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Óliver Laxe, director: “Pedro Almodóvar dice que nunca había visto una película como Sirāt”

Tras meses cosechando elogios, esta semana el filme español se adueñó de dos nominaciones a los Oscar y el próximo jueves 29 debutará en salas nacionales. Crítico del cine que se limita a “instrumentalizar” las imágenes “para contar y decir cosas”, el realizador habla con Culto sobre sus inspiraciones y la recepción que ha alcanzado en Hollywood. “Es muy bonito sentir el respeto de nuestros compañeros de aquí. Es síntoma de que está cambiando”, afirma.

Óliver Laxe, director: “Pedro Almodóvar dice que nunca había visto una película como Sirāt”

Los festejos y muestras de alegría se multiplicaron este jueves. Reunidos en un edificio en la Gran Vía de Madrid, el equipo de la cinta española Sirāt celebró las dos candidaturas que consiguió a la 98° edición de los Oscar: Mejor película internacional y Mejor sonido.

Al centro de la escena estaba Óliver Laxe (París, 1982), director del filme. Fuera de celebrar el hito, en la ocasión se preocupó de enfatizar que no cree que en el cine haya ganadores y perdedores, reconocidos y omitidos. Sin embargo, ha aceptado las reglas del juego y ha participado activamente de todos los ritos asociados a esta época del año: proyecciones, conversatorios, eventos de camaradería y lo que haga falta para visibilizar los méritos de su última obra, una osada ficción que gira en torno a un padre que busca a su hija en el desierto de Marruecos.

Foto: ©Quim Vives

Dos semanas antes del anuncio de las nominaciones a los Premios de la Academia, el realizador se conecta a Zoom mientras se encuentra en Los Angeles (EE.UU.), el centro neurálgico de la industria audiovisual y de la temporada de premios. No parece estar aburrido de hablar de su cuarto largometraje, que obtuvo el Premio del Jurado en el Festival de Cannes y ha ganado una gran masa adeptos en la industria angloparlante. El mismo que, precedido de expectativas, debuta el próximo jueves 29 en las salas chilenas con el título Sirāt: Trance en el desierto.

“Yo soy un cineasta de la imagen. Hago imágenes, hago cine. Tengo confianza en la ontología del cine, que es la imagen y sonido. Y sospecho a veces de cómo el cine que se hace hoy en día es un poco deudor de la televisión, del teatro, de la literatura. Me parece que se pierde la especificidad del cine. Pero lo narrativo me interesa”, afirma en la videollamada con este medio, mientras mira el horizonte y se acomoda su larga cabellera.

El director gallego nacido en Francia irrumpió en la escena internacional hace 16 años con Todos vosotros sois capitanes (2010), que compitió (y fue premiada) en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes. Situada justo en la frontera entre el documental y la ficción, sigue a un profesor que le propone a un grupo de niños filmar una película en Tánger. Ese proyecto, así como Sirāt, está estrechamente ligado a una experiencia vital: en 2007 se mudó a Marruecos, en busca de una mayor comunión con la vida, y permaneció allí durante cerca de una década.

Foto: ©Quim Vives

Con ese debut de 79 minutos empezó a dibujar su impronta, la de un escultor de la imagen y el sonido, la de un artista que prefiere evocar antes que narrar, aunque –asegura– su propósito es conseguir ambas. En Sirāt comienza ofreciendo una premisa establecida –un papá, interpretado por Sergi López, que va tras los pasos de una hija que frecuenta fiestas rave–, pero no tarda en tomar desvíos que transforman la experiencia por completo. No es sólo que la historia escoja un rumbo inesperado, a través de la inclusión de los ravers y un conflicto bélico, sino que visual y sonoramente el filme desafía las barreras de lo que muchos directores se permitirían a sí mismos en el panorama actual.

Ese mismo atrevimiento le ha hecho ganar loas de los expertos y el público (en cines de España ya superó los 400 mil espectadores y sueña con los 500 mil), pero también ha causado reacciones virulentas. Él, en vez de dedicarse a responder a cada uno de sus críticos, ha leído esa recepción como causa lógica del atrevimiento de sus búsquedas.

De todos modos, la pregunta cae de cajón: ¿cómo cree que logró seducir a Hollywood con su cinta más reciente? “En el cine contemporáneo hay poca imagen; son historias audiovisuales. Pero yo incluyo al cine europeo, incluyo al cine de autor, incluyo a Cannes. No es muy diferente Cannes de los Oscar. La mayor parte de las películas son historias audiovisuales, son historias que tienen imágenes, pero muchas de ellas son imágenes muertas. O, mejor dicho, imágenes instrumentalizadas para contar cosas, para decir cosas. Mi cine quiere contar cosas, quiere decir cosas, pero también quiere evocar cosas. Hay una confianza en el cine y en la manera misteriosa y compleja que tiene la imagen de penetrar un cuerpo humano”, define.

Aunque es crítico de la producción cinematográfica de muchos de sus contemporáneos, expresa agradecimiento por el recibimiento que ha alcanzado su largometraje en Estados Unidos, donde cuenta con la distribución de Neon (la misma compañía detrás de Anora y Valor sentimental) y ya ha coleccionado dos candidaturas a los Globos de Oro y una a los Independent Spirit Awards.

