Culto

El adiós del bar El Clan tras 25 años: un sticker inamovible de la música chilena

El recinto de Bellavista anunció su cierre por distintos factores, dejando atrás una historia que lo convirtió en vitrina de figuras de la música local, como Gepe, Javiera Mena, Camila Moreno, Cristóbal Briceño, Ana Tijoux y Pedropiedra. Carolina Caselli, dueña del bar, cuenta la historia del icónico club; su transito por las fiestas ilegales, sus años dorados y las dificultades que precipitaron el adiós.

El adiós del bar El Clan tras 25 años: un sticker inamovible de la música chilena @PerezBozo

Carolina Caselli, dueña de Bar El Clan, toma unos segundos en silencio para mirar una ventana tapada de stickers de músicos. Los espejos de los baños, la puerta de la entrada, las paredes del camerino, siempre hay calcomanías. Cada una de ellas es el recuerdo de un artista que ha hecho un concierto en el recinto. No sabe cuántos son en total.

“No he sacado la cuenta, imagínate que estoy desde el 2004 con bandas y antes había de martes a sábado. Hay días que tocaban dos bandas”, cuenta. El 30 de diciembre de 2025, la propietaria anunció el cierre del icónico local de Bellavista, por donde han pasado cientos de nombres de la música local e internacional, un ineludible de la escena capitalina.

La historia del Clan comienza hace 25 años, fuera de Bellavista, en un departamento cercano a Plaza Italia. Caselli se había unido a la producción de una fiesta clandestina con su pareja de ese momento, Mauricio Araya. Los eventos empezaban a la medianoche y terminaban a las 9 de la mañana, lo que sirvió para que se popularizaran entre las personas que salían de trabajar en locales nocturnos cercanos.

En el clandestino, los DJs ponían música electrónica, contemporánea y de los años 80. “Se empezó a correr la voz de que este lugar estaba cool porque en ese momento no habían clandestinos, así como clandestinos con onda”, rememora Caselli. A los eventos podían llegar hasta 100 asistentes, entre los que estaban actores, literatos y músicos. La producción solo necesitaba tres personas; una en la puerta, una sirviendo tragos y una recorriendo el lugar.

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La bonanza no duró mucho tiempo, ya que en enero de 2001 fueron allanados por la policía. Se llevaron los tragos y los muebles. El grupo restableció las fiestas en un restaurante de la calle Bombero Núñez, pero no se sintieron cómodos y volvieron a buscar otro lugar. En una casa de Matta Oriente se instalaron durante algún tiempo. Después, en 2003, se trasladaron a Manuel Montt, donde Carabineros realizó una redada y Caselli tuvo que pagar una multa de 700 mil pesos.

Por consejo de su padre, Caselli decidió legalizar el negocio. Así empezaron a arrendar el local de Bombero Núñez 363 en Bellavista, que fue hogar de Bar El Clan por más de 20 años.

Años dorados

Carolina Caselli se sienta en uno de los sillones del patio de Bar El Clan. Hay una barra, asientos con grietas en su cobertura, un tapete decorativo en un muro, un estante en forma de ojo y plantas en maceteros que adornan las paredes y el suelo. La dueña comenta que las fiestas continuaron esta vez de manera legal en 2003 con ayuda de su padre y Araya, con quien ya no era pareja.

Un año después de su llegada al sector de Recoleta, la dueña se dio cuenta de que sus amigos artistas podían ser el show principal de la noche. Así, comenzaron las tocatas en el local.

Para Caselli, El Clan ayudó tanto al desarrollo profesional de muchos artistas como al suyo. “Explicarle a las bandas que me tienen que entregar un dossier, cachai. Como que yo no decía la palabra dossier, pero yo les pedía: ‘mira, dame un documento donde tengas tus link, material, nombre de la banda, todo para que yo sepa de qué se trata, pero también para que cuando te presente y escriba algo de ti en el fondo tenga de dónde sacar material’”, explica.

