enfrentar esta crisis en educación y debería perdurar a ella. En China se han establecido consorcios público-privados para desarrollar plataformas de aprendizaje en la nube, y en Hong Kong más de 60 organizaciones educativas, medios y profesionales de la industria del entretenimiento han generado unos 900 activos educativos, como plataformas, videos, asesoramiento gratuito y herramientas de evaluación. En Chile, EcosiSTEAM lanzó la semana pasada la iniciativa #Aprendoencasa, que agrupa a distintas instituciones educativas, de ciencia y culturales, para poner contenidos en distintos niveles al servicio de los estudiantes.

Pero no todo se resuelve con colaboración; aun con ella hay niveles donde la educación en línea difícilmente pueda ser efectiva. Gabriela Báez hoy es máster en Educación del College de Londres e investigadora del CIAE, pero partió ligada a la educación como profesora de párvulos y básica, y explica que en esos niveles es muy difícil llegar con este tipo de educación porque a esa edad los niños en su proceso educativo requieren del apoyo de adultos, de amplios espacios y la interacción con sus pares. “Al reducir esta experiencia educativa a tener estudiantes frente a una pantalla y completando guías de trabajo se pierde lo esencial en la educación temprana”, opina.

“Lo que se está haciendo en otros países de Latinoamérica en estos niveles es mantener una oferta de educación a distancia multiplataforma, donde la televisión tiene mucho que aportar con el foco a los más chicos”, cuenta Raad, apuntando a la televisión educativa.

"Como ministerio estamos buscando alianzas con canales, tuvimos un espacio en el matinal TVN con contenidos educativos y estamos colaborando con distintos canales para identificar material pedagógico que se asocie a los requerimientos del currículum nacional”, explica Raúl Figueroa.

El ministro de Educación, Raúl Figueroa, opina que si bien transmitir contenidos educativos a través de los medios de comunicación es un aporte interesante, de ningún modo reemplaza el rol del profesor en el aula. “Dicho eso, como ministerio estamos buscando alianzas con canales, tuvimos un espacio en el matinal TVN con contenidos educativos y estamos colaborando con distintos canales para identificar material pedagógico que se asocie a los requerimientos del currículum nacional”, explica.

Haciendo su resumen de lo que han sido estas semanas, Figueroa plantea que han demostrado que la educación a distancia tiene mucho mejores resultados en la educación superior que en niveles menores. “La conclusión que uno puede sacar es que en el mundo escolar el valor de la clase presencial es muy importante y se puede complementar con mecanismos a distancia, pero es mucho más difícil suplir o reemplazar el aporte que hace el docente”, dice el ministro, quien reconoce que la polémica medida de adelantar las vacaciones de invierno responde justamente a que son conscientes de que es necesario recuperar la mayor cantidad de horas presenciales.

“La experiencia de estar en la escuela no es sólo estar en clases. Este periodo también nos va a dejar la experiencia de las cosas que no podemos conseguir en entornos virtuales”, dice Beatriz Fernández, sobre otro componente crucial de las clases presenciales que a su juicio es irreemplazable: “La escuela es más que el aprendizaje académico de los estudiantes, hay temas relacionales que también sirven. La escuela es un aprender a vivir con otros, no sólo aprender cosas nuevas”.

“La escuela es más que el aprendizaje académico de los estudiantes, hay temas relacionales que también sirven. La escuela es un aprender a vivir con otros, no sólo aprender cosas nuevas”, dice fernández.

Cambios más, cambios menos, Montero cree que el legado educacional de la pandemia dependerá de cuánto tiempo se extienda y no se puedan retomar las clases presenciales. “Mientras más dure la emergencia, el cambio en la educación va a ser mayor y más permanente. Si en un mes más está todo resuelto y volvemos a nuestra vida normal, no va a ser tan profundo. Pero ese escenario es poco probable”, cuenta.

Aunque para la académica de la UC, que tantos profesores y estudiantes se hayan atrevido a explorar la educación virtual ya es un tremendo hito. “Esto es como cuando uno se compró el primer teléfono inteligente o se suscribió a Netflix”, comenta. “Después, es difícil volver atrás”.

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