“Es muy bonito sentir el respeto de nuestros compañeros de aquí, que es el centro de la industria. Es sinónimo de que está cambiando. La frase que más dicen es blowing away, me ha roto la cabeza. Y estamos recibiendo muchos elogios que reconocen la audacidad, lo audacioso, lo audaz de Sirāt; en estos tiempos de algoritmo, en estos tiempos donde es muy difícil hacer cine audaz, que tenga este equilibrio entre relato e imagen”, plantea.

-¿Por qué la cultura rave se prestaba tan bien para narrar la historia de este padre en el desierto?

Hay algo de radicalidad, de ir al límite. Creo que la espiritualidad es ir al límite, el arte es ir al límite, sobrepasar el límite. Hay algo espiritual también en esta cultura. O sea, hemos bailado, hemos rezado con nuestros cuerpos durante miles y miles de años. Hay algo ritualístico y ceremonial en esta cultura que me habla y que corresponde a la película. La relación con la herida, mostrar la herida, romper la neurosis... Hay algo a muchos niveles. Y luego hay algo en la música tecno que tiene algo catártico y que tiene algo de ir adelante, como la espiritualidad y como el desarrollo personal. Asumamos nuestra imperfección, asumamos nuestras heridas, pero no paremos de bailar, que los coches no paren de avanzar, que los camiones no paren. Sigamos con optimismo y celebrando, enfrentándonos al futuro.

-Al ver Sirāt me preguntaba si esta misma película se podría haber hecho, por ejemplo, en el desierto de Atacama, conocido como el más árido del mundo. ¿Qué piensa?

El desierto tiene las mismas leyes. (También) se podría haber hecho en una ciudad. Al final la vida te da quitando, el desierto te da quitando, pero es más visible cómo la vida te quita en un desierto y cómo precisamente te empuja a tus límites. Pero sí, efectivamente... Igualmente, es una película que, de manera sutil y cinematográfica, está inspirada por el sufismo. Sí que hay un diálogo sutil con Marruecos y con el islam. No es sólo en el nombre, en el gesto. Yo he vivido diez años allí.

Almodóvar como copiloto

Uno era la revelación de la temporada y el otro, el veterano que presentaba uno de los trabajos más macizos de su etapa adulta. Óliver Laxe y Pedro Almodóvar fueron nominados a la 32° edición de los Goya (con Lo que arde y Dolor y gloria, respectivamente). Más allá de quién dominó la ceremonia –Almodóvar se impuso en siete categorías, incluyendo Mejor película y en Mejor director, mientras que la cinta de Laxe obtuvo dos galardones–, ambos disfrutaron de varias instancias para conocerse y conversar sobre sus filmes y el estado del cine.

Con ese piso como base, pensó en el autor de Tacones lejanos (1991) mientras se acercaba a finalizar el guión de Sirāt. “Se lo enseñé cuando lo tuve listo. Lo leyó y dijo: aquí hay una película, aquí hay algo que nunca he leído antes”, detalla. Su aproximación llegó a buen puerto y El Deseo, la compañía que tiene con su hermano Agustín desde mediados de los años 80 –y que encabezan junto a la productora Esther García–, se unió con entusiasmo y brindó un respaldo clave para sacar adelante el proyecto (luego sumó el aval de Movistar+).

Foto: ©Quim Vives

Recientemente, con la película terminada y en medio de semanas determinantes para la definición de la temporada de premios, se encontró con Almodóvar durante un viaje a Londres (probablemente planificado para conquistar a los votantes británicos de los Oscar y a los miembros de los Bafta).

Las palabras que el director manchego le dedicó a su colega fueron rotundas. “Él dice que nunca vio una película así. O sea, que la película ha superado sus expectativas. Estoy contento. Con quien más he trabajado es con su hermano, y ellos han tenido un comportamiento muy bonito conmigo, un acompañamiento muy bonito”, sostiene.

El director no limita su radio de acción únicamente al cine. Entre 2024 y 2025 pudo darse la libertad de ser “más ambiguo, más polisémico, más esotérico, más lírico” en la creación de Oliver Laxe HU/هُوَ Bailad como si nadie os viera, una instalación que concibió exclusivamente para el Museo Reina Sofía tras el interés que expresó el director de la institución, Manuel Segade, en sellar una colaboración.

El montaje –que estará disponible hasta abril– se distribuye en dos salas: en la primera, una pirámide de altavoces procedente del ecosistema de la rave se levanta como si se tratara de un tótem, y en la segunda, tres proyecciones despliegan un mundo de paisajes desérticos iluminado por un sol y figuras humanas que bailan entre las siluetas de templos y altavoces. Aunque es un proyecto independiente al largometraje, ambos nacen producto del mismo proceso de investigación y comparten la magnética música electrónica que compuso el francés Kangding Ray.

Foto: ©Quim Vives

-¿Cree que Sirāt puede tener otras vidas después de su instalación en el Museo Reina Sofía?

No lo sé. Estoy haciendo directos con el músico (Kangding Ray), estamos pinchando: yo pincho imágenes mientras él pincha (pistas). Y a lo mejor quería escribir algo. Tengo muchas fotos hechas de la cultura rave. Quería hablar un poco de esto, de cultura rave, espiritualidad, cine.

Los minutos asignados para la entrevista llegan a su fin y, al mismo tiempo que se despide a través de la cámara, Óliver Laxe toma su computador y camina hacia a otra habitación. Es uno de los cineastas del momento y, en medio de semanas que rivalizan en intensidad con su nueva cinta, no hay tiempo que perder.

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