Mikel Santiago: “El true crime y la ficción negra son redentores, son terapias”
De paso por Chile para presentar su nueva novela, La chica del lago, el referente del thriller español analiza el fenómeno del true crime y la reciente polémica local por la serie sobre el Caso Matute Johns. En esta conversación, el autor reflexiona sobre el "vértigo" del éxito, la delgada línea entre la realidad y la ficción, y cómo los paisajes de Euskadi —que vincula con la mitología de Chiloé— se convierten en el escenario perfecto para domesticar nuestros miedos a través del género negro.
Frente a nosotros, Mikel Santiago (50 años, Vizcaya, País Vasco) se muestra bastante a caballo de una de las polémicas del momento en Chile. “Entiendo que hay cierta polémica alrededor de un True crime porque lo que hacen es revivir el crimen, entonces normalmente la víctima se ve vilipendiada". Por supuesto, se refiere a la serie de Netflix Alguien tiene que saber, basada en el Caso Matute Johns.
Curiosamente, los recovecos del género True crime son los que cruzan su nueva novela La chica del Lago (Ediciones B), que Santiago vino a presentar a Chile en el marco del pasado Festival Penguin Providencia. Santiago es uno de los nombres españoles que ha agarrado mayor vuelo en el género de la novela negra. Junto cono conocer la capital del país, pasear por la concurrida y bullente calle Lastarria y visitar La Chascona, la casa de Pablo Neruda en el barrio Bellavista, se da un tiempo para recibir a Culto.
La chica del lago sigue la historia de Quintana Torres, una exitosa escritora de suspense apodada “la reina del thriller”, cuya vida cambia drásticamente cuando, durante una firma de libros en Bilbao, recibe un misterioso sobre negro que contiene una página del diario de Alba, una joven cuya muerte en extrañas circunstancias años atrás inspiró su mayor éxito literario. Este hallazgo la obliga a regresar a Urkizu, su pueblo natal en el País Vasco, para enfrentarse a una investigación que reabre heridas del pasado y desentierra secretos ocultos desde la noche de San Juan de 1999, cuando Alba desapareció. A través de una narrativa que alterna el presente con revelaciones de su adolescencia, la novela explora los límites entre la realidad y la ficción, el peso de la culpa y la búsqueda de una verdad que muchos preferirían mantener enterrada bajo las aguas del lago.
Ese crimen de 1999 fue absolutamente real, comenta Mikel. “Yo tengo una muy buena relación con gente del aparato policial en España porque llevo muchos años consultándoles, también presenté un programa de televisión en España de True crime y me hice muy buenos muy buenos amigos de muchos investigadores y recuerdo que uno de estos, no puedo decir ni quién ni qué, me transfirió una historia muy privada confidencial de la policía que me encantó como trasfondo de una novela y decidí publicarla, le dije que la iba a transfigurar, que desde luego no se iba a saber, pero él al leer el libro le entró a mucha ansiedad porque pensó que el secreto había quedado al descubierto, y se enfadó conmigo, pero vamos, no ha venido ninguna víctima”.
- ¿Te interesaba reflexionar sobre los límites entre la literatura y la vida real?
- Sí, sí, totalmente. Vamos a decir que Quintana escribe como un A sangre fría de Truman Capote, un True crime a fin de cuentas. Es un crimen real, ficcionado, en el caso de Quintana se ha alejado un poco pero genera la misma polémica que generan muchísimos True crimes. Las familias de la víctima se ven atacados por eso, no me remuevas el pasado y a Quintana le pasa lo mismo. Ella se ha hecho muy famosa a través del dolor de una familia, de describir otra vez un crimen que sucedió del que todo el mundo se quiere olvidar, y además ella teoriza más allá de la versión oficial y sugiere que pudo ser un crimen.
- Es lo que hacen los escritores...
- Yo creo que los escritores, con más o menos distancia, hacemos lo mismo, bebemos de la realidad. Yo creo que los escritores somos grandes vampiros de la verdad porque sabemos que los lectores tienen un olfato para la verdad. Yo creo que en las novelas la ficción es una verdad armonizada, una verdad ecualizada, una verdad reestructurada, pero en el fondo no puede dejar de ser su ingrediente principal que es la verdad. Hablamos de vidas, hablamos de crímenes, hablamos de motivaciones que son reales. En cuanto perdamos eso, la novela deja de tener interés.
- ¿Por qué crees que a la gente le gusta el True crime?
- Yo creo que el True crime y la ficción negra son redentores, son terapias. Las personas acudimos tanto a las noticias como a la ficción como una forma de catarsis, de buscar la normalización de nuestras vidas. Cuando aquí en Chile una persona muere en un asesinato, y es de tu edad, parece una persona como tú que tiene un trabajo y dices ¿cómo es posible que alguien muera asesinado? Necesitas reestabilizar la realidad y para eso acudes a las noticias, consumes más noticias, consumes toda la información que puedes hasta que descubres que igual ese tipo estaba haciendo algo malo y por eso no se parece a ti. Es una manera de tranquilizarte. Y yo creo que la gente busca eso en el True crime, es decir, saber que el crimen existe pero que está lejos de nosotros y darle la explicación. Buscar la manera de protegerse y de entender esa faceta de la sociedad que todos sentimos que está, que es la faceta del crimen. Cuando vivimos con el crimen, queremos enfrentarnos a él de una manera domesticada, poder vivirlo.
- Quintana Torres, tiene algo de “trasunto” tuyo: una escritora de éxito enfrentada al peso de la fama. ¿Qué tan autobiográfica es realmente esa dimensión del personaje?
- Yo soy muy parecido a Quintana en muchas cosas, pero en otras somos muy diferentes. Yo no he triunfado de repente, no soy un fenómeno literario de un libro. Empecé muy bien con mi primera novela en La última noche en Tremore Beach, en 2014. Vendió muy bien, enseguida encontramos un público, hizo muchas traducciones, vendimos los derechos del cine. Sí que fue una novela fuerte que me puso en el tablero, pero después han sido 18 años de trabajo, de ir lentamente probando cosas y encontrando más públicos. Pero Quintana no, ella es un fenómeno literario total con una primera novela que lo rompe, pero los dos compartimos que llevamos tiempo en la arena editorial haciendo promociones. Los dos, tanto Quintana como yo, sufrimos el vértigo de la siguiente novela, tengo que escribir otra más, cómo va a gustar, ya tenemos al público metido en nuestro proceso creativo. En la primera novela nunca está el público, pero en la segunda o la tercera todas las demás, el público está contigo aquí alrededor. Te está mirando y creo que los dos sentimos un poco ese abismo de no fallar. Son cosas que se dan en la vida del escritor, es decir, vivimos de esto, somos profesionales, no sabemos cuánto va a durar, nos amarramos a nuestra profesión muchas veces de manera casi casi de una manera brutal. Son profesiones que te absorben. No es una profesión a la que puedas jugar amateur, te tienes que dar al mil por mil porque es arte. Son profesiones muy exigentes y yo creo que Quintana y yo, en este sentido, nos parecemos.
- Tus novelas suelen convertir el paisaje vasco en un personaje más. ¿Qué te permite contar Euskadi —sus pueblos, silencios y climas— que no podrías contar en otro escenario?
- El País Vasco está en el norte de España, cerca de la frontera con Francia, es lo que se llama la cornisa cantábrica todo el norte de España, es un lugar que no sé si los chilenos llegan a imaginárselo, pero a mí me han contado que hay una región en el sur de Chile que es muy parecida al País Vasco, también es muy verde, los bosques llegan al mar, hay incluso un montón de mitología...
- Chiloé...
-¡Chiloé! Sí, mitología chilota. Pues los vascos, los asturianos, los gallegos, tenemos también como una especie de mitología celta que domina un poco nuestras tradiciones. Hay también mucha brujería y montes en una orografía compleja, de valles, escarpados, el País Vasco. Y después en el imaginario español se asocia eso con la complejidad, con la oscuridad, con el mal clima y son como pinceladas de un cuadro oscuro que combinan muy bien con el mensaje de la novela negra, policial, criminal, digamos que como tono funciona muy bien.
- Leyendo la novela y lo que le pasa a Quintana, ¿crees que la fama puede convertirse en una forma de aislamiento?
