Alejandra Costamagna: “No creo que nada, nada vuelva a la normalidad”

Alejandra Costamagna. Fotografía: Gonzalo Donoso.

La destacada escritora nacional acaba de reeditar, vía Laurel, su libro de relatos Imposible salir de la tierra, uno de los clásicos de su catálogo. En charla con Culto habla del proceso de reencuentro con los textos, las temáticas que los cruzan (con guiños a Japón y a las zonas incómodas de las relaciones humanas); además, una reflexión sobre el formato del cuento en América Latina.



Originalmente se publicó en 2016, con la editorial Estruendomudo, en Perú. Luego en Chile, cuando la extinta casa editora se ubicó en nuestro país. En sus páginas, reúne varios de los relatos breves que le han dado un nombre a su autora, la escritora y periodista Alejandra Costamagna Crivelli (51).

El volumen junta en un mismo libro cuentos como Yo, Claudio, Imposible salir de la Tierra, o el imperdible La epidemia de Traiguén (uno de sus clásicos). Y no es la única vida que ha tenido. También ha salido por otras latitudes: Almadía (México), Laguna (Colombia), Barrett (España), Banda Oriental (Uruguay), Encino (Costa Rica), Moinhos (Brasil), Redingot Kitap (Turquía) y Añosluz (Argentina).

Pero lo cierto es que Imposible salir de la Tierra, el libro del que hablamos, hace un buen rato estaba descontinuado en Chile. Y fue la editorial independiente Laurel la que le acaba de dar una nueva vida, por lo que ya se encuentra en librerías.

Con Laurel existían desde hace años, mutuamente, las ganas de publicar algo juntas –explica Costamagna a Culto–. No habíamos podido hacerlo hasta ahora. Y cuando se dio la oportunidad, porque la editorial que publicó el libro originalmente cerró en Chile, no lo pensamos dos veces”.

La finalista del Premio Herralde de novela 2018 agrega que a esta edición le hicieron un par de cambios. “Lo que hicimos fue agregar un par de cuentos, quitar otros y alterar el orden. Es un libro que, con estas nuevas coordenadas, se lee distinto. Yo admiro el catálogo de Laurel, así que es el mejor lugar para que Imposible salir de la Tierra volviera a circular”.

¿Cómo fue el proceso en que fuiste escribiendo estos relatos?

Esto partió en 2016 por iniciativa de la editorial peruana Estruendomudo como una compilación de cuentos de distintos momentos. Inicialmente sería eso: una selección de textos escritos entre 2005 y 2015. Pero al leer el material fueron surgiendo afinidades y marcas comunes entre algunos relatos. Además del eco de ciertos temas (los vínculos torcidos, las pérdidas, la infancia, el deseo, cierto extrañamiento de la realidad), a veces aparecía una misma obsesión, un clima, un desmadre en diálogo. Eso marcó, en cierta forma, el proceso de selección: qué relatos irían y en qué orden. De qué forma dialogarían entre ellos, cómo armarían esa unidad que estaba apenas esbozada. Y en ese ejercicio de “revisita” entraron tanto relatos publicados como inéditos. En la edición de Laurel incluimos otros textos, uno de ellos de 2019.

Cuando publicaste El sistema del tacto (2018), muchos notaron el vínculo con el cuento Are you ready?, que incluye este libro. ¿De alguna manera este cuento fue una prefiguración de la novela?

El cuento apareció cuando yo estaba rumiando la novela, sin tener muy claro desde dónde abordarla, con qué voz, en qué registro. Ocurrió en un viaje, en 2012, en el que efectivamente atravesé la cordillera para acompañar a un familiar en la agonía y vi, por primera y única vez, ese último soplo del que deja la vida. En ese viaje encontré los cuadernos de dactilografía de Agustín y ese hallazgo fue uno de los motores principales para el libro. Y, en lo inmediato, dio origen al cuento, que más tarde se amplificaría para integrarse con otra fisonomía a El sistema del tacto. Entonces, sí, Are you ready? fue una especie semilla para la novela.

En general, la literatura –a diferencia del periodismo– trabaja en base a la duda, no de la certeza. A la búsqueda de respuestas que no siempre llegan. ¿Hay alguno o algunos de estos cuentos en que te haya sido más complejo ese camino de dudas?

Quizás el mismo Are you ready?, porque nació del impacto frente a esa muerte que menciono, pero al escribirlo no me interesaba lo confesional sino las reverberaciones de esa experiencia en un ámbito más amplio. Qué muere con los que mueren, qué muere para los que sobreviven a esa muerte. Cómo se va fracturando la memoria cuando parten quienes eran los depositarios de ciertos recuerdos. Y había una complejidad importante también en el deseo de no escribir la calamidad a secas, quejumbrosa, sino de darle un respiro. Incluso, quebrando el momento con un instante del absurdo.

Algo que cruza varios de los cuentos es la presencia de Japón. Como escenario, como referencia, como estela. ¿Cuál es tu relación particular con la tierra del sol naciente?

Me gusta que digas “como estela” porque es eso. La presencia de Japón no obedece a un interés etnográfico ni antropológico, sino a bosquejar una cara de lo remoto. Japón como el lugar imaginario que se nos aparece como figura de lo lejano, extraño, casi imposible de alcanzar. Hay también un juego ahí con la caricatura de lo oriental vista desde Occidente, con esa templanza que se vuelve estereotipo. Y que en algunos cuentos, como La epidemia de Traiguén, estalla en pedazos desde la ficción.

¿Qué tal la experiencia de volver a encontrarte con estos cuentos tiempo después de que fueron publicados?

Fue encontrar que hay una normalidad trizada que persiste y persiste en lo que escribo. Y una especie de foco en los rincones más opacos de la cotidianidad. Pero eso, que es del orden temático, se va acoplando a distintas formas que estiran los límites del cuento como género y quizás lo trizan en cierta forma. Y también fue encontrarme con la persona distinta que era yo al escribir cada uno de esos textos. Puede que solo yo lo perciba, porque es algo que tiene que ver con la respiración de cada cuento.

En algunos de los relatos, como en La epidemia de Traiguén, Naturalezas muertas, Piano, o en cierta medida Cachipún muestras personajes que muestran cierto ánimo posesivo, o que se dejan poseer por otro. Son una suerte de relaciones “tóxicas”, ¿por qué te interesa escribir sobre eso?

No sé si es algo que me proponga. Hebe Uhart decía que los cuentos tenían siempre un “pero”; Piglia hablaba de la paradoja que los definía, y ponía el ejemplo de la sinopsis de un cuento de Chejov que nunca escribió: “Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a su casa, se suicida”. O sea: gana, pero se suicida. Y quizás esa paradoja, ese “pero” aparece en mis cuentos en la forma de una torcedura, de mirar lo que hay debajo de la aparente quietud de las relaciones humanas. Porque si miramos de cerca a cualquiera, a nosotrxs mismxs sin ir más lejos, siempre va a aparecer alguna grieta. Me gusta meterme ahí, en las zonas rotas, en las basuritas, en lo que se sale de foco.

En Naturalezas muertas hay un tópico que de alguna forma se emparenta con tu novela Dile que no estoy, lo de los vínculos familiares torcidos. ¿Es una cierta obsesión la de mirar los lazos familiares de un modo menos ortodoxo?

Quizás lo común ahí está en el no hallarse de los personajes con ciertas estructuras o patrones establecidos socialmente desde un lugar súper conservador. La idea de familia tradicional estalló hace rato y sería absurdo no contemplar la enorme diversidad de experiencias familiares con las que convivimos. Y también sería obtuso no considerar las estructuras de poder, el alcance político y las dimensiones sombrías que pueden habitar en los espacios puertas adentro.

Cuentos y el futuro

Este es un libro de relatos breves, ¿crees que de algún modo hay una revalorización del cuento en Chile y Latinoamérica?

Es posible que tenga mayor visibilidad hoy, porque existen nuevos soportes que lo permiten y por la irrupción con fuerza desde hace un par de décadas de las editoriales autogestionadas, que tienden a arriesgar más. Aunque las grandes también lo están haciendo y me parece genial que así sea. Pero creo que el cuento nunca ha dejado de ser importante en la región. Es interesante cómo el género se muestra proclive a explorar y romper las propias fronteras. Y, en ese sentido, permite desdibujar las especificidades más rígidas. No tiene nada que ver lo que hacen, por ejemplo, Mario Bellatin y Mariana Enriquez o Rodrigo Rey Rosa y Liliana Colanzi o Federico Falco y Claudia Ulloa o Marcelo Mellado y Mónica Drouilly. Por poner unos poquitos ejemplos.

Con la reapertura y el avance del proceso de vacunación, ya están volviendo paulatinamente pequeñas ferias de libros. ¿Piensas que el mundo literario volverá a tener la misma normalidad anterior al virus?

No creo que nada, nada vuelva a la normalidad anterior al virus. No sólo por la pandemia, sino por el momento político que estamos viviendo. Yo espero que ese libro colectivo que se escribirá desde la Constituyente entregue otras coordenadas para el ámbito cultural completo, que van desde el respeto a la diversidad lingüística hasta reconocer la cultura como un derecho humano garantizado.

¿Qué cosas vienen para el resto de año y el próximo?

Para este año está por salir la reedición aumentada de Cruce de peatones, el libro de crónicas, entrevistas y perfiles, que apareció originalmente en 2012 con Ediciones UDP y que incorpora nuevos textos. Para el próximo, la verdad es que aún no lo sé.

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