La propietaria del bar enlista una serie de artistas que han pasado por El Clan y después tocaron la fama: Gepe, Camila Moreno, Javiera Mena, Pedropiedra. “Siento que soy parte de lo que se formó de esta ahora industria musical que existe”, enfatiza.

Felipe Rodríguez, periodista dedicado a la cobertura de música hace más de dos décadas, comenta que Bar El Clan se popularizó porque, en 2008, no había espacio para que artistas se dieran a conocer al público. “Se fueron formando en un epicentro musical y cultural de la zona céntrica de Santiago (...) Después, el local prácticamente todos los fines de semana tenía artistas y eso hizo que siempre tuvieran una concurrencia permanente y sostenida”, detalla.

Cercanía del Clan

Cuando se entra a Bar El Clan y pasa a la sala principal, lo más notorio es el mural del escenario. Un círculo en blanco, para las proyecciones de las bandas, rodeado de volcanes y araucarias.

La pintura se extiende por el contorno de la pista y representa los distintos paisajes de Chile. La obra, con firma de Paula Garrido, está diseñada para que sea iluminada con luces ultravioleta y que, con lentes 3D, el dibujo salga de la pared. Las tablas de los artistas solo tienen un escalón de altura y no hay valla que los separe del público.

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Sebastián González, sonidista del bar, destaca que este aspecto fue uno de los fuertes del recinto: la cercanía del artista y la gente. “Están a un metro del escenario, están lo más cerca posible de sus ídolos, digamos. Y muchos músicos han dicho también lo mismo, que pasa al revés, a diferencia de otros escenarios que están alejados del público. Sienten una conexión distinta de estar tan cerca del público”, enfatiza.

Macarena Campos, conocida como Masquemusica, es una de las artistas más fieles del Clan, pero inicialmente llegó como espectadora. Desde su punto de vista, el bar permitía una experiencia enriquecedora. “Ir de público también es super bacán. Estar cerca de los artistas, ver cómo trabajan. Ese contacto íntimo creo que es súper importante”, expresa.

Felipe Rodríguez también destaca que Bar El Clan era un lugar donde se juntaban artistas de distintos géneros musicales. “Era como un centro donde tú, semana a semana, podías ver distintas corrientes estilísticas”, detalla.

En el 2006, momento que Bar El Clan fue más solicitado, alcanzaban a tener 250 personas por noche y, en 2007, Caselli compró el local. La dueña cuenta que los diez años siguientes tuvieron números fueron similares hasta la llegada del estallido social y, posteriormente, la pandemia.

Jaime Valenzuela

Estocada final

En 2019, el estallido social tuvo como eje el sector de Plaza Italia. Caselli explica que los conflictos de las movilizaciones llegaban al barrio icónico de Recoleta. “Toda esta zona de Bellavista se transformó en el patio del estallido, cachai. Entonces llegaba la gente escapando de las bombas lacrimógenas, habían barricadas. Entonces la gente no quería venir”, cuenta.

El año siguiente no fue mejor para El Clan. La llegada de la pandemia obligó a los locales a poner el pestillo en las puertas de los centros nocturnos. Esto fue una estocada al bar, que tuvo que cerrar por dos años y medio. Caselli manifiesta que “no fue como que nos dio un respiro, sino que fue una cosa tras otra”.

El 21 de julio 2022, Bar El Clan abrió nuevamente sus puertas para el público, las tocatas y las bandas. Sin embargo, el recibimiento no fue el esperado. Caselli señala que las personas han dejado de visitar el sector. “La gente cambió su estilo de vida. (...) La pandemia fomentó eso, como el carretear en casa o lugares abiertos o en lugares como que no sea discos”, argumenta.

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La dueña del local comenta que también se ha vuelto más difícil convocar personas por la seguridad del sector. “Esta calle es mucho más tranquila que Bellavista. Entonces, en ese sentido, aquí propiamente como que no pasa mucho, pero sí en el barrio, entonces la gente le tiene temor al barrio”, expresa.