- Bueno, el trabajo del escritor realmente es un trabajo aislado, solitario. Es cierto que a medida que tú te vas dedicando a algo, mucha más gente te conoce y te tienes que defender de alguna manera. Entonces sí que es cierto que te empiezas a aislar. Es cierto que yo voy cerrando canales, porque no doy abasto como persona. Empiezas a subdelegar, contratas a alguien, un representante, en ese sentido sí te empiezas a aislar. Yo tengo la suerte de vivir en Bilbao, una ciudad pequeña, amable, tranquila, mis vecinos me conocen, saben de sobra quién soy, pero no me molesta. Puedo ir a por el pan, puedo llevar a mis hijas al colegio... Creo que es porque ser escritor tampoco es la culmen del éxito, somos conocidos pero no somos como estos personajes televisivos o actores de películas con los que la gente se inmiscuye mucho más. Un gran actor famoso español no podría vivir donde yo vivo, se lo comerían por la calle. En cambio, a un escritor, la gente te mira y dice: ‘mira ahí va el escritor’, pero no me molestan demasiado y vivo muy tranquilo. O sea que en este sentido yo en mi vida la llevo bastante bien. Hasta ahora, espero.
- ¿Cómo ves a la novela negra actualmente?
- Voy a hablar un poco de lo que conozco, porque sobre todo, conozco el panorama español. La novela negra ha vivido una época de gran esplendor, de estallido. Empezaría más o menos allá por el 2014, yo diría que llevamos 10 años de dominación. En el mainstream literario ha sido uno de los géneros favorecidos totalmente, lo que copaba las listas de ventas. Se empezó con una novela negra muy parecida a la que se producía en el norte de Europa, de lo que llamaban lo que se llamaban los nórdicos. Todos los escritores noruegos, suecos en España tuvieron una gran onda. Después España se volvió original, empezamos a producir nosotros nuestra propia novela negra con nuestras ubicaciones, nuestros crímenes, nuestra historia criminológica y nuestras situaciones y eso ha sido muy bien recibido. Ha sido un verdadero éxito, ha habido una gran explosión de autores. Yo no voy a decir que esté agotado, pero creo que los autores que nos queremos quedar en el panorama tenemos que seguir evolucionando.
- ¿Por qué?
- Porque el público ya ha visto un montón y ahora yo creo que llega el momento de seguir buscando la novedad y no el lugar común. Salir e innovar porque yo creo que se ha producido mucho, y yo creo que el público está buscando algo nuevo. Algo nuevo dentro de lo que son las novelas de enigma, las novelas policiales, criminales, que creo que es un género que siempre ha estado ahí, pero que no se puede abusar tampoco de la fórmula. Yo creo que en estos nuevos diez años nos vemos obligados a buscar algo nuevo y nuevos caminos para lo que escribimos.
- En otro ámbito, ¿cómo has visto a España con Pedro Sánchez?
- España está ahora mismo en un momento curioso porque realmente sí que había un cambio de tendencia política, pero los últimos acontecimientos, el enfrentamiento con las políticas norteamericanas, ha creado cierto clima de contradicción en la oposición, porque claro, Trump viene de frente contra nosotros. España es un país que tiene una cultura muy antibelicista, está muy metida dentro de los españoles, y muy europea. Y yo creo que hay muchos españoles que nos adscribimos a ese sentimiento. La carta de los derechos humanos está por encima de todo lo demás y la Ley del Derecho Internacional. Las alianzas tienen que estar basadas en eso principalmente. Entonces, yo creo que es una incógnita lo que va a pasar en las siguientes elecciones. Hoy me comentaba un compañero tuyo que hay como cierto paralelismo en la idiosincrasia política entre Chile y España, que estamos realmente conectados, y lo que estoy viendo en los resultados electorales de Chile parece que confirman lo que parece que también va a pasar en España: el auge de la derecha. Entonces estamos expectantes.
- ¿Cómo has visto ese auge?
- Yo creo que las democracias occidentales son sistemas complejos y costosos. La garantía social es costosa, garantizar el acceso a la educación, el acceso a la sanidad, que las ciudades estén preparadas para todos. Todo eso es costoso y complicado. Y creo que en esos entornos en los que hay un gran problema muy complejo, que es como un gran dolor de cabeza, la solución sencilla se vende muy rápido. Es muy fácil decir: tengo una solución sencilla a este problema tan complejo. Pero eso no es real. No hay soluciones sencillas para los problemas complejos. Por eso yo no creo en los partidos demagógicos, no creo en los partidos que ofrecen soluciones sencillas, creo en alguien realista. Tampoco creo en la inacción, no creo en el cinismo de no puedo mover las cosas. Así que en mi caso yo estoy más con mantener lo que hemos conseguido a nivel de derechos y garantías sociales y depurarlo, depurarlo, optimizarlo. Esa es mi visión de cómo es el partido al que yo votaré.
Lo último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE