Orhan Pamuk, premio Nobel de Literatura: “Es inmoral matar a los ucranianos porque no quieren pertenecer al bloque ruso”

Con una nueva novela, Las noches de la peste, donde trata una pandemia de peste bubónica en 1901, el escritor turco dio una rueda de prensa a la que asistió Culto. En ella, se refirió a cómo escribir sobre una pandemia, la acusación que le hicieron de insultar a un héroe patrio y por supuesto, la invasión rusa a Ucrania.



Cuando Orhan Pamuk abre su ventana todos los días, tiene la vista privilegiada a uno de los dos estrechos que separan la parte europea de la asiática de Turquía. “Veo el Bósforo, la vida es bella”, cuenta risueño y optimista, pese a que en su país hay tensiones políticas por la oposición al gobierno de Recep Tayyip Erdoğan, y una catástrofe muy cerca: la invasión rusa de Ucrania.

Pamuk, escritor turco ganador del Premio Nobel de Literatura en 2006, acaba de presentar su nueva novela Las noches de la peste, vía Literatura Random House, y que ya se encuentra en Chile, donde relata una pandemia de peste bubónica acontecida en el Imperio Otomano en 1901. En una rueda de prensa a la que asistió Culto, cuenta que llevaba 40 años pensando en la novela antes de escribirla, y que la próxima que publicará, la lleva pensando desde hace 35.

Años más, años menos, lo ocurrido con Ucrania en los últimos meses no deja de sorprenderlo y no duda en condenarlo. “Es inmoral matar a los ucranianos porque no quieren pertenecer al bloque ruso. Con ese pretexto, invadir un país y matar a miles de personas, como hemos visto las atrocidades en la parte norte de Kiev (Bucha)”, dice Pamuk al otro lado de la pantalla, vía Zoom.

Uno siente la culpabilidad y uno dice quiero hacer algo, pero la frustración está ahí porque no hay mucho que hacer, excepto alzar la voz, ayudar a la gente de Ucrania, o recordar a Susan Sontag quien fue a Bosnia cuando fue bombardeada por el ejército de Milosevic”, agrega el escritor.

Lo que la llama la atención a Pamuk, es el acceso a las imágenes. “Lo mas vergonzoso de esta guerra es que todo está abierto. Podemos ir a internet y ver un montón de videos, me siento culpable y me siento horrible. Ahora que la humanidad ha descubierto la comunicación publica vemos estos cuerpos de gente asesinada que yacen en la calle, no son videos editados, son videos que la gente graba. El horror está tan ceca de nosotros que no podemos evitar esta situación horrible”.

Escribiendo una pandemia

Cuenta Pamuk que esta novela la comenzó a escribir cuando el mundo aún no conocía los estragos del coronavirus. Sin embargo, el Covid-19 llegó y lo pilló en pleno tecleo. “Afectó mi sicología, porque cuando escribí esta novela, mis amigos me decían que por qué escribes sobre plagas, sobre pestes si ya no hay pandemias en nuestro mundo. Me pareció que era curioso, y ya estaba tan ocupado con mi novela cuando de repente llega un virus que afecta a toda la sociedad”, relata.

“Reduje la descripciones de la cuarentena porque pensé, ahora ya todo el mundo sabe cómo funciona una cuarentena, pero durante un momento mi mundo de escritura se convertía en un mundo publico, eso me molestó un poco y me sentí algo celoso de la realidad”, añade Pamuk.

Pese a todo, igual le encontró un lado positivo al virus. “El coronavirus ha sido una cosa horrorosa pero hay algunas ventajas, no sé si vamos a volver a las ruedas de prensa tradicionales. Espero que sigamos comunicándonos rápidamente de manera eficiente como esta”.

Para este libro, Pamuk realizó una investigación respecto al Imperio Otomano de inicios del siglo XX. “Hay dos fuentes para esta novela, las memorias de los burócratas otomanos, fueron expulsados y olvidados, por lo tanto escribieron sus memorias y yo creo que nadie las ha leído aparte de mi. Algunas memorias se publicaban en algunos periódicos, la verdad es que leí muchas memorias”.

“También leí memorias de médicos, con mucha atención. Las fuentes médicas para mi libro fueron los informes escritos por médicos británicos coloniales durante la peste en 1901, en Bombay y en Hong Kong. Habían médicos británicos que luchaban contra la peste, tal como en mi novela y la gente no los entendía, había un problema de lengua. A veces se quemaban pueblos para acabar con la peste, por lo que muchas veces estos médicos eran odiados, pero algunos de estos escribieron informes muy interesantes que enviaban a Londres, y se pueden leer en internet”.

