Los Tres de West Memphis: el brutal caso que inspiró la creación de Eddie Munson, el nuevo personaje de Stranger Things 4

Eddie Munson, personaje de Stranger Things 4 protagonizado por Joseph Quinn. Fotograma de la serie

Eddie Munson, personaje de Stranger Things 4 protagonizado por Joseph Quinn. Fotograma de la serie

La cuarta temporada de la serie ambientada en los 80 tiene múltiples referencias a la cultura pop, mientras que en su contexto histórico también versan varios guiños a la realidad norteamericana de la época. Entre ellos, destaca un hecho policial en particular que influyó en la creación del personaje encarnado por Joseph Quinn: el crimen irresuelto de tres niños presuntamente asesinados por una secta satánica que mantuvo al joven Damien Echols preso y esperando su ejecución por casi dos décadas, sólo por vestir de negro, escuchar heavy metal y ser visto como un desadaptado entre sus pares.



Más de mil días de espera no fueron impedimento para que Stranger Things reafirmara rápidamente su condición de ser uno de los títulos originales más populares de Netflix. Es más, bastaron sólo tres jornadas para que el primer volumen de su temporada 4 pasara los 200 millones de horas vistas, superando el récord conseguido hace unas cuantas semanas por el drama británico Bridgerton.

El ansiado retorno de la serie dirigida por los hermanos Matt y Ross Duffer trae bastantes elementos nuevos para la trama. Ahora, la historia no sólo transcurre en Hawkins, el pueblito estadounidense donde han sucedido las “cosas extrañas” por tres temporadas, sino que también hay una parte importante del argumento que tiene lugar en California y Rusia.

Además, varios misterios que se arrastran desde las temporadas anteriores serán abordados y resueltos a lo largo de esta entrega, mientras que los asesinatos están asociados a un nuevo monstruo que, aparentemente, tiene un modus operandi que los jóvenes protagonistas no habían visto antes. Pero hay un personaje en particular el que despertó la curiosidad de los espectadores, y cuya creación tiene un trasfondo bastante peculiar.

Se trata de Eddie Munson, un adolescente repitente, metalero, freak y traficante de drogas que lidera el Hellfire Club -una suerte de fraternidad escolar donde Dustin y Mike practican el juego de roles popularmente conocido como Calabozos y Dragones- y que es acusado de ser el responsable del primer asesinato registrado en esta fase de la serie.

Al igual que el resto de miembros que componen el club, Munson es reconocido en el pueblo como un inadaptado. Y aunque fue el último en ver a la joven asesinada con vida, las sospechas que caen sobre él tienen mucho más que ver con sus características personales y su rol en el club de Calabozos y Dragones (considerado como un juego “satánico” no sólo en la serie, sino también por varias personas de la época).

Es aquí donde su historia comienza a enlazarse con la de Damien Echols, un joven que en 1993 fue señalado como uno de los responsables del violento asesinato de tres niños en la ciudad de West Memphis, Arkansas, sólo por vestir de negro, escuchar heavy metal y ser visto como un desadaptado entre sus pares, y cuyo caso contó con múltiples irregularidades judiciales.

Los tres de West Memphis

El 6 de mayo de 1993, a eso de las 13:45 horas, los cuerpos de Stevie Branch, Michael Moore y Christopher Byers eran encontrados en un canal de West Memphis, Arkansas. Estaban desnudos y sus manos se encontraban atadas a sus pies por la espalda con los cordones de sus zapatos. Uno de ellos presentaba varias laceraciones, pero lo que más llamó la atención de la policía fue que su zona genital había sido mutilada.

Los tres niños tenían ocho años y habían sido reportados como desaparecidos en la tarde del día anterior, aunque en ese momento no se efectuaron mayores diligencias en lo que respecta a la búsqueda, concretando sólo un recorrido gestionado por los vecinos del sector que contó con una revisión superficial del lugar donde luego fueron hallados los cadáveres.

Algunos vecinos atestiguaron a la policía que la última vez que los habían visto con vida estaban juntos, jugando en unas colinas, sólo unos minutos antes de que el padrastro de Branch los llamara inútilmente para que retornaran a sus casas.

