Crítica de discos de Marcelo Contreras: brillan Rosalía, Daddy Yankee y Tool

Rosalía se vuelve a devorar al planeta con su fusión mutante, Daddy Yankee se "despide" desplegando su leyenda y Tool rescata una vieja canción y la recrea con grandeza.



Rosalía - Motomami

A tres años de El mal querer, el sucinto álbum de media hora y once canciones que instaló a la española Rosalía en el radar pop mundial como estrella urbana incendiaria, arriba este sucesor más generoso en minutos y canciones, que se despacha con mejor sabor.

Motomami no sólo ofrece los giros que El mal querer dejó en deuda junto con editar el exceso de melodrama, sino que se plantea ambicioso y voluptuoso. Rosalía vuelve con una extraordinaria demostración de flexibilidad en distintas zonas de la canción popular hispanoamericana moderna, una verdadera orgía entre la América morena con base caribeña y latidos hip hop, los colores del flamenco, y shocks de electrónica de última generación. Son ingredientes enunciados en el trabajo previo en un mejor conjuro y una aspiración global evidente.

Motomami tiene invitados de primer nivel como The Weeknd, cantando con sorprendente español en uno de los mejores cortes como La Fama, ingeniosa bachata construida en torno a un tarareo manipulado, y Pharrell Williams en los créditos de la dramática Hentai. “No basé mi carrera en tener hits, tengo hits porque yo senté las bases”, canta en la contagiosa Bizcochito. Concedido.

Daddy Yankee - Legendaddy

La obsesión urbana por quien es el más boss, detalle masculino siempre enternecedor, articula este regreso de Daddy Yankee a diez años de su último álbum. La promoción, infalible. El capo del reggaetón, el Moisés del género para el ingreso de una generación que sólo necesita micrófono y bases para triunfar democratizando la música popular, anuncia su retiro con lenguaje pugilístico. “Este es el último round”, proclama en inglés la voz de un animador de cuadrilátero como preludio de este supuesto adiós, “presentando al campeón peso pesado de la música”.

Legendaddy funciona impecable como autohomenaje, con un desfile de estrellas herederas contando a Bad Bunny y Rauw Alejandro. Cada cierto trecho, el astro puertorriqueño remarca su condición incomparable, como sucede en Uno quitao y otro puesto, y El Abusador del abusador. Lo mejor está en el inicio, en Campeón -”ya estoy hecho, me puedo retirar”- y en Remix, una oda a las cirugías -”to’ el combo, desde el booty a las tetas”-. Es Daddy Yankee al 100%, altivo sin estridencias, rápido, enérgico, embriagador. El resto de Legendaddy mantiene la fiesta. Si es su último disco, se despide en grande.

Tool - Opiate²

Opiate cerraba el EP homónimo editado por Tool hace 30 años como debut, cuando el bajista era Paul D’Amour. Desertó tras Undertow (1993), aburrido del perfeccionismo de una banda puntillosa como pocas y discografía a gotas. Como conmemoración, Tool ha regrabado la pieza junto con lanzar un video dirigido como siempre por el guitarrista Adam Jones, aunque haciendo equipo con el artista visual Dominic Hailstone. El clip es clásico Tool. La metamorfosis de un ser con características alienígenas.

El nuevo registro de viejas canciones propias rara vez funciona. Qué sentido tiene competir con el original eternamente más joven. Sin embargo, Tool tuerce los designios con una versión magnífica, poderosa, elástica, menos frontal, con las diferencias entre D’Amour y Justin Chancellor palpables de inmediato. El actual bajista de Tool serpentea con mayor espesura y florituras sin perder el foco en la canción.

El original contenía un quiebre hacia la mitad, un silencio de 50 segundos en empalme con otro título -The Gaping lotus experience-. Esta edición se opera de ese corte más bien tosco, con una transición instrumental que resuelve mejor la pausa. Rock progresivo en esencia.

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