Por radio, por TV y en tiendas: ¿cómo Chile siguió el Mundial de 1962?

A través de radios portátiles, y de los tres canales de la naciente televisión, los aficionados chilenos no se perdieron un minuto de la gesta deportiva. Aún no masificada la TV, la gente iba a casas de los vecinos, locales comerciales y los noticieros de los cines para ver los goles del equipo de Fernando Riera.



En Santiago, se respiraba ambiente mundialero pese al frío y la nubosidad que esa tarde del 10 de junio de 1962 recibió a los aficionados que llegaron al Estadio Nacional. Corrían los primeros 10 minutos del partido de cuartos de final entre Alemania Federal y Yugoslavia cuando un grito ensordecedor estremeció al coloso de Ñuñoa.

En la cancha del Nacional no estaba pasando mucho, pero ocurre que en Arica, donde jugaban Chile y la Unión Soviética, Leonel Sánchez había convertido el primer gol del partido. Con un brillante tiro libre batió a Lev Yashin, “la araña negra”. La gente, en su mayoría, se encontraba siguiendo el partido a través de radios portátiles a transistores.

“Había mucha radio portátil, pequeñas, a pilas, mucha gente las llevaba al estadio para escuchar el relato del partido. Como era un Mundial, se incorporó mucha gente que nunca había visto fútbol, entonces, era bueno tener el relato en el oído para identificar a los jugadores”, recuerda al teléfono con Culto el conductor y locutor Patricio Bañados. “Los futbolistas eran verdaderos ídolos, a las mujeres les gustaba mucho Alberto Fouillioux, porque era como Alain Delon, o también identificaban a jugadores argentinos o italianos”.

La radio era uno de los medios de comunicación masivos de la época y para el campeonato tuvo gran importancia. Sus animadores y voces eran verdaderas estrellas.

Los relatores más populares eran Hernán Solís (de Nuevo Mundo, sin relación con el PC en esos años), y Julio Martínez, quien inmortalizó su grito de “¡Justicia divina!” a través de los micrófonos de Radio Agricultura (algo así como Pedro Carcuro años más tarde con su “Paaaatriiicio Yaañez” o su “¡me pongo de pie!”). Su compañero, Raúl Prado, también era un importante relator, de hecho, suya fue la voz que llevó el gol de Eladio Rojas para el tercer lugar. Esos efervescentes relatos quedaron inmortalizados en LPs que hoy se disputan los coleccionistas como santas reliquias.

Gracias a ellos, por ejemplo, la gente pudo festejar el zapatazo de Leonel Sánchez con que batió a Lev Yashin, en el partido de Arica. ¿Por qué? “De ese partido en Arica no hubo transmisión televisiva -recuerda Bañados-. Solo las radios lo transmitieron”.

A la pantalla chica

En rigor, en Chile ya se conocía la televisión. Había llegado en 1959, aunque en una primera etapa tenía un cariz más experimental y educativo, puesto que los canales eran administrados por universidades. Fundamentalmente, eran tres: Canal 13, de la Pontificia Universidad Católica; Canal 9, de la Universidad de Chile; y en Valparaíso se encontraba el canal 8, de la Universidad Católica de Valparaíso.

Fue con las transmisiones del Mundial que la televisión comenzó a meterse en la cotidianeidad de la gente. Tanto fue así que, a fines del año, según se indica en el libro Historia de la TV en Chile, de María de la Luz Hurtado (Ediciones Documentas, 1989), el parque de televisores en los hogares chilenos había crecido exponencialmente.

“En el plano de la recepción, las presiones de los eventuales consumidores, como de los empresarios productores o comercializadores de aparatos de televisión, tuvieron por consecuencia el aumento del parque de televisores existentes en Santiago y Valparaiso. Justamente ese año empieza a operar la industria productora de televisores en Chile (Motorola, subsidiaria de la RCA) iniciándose con una entrega de tres mil aparatos al mercado. Esto, unido a la relativa flexibilización de la importación, redundó en que a fines de 1962 ya existían 20 mil receptores (cuatro veces más que en 1959)”.

Por entonces, Patricio Bañados trabajaba en Canal 9, y fue parte de las transmisiones del Mundial. “Se había importado un equipo móvil, que llegó un poco antes del Mundial. La primera transmisión que se hizo fue el mensaje del 21 de mayo del Presidente Jorge Alessandri, que fue la primera vez que se transmitió”, recuerda el exconductor de El Mirador.

“El equipo móvil era un camión con tres cámaras, que no tenían zoom. Las del canal 13 sí tenían zoom. Las distribuíamos así: una arriba en la tribuna bajo marquesina del Estadio Nacional, otra para detalles en la cancha, y otra con la que trabajaba yo, que antes del partido presentaba y en el entretiempo y al final entrevistaba a la gente”, añade Bañados.

Te espero en la plaza

Los partidos, a las 15.00 horas los de la primera fase, y a las 14.30 de cuartos de final en adelante, eran transmitidos en directo por los canales nacionales. Como no todo el mundo tenía un televisor en casa había que ingeniárselas.

“Había mucho televisor en lugares públicos. Por ejemplo, las tiendas ponían un televisor en sus vitrinas y la gente llegaba. No es que el Estado pusiera televisores en las calles. Lo otro, era que al ‘pobre’ que tenía televisor en un barrio, se le llenaba el living con los vecinos a ver el partido”, recuerda Bañados.

Por su parte, el periodista de deportes Luis Urrutia O’Nell, Chomsky, recuerda haber visto el Mundial en su natal Rancagua. “En la Plaza de los Héroes, en Rancagua, vi los partidos contra Brasil y Yugoslavia en un negocio en un segundo piso. El público se agolpó, y cuando se producía un gol de Chile la gente arrojaba los cojines de plástico al aire. Después no siempre recogían el propio”.

Los partidos no se transmitían en los cines, según recuerda O’Nell. “Lo que daban en los cines eran dos noticieros, uno de Emelco, y otro llamado El mundo al instante. Duraban un minuto máximo, muy fugaz. Ahí pasaban los goles”. Patricio Bañados recuerda lo mismo. “No se transmitió el Mundial en los cines, solo venían los goles en los noticiarios que se daban antes de las películas”.

Patricio Bañados añade que las transmisiones de los partidos, quizás influenciadas por la procedencia universitaria de las canales, eran muy distintas a las de hoy. “En Canal 9, uno de los relatores era Hugo Tassara, quien había sido entrenador. La TV tendía a ser muy didáctica, el trabajo de los relatores era más de explicar que de narrar. ‘El jugador está reteniendo la pelota porque está esperando que el puntero se desplace’, por ejemplo”.

Con todo, para Bañados, el Mundial del 62 fue una verdadera fiesta nacional. “Se hablaba nada más que de eso, con gran ira de la gente más intelectual, porque decían que el Mundial no tenía mucha importancia, pero que era muy entretenido”.

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