Un origen humilde, una renuncia fallida y un vínculo con Arturo Prat: las revelaciones de la biografía de Manuel Montt
Yo, Montt, se llama la biografía que el historiador Cristóbal García-Huidobro realizó del Presidente de Chile en el periodo entre 1851 y 1861. En ella, cuenta que tuvo que sobreponerse al hecho de no ser aristócrata ni tener gran fortuna, que su gobierno priorizó sobre todo la educación, que fue uno de los mandatarios que renunció al poder (aunque luego retomó), y cuenta una particular historia entre él y Arturo Prat.
Fue una diferencia con el célebre historiador Cristián Gazmuri la que empujó al entonces joven Cristóbal García-Huidobro a investigar en profundidad la vida de uno de los presidentes más (y menos) conocidos de Chile. Manuel Montt Torres. “Yo era su ayudante de cátedra e investigación y él, uno de los principales expertos sobre la Sociedad de la Igualdad y los revolucionarios que le hicieron la vida imposible a Montt -dice García-Huidobro a Culto-. Su libro, el El 48 chileno es fundamental para entender el periodo. Pero yo, que siempre fui porfiado, le discutía sobre los verdaderos motivos que habrían tenido Bilbao, Vicuña Mackenna, Arcos y otros tantos para levantarse contra Bulnes y Montt. Así que para poder hablarle de tú a tú, con argumentos, me decidí a estudiar a Manuel Montt a fondo”.
Ese afán se trasformó en un libro, Yo, Montt, que se publicó por primera vez en 2009. Hasta ahora se encontraba descontinuado, pero vuelve a las librerías de la mano de Ediciones B. Se trata de un volumen que revela importantes datos sobre el Presidente de Chile entre 1851 y 1861, durante el período conocido como los Decenios Conservadores.
“Era imposible que yo, que era un estudiante recién licenciado pudiera siquiera equipararme a sus conocimientos, pero ocurrió que efectivamente Montt era un persona mucho más compleja de lo que la historiografía había dicho sobre él, y que tenía muchas más aristas, además de una vida interior y personal digna de narrar”, recuerda el historiador. De partida, nos muestra a un Manuel Montt hijo del tesón que logró ocupar importantes puestos políticos (fue diputado y ministro de Manuel Bulnes), siendo que por origen y color de piel -era muy moreno, cosa que irritaba a sus detractores- su destino debió ser diferente.
“Venía de un pueblo pequeño (Petorca) y de una provincia pobre y sin alcurnia como era Aconcagua, además no era militar -dice García-Huidobro-. Si tú miras quienes ejercieron el mando desde la independencia de nuestro país en 1818 y hasta 1851, la gran mayoría son militares. Todo eso le jugaba en contra, además de no venir de una familia de fortuna y con una posición acomodada. De hecho, si tuviéramos que hacer la analogía la familia paterna y materna de Montt estarían ubicadas en las capas medias de la sociedad chilena, y Manuel Montt logró elevarse desde allí, gracias a su trabajo como abogado, juez y político”.
¿Cómo logró surgir? García-Huidobro señala: “Se ganó el aprecio de personas en lugares elevados que confiaron en su criterio y su capacidad de trabajo: Diego Portales, Joaquín Prieto, Joaquín Tocornal, Mariano Egaña, Manuel Bulnes, entre otros. Por otro lado, la sociedad chilena había entrado lentamente en un proceso de cambio, integrando a aquellas personas que habían obtenido títulos universitarios y amasado fortuna por sus habilidades intelectuales y profesionales, en vez de basar su posición social en el latifundio y la prosapia familia”. Tanto así que Montt terminó enfrentado con su propio partido, el Conservador, producto de la llamada “Cuestión del sacristán” donde defendió la prerrogativa del Estado en el control de la Iglesia. Por ello se produjo una escisión que terminó con Montt y sus partidarios fundando el Partido Nacional.
Siguiendo el ideario implantado en la Constitución de 1833, el gobierno de Montt se caracterizó por su fuerte manejo del poder ejecutivo, que de hecho debió enfrentar alzamientos como el de 1851 (que finalizó con la batalla de Loncomilla), 1852 (en Copiapó) y de 1859 donde se enfrentó a la revolución liderada por Pedro León Gallo. Esto hizo que gobernara cinco de 10 años con facultades extraordinarias para imponer el orden. Aunque García-Huidobro no lo califica de autoritario.
“El gobierno de Montt no fue más autoritario que el de Bulnes o el de Prieto, si se trata de usar facultades extraordinarias, tomando en consideración el contexto histórico de la época. Asimismo, el autoritarismo también puede expresarse de otras formas: mediante el fraude electoral y la intervención del gobierno en el desarrollo de las elecciones y campañas de todo tipo. En esto último, los llamados gobiernos ‘liberales’ fueron pródigos, y quizás el epítome fue la administración de Domingo Santa María, que tuve el descaro de decir que ‘entregar las urnas al rotaje y a la canalla, (…) era el suicidio del gobernante’. Lo que dice Santa María era aberrante a los oídos de Montt, y no hay que olvidar que durante su gobierno se hizo una reforma electoral que expandió -aunque tímidamente- el sufragio”.
