Educación

“No es un regalo”: la universidad en que el 84% de sus alumnos estudian con gratuidad

Héctor Cavieres, vicerrector académico de la U. Católica Silva Henríquez, dice en esta entrevista que el debate en torno a la gratuidad universitaria ha mostrado solo el aspecto económico y no el notable avance social que ha significado para quienes estudian con este beneficio, sostiene la autoridad académica de la institución salesiana nacida en 1982 con el apoyo del propio cardenal Raúl Silva Henríquez.

“No es un regalo”: la universidad en que el 84% de sus alumnos estudian con gratuidad

En 2026, la gratuidad cumple 10 años con cifras que no dejan de llamar la atención: 1,5 millones de personas han sido beneficiadas, de las cuales 485 mil lograron la titulación; y 201 mil han perdido el beneficio al exceder la duración de las carreras.

Esta política ha estado en medio del debate público en las últimas semanas desde que la nueva administración propuso acotarla a personas de no más de 30 años, lo que pareciera estar descartado, pero no así su revisión en otros aspectos.

Muchas universidades adscritas a la gratuidad han visto con orgullo a lo menos cinco generaciones de jóvenes que estudiaron íntegramente con gratuidad. Es el caso de la Universidad Católica Silva Henríquez (UCSH), en la que el 84% de sus estudiantes de pregrado tiene el beneficio.

“La gratuidad no solo abre puertas, sino que también transforma trayectorias de vida, ampliando horizontes personales, familiares y comunitarios. Es innegable que la gratuidad se constituye en un aporte en términos de equidad en el acceso a la universidad. Si partimos de la premisa de que el talento está igualmente distribuido, al reducir la barrera estructural que significa el costo de la formación terciaria, permitimos que el talento, el mérito y la vocación puedan desplegarse con mayor libertad”, asevera el Dr. Héctor Cavieres, vicerrector académico de dicha casa de estudios nacida en 1982 gracias al apoyo del propio Cardenal Raúl Silva Henríquez y la congregación salesiana.

“La gratuidad no solo abre puertas, sino que transforma trayectorias de vida” RICHARD ULLOA

-¿Cree que esta política ha sido adecuadamente explicada a la ciudadanía o existen mitos en torno a ella?

Creo que más que mitos existen comprensiones parciales sobre el beneficio. Por ejemplo, la gratuidad no cubre todo el costo de estudiar, se trata de un mecanismo que permite costear aranceles y derechos básicos, pero no necesariamente otras dimensiones relevantes como mantención o condiciones de estudio. En ese sentido, aun con todo el avance es muy difícil para alguien de escasos recursos estudiar en la educación superior. En ese sentido, la gratuidad no es un “regalo”, es una ayuda habilitante, pero requiere también de otros apoyos y condiciones para poder desarrollar el proceso con éxito.

-¿Qué opina del debate que se ha generado en las últimas semanas en torno a la gratuidad?

El debate no puede ser solo económico, debe orientarse a cómo optimizar el uso del beneficio. Un tema poco tratado es la sustentabilidad de la gratuidad, porque es una inyección fuerte de recursos, incluso para algunos sectores es entendido como un lujo, comparado con otras cuestiones que pudiesen considerarse más prioritarias (la primera infancia, por ejemplo, dentro del propio ámbito educativo); pero, siendo un beneficio ya en curso, efectivamente es un aporte en inclusión y equidad. En ese sentido puede pensarse, por ejemplo, en cómo las universidades aseguran estándares de calidad, o cómo las carreras que se ofertan se adecuan a las necesidades del país para ser un aporte al desarrollo. La gratuidad es una política pública compleja, que requiere equilibrio entre acceso, calidad y sostenibilidad del sistema.

¿Qué características tienen hoy los estudiantes con gratuidad y qué exige eso a las instituciones de educación superior?

Hoy los estudiantes con gratuidad son, en su mayoría, expresión de una mayor diversidad social, cultural y etaria. Son estudiantes que muchas veces enfrentan múltiples desafíos simultáneamente: económicos, familiares, laborales y académicos. Esto exige a las instituciones avanzar hacia modelos más inclusivos y flexibles, con foco en el aprendizaje significativo y el desarrollo integral. Implica también fortalecer el rol docente, no solo como transmisor de contenidos, sino como agente de acompañamiento y mediación. En el caso de la UCSH, esto dialoga profundamente con nuestra identidad: formar profesionales competentes, pero también ciudadanos comprometidos con la transformación social.

-¿Qué opina del hecho de que cada vez más trabajadores activos que rondan los 30 años o más estén ingresando a estudiar a la educación superior?

Este fenómeno refleja un cambio estructural en la relación entre educación y trabajo. La formación ya no se concentra exclusivamente en una etapa temprana de la vida, sino que se extiende a lo largo del ciclo vital. Esto responde tanto a la necesidad de reconversión laboral como a una mayor valoración social de la educación. Para las instituciones, implica repensar formatos, metodologías y modalidades, incorporando mayor flexibilidad, reconocimiento de aprendizajes previos y oferta pertinente para adultos trabajadores que requieren de nuevas competencias.

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