Ecos de Bristol: lo que dejó el trip hop

Una trilogía de discos firmados por Massive Attack, Portishead y Tricky hizo que un subgénero emergido en el underground inglés se volviera parte del idioma musical de estrellas como Madonna y Björk. Pero el trip hop fue más que un boom noventero: era el pulso de una vibrante escena multicultural y su huella todavía no se borra.


El epicentro 

Bristol se convirtió en la cuna del trip hop debido a su oscuro pasado como centro neurálgico del comercio de esclavos. La mezcla cultural de la portuaria ciudad, donde la presencia afro inglesa es más notoria que en el resto de la isla, fue el caldo de cultivo perfecto para que surgiera una nueva lectura del hip hop estadounidense, facilitada por una vibrante escena bohemia y una atmósfera de rebeldía producto de la tensión racial y los disturbios callejeros.

Para los integrantes del Wild Bunch, el colectivo del que saldrían Massive Attack y Tricky, crecer en Bristol significó estar en contacto con la cultura jamaiquina de los soundsystems, lo que explica la obsesión del trip hop con los exacerbados bajos del dub y el reggae, y además tener fácil acceso al hachís que entraba por el puerto, así como a otras sustancias que permearon notoriamente el sonido desarrollado en la ciudad. “Karmacoma, Jamaican aroma”.

La etiqueta

Acuñado en 1994 por la revista Mixmag en una nota sobre el sello Mo’ Wax y su interpretación alternativa del hip hop, el término trip hop fue ampliamente renegado por la gran mayoría de los artistas encasillados en él. Algunos lo odiaban. Cuenta la leyenda que un joven Tricky, dando un show en el peak de su popularidad, le preguntó al público si le gustaba el trip hop y echó a todos los miembros de la audiencia que respondieron que sí. 

El controvertido término hace referencia tanto a la cercanía espiritual con el hip hop, con el que comparte una serie de características como la raíz callejera, la dependencia de los beats y el uso extensivo de samples, pero también alude al efecto lisérgico que ejercen sus canciones en los auditores. Trip en inglés quiere decir viaje, y el traslado no necesariamente es físico.

La trilogía del 94

No hay duda de que las tres estrellas más brillantes en la constelación del trip hop son Massive Attack, Portishead y Tricky. Los primeros empezaron antes de que el término existiera, con su debut Blue Lines (1991) como una referencia discográfica ineludible en la historia del subgénero, para continuar tres años después con una pieza maestra, Protection.

La temporada 94 trajo la consolidación de la estética de Bristol con los aclamados Dummy y Maxinquaye, primeros álbumes de Portishead y Tricky respectivamente, completando una trilogía de espléndidos lanzamientos con Protection de Massive Attack y alertando a los medios y a los coolhunters de la época sobre la existencia de una nueva tendencia.

El sonido

Bajos hondos, beats aletargados y narcóticos, una vocación más atmosférica que la del rap. Son varios los rasgos que definen la sonoridad del trip hop, jugoso fruto de una mezcolanza de elementos tan disímiles como los discos de genios jamaiquinos como Augustus Pablo y Lee “Scratch” Perry, los soundtracks de Ennio Morricone, el jazz y la estética lo-fi.

Pese a originarse en lugares de Bristol nada glamorosos como el club The Dug Out, un sucucho underground donde The Wild Bunch afinó sus DJ sets y que ahora es un restaurante coreano, el trip hop adquirió fama de sofisticado y sensual para el espanto de sus pioneros, que más bien lo consideraban una música para reventar parlantes y hacer vibrar el piso. 

La moda

Cuando el trip hop explotó a mediados de los noventa, atrajo a las más grandes estrellas partiendo por la mismísima Reina del Pop. La conexión de Madonna con Bristol fue a través del productor Nelle Hopper, viejo amigo de Massive Attack y el puente para que la cantante y el grupo colaboraran en un cover de “I want you” de Marvin Gaye, incluido en un disco tributo al ícono de Motown llamado Inner City Blues: The Music of Marvin Gaye (1995).

La impresión que dejó Madonna en Massive Attack fue tan buena, que cuando Andrew “Mushroom” Vowles compuso la famosa “Teardrop”, lo hizo pensando en ella, quien a su vez estaba dispuesta a grabar la canción. Sin embargo, los otros dos tercios del grupo querían a Elizabeth Fraser de los Cocteau Twins y finalmente se respetó el voto de la mayoría. 

El cancionero

En la segunda mitad de los noventa, el trip hop se volvió un condimento habitual. Canciones como “Possibly Maybe” de Björk (incluida en el disco Post, producido por Nelle Hopper) o “Porcelain” de Moby (del multiplatino Play) llevaron su versión del estilo Bristol a millones de oídos, mientras las bandas sonoras de Grandes esperanzas o El Santo se valían de temas trip hoperos como “Life in Mono” de Mono y “6 Underground” de Sneaker Pimps. 

Al carro de la victoria se subieron todos, desde proyectos inspirados en el estilo como Hooverphonic o Morcheeba hasta artistas con experiencia que de un modo u otro propulsaron el fenómeno desde antes del boom, como Neneh Cherry, DJ Krush o DJ Shadow.

Los rastros

Cuando Massive Attack lanzó Mezzanine en 1998, la prensa especializada ya hablaba del agotamiento del fenómeno, y si bien era cierto que había alcanzado su cénit y no le quedaba otra alternativa más que bajar, la huella que dejó fue tan profunda como sus bajos. Un ejemplo claro de su influencia: el single debut de Gorillaz, Tomorrow Comes Today.

En el nuevo milenio, el trip hop evolucionó hasta volverse una herramienta para grupos como Zero 7 o Thievery Corporation, y también una referencia útil al momento de describir la propuesta de artistas aun más modernos, como Bonobo o Caribou en ciertos pasajes de sus respectivas discografías. Según el crítico musical Simon Reynolds, ahora los herederos de Massive Attack y Tricky son estadounidenses como Flying Lotus y Gonjasufi.

¿Y en Chile?

El trip hop aterrizó en Chile en la forma de discos de cuidada factura como Fe ciega de Rosario Mena (1998) y Dream electrónico de Muza (1999), el proyecto de Sol Aravena, la voz del dúo Sol Azul, famoso por interpretar el tema central de la teleserie Adrenalina

Bristol siguió inspirando a músicos nacionales, al punto de hacer que el mismísimo Tricky tomara nota en su primera visita al país, el año 2009. Luego de ser teloneado en el Teatro Caupolicán por Leche, un dúo compuesto por Leandro Muñoz en producción y por Marcela Thais (por aquel entonces también de Saiko) en la voz, el influyente músico inglés quedó encantado con su fidedigna lectura del trip hop. Un par de meses después de venir, anunció el fichaje de los santiaguinos en su ahora desaparecido sello, Brown Punk. 

Si bien la alianza no dejó mayor testimonio discográfico, permitió que Muñoz, el ahora solitario líder de Leche, entablara contacto con su principal referente. De aquella noche en la que compartieron el Caupolicán, recuerda la euforia desatada por el inglés cuando invitó al público a la tarima para tocar “Ace of Spades” de Motörhead. Aunque no es el torbellino humano lo que permanece en su memoria, sino la imagen del despistado guardia que, una vez terminada la atención, insistía en hacer bajar del escenario a un confundido Tricky que gritaba “I’m the star! I’m star!” para impedir que lo sacaran de su propio show.

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