Y aunque las lesiones genitales y una muestra de semen encontrada en el pantalón de uno de los menores daban a entender que se trataba de un caso de violación, la autopsia descartó que los niños hubiesen sido víctimas de abuso sexual antes de morir. Así, la nueva teoría de los policías cobraba mucha más fuerza: se trataba, en definitiva, de una suerte de sacrificio humano, llevado a cabo en el marco de algún ritual satanista.

Los ojos se volcaron rápidamente en Damein Echols, un joven de 18 años de padres divorciados, reconocido en la comunidad por tener gustos “oscuros” –escuchar heavy metal y leer libros de Stephen King– y ser bastante problemático. Tampoco era un rostro nuevo para la policía o los servicios sociales, pues ya había sido arrestado varias veces por cometer una serie de delitos menores.

Damien Echols durante la sentencia tras ser declarado culpable de asesinato, Jonesboro, Arkansas, 19 de marzo de 1994. Fotografía de Zuma / Alamy Stock Photo
Damien Echols durante la sentencia tras ser declarado culpable de asesinato, Jonesboro, Arkansas, 19 de marzo de 1994. Fotografía de Zuma / Alamy Stock Photo

A pesar de no existir evidencias concretas de su participación, Echols y dos de sus amigos, Jason Baldwin y Jessie Misskelley, fueron interrogados y tratados sospechosos en un procedimiento que tuvo bastantes irregularidades.

En 1994, los tres fueron declararon culpables de triple homicidio en base al testimonio de Missskelley, que, pese a estar lleno de contradicciones, asumía haber estado presente en el bosque el día que sus compañeros cometieron el crimen, aunque luego se alegó que la confesión del joven había sido conseguida a través de coerción. También se presentó el testimonio de una joven que aseguró haber escuchado a Echols confesar el asesinato en una de las reuniones de la religión pagana Wicca varias semanas después del homicidio.

Memorial en honor a Stevie Branch, Michael Moore y Christopher Byers. Fotografía de Thomas R Machnitzki (thomasmachnitzki.com)
Memorial en honor a Stevie Branch, Michael Moore y Christopher Byers. Fotografía de Thomas R Machnitzki (thomasmachnitzki.com)

Así, y sin pruebas contundentes que acreditaran su participación efectiva en los hechos, los tres fueron condenados a penas altísimas: mientras que Baldwin y Misskelley recibieron la sentencia de cadena perpetua, Echols fue sindicado como el autor intelectual del crimen y condenado nada menos que a la pena de muerte. Una resolución que estuvo llena de suposiciones y conclusiones basadas en juicios de valor, y que mantuvo a tres jóvenes inocentes en la cárcel por 18 años.

Las cosas comenzaron a agilizarse en julio del 2007, cuando se presentó nueva evidencia forense para el caso. Ese mismo año, la defensa de los imputados confeccionó un informe con ayuda del Estado donde se descartaba que el material genético encontrado en la escena del crimen fuera atribuible a los acusados. Así, la Corte Suprema falló a favor de los jóvenes, que quedaron en libertad absoluta el 2013.

Paradise Lost, un documental de HBO con sonido de Metallica

En 1996, el canal HBO estrenaba Paradise Lost: The Child Murders at Robin Hood Hills, el primero de tres documentales que abordaron de manera minuciosa todos los detalles que subyacían al caso (disponible en Youtube).

Allí, los directores Joe Berlinger y Bruce Sinofsky reconstruyen los hechos a partir del arresto de los jóvenes, tomando como eje central de la historia los juicios que se llevaron en su contra. El largometraje contó con la grabación integral del proceso, e incluyó una serie de entrevistas realizadas a miembros de la policía, los abogados del caso y la familia de las víctimas y los acusados.

La primera parte deja clara la postura de ambos lados: mientras que la policía y los familiares de los niños muertos se muestran convencidos de que los imputados son los únicos culpables, los padres de los jóvenes siempre creyeron en la inocencia de sus hijos.

El segundo documental, titulado Paradise Lost 2: Revelations, se centra en la apelación realizada por Echols en contra de la sentencia que lo condenó a la pena capital, alegando que sus abogados de ese entonces no habían sido lo suficientemente diligentes como para brindarle una defensa justa.