Quizás el gran avance del gobierno de Manuel Montt fue la educación. Por sus años habiendo sido rector del Instituto Nacional era un ámbito que conocía bien, por lo que dedicó esfuerzos a la creación de escuelas primarias. “Montt estaba convencido de que la educación podía ser un móvil para ayudar al pueblo de Chile a ilustrarse, mejorar su calidad de vida, porque eso les permitiría a los sectores más desposeídos acceder a mejores trabajos”. No solo eso, su gestión entregó becas que beneficiaron a jóvenes destacados. Una de ellas, para entrar a la Escuela Naval, fue a caer a un joven oriundo de Ninhue llamado Arturo Prat. “Postuló a una, y efectivamente fue becado por el gobierno, pero no es que Montt se la haya dado expresamente a Prat”, señala García-Huidobro.
Montt y el futuro prócer se encontrarían muchos años después, el 31 de julio de 1876 cuando el primero ya había dejado el gobierno y pasó a ser presidente de la Corte Suprema. Así lo revela esta biografía. Prat se presentó en el lugar dispuesto a dar su examen de titulación de abogado. Se le había asignado ese día, pero para su sorpresa, cuando llegó se le informó que los exámenes se habían suspendido debido al enorme volumen de trabajo de los ministros. Sin embargo, lejos de claudicar, Prat fue a hablar personalmente con Montt, y este, entendiendo que no siempre se puede ser tan obcecado, accedió y ahí mismo armó una comisión que le tomó el examen al marino, quien aprobó.
Otro aspecto llamativo que revela esta biografía, es que Manuel Montt fue uno de los Presidentes de Chile que renunció a su cargo. Ocurrió en agosto de 1857, cansado de enfrentarse a la dura oposición en el Congreso, sobre todo de su antiguo partido, el Conservador y de los Liberales. Pero los congresistas dudaron si realmente querían la cabeza del Mandatario, echaron pie atrás y Montt retomó el gobierno.
“Influyeron varias cosas en que desistiera. En primer lugar su sentido del deber, pese a los crueles ataques que recibió del Partido Conservador y del Liberal, sumado a la pérdida terrible que significó la muerte de su hijo mayor, sumado a la perdida terrible que significó la muerte de su hijo mayor y la enfermedad que casi se llevó a su propia esposa en la misma época. La renuncia a la presidencia puede haberse gestado en un momento de debilidad y de hastío frente a partidos que le habían bloqueado la aprobación de la ley de presupuesto, con tal de obligar al gobierno de nombrar un gabinete del gusto de conservadores y liberales. Pero finalmente los opositores al gobierno claudicaron, y Montt salió fortalecido. Sin embargo, tres décadas después, otro presidente, enfrentado a las mismas circunstancias, decidió seguir otro camino, y eso nos llevó a una Guerra Civil que tuvo más muertes que los fallecidos en la Guerra del Pacífico”.
El lema del Partido Nacional era “Libertad en el Orden”, y para García-Huidobro se podría aplicar perfectamente como un resumen del gobierno de Montt. “Es un lema fuerte y potente. Creo que Montt intentó que Chile creciera en Libertad, manteniendo el orden, pero había muchos intereses creados, además de una pugna ideológica salvaje que no permitió que la Libertad no pudiese ser la punta de lanza de su administración. Pero hay que mirar las cosas con perspectiva. ‘Libertad en el Orden’ es una frase que puede hace eco en el electorado de hoy en día. Hay libertades y esas se custodian con celo, pero tienen que darse en un ámbito de respeto de la institucionalidad, en que las leyes efectivamente se cumplan, y que no se comprometa la fe pública y la confianza de los ciudadanos en que nadie está por sobre la ley, y que si alguien traspasa esos límites, entonces tendrá que enfrentar las consecuencias. Por eso, a mi entender, el legado de Manuel Montt y su administración está más vivo y es más actual que nunca”.
En otro ámbito, has desarrollado una labor como divulgador histórico y recientemente estrenaste un podcast, Dato mata relato, ¿Por qué crees que a la gente le interesa tanto la Historia?
Creo que esto se debe a que la Historia no solo explica nuestro entorno, de cómo evolucionó hasta llegar a tener la configuración que tiene hoy en día, sino porque la gente busca identidad y sentido. La Historia -sea de Chile o mundial- nos permite entender el mundo en que vivimos, nos permite viajar a épocas que ya no están y no volverán jamás, pero que nos pueden enseñar mucho de lo que somos, y además ¿a quién no le gusta escuchar una buena narración? La Historia tiene esa capacidad, de transportarnos a distintos lugares y épocas, de educarnos y también, por qué no, de entretenernos.
Yo, Montt se lanzará en la Fundación Cultural de Providencia este 4 de septiembre a las 19.00 horas. Entrada liberada.
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