Cuando un disparo lo cambió todo: la vida de William S. Burroughs

William Burroughs

American writer William Seward Burroughs (1914 - 1997), author of the cult novel 'Naked Lunch'. (Photo by Evening Standard/Getty Images)

En Culto perfilamos a uno de los escritores más interesantes de los Estados Unidos, conocido por haber sido parte de la llamada "generación beat" y por ser uno de los exponentes de la técnica cut-up. Su obra volverá próximamente a las librerías mediante la reedición de uno de sus clásicos.



Hubo un momento de su vida, mientras vivía en Marruecos a mediados de la década de 1950, en que William S. Burroughs estaba preso de la droga. Su adicción a la heroína lo consumía. "Estaba viviendo en una habitación del barrio moro de Tánger. Hacía un año que no me bañaba ni me cambiaba de ropa, ni me la quitaba más que para meterme una aguja cada hora en aquella carne fibrosa, como madera gris, de la adicción terminal. Nunca limpié ni quité el polvo de la habitación. Las cajas de ampolletas vacías y la basura llegaban hasta el techo. Luz y agua cortadas hacía mucho tiempo por falta de pago. No hacía absolutamente nada. Podía pasarme ocho horas mirándome la punta del zapato. Solo me ponía en movimiento cuando se vaciaba el reloj de arena corporal de la droga", cuenta él mismo en el prólogo de su célebre libro El almuerzo desnudo (1959).

Por supuesto, la adicción a la heroína que narra tanto en ese libro como en Yonqui (1953) fue solo un momento de su vida, pero muestra un rasgo de su obra que en parte fue autobiográfica, pero no siempre fue así. "La obra de William Burroughs no es un proyecto monolítico, está dividida al menos en tres fases: una formada por Marica y Yonqui, una que va de El almuerzo desnudo a Expreso Nova y una que abarca sus obras posteriores", explica a Culto el escritor y traductor Rodrigo Olavarría.

Burroughs había nacido el 5 de febrero de 1914 en San Luis, Misuri, en el corazón de los Estados Unidos. Proveniente de la clase acomodada, ingresó a la Universidad de Harvard, en 1936. Sin embargo, no fueron las aulas donde Burroughs sintió el empuje para empezar a escribir, sino un fatal accidente.

El tema fue siempre un rumor hasta que él mismo lo confirmó en 1985 en el prólogo de su novela, Queer: "La muerte accidental por un disparo de mi mujer, Joan, en septiembre de 1951". En efecto, Burroughs y Joan venían huyendo desde los Estados Unidos hacia México, producto de que a William lo perseguía lo policía por posesión de drogas. En un minuto, decidieron parar y emular la legendaria historia de Guillermo Tell, solo que en vez de una flecha dirigida a una manzana en la cabeza, Burroughs dispararía con una pistola hacia una copa apoyada en la cabeza de su mujer. El disparo fue bajo y la bala impactó en la frente de Joan Vollmer. El episodio fue el que catalizaría la decisión vital de William Burroughs: "Jamás habría sido escritor sin la muerte de Joan, y a comprender hasta qué punto ese acontecimiento ha motivado y formulado mi escritura", explica en el citado prefacio.

A partir de ahí, comenzó a escribir sus primeras obras, la citada Queer (que se mantuvo inédita hasta 1985) y Yonqui. Pero no fue sino hasta su estancia en Tánger, entre 1954 y 1957, donde se convirtió en un escritor de verdad. Así lo cree el académico francés Xavier Garnier, quien en su artículo "El experimental Tánger de William Burroughs", publicado en la revista Itineráires, señala: "Tánger no es solo para Burroughs, una ciudad propicia para la prostitución homosexual y el tráfico de drogas, es un lugar de contacto con las fuerzas oscuras que el hombre que acababa de matar accidentalmente a su esposa estaba tratando de encontrar".

Pero en Tánger, Burroughs no solo se drogaba y escribía novelas, también mantuvo correspondencia constante con un joven llamado Allen Ginsberg. En una misiva del 13 de octubre de 1956, le escribe sobre lo que causaba la ciudad en él: "He entrado en un período de cambio más profundo que la adolescencia o la infancia. Vivo permanentemente en mis números. Va tan lejos que un día iré más allá del punto de no retorno. No tengo tiempo para explicarte todas las experiencias místicas que veo tan pronto como entro por la puerta. Hay algo especial sobre Tánger. Es el único lugar donde, cuando estoy allí, no quiero estar en ningún otro lugar. Aquí no hay crisis de ansiedad. Esta ciudad es hermosa porque sigue cambiando y recombinándose. Venecia es hermosa, pero nunca cambia. Es un sueño congelado en piedra. Y es el sueño de alguien más. El efecto supremo es la pesadilla. Ejemplo: cielo supersónico, orgón azul, viento cálido, una escalera de piedra que conduce a la Ciudad Vieja. Bajando las escaleras, un chico árabe muy moreno de piel con una camisa malva".

