Novelista y opositora a Putin: quién es Liudmila Ulítskaya, la ganadora del Formentor

Es quizás la escritora rusa más leída y conocida en occidente y su nombre ha sonado como candidata para el Premio Nobel de Literatura. En su país es considerada como una referente intelectual y moral y ha desarrollado un intenso activismo contra Vladimir Putin.



Al momento de anunciarse su nombre, el jurado del prestigioso Premio Formentor, uno de los importantes galardones literarios a nivel mundial, señaló que el galardón para la escritora rusa Liudmila Ulítskaya (79) se debe “por el poderoso aliento narrativo con que registra las más sutiles emociones del alma humana, por la sensibilidad con que cuenta la epopeya de las personas arrojadas al laberinto del mundo, por la delicadeza con que rehabilita la dignidad de los hombres y mujeres sometidos al despótico azar de la desdicha, por la soberbia índole de sus personajes y su ondulante, aguda y deslumbrante conversación”.

El jurado ha destacado que sus novelas plantean “preguntas incómodas que conciernen por igual a vencedores y vencidos, héroes y traidores, asesinos y víctimas. Con un alto contenido moral y religioso -cuyas fuentes encuentra en el judaísmo y el cristianismo- la obra de la escritora explora las ambiguas y complejas relaciones entre el bien y el mal”.

A través de la Fundación Formentor, Ulítskaya hizo llegar su agradecimiento: “Es un soplo de aire, un soplo de luz, tal vez incluso un soplo de esperanza, en un espacio que ayer todavía estaba vivo y era familiar, y que en un instante ha perdido sus contornos. Agradezco la evaluación tan elevada de mi trabajo. Debo admitir que nunca esperé ver mi nombre en un entorno literario tan espléndido. ¡Gracias!”.

Judía, bióloga, nacida en Davlekánovo, una ciudad ubicada en los montes Urales, en el rocoso corazón mismo del gigante euroasiático, Ulítskaya es quizás la escritora rusa más leída y conocida en occidente. Esto porque su postura de vida siempre ha sido mirar al otro lado de la frontera y no comulgar con la postura más eslavista y nacionalista.

Es novelista y ha publicado más de una veintena de obras, pero solo cinco han sido traducidas al castellano. Bajo la catalana editorial Anagrama se pueden encontrar sus novelas Sinceramente suyo, Shúrik; Sóniechka y Mentiras de mujeres; por Alba, se puede encontrar Daniel Stein, intérprete; y por Lumen, Los alegres funerales de Álik.

Su novela más importante es La carpa verde (2011) que no ha sido traducida al castellano, donde relata las vidas de tres adolescentes rusos durante la década de 1950: un huérfano aspirante a poeta, un fotógrafo aficionado que tiende a guardar secretos y un pianista algo sensible. Con ellos, explora el telón de fondo de una era soviética que ya no existe.

Su nombre ha sonado como candidata para el impredecible Premio Nobel de Literatura. Quizás por eso, pero quizás también porque su obra suele ser considerada como heredera de la tradición de las monumentales novelas clásicas rusas (las de Tólstoi, las de Dostoievski), en su país es considerada como una referente intelectual y moral.

Ella misma se refirió a eso en una entrevista con revista Santiago, en 2017: “Si me consideran una autoridad moral es solo porque tuve la suerte de conocer a personas ejemplares. La vida ha sido generosa conmigo. Desde joven he estado cerca de gente increíble, de un nivel moral e intelectual altísimo, y de distintos estratos sociales, desde científicos célebres hasta personas sencillas de gran calidad humana; desde disidentes, hasta mujeres sumisas entregadas a labores domésticas y al cuidado de sus hijos. Todos ellos están detrás mío. Yo, en realidad, no soy importante. No me atrevo a ofrecer una respuesta sobre por qué la gente lee mis libros en Rusia. Solo puedo decir que es algo que me alegra”.

Siempre disidente

Esa condición de referente intelectual en Rusia la ha utilizado para expresar públicamente su condición de disidente. Primero, a la administración del duro Leonid Brézhnev, cuyo régimen la expulsó del Instituto de Genética General de la Academia de Ciencias de la URSS por difundir literatura prohibida. Tras eso, se puso a escribir. No solo novelas, también guiones de cine, como Hermanas Liberty (1990) y Una mujer para todos (1991). Además, dirigió el Teatro Nacional Judío en los años previos a la caída del Muro de Berlín.

Tras el fin de la URSS, Ulítskaya se ha convertido en una declarada opositora al presidente Vladimir Putin. De hecho, desde marzo vive exiliada en Berlin por su postura contraria a la invasión rusa de Ucrania.

Como opositora a Putin, ha desarrollado una labor activista denunciado en ocasiones los intentos de imponer una “ideología cultural que, en muchos aspectos, es similar al estilo de propaganda de la era soviética”, y ha hecho público el aumento de las restricciones sobre la libertad de expresión en Rusia. Además, como cita EFE, fue firmante de cartas y comunicados para pedir mejores condiciones para el líder opositor Alexéi Navalni, o la protección de la periodista de investigación Yelena Miláshina, quienes se encuentran encarcelados.

“En 1991 hubo una oportunidad de librarnos del poder soviético y de comenzar el camino democrático. Pero la perdimos -aseguró Ulítskaya en la citada entrevista con revista Santiago-. Confiemos en que no era la última oportunidad. El ‘tercer camino’ que proponen los nuevos ideólogos, a nivel de definiciones, es flojo. No he encontrado en él nada, aparte de la retórica nacionalista sazonada con algo de mística. Tal vez no he sido capaz de comprender. Por varias razones no puedo hacer predicciones sobre el futuro de Rusia. La más importante es que hoy la situación es tan complicada, que no se puede esperar nada bueno. No obstante, vivir es increíblemente interesante. Al menos, mientras no corra la sangre”.

Por el premio, Ulítskaya se embolsó la suma de 50.000 euros (poco más de 45 millones de pesos chilenos). El galardón le será entregado en septiembre en Las Palmas de Gran Canaria.

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