En la novela, la narradora principal es una mujer, y Pamuk cuenta que eso no fue una decisión al azar. “A medida que me hago mayor, es una decisión ética que yo me impongo, porque quiero ver el mundo a través de los ojos de narradoras femeninas. Quiero ver esa voz femenina en mis novelas. Mi ideal es escribir una novela de 600 paginas, en primera persona del singular, y que nadie piense que ha sido escrita por mí, sino que la gente piense que ha sido escrita por una mujer”.

Otra cosa que ha caracterizado a esta pandemia, es la aparición de grupos antivacuna, los cuales, Pamuk reconoce “no entender”, aunque -según él- esa no sea la respuesta más adecuada por parte de un creador. “Siento que es mi obligación como escritor entender a todo el mundo, lo más atractivo es que intento entender, por ejemplo, a los fundamentalistas y los terroristas en mi libro Nieve (2005), esto no significa que esté de acuerdo con ellos. La capacidad humana radica en esa empatía, hay que entender a gente que no es como tú”.

“No puedo entender a estas personas que ofrecen esta resistencia, y pienso sí, sí, las vacunas están muy bien, pero de repente hablo con otro académico de la universidad, o un pariente ¡y descubro que ellos no se vacunan! Si escribo una novela de alguien que está en contra de todas las medidas, de las vacunas, la verdad es que no tendría pistas, no sabría cómo adentrarme en este tema”.

Turkish writer Orhan Pamuk poses on Bosphorus in Istanbul, Turkey on Friday 15 September 2006. ATTENTION SPECIAL FOR EFE

Escribir después del Nobel y (no) sobre Atatürk

Las primeras críticas han dicho que esta novela es lo mejor que Pamuk ha hecho en su trayectoria. ¿Cómo es escribir después de recibir el Premio Nobel de Literatura?, ¿siente que su obra es mejor después del premio? Responde rápido: “Eso es un cliché”. Y agrega: “T. S. Eliot decía que no había escrito cosas más importantes (tras el Nobel) y que se imitaba a sí mismo. Él recibió el Nobel (en 1948), y no fue una excusa para no seguir escribiendo una poesía como la escribía. Todo esto responde a un cliché. Tal vez porque recibí el Nobel cuando tenía 54 años, una edad relativamente joven, y tenía muchos planes, como esta novela”.

El Nobel no fue ningún castigo, me sentí feliz recibiendo este premio. Me hizo trabajar más y más duramente. Antes del Nobel me traducían a 46 lenguas, ahora más de 60, ¡acabo de firmar un contrato con Nepal! Me siento muy motivado por la cantidad de lectores”, añade.

Por esta novela, Pamuk ha tenido un problema con la justicia de su país, que lo acusa de haber enlodado el nombre de Mustafa Kemal, mejor conocido como Atatürk, considerado el padre de la patria de la nación turca. De hecho, se le reconoce como fundador y su primer Presidente. No elude la pregunta porque le da la opción de exponer sobre su inocencia.

“No es cierto, y no es algo que haya pretendido en algún momento. No soy el tipo de persona que haga algo y después diga que no lo he hecho. Este libro es una alegoría del crecimiento de las naciones después de la desintegración del Imperio Otomano. Bulgaria, Grecia, Turquía, Serbia, son nuevas naciones que se formaron después de la caída del imperio otomano, pero no hay ninguna conexión directa a Ataturk, al menos de manera intencionada. La fiscalía me llamó y me dijeron hay muchas quejas, y así es como funciona la ley en Turquía. Yo dije: ‘Vale, dígame usted en qué página yo me burlo o insulto a Atatürk, ¿me pueden ilustrar?’, y evidentemente no había ninguna página, ¡no podían probar absolutamente nada! No me preocupa. Mi experiencia me dice que todo esto se desvanecerá en los laberintos de la burocracia de Ankara, son acusaciones kafkianas que intento tomarme seriamente, pero tampoco quiero hablar demasiado de ello. No me quiero ofrecer como víctima, pero no hay que olvidar que forma parte de una lucha política en Turquía”.

Evidentemente, Pamuk también se refirió al gobierno de Erdoğan, en duros términos: “El gobierno de Erdoğan ha acabado la libertad de expresión. No hay libertad de expresión en Turquía. Las personas que tienen problemas no son escritores de ficción, sino periodistas valientes, muchos de ellos amigos míos, que escriben y acaban dos años en la cárcel, vuelven a escribir algo valiente, vuelven a la cárcel. Creo que no hay democracia sin libertad de expresión”.

Aunque Pamuk ve la luz al final del túnel: “Hay algo bueno, las encuestas están diciendo que la popularidad de Erdoğan está cayendo, como el dinero en Turquía, es posible que las próximas elecciones no serán claras ni justas, pero si son justas, Erdoğan cae. Créanme”.

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