Educación

Cuando la evidencia guía y la colaboración impulsa: aprendizajes que llegan más lejos

Claudia Ruiz-Tagle y Valentina Quiroga.

El desafío educativo más urgente no es encontrar una ‘bala de plata’, sino hacer crecer lo que ya funciona. Si queremos mejorar los aprendizajes, debemos priorizar, fortalecer y escalar las iniciativas que demuestran resultados, sin perder calidad ni pertinencia territorial.

Sumar Saberes nació precisamente para orientar decisiones —públicas y privadas— con evidencia, y no por intuición o esfuerzos aislados. En el último año, la alianza mapeó más de 130 iniciativas, evaluó a fondo treinta de ellas con un instrumento común e identificó dieciséis programas con solidez técnica, trayectoria y efectos comprobados en aprendizajes. Ese conjunto está disponible en un repositorio público que facilita mirar, aprender, comparar y decidir mejor.

Cuando los recursos son limitados y apenas la mitad las niñas y los niños logran leer adecuadamente, hablar de evidencia no es un tecnicismo: es una responsabilidad ética. Implica enfocar esfuerzos donde realmente mueven la aguja y sostener ciclos de evaluación que permitan aprender y ajustar, incluso desinvertir cuando los resultados no acompañan.

Pero la evidencia, por sí sola, no alcanza. El paso siguiente es escalar. Y escalar no es copiar en serie: es adaptar con criterio, fortalecer capacidades locales, resguardar la fidelidad pedagógica y la pertinencia cultural y territorial. Requiere condiciones habilitantes: liderazgo directivo, tiempo para el desarrollo profesional docente, apoyo técnico oportuno y seguimiento que permita corregir rumbo. Toma tiempo y es difícil, pero se puede.

La colaboración es el medio para lograrlo. Cada actor aporta un valor distintivo: el sector público otorga escala y continuidad; la academia, rigurosidad y evaluación independiente; la sociedad civil, conexión con los territorios; y la inversión social privada, visión de largo plazo y foco en resultados. Cuando estos engranajes se coordinan con propósito, la evidencia se convierte en acción.

Para avanzar, proponemos cuatro pasos concretos: (1) Que quienes desarrollan innovaciones o quienes la financian, orienten sus decisiones para alcanzar el estándar que hemos concordado (2) usar el repositorio para decidir —que sostenedores, SLEP, municipios, fundaciones y empresas revisen y seleccionen soluciones con evidencia antes de iniciar o financiar nuevos esfuerzos—; (3) financiar la escala, no solo pilotos —con recursos plurianuales y métricas compartidas que den continuidad y permitan madurez-; y (4) cuidar la implementación —fortalecer capacidades locales, asegurar acompañamiento técnico y medir para aprender, no para sancionar.

Chile ya cuenta con un estándar de alto nivel para orientar la innovación educativa y con iniciativas que funcionan. La tarea ahora es consolidarlas y hacerlas crecer con seriedad y colaboración, para acercar a más comunidades a lo que realmente importa: más y mejores aprendizajes para cada estudiante.

*Claudia Ruiz-Tagle es directora ejecutiva de la Fundación Anglo American; y Valentina Quiroga es gerenta de Desarrollo Humano de la Fundación Chile.

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