El hermano mayor de la generación beat

La correspondencia con Ginsberg, compilada en un volumen llamado Las cartas de la ayahuasca (Anagrama, 2006 [1963]), no era casualidad. Junto con Jack Kerouac conformaban el núcleo central de la llamada "generación beat". Burroughs en gran medida era una especie de referente tanto para el hombre de Aullido como para el de Los vagabundos del Dharma. "Para mí la generación Beat es un constructo publicitario creado por Allen Ginsberg en el que William Burroughs ocupa el lugar que mencionas. Pero, ¿cómo no iba a serlo? En 1947, cuando Kerouac y Ginsberg lo conocieron, Burroughs tenía 33 años y ellos 21. Fue un maestro, les mostró los libros de Antonin Artaud, Henri Michaux, Oswald Spengler, Wilhelm Reich y William James, en una época en que nadie los leía en Estados Unidos. Y, casi no es necesario decirlo, era abiertamente bisexual y había probado todas las drogas conocidas. Entonces, sí, era un héroe, un hermano mayor muy experimentado", explica Rodrigo Olavarría.

La relación entre este "hermano mayor" con sus menores quedó plasmada preferentemente en el ámbito literario. Por ejemplo, fue el mismísimo Jack Kerouac quién le sugirió usar el título de El almuerzo desnudo para la obra que Burroughs escribió en Tánger. "Hasta mi reciente recuperación no comprendí lo que significaba exactamente lo que dicen sus palabras: ALMUERZO DESNUDO: un instante helado en que todos ven lo que hay en la punta de sus tenedores", cuenta Burroughs en el prólogo del volumen.

El autor de Los subterráneos fue también quien mecanografió en su integridad El almuerzo desnudo. Pero esa no sería su única muestra de admiración, puesto que incluyó a Burroughs como uno de los personajes de su seminal novela En el camino. Se trata del viejo Bull Lee. En el relato lo describe en boca de su alter ego, Sal Paradise: "De momento, diré que era un auténtico maestro, y debe añadirse que tenía todo el derecho del mundo a enseñar porque se pasaba la vida aprendiendo; y lo que aprendía era lo que él consideraba y llamaba 'los hechos de la vida', de los que se informaba no sólo por necesidad, también por afición".

Kerouac también lo incluyó como personaje en Ángeles de la desolación (1965), bajo el nombre de Bull Hubbard.

Reviviendo el cut-up

Pero William Burroughs no solo fue el hermano mayor de la "generación beat". En su carrera también se hizo conocido por trabajar con una técnica narrativa muy particular, el llamado cut-up.

¿De qué se trata? "El método del cut-up lleva a los escritores el collage que los pintores han usado durante cincuenta años. Y utilizado por la cámara móvil y fija. De hecho, todas las tomas callejeras de películas o cámaras fotográficas son por factores impredecibles de los transeúntes y los cortes de yuxtaposición. Y los fotógrafos le dirán que a menudo sus mejores fotos son accidentes... los escritores te dirán lo mismo. La mejor escritura parece hacerse casi por accidente, pero los escritores hasta que el método cut-up se hizo explícito (de hecho, toda la escritura es cortada. Volveré a este punto) no tenían forma de producir el accidente de la espontaneidad. No se podrá ser espontáneo, pero puede introducir el factor espontáneo e impredecible con un par de tijeras", explica el mismo Burroughs en un artículo titulado "El método cut-up", y que se publicó en un libro llamado The Moderns: An Anthology of New Writing in America (Corinth Books, 1963).

Burroughs creía que efectivamente cualquier texto era un recorte, por eso le resultaba natural aplicar esta técnica. "Toda escritura es, de hecho, recortes. Un collage de palabras leídas escuchadas en lo alto. ¿Qué más? El uso de tijeras hace que el proceso sea explícito y sujeto a extensión y variación. La prosa clásica clara puede estar compuesta completamente de cortes reorganizados. Cortar y reorganizar una página de palabras escritas introduce una nueva dimensión en la escritura que permite al escritor convertir las imágenes en una variación cinematográfica", añade en el citado artículo.

Incluso, en el mismo texto se daba maña de explicar el procedimiento, a manera de un manual. "El método es simple. Aquí hay una forma de hacerlo. Toma una página. Me gusta esta página. Ahora corta el medio y cruza el medio. Tienes cuatro secciones: 1 2 3 4 ... uno dos tres cuatro. Ahora reorganice las secciones colocando la sección cuatro con la sección uno y la sección dos con la sección tres. Y tienes una nueva página. A veces dice lo mismo. A veces, algo bastante diferente (cortar los discursos políticos es un ejercicio interesante), en cualquier caso, encontrará que dice algo y algo bastante definido".

William Burroughs desarrolló básicamente esta técnica en una trilogía integrada por La máquina blanda (1961), El ticket que explotó (1962) y Expreso Nova (1964).

Por ser uno de sus exponentes más conocidos, se tiende a pensar que Burroughs es uno de los padres del cut-up, sin embargo, Rodrigo Olavarría explica que eso no es así. "El cut-up no es estrictamente un invento de Burroughs y Brion Gysin. A principios del siglo XX, los dadaístas hicieron experimentos similares, pero solo con el objetivo de rebelarse ante las instituciones del arte. Luego, los surrealistas sondearon el inconsciente buscando democratizar la poesía, pero la novedad del uso del cut-up por Burroughs va en otro sentido. La trilogía de novelas formada por La máquina blanda, El ticket que explotó y Expreso Nova busca "hackear" el inconsciente, hacer visibles los mensajes ocultos en las construcciones culturales. Es un proyecto más político y corrosivo que el del dadaísmo y el surrealismo".

Olavarría justamente tradujo para la editorial Hueders La máquina blanda, y –en cosa de un mes, según afirma- estará disponible en librerías, bajo el mencionado sello, una nueva edición de El ticket que explotó, también traducida por Olavarría.

"Es complicado de traducir"

Es inevitable consultar a Rodrigo Olavarría sobre el ejercicio de traspasar una obra literaria desde el inglés hacia el castellano, sobre todo en un autor como Burroughs, que no es alguien de lectura simple. ¿Qué será lo más difícil? "Las complicaciones tienen que ver con dos asuntos, uno que afecta a toda la obra de Burroughs y otro más general que atañe a la trilogía que traduje, el primero es el uso de un léxico del mundo de las drogas y, más particularmente, a la jerga de los junkies de Times Square en los años 40-50's. El otro es composicional, hay que detectar los momentos de cut-up, de fold-in y otros procedimientos y luego replicarlos en castellano. Es como hacer puzles con las fantasías políticas paranoides de un drogadicto, así que sí, es complicado", cuenta.

Además, destaca que las traducciones que ha hecho se diferencian de la mayoría de las disponibles en el mercado. "Yo manejo mejor el léxico de los drogadictos, me he beneficiado de décadas de estudios literarios y de la influencia de Burroughs en artistas como Kathy Acker, David Bowie, Patti Smith y Bob Dylan. Por otro lado, la traducción de El almuerzo desnudo que hasta hoy imprime Anagrama es anticuada, es la misma de Bruguera de 1975, que tiene sus momentos, pero está tan cargada de hispanismos pasados de moda que se hace insoportable para un lector sudamericano. No conozco a nadie que haya leído esa traducción y la haya disfrutado".

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En definitiva, ¿cuál es la trascendencia de William Burroughs? Para Olavarría, es más que un mero literato. "Me siento tentado a decir que no es un escritor, sino un artista que produce escritura, tal es su desconfianza por las formas estéticas imperantes en cualquier época. Su obra evidencia que el lenguaje es un organismo controlado por corporaciones internacionales, tal como lo prueba esta época de fake-news e intervención de elecciones presidenciales a través de internet".

¿Qué leer de William Burroughs?

A la hora de las recomendaciones, Rodrigo Olavarría no duda. “La trilogía del cut-up es la gran obra maestra de la vida de William Burroughs. Recomiendo partir con la travesía paranoide sudamericana y ayahuasquera de La máquina blanda, seguir con la invasión de la Mafia Nova al planeta Tierra que es El ticket que explotó y terminar con Expreso Nova, el enfrentamiento final por el dominio del lenguaje y el poder”.

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