Decisiones personales

En la pandemia, el padre de Caselli tuvo un accidente cerebrovascular. La propietaria cuenta que él era un pilar fundamental en el trabajo del Clan, ya que se encargaba del funcionamiento del bar y las compras del local. Además, Araya había dejado la organización en el 2012. “Cuando volví a abrir después de la pandemia, ya no estaba con él y estaba a cargo yo sola. Para mí eso fue lo más difícil, como estar a cargo de todo”, exterioriza.

Además, la dueña también expresa que quiere optar por un estilo de vida más sano a sus 49 años. “La noche es difícil como estás obligado siempre a trasnochar. Puede que falte unos días, pero finalmente igual voy a venir en la semana”, expresa.

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El cantante y compositor Cristóbal Briceño, quien ha tocado 23 veces en el bar, ha sido testigo del trabajo en el Clan desde hace 13 años. El músico destaca el esfuerzo e identidad del Clan. “Un boliche que, sin forzarlo, tenía vida propia. Y cero problema, el personal siempre trabajaba con buena disposición, lo que es una rareza en el ambiente”, manifiesta.

Pablo Morales, integrante de Banda Conmoción, expresa que el cierre de Bar El Clan deja un vacío en la escena independiente. “Un espacio auténtico, sin concesiones, donde las bandas podían nacer y crecer. Su cierre es un llamado a preservar esa memoria y a luchar por nuevos espacios donde viva el mismo espíritu de comunidad y riesgo creativo”, manifiesta.

Ciclo de Cierre

El 30 de diciembre de 2025, Bar El Clan anunció su término tras 25 años de historia. En una publicación de Instagram informaron a sus seguidores del inicio de “Chao Clan”, el ciclo de conciertos de despedida. “No es un adiós inmediato, pero sí el comienzo del cierre de una etapa que marcó a generaciones completas de la noche santiaguina”, enuncia la descripción.

El ciclo contará con conciertos, cada semana, de los artistas más significativos y queridos por el Clan. Además, tendrán fiestas con DJ después de las tocatas. Caselli decidió hacer un ciclo de cierre, en vez de un evento puntual, para poder darle un espectáculo a los distintos públicos que ha tenido el bar.

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El primer músico fue Cristóbal Briceño el viernes 2 de enero y las entradas se agotaron en 24 horas. El músico, quien ha sido recurrente en el Clan desde 2013, tocó desde las diez de la noche hasta las dos de la mañana. “Fue muy emotivo y quise hacerlo especial”, expresa.

La agrupación que se presentaba el último viernes 9 de enero es Banda Conmoción. El colectivo de 14 músicos comenzaron a tocar en Bar El Clan en 2005 y se han presentado más de 30 veces. El miembro del grupo, Pablo Morales, señala que ser parte del cierre es un honor y a la vez un golpe emocional. “Es devolver, en un último abrazo, toda la energía que recibimos de ese escenario y de su gente” manifiesta.

También está confirmada la participación de Masquemusica para la noche del 16 de enero. La fidelidad por el local es evidente. Además de ser parte del cierre del Clan, será la celebración de su cumpleaños. “Tuve una relación muy bonita con el Clan, como que, ellos querían tenerme. Fueron los primeros en decir: ‘oye, ella está haciendo música, que venga, que haga su primer concierto’”, declara.

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Otros artistas confirmados para el ciclo son Banda Volante, Gonzalo Yañez, Bandalizaron a Chopenz, Bizarra y Newen Afrobeat. También habrá un evento de C.A.B.A Rockfest y Portal Astral. El ciclo terminará el 19 de febrero con la presentación de Matiah Chinaski.

Carolina Caselli no descarta una nueva apertura en el futuro si consigue un equipo que la apoye. Hasta el momento, la decisión es que, después del ciclo de despedida, en la puerta del local no se pegará ningún sticker más.

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