Maite Alberdi y su filme sobre un embarazo fingido: “Este es mi documental más radical”
Un Hijo Propio se titula el nuevo largometraje de la directora nominada a los Oscar, que acaba de debutar en el Festival de Berlín. Con actores recreando la historia y con entrevistas a sus protagonistas, narra el caso de una mujer mexicana que toma una difícil decisión ante las presiones de su familia. “La estructura de la película representa muy bien lo que me fue pasando”, indica en diálogo con Culto.
Maite Alberdi reconoce que se ha internado en nuevas búsquedas. Tras La memoria infinita (2023), el documental que le reportó su segunda nominación a los Oscar, la directora chilena continuó su carrera con su primer largometraje de ficción (El lugar de la otra) y con dos series de no ficción (Libre de reír y La vida es sueño, codirigida con Cristián Leighton).
Fue justamente haciendo la primera de ellas –ambientada en una cárcel de México– que conoció a la protagonista de su trabajo más reciente, Un hijo propio. Reconoce, eso sí, que en un inicio le costó creer que su testimonio fuera verdad.
Alejandra, una mujer con varias pérdidas, decide fingir un embarazo ante las presiones de su marido y su entorno. La mentira adquiere otra capa cuando en el hospital en el que trabaja se encuentra con una chica que espera un niño que desea adoptar o regalar y ambas llegan a un supuesto acuerdo: que se lo entregará en el momento en que nazca.
“Me empezó a contar su historia un día almorzando (en el penal de Santa Martha). Inmediatamente me llamó la atención y me di cuenta que había una película ahí”, explica a Culto en los días previos al estreno mundial de la cinta en el Festival de Berlín, donde se proyectó por primera vez el pasado sábado 14 de febrero, con la presencia de la realizadora, productores y representantes de Netflix.
Un hijo propio no se parece a nada que Alberdi haya dirigido antes. El filme comienza con un casting en el que se selecciona a la actriz que interpretará a Alejandra. A partir de ahí, y sin entregar mayores aclaraciones sobre el formato escogido, se presenta su boda en el año 2000, sus experiencias intentando ser madre y no lográndolo, y la insistencia de su familia.
Luego, cuando la narración alcanza su clímax, conocemos a los verdaderos protagonistas de la historia. Ese segundo segmento permite acceder a nuevos matices del caso y confirmar que la primera parte –cargada al rosado, como un cuento de hadas– corresponde a la representación de un punto de vista particular.
Alberdi, una cineasta que siempre ha ambientado sus documentales en el presente –salvo las visitas al pasado otorgadas por el material de archivo de Una memoria infinita– admite que tuvo que resolver una encrucijada al momento de zambullirse en un episodio real que había ocurrido 13 años atrás. Aunque el resultado es diferente, piensa que el desafío no fue tan distinto al que supuso El lugar de la otra, donde –con actores y una impecable recreación de época– reconstruyó una historia cuyos protagonistas ya estaban muertos.
“Primero me sentí frustrada”, señala sobre el origen de Un hijo propio, pero luego, asegura, “fue un buen desafío estético pensar en nuevos recursos para contar el pasado. Me encanta eso del documental, la maravilla de poder mezclar y cruzar de todo (...) Efectivamente tiene que ver con nuevas exploraciones que creo que siempre están en función de cuál es la mejor manera de contar a este personaje. En este caso era imposible sin irse a esa situación extrema que había vivido hace 15 años”.
-¿Siente que esta su película más híbrida, donde se tomó más libertades para jugar entre la ficción y la no ficción?
Sí, de todas maneras. Yo te diría que es mi documental más radical y que me tuvo más desafiada estéticamente en pensar nuevas formas. Me complica la palabra híbrido, porque el híbrido implica que hay ficción mediante. Yo siento que hay ficción estéticamente, pero que lo que se está contando en esa ficción es el testimonio y el punto de vista de un personaje... Que podríamos decir que igual es una ficción, porque es un punto de vista totalmente subjetivo, que después se va desarmando. No sé si se va desarmando, pero se van escuchando otras voces, y la mejor manera para ese punto de vista subjetivo era la ficción, pero siempre desde una verdad y una realidad. Pero sí, quizás es mi documental que tiene más exploraciones nuevas y más cruce de formatos.
-Alejandra es un personaje más incómodo que los protagonistas de sus otros documentales. ¿De qué modo eso le permitió abrirse a otro tipo de exploraciones?
No lo había pensado desde ahí. Yo diría que, más que la incomodidad, es una protagonista que tiene más contradicciones, que tiene más complejidades al momento de abordarla. Creo que yo también viví un viaje de irme parando en distintos lugares en mi relación con ella. Igual siempre desde la empatía, porque yo te diría que mi momento inicial de conexión con ella fue igual al de todas mis personajes. La escuché y no podía creer que una mujer llegara a fingir un embarazo. Inmediatamente conecté con la presión que le había llegado. Fue un viaje siempre desde ahí, pero donde también fui modificando mi opinión al escuchar otras voces, y la fui mirando desde distintos lugares. Creo que la estructura de la película representa muy bien lo que a mí me fue pasando en mi mirada, en los prejuicios que me tuve que sacudir, en los juicios que fui emitiendo y que después me tuve que sacudir. Al final creo que invita a eso, a una mirada sin juicios, que también fue parte de mi proceso de realización.
-¿Durante este proceso creativo se hizo preguntas en torno a la distancia o cercanía que debía mantener con esta protagonista y el riesgo de caer en la condescendencia con ella?
Yo creo que para mí es imposible entender un protagonista documental –con todas las complejidades que pueda tener y, como dices tú, lo que te pueda generar– sin tener una relación muy cercana. Se me hace difícil pensar en la distancia. Creo que con Alejandra a lo largo de los años, desde 2022, ha sido un trabajo de mucho diálogo, de mucha transparencia de qué me ha ido pasando a mí. Ayer vi la película con ella y le expliqué muy transparentemente mi proceso y qué me había pasado al escuchar las otras voces. Fui muy honesta en ese tránsito y dónde he estado parada y dónde he estado parada con ella misma. Entonces, con todas las complejidades que puede implicar, para mí es imposible trabajar con un personaje documental sin esa cercanía y sin esa transparencia; el diálogo por los dos lados, de cómo se va sintiendo ella, cómo me estoy sintiendo yo. En ese sentido, es un trabajo conjunto y cuando la tengo que enfrentar, la enfrento. Es una relación de largo aliento que pasa por muchas etapas y que es difícil trabajar desde la distancia. Creo que la distancia te haría ser condescendiente, pero con la cercanía es difícil.
-¿Ha pensado en cómo será recepción en México? Considerando sobre todo las libertades que se toma y la audacia que hay detrás de la realización misma.
Hemos hecho varios visionarios en México y me he quedado muy contenta y muy tranquila, porque creo que es una película que se entiende muy bien y con la que la gente conecta. El diálogo no va hacia lo que sucedió, ni hacia el hecho específico, ni a la condena del personaje, sino que mucho más hacia las preguntas sobre la presión social por la maternidad, lo sola que ella estaba. Y cómo un sistema falló; lo dice muy bien la jueza en la película: acá somos todos responsables de lo que pasó. Es un sistema que no le dio salud mental a una mujer que había perdido una guagua. En Chile pasa mucho y lo he leído mucho a partir de eso: mujeres perdían hijos y las ponían en la misma habitación que mujeres que acababan de parir. En ese paso traumático nadie la vio (a Alejandra), su familia no la vio, un doctor no se dio cuenta... Está lleno de cosas que se podrían haber evitado. Socialmente siento que también uno tiene una deuda con ella, y creo que se ha ido leyendo muy bien desde ahí, y desde mirar desde otro lugar. Siento que han estado muy agradecidos de eso, de tener la oportunidad de mirar el caso con el contexto.
Maite Alberdi ha agregado nuevos insumos a su caja de herramientas. Pero hay cosas que se mantienen inalterables. ¿Un ejemplo? Su reticencia a hablar de sus siguientes pasos con proyectos que tienen un largo período de cocción. “Está la segunda temporada de la serie con Cristián (Leighton) y tengo muchos proyectos en desarrollo en distintos lugares, en Chile y afuera”, indica.
¿Y cuándo se podrá ver Un hijo propio? Netflix anunciará su fecha de estreno próximamente, pero será dentro de 2026.
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