La gran tarea
SEÑOR DIRECTOR:
El gobierno tiene por delante dos tareas que corren a velocidades distintas, y solo una de ellas paga en las encuestas.
La de corto plazo es mover las expectativas. Vale la pena precisar de quiénes: el debate sobre confianza suele reducirse a los índices empresariales y al anuncio de inversión, pero la expectativa que sostiene la demanda vive en otra parte. En el hogar que decide si arregla el auto o lo cambia. En el trabajador que calcula si su empleo aguanta hasta marzo. En la pyme que deja pasar un pedido grande porque no sabe si podrá financiarlo. Si el ánimo no llega hasta ahí, la reactivación se queda en el papel.
La de largo plazo es más ingrata. Productividad, formación técnica, permisos, infraestructura, la sala de clases y la lista de espera: todo eso rinde en diez años, cuando quienes hoy gobiernan ya no estén y el crédito se lo lleve otro. El incentivo empuja a gastar la energía en lo que se ve antes de la próxima elección. Es entendible. También es la razón por la que llevamos décadas postergando las mismas reformas. La “Megarreforma” va en este sentido.
Lo que se olvida es que las dos tareas se necesitan. Nadie compromete capital a quince años si sospecha que las reglas duran cuatro. Un plan de largo plazo creíble, con acuerdos capaces de sobrevivir al gobierno de turno, es además la mejor señal de corto plazo disponible, y no cuesta un peso de gasto fiscal.
Carlos Smith
Docente investigador CIES-UDD
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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