Culto

Reseña de libros: de Han Kang a Soledad Bianchi

Tinta y sangre, una novela que reflexiona sobre las pérdidas y el dolor en la forma de un relato de suspenso, de la Nobel surcoreana; una colección de citas, fragmentos e ideas en torno a la lectura, de la destacada crítica chilena, y un relato ilustrado sobre la infancia de Violeta Parra, en los libros de la semana.

Tinta y sangre, de Han Kang (Random House)

La dramaturga Cheonghee le pregunta al crítico de arte: “¿Y el deber de decir la verdad? ¿qué hace usted con él?”. Hace poco más de un año su amiga, la pintora Inju, murió en un accidente: su auto se desbarrancó una noche cuando conducía por una carretera de montaña cubierta de nieve. El crítico tiene la tesis de que Inju se suicidó; no tiene pruebas, pero le resulta una tesis apropiada para el libro que va a publicar. Cheonghee está convencida de que su amiga, madre de un niño pequeño, no era suicida. Decide entonces embarcarse en una investigación en torno a la vida de Inju, a quien conocía desde la niñez. Y esa búsqueda la llevará a revivir viejos recuerdos y volverá a sentir antiguas pérdidas. Aparece aquí el tío de Inju, un fìsico afectado por la hemofilia que se dedicó a la pintura. Recién traducida al español, Han Kang publicó esta novela en 2010, antes de sus obras mayores. En la forma de un relato de suspenso, la escritora surcoreana despliega una narrativa melancólica y de bordes poéticos que pasa desde los grandes misterios de la astrofísica a los sueños, los afectos y las emociones de los personajes. Una novela que reflexiona en torno al dolor y la muerte en un universo rodeado de sombras, donde la vida brilla como un delicado punto luminoso.

Entre puntos de lectura, de Soledad Bianchi (Seix Barral)

Una colección de fragmentos, como un gran conjunto de asteroides que forman un universo de sentidos y que desde luego trazan un mapa. De algún modo eso es lo que hace Soledad Bianchi en este libro rico en texturas, resonancias y referencias, unido por hilos invisibles: “Lo que yo hago en este libro es un zurcido, un entramado de citas, un patchwork de retazos, de párrafos, de recortes de otros autores, en su mayoría, y más escasamente, míos”. El título alude no solo a los marcapáginas sino a “punto de lectura” como lugar o inicio de lecturas. Citas, recortes y reflexiones en torno a los libros, la escritura, la memoria y la vida donde resuenan desde Gabriela Mistral a George Steiner, de Neruda a Borges y Susan Sontag. Hilando hilando, la autora invita a un viaje que es también un sofisticado ensayo en torno a la lectura, las bibliotecas, la literatura y también sus amenazas. O las erratas, que es el punto de partida de este agudo poema de Guillermo Núñez: “Donde dice vacío/ puede leerse también plenitud./ Donde dice belleza por favor, lea burla,/ o bien afrenta, repulsión, barbarie./ Donde dice sublime/ sepa que es terreno peligroso./Donde dice exquisito/ podría leerse detestable./ Donde dice lo alto/ léase asimismo lo bajo./ Donde dice arte, ¡¡cuidado!!”.

Yo soy la feliz Violeta, de Ana María del Río (Catalonia)

Tiene 17 años y por primera vez viaja sola en un tren. Violeta está emocionada, contenta y algo asustada. Su hermano Nicanor la mandó llamar a Santiago: quiere que estudie. El tren atraviesa los campos del sur y Violeta siente que su infancia queda atrás. Entonces decide atrapar sus recuerdos en un cuaderno. “Mi infancia está repleta de cosas, de personas, de notas, de músicas que me hacen sonreír”, dice. Hija del profesor de música Nicanor Parra, “el mejor folclorista de todo Chillán”, y de la costurera y cantora Clarisa Sandoval, Violeta fue la tercera de 11 hermanos. Nació en 1917 en San Fabián de Alico, un pueblito rodeado de cerros, río y mucho verde: “No conozco un paisaje más lindo que ese y siempre lo tengo en el corazón”. Curiosa, creativa y desordenada, Violeta creció entre fiestas y cantos campesinos, apegada a la naturaleza y la vida al aire libre. Aprendió a bordar y ante la pobreza que perseguía a la familia, inventó negocios, cantaba, vendía cachureos en la calle con sus hermanos y se enamoró de la tradiciones profundas del campo. Basado en sus décimas y acompañado de cálidas ilustraciones, el libro narra en primera persona la infancia feliz de la gran artista y recrea el mundo que dio origen a su extraordinaria obra.

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