La tercera y última parte, bautizada como Paradise Lost 3: Purgatory, termina por narrar la historia de los tres jóvenes imputados, mostrando las nuevas pruebas que surgieron en el camino y las repercusiones que el caso obtuvo en la opinión pública, finalizando con Baldwin, Misskelley y Echols siendo liberados de sus condenas.

Poster de Paradise Lost, documental de HBO
Poster de Paradise Lost, documental de HBO

Sin embargo, la trilogía documental hizo mucho más que masificar el alcance del caso. A lo largo de sus grabaciones, las conjeturas realizadas en el contexto de su producción llevaron a que la justicia considerara a dos nuevos sospechosos: Terry Hobs, padrastro de uno de los niños asesinados que tenía antecedentes de violencia doméstica, que cambió varias veces su coartada y cuyo ADN fue encontrado en la escena del crimen a través de un cabello; y John Mark Byers, también padrastro de otra de las víctimas, que además de cambiar su actitud a lo largo del filme (llegando a aceptar que los condenados eran inocentes), le obsequió un objeto bastante peculiar a los directores.

El regalo era una navaja, que los documentalistas sometieron a exámenes para descartar cualquier anomalía. En el estudio se encontraron rastros de sangre, por lo que decidieron entregárselo a la policía para que pudiera profundizar el análisis. Aunque los resultados arrojaron similitudes con el ADN del hombre y su hijo, no fue posible determinar a cuál de los dos correspondía, por lo que no pudo ser utilizada como una prueba consistente en el juicio.

Otro de los elementos que destacaron en la producción de los documentales fue la utilización de canciones de Metallica, siendo esta la primera vez que la banda autorizaba el uso de su música para algún proyecto audiovisual. Esto contribuyó a que el largometraje tuviera aún más visibilidad pública.

Cabe destacar que, en 2011, la serie –representada por su tercera y última entrega– fue nominada a los Oscar, en la categoría a Mejor documental largo, reconociéndose así la labor que sus creadores llevaron a cabo por 15 años, registrando y acompañando a los tres jóvenes inocentes en todo el proceso por esclarecer su nula vinculación a los crímenes.

El crimen también ha inspirado obras de ficción, entre ellos, un capítulo de tercera temporada de la serie True detective y la película El nudo del diablo, del director Atom Egoyan.

De Johnny Depp a Eddie Vedder: los apoyos públicos para los tres de West Memphis

A pesar de que el resultado judicial fue desfavorable para los jóvenes, las evidentes irregularidades del proceso difundidas por la trilogía de Paradise Lost hicieron que varias voces de la sociedad civil se volcaran en apoyo a los “tres de West Memphis”.

Uno de los mayores gestores para la causa fue el actor, comediante y músico Henry Rollins, que trabajó junto a varios artistas en Rise Above: 24 Black Flag Songs to Benefit the West Memphis Three, un disco que reunió varias versiones del tema Rise above de la banda punk Black Flag y cuyas ganancias fueron donadas a los tres imputados.

Jhonny Depp y  Damein Echols. Fotografía de Theo Wargo/Getty Images
Jhonny Depp y Damein Echols. Fotografía de Theo Wargo/Getty Images

Pero las celebridades que más destacaron en su apoyo fueron el actor Johnny Depp y el vocalista de Pearl Jam, Eddie Vadder, quienes abogaron públicamente por la inocencia de los jóvenes de forma constante. Este último incluso acudió al tribunal, donde se sentó junto a la esposa de Echols, y abrazó al joven una vez que fue liberado de la cárcel.

Vadder y Echols se mantuvieron en contacto después de la resolución del caso, y el 2006 coescribieron la letra de Army Reserve, una de las canciones incluidas en el disco homónimo de Pearl Jam.

Otro músico que también colaboró con el joven fue Michale Graves, ex vocalista de Misfits, quien lo invitó a participar en la escritura y ejecución de coros en su tercer álbum en solitario, titulado Illusions y en el que figuran ambos como autores.

Durante su estadía en el corredor de la muerte de la cárcel –donde inicialmente esperaba la orden para recibir la inyección letal–, Echols se volcó a los estudios sobre el budismo y la magia ceremonial. En ese tiempo también escribió su autobiografía, titulada Almost home y publicada el 2005. Al salir de la cárcel siguió trabajando en la escritura de libros, en los que plasmó su experiencia siendo un inocente en prisión.

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