“No podía vivir sin mi familia”: superó sus miedos y se fue a estudiar a Lisboa
La primera vez que vivió fuera de Chile, Carolina Morales extrañaba demasiado a su familia. Años después, como estudiante de Ingeniería Comercial de la FEN de la Universidad de Chile, fue becada con un intercambio en la prestigiosa Universidad NOVA de Lisboa, en Portugal. Acá cuenta su historia.

Tengo 23 años, soy de Maipú, y estudio Ingeniería Comercial en la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Chile. Gran parte de mi vida ha estado marcada por el básquetbol. Empecé en cuarto básico: quería jugar fútbol, pero en el colegio no había para mujeres, así que terminé metiéndome a básquet. Desde entonces no paré.
Además de competir por el colegio, estaba en el Club Ceppi. Un día, un entrenador del Colegio Sagrados Corazones me vio jugar y me fui becada allí. Seguí en el club y en los campeonatos escolares. Con el tiempo empecé a pensar en irme al extranjero. La opción de un intercambio en Estados Unidos me interesaba, pero era muy caro, así que busqué una alternativa: una beca deportiva.
Hice un video con mis mejores jugadas y lo subí a una plataforma donde entrenadores buscan jugadores —algo así como un “Tinder” deportivo—. Así logré una beca para cursar cuarto medio en DME Academy, una academia deportiva en Daytona Beach, Florida, que combina estudios con entrenamiento de alto rendimiento.

Esa fue la primera vez que me fui de Chile. Fue una experiencia muy buena, pero también me mostró lo difícil que era estar lejos de mi familia. Tuve la opción de quedarme estudiando allá —incluso recibí ofertas universitarias, que implicaban continuar compitiendo a nivel deportivo durante la carrera—, pero me di cuenta de que me gustaba el básquetbol, aunque no lo suficiente como para que toda mi vida girara en torno a eso. Decidí regresar.
“No podía vivir sin mi familia”: superó sus miedos y se fue a estudiar a Lisboa
Di la prueba y postulé a la FEN por admisión especial deportiva. Quedé. Seguí jugando: primero por la universidad, después por la facultad, y en paralelo en un club. Siempre logré compatibilizar todo. Pero después de Estados Unidos me quedé con el “bichito” de intentarlo otra vez.
Cuando apareció la opción del intercambio, lo pensé harto. Sentía que no podía dejar pasar una oportunidad así, sobre todo considerando que la universidad ofrecía una beca —me la gané. Postulé a la Universidad NOVA, en Lisboa, Portugal, y quedé.

Llegué a fines de enero, después de un viaje largo y con muchas expectativas. Ese mismo día, cuando llegamos al hostal con mi mejor amigo y compañero de universidad, Gabriel, vimos que había una bienvenida organizada por la universidad. Estábamos agotados, pero yo tenía claro que los primeros días eran clave para conocer gente. Así que le dije: “Vamos nomás”.
Esa decisión marcó todo lo que vino después. Durante las primeras semanas conocí a muchísima gente. Salía todos los días, iba a clases, entrenaba, me juntaba con personas nuevas. En poco tiempo ya tenía un grupo, panoramas y una rutina que, desde afuera, se veía perfecta, pero un día llegué al departamento, ordené mis cosas y, por primera vez, no tenía nada que hacer. Me acosté en la cama, me miré al espejo y pensé: chuta, estoy sola.
Fue una sensación extraña, porque en teoría todo estaba bien. Tenía amigos, planes. Pero no era lo mismo no tener mi casa, mi espacio, mi familia. Y ahí volví a mi experiencia anterior. En Estados Unidos también me costó al principio. Después lo pasé increíble y aprendí mucho jugando básquet, pero siempre sentí que no podía estar lejos de mi familia. Esta vez, en cambio, era distinto.

Otra vez, el básquet fue clave. Encontrar un equipo en la universidad me devolvió a un espacio conocido: entrenar, compartir, tener una rutina. Pero, sobre todo, me ayudó a integrarme. Mis compañeras me incluían, me explicaban cuando no entendía el portugués y me hicieron sentir parte desde el principio.
Sin darme cuenta, dejé de extrañar tanto. Pasé de necesitar hablar todos los días con mi familia a sentirme tranquila estando lejos. Incluso hubo momentos en que se me olvidaba responder mensajes o contar cómo estaba. Y eso, para mí, fue un cambio grande.
Hoy veo el intercambio de otra manera. Más allá de lo académico o de las redes —que sin duda son importantes—, lo que más valoro es haber descubierto que sí puedo estar lejos, adaptarme y construir una vida en otro lugar.
Todavía no sé si quiero vivir fuera de Chile a largo plazo. Pero ahora sé que es una posibilidad real. Pensé que no podía vivir lejos de mi familia, sin mi familia… hasta que lo volví a intentar. Y eso cambia todo.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE














