Gonzalo Sosa revela el duro trato referil en Chile: “Un árbitro me dijo ‘callate vos, que te robamos Las Malvinas’”

Gonzalo Sosa, goleador de Melipilla y segundo artillero del Campeonato, en su paso por El diván del Kily, de El Deportivo.

Gonzalo Sosa, goleador de Melipilla y segundo artillero del Campeonato, en su paso por El diván del Kily, de El Deportivo.

El goleador de Melipilla y segundo artillero del Campeonato se vale de esa áspera vivencia para abogar por una mejor relación entre los protagonistas que comparten el campo de juego. Además, repasa su dulce presente, que lo tiene como segundo goleador del Campeonato, apenas superado por Larrivey, se traza como objetivo salvar a Melipilla y revela su afición por los estudios sicológicos.


Gonzalo Sosa es uno de los goleadores del Campeonato Nacional. Es el segundo en rigor. Ha marcado 12 tantos, dos menos que el artillero del torneo, Joaquín Larrivey. Su campaña es, en gran medida, consagratoria. A los 32 años, encuentra la notoriedad que le fue esquiva en Argentina, donde solo pudo jugar en el ascenso, y que vino a pelear a Chile, donde llegó en 2017. Desde 2019 está en Melipilla. El año pasado fue una pieza clave para el ascenso de Los Potros. Ahora, su aporte es crucial para conseguir la permanencia, el único objetivo que lo desvela. “Creo que vamos bien encaminados para nuestro principal objetivo, que es mantenernos en la categoría. Proyectamos que para lograr ese objetivo necesitamos alrededor de 40 a 42 puntos y al día de hoy, con medio Campeonato ya jugado, tenemos prácticamente el 50 por ciento. Sabemos que hay partidos en que quedamos en deuda. Tuvimos varios bajones en los segundos tiempos que nos terminaron costando puntos, pero también hemos tenido partidos en que hemos logrado revertir una situación difícil como nos pasó con La Calera. La clave está en buscar el equilibrio entre esos dos equipos que se ven e intentar desequilibrar en el marcador y jugar con él a nuestro favor”, explica en El diván del Kily, el programa de conversación de El Deportivo.

Hubo varios partidos en que Melipilla dejó una muy buena imagen futbolística. Por ratos, fueron un equipo osado, que trataba de proponer a pesar de la diferencia de plantel que tienen con otros equipos.

Lo dijiste. Por ahí viene la cosa, en las diferencias de plantilla. Nosotros tenemos un plantel relativamente corto. A Luis Haquín le tocó la Copa América y se fue unas dos o tres semanas antes, lo que nos obligó a rearmar la defensa. Después, Miguel Escalona no pudo estar por problemas personales. Con dos jugadores menos, se complica y hay que empezar a buscar variantes. Esa vulnerabilidad que tuvimos se condice con esa falta de jugadores especialistas en esos puestos. Eso marca la diferencia.

¿Alcanzar la regularidad será la tarea para la segunda rueda?

Sí. Sin dudas. Hemos hecho buenos partidos o buenos primeros tiempos, como por ejemplo ante Colo Colo o la UC. Más allá de todo eso, creo que hemos competido de igual a igual con todos los equipos. Pocos nos han superado en todo el partido. Creo que ninguno, inclusive. Ya tenemos medio campeonato y a partir de ahora no hay más excusas. La adaptación ya está y, a partir de ahora, hay que buscar puntos. Eso nos permitirá estar más tranquilos.

¿Tranquilos con qué? La gran pregunta es el objetivo que debe plantearse Melipilla.

Siempre lo dije: nuestro principal objetivo y nuestro foco tiene que estar en mantener la categoría. Por la diferencia que hay con respecto a otros equipos, la que estamos haciendo ver muy corta. Tenemos que quedarnos en Primera, establecer al club durante un buen tiempo y, a partir de ahí, comenzar a plantearse objetivos más altos.

¿Por momentos ese foco se perdió con las buenas presentaciones que hicieron?

No sé. No está mal plantearse objetivos altos. No es malo. Mientras más altos son los objetivos más exigencia debe poner uno en sí mismo. Pero sí había que ser consciente de que cada partido había que jugarlo como una final, porque para nosotros cada punto es importante. Entonces, si no se puede ganar, hay que asegurar el punto. De los errores se aprende. El grupo está fuerte, comprometido y encarando la segunda rueda con el objetivo claro.

En lo personal, el balance es inobjetable: segundo goleador del fútbol chileno, con 12 goles, dos menos que Joaquin Larrivey, ¿esperaba mostrar esa productividad?

Sí. Lo esperaba. O, mejor dicho, me lo propuse a principios de año. Uno se va planteando objetivos, alcanzándolos y levantando la vara para seguir exigiéndose. Me propuse llegar al doble dígito y estoy contento porque se dio. He jugado 14 partidos y en casi todos jugué los noventa minutos. Eso demuestra que uno está vigente, bien físicamente y que ayuda al equipo. Estoy contento con mi actualidad personal, pero siempre haciendo hincapié en que mis buenas actuaciones son producto del acompañamiento de mis compañeros y de su ayuda. El foco está en el objetivo grupal.

¿Cuál es la meta personal para la segunda rueda?

Seguir asentándome en la división, siendo nombrado. El futbolero de verdad me conocía, porque veía los partidos de la B a cada tanto. Hoy mi nombre suena un poco más. La idea es seguir haciendo las cosas bien, marcando goles y que pueda salir, por qué no, la opción de un club más grande.

¿Cuál es el gol que más le ha gustado de lo que ha convertido?

Me gustó, por lo que significó, el cabezazo a La Calera. Por cómo se dio el partido. Revertimos un 3-0. Fue una prueba que pudimos superar. Marcar el empate en el minuto 94 fue muy emocionante. Y como lindo, el gol ante Everton. Bien de nueve.

Aunque usted es un nueve que se asocia bastante.

Sí. Intentamos plasmar las ideas que tenemos como equipo, que ofrece distintas facetas. Cuando tiene que jugar asociado, lo hace y llega de buena manera. O hay algún chispazo de magia, como los de Mathías Vidangossy, que te mete un pelotazo a esos espacios que solo él ve. Y cuando las cosas no nos están saliendo tan bien, somos de reagruparnos, de protegernos y de salir rápido. Y ahí encontramos espacios con jugadores como Colossi, Zavala, Duma o Guerreño. También podemos lastimar así. Es lo que buscamos, tener variantes.

Gonzalo Sosa celebra un gol por Melipilla
Gonzalo Sosa celebra un gol por Melipilla (Foto: Agenciauno)

Discusiones de sicología

A propósito de compañeros, ¿se hace más fácil jugar con Mathías Vidangossy? ¿Se le disfruta más en los partidos o en los entrenamientos?

A Mathi se le disfruta siempre. Además, es una muy buena persona. Yo me puedo quedar horas hablando con él, inclusive cosas que no son futbolísticas. Lo disfruto. En el partido, hay veces en que el juego que proponemos quizás no es el que a él le acomoda y hace un esfuerzo increíble por darle una mano al equipo, en otra faceta, ayudas defensivas. De eso se trata un plantel profesional. De que cada uno pueda aportar al colectivo.

¿De qué hablan con Vidangossy?

Mathi está muy metido con el tema del crecimiento personal, de la madurez de la mente, el cerebro. Yo leo mucho también sobre eso. Por ahí discutimos algunos temas. En el entrenamiento de hoy se produjo una linda discusión. Yo trato de aprender de las experiencias que tuvo y que me transmite.

¿Qué le interesa: autocontrol, cosas que puede aplicar al fútbol?

Exacto. Uno comienza a investigar en ese tema para plasmarlo en el fútbol, pero después te das cuenta de que es aplicable a la vida, a toda índole. Esas conversaciones son lindas. Intentamos no invadir a los demás, porque hay gente a la que no le interesa todavía, más allá de que les puede hacer bien.

La elección de jugar en Chile

¿Qué características debe tener un buen ‘nueve’?

A mí me gusta un delantero que sea porfiado, que vaya a todas, que no las dé por perdidas. Y tiene que saber ubicarse en el área, encontrar y atacar los espacios. Y muchas veces jugar sin balón. Hoy se juega mucho con los extremos y el descenso de un centrodelantero atrae a un central y genera espacios que el extremo puede ocupar para desequilibrar. Hay que tener un balance entre buscar las ocasiones propias y generar para el equipo. Muchas veces me sucede que hay partidos en que ni pateo al arco. Y en otros, seis o siete veces. Lo esencial es ir matizando eso. Lo primero es el bienestar y el funcionamiento colectivo.

¿En qué ‘nueves’ se fijó y cuáles le gustan en la actualidad?

De chico soy de la época en que jugaban Batistuta y Crespo y me fijaba más en ellos. Batistuta era más goleador. Crespo también, pero era más elegante, utilizaba más los espacios. Ahora, en la actualidad, creo que Lewandowski está muy bien, Lukaku también. Y en Argentina creo que Lautaro Martínez hace buenas cosas, buenos movimientos siendo tan joven. Hay varios delanteros dispersos por el mundo de los que se puede aprender mirando.

En Chile, el nueve es una especie medio en extinción. Hay pocos. Morales, quizás, pero en la Selección no hay desde Humberto Suazo.

Por ahí lo que no hay es un nueve referente, más estático, pero hay muy buenos delanteros. Morales, a mí me gusta Vilches, Valencia lo hace muy bien también. La competencia con Zampedri lo obliga a adaptarse a otra posición. Viéndolo de afuera, puede ser que falte un centrodelantero bien de referencia. Calculo que lo estarán buscando a través de Brereton y Robinson. Esto es búsqueda constante. El profesor Lasarte sabe más que todos nosotros y hay que darle una cuota de confianza.

Llegó tarde, porque quizás antes pudo transformarse en un jugador nacionalizable.

Pudo ser una opción, pero, bueno, las cosas suceden porque sí y la verdad es que estoy disfrutando mucho el momento, por lo que me costó llegar a esta situación. Disfruto el día a día.

Su camino en el fútbol argentino fue complejo. Tuvo que jugar en el ascenso de su país, que es un fútbol duro. Vino a Chile ¿Pensó que el fútbol chileno le iba a entregar tanto?

Vine buscando eso. Estando en Argentina, me lo propuse. Quería venir a Chile. Muchos compañeros me hablaron bien del país. En el ascenso argentino uno cobra de vez en cuando. Llegué a estar cinco meses sin cobrar. Uno busca más estabilidad, por la familia. Se dio la oportunidad, me llamó el profe Balladares, que estaba en Magallanes y en un año y medio hice 15 goles por el torneo, uno en Copa Chile. Por cuestiones de cambio de administración en el club y desencuentros, no seguí. Se me abrió la puerta de Melipilla, que me recibió de la mejor manera, me hizo sentir importante y eso da confianza. Llevo 42 goles con el club, que es mucho. Y estoy muy contento. Es lo que vine a intentar.

¿Se le hizo fácil el fútbol chileno?

No sé si fácil. Es diferente al ascenso argentino, que es más luchado, más de cuerpo a cuerpo, deja menos espacios. Entonces, uno debe generarse la jugada de gol. Acá hay más juego asociado, un poco más de espacios y las canchas son mejores. Entonces, uno siente que hay un poquito más de espacios.

¿Los defensas pegan menos?

Sí, pero no sé si es porque se defienda de forma diferente. Acá me tocó que hay tres o cuatro partidos de la B televisados. Entonces, se ve un poco más. En el ascenso argentino es medio difícil. Y los jugadores aprovechan para hacer sus mañas. Los córners son complicados, porque uno tiene que entrar con una armadura, más o menos. Recibir combos era moneda corriente. Los árbitros dejan pasar muchas cosas. Todo fue aprendizaje para llegar a disfrutar este momento de mi carrera.

Más allá del fútbol, usted debió enfrentar una situación familiar compleja, la enfermedad de su hija. Quiero que me la cuente desde su experiencia más que desde las preguntas.

Entre 2016 y 2017 tuve buenas temporadas. En el mercado de invierno estaba esperando una opción para salir y sucede que a mi hija se le inflama una de sus rodillas, le dio fiebre. La llevamos al hospital y empezaron las internaciones, llevarla a casa y de vuelta al hospital. Entremedio de eso me sale la oportunidad de venir a Chile, que la venía buscando hace mucho, por lo que no podía dejarla pasar. Cuando se estabilizó un poco, me voy a Entre Ríos, nos acomodamos y me vine a Santiago, solo, a buscar departamento. A la semana y media, me llama mi señora para decirme que a mi hija se le volvió a inflamar la rodilla. En el hospital de Santa Fe decidieron hacerle una biopsia y drenarle la rodilla. Esa fue la parte más dura porque estando acá sentía mucha impotencia. No sabía qué hacer. Le dije a mi señora que me quería devolver. Ella me dijo que estuviera tranquilo y que pronto iban a venirse. A las dos semanas, se vinieron y acá dimos con una doctora, que la infiltró en el Hospital Militar. Yo no sabía ni donde estaba parado. Tuvo un episodio más en la cadera, pero le empezaron a dar un medicamento, en una dosis muy mínima, que le hizo muy bien. Hoy hace ejercicios, gimnasia, va la escuela de Tomás González. Fue un momento duro. Hoy lo tomamos como un aprendizaje. Hace un año y medio tenemos una chilenita también.

¿Le gusta el nivel del fútbol chileno?

Sí, porque se intenta un juego bastante ofensivo, con harta subida de los laterales. Casi todos juegan con tres puntas. Me gustó el estilo del fútbol chileno. Se puede seguir creciendo. Y eso depende de que los equipos que tienen roce internacional lo puedan hacer mejor. Eso va de la mano de las programaciones. El año pasado, a Coquimbo le tocó pelear la Sudamericana y, paradójicamente, terminó descendiendo. El calendario de ellos era muy apretado y los limitaba. Es una tarea de todos elevar el nivel del fútbol chileno. Parte por la ANFP.

¿Qué es lo mejor y lo peor?

Me gusta el estilo de juego. La mayoría ataca y mucho. No sé si lo peor, pero le veo diferencias con el fútbol argentino, es que el hincha se centraliza mucho en los tres equipos grandes. En Argentina vas a Tucumán y tienes a San Martín y Atlético Tucumán y es una ciudad entera dividida en dos. No existen Boca ni River. En Santa Fe, Rosario o Córdoba es lo mismo. Quizás la diferencia es esa. Que la gente de las regiones apoye más a sus equipos. Y que el que vaya se sienta visitante.

A propósito del público, ¿cuán importante es tenerlo de vuelta?

Es lindo. Es lo que al futbolista le gusta. Jugar con gente, escuchar el canto de la hinchada, los aplausos, los silbidos. Los halagos y los insultos. Es esa parte linda. Ya contra Everton se sintió. Ahora nos tocó con nuestra gente y se agradece el esfuerzo que hacen para acompañarnos. Déjame decirte que siempre estuvieron con nosotros. A través de las redes, de un saludo o que iban a los entrenamientos. Y el día del ascenso, con una recepción increíble. Ahora tenemos que darles alegrías y quedarnos en la categoría.

Árbitros y penales

En los estadio vacíos se escuchaba lo que hablaban en el campo y, puntualmente, la relación con los árbitros, que se fue tensionando, ¿le parece que el arbitraje no pasa por un buen momento?

Es complicado hablar de los arbitrajes. Primero, partamos de la base de que todos nos podemos equivocar. Nosotros y ni hablar de los árbitros, que tienen que impartir justicia, con 22 jugadores adentro que les gritan, con la gente del banco de suplentes. Partiendo de ahí, lo que fue tensionando la relación fueron las faltas de respeto de ambos lados. De parte del jugador, como también lo hacen los árbitros. Y, lamentablemente, el que tiene el poder dentro de la cancha es el árbitro. Entonces suceden cosas como lo que le pasó a este chico de Barnechea. Y así muchísimas cosas. Yo, en el primer año que llegué, un árbitro me ha dicho dentro de la cancha, porque le estaba reclamando un tiro libre, ‘callate vos, que te robamos Las Malvinas’. Con eso te doy una idea de que la falta de respeto es mutua. Es del jugador al árbitro, pero muchas veces el árbitro, en el afán de que el jugador no le reclame tanto, se pega alguna falta de respeto. Entonces, tenemos que tratar de bajar, primero, los decibeles. La solución es de parte nuestra, bajar los decibeles. Y, bueno, darnos cuenta de que el árbitro es un colega más, que está dentro de la cancha, haciendo su trabajo y, bueno, nosotros tenemos que tratar de facilitárselo.

¿Cómo hubieses reaccionado puesto en el lugar de Boris Sagredo?

Tuve varios momentos. Algunos en que sí se me salió la cadena y a partir de ahí traté de trabajar el autocontrol. Son reacciones en el momento. Uno no sabe para donde va a partir. Lo ideal sería que no se den esas situaciones. Es lo mejor para el espectáculo en sí. Ya sucedió. Tendrá que pedir las disculpas correspondientes el árbitro, lo mismo el jugador al árbitro si es que le dijo algo. Y tratar de mirar hacia adelante, para que las cosas vayan bien.

Cinco de sus 12 goles han sido de lanzamiento penal. No ha fallado ninguno. ¿Cuál es el secreto?

Parto de la base de querer hacerlos, de tomar la iniciativa. En la final de la liguilla erré un penal que si lo hubiese metido ascendíamos sin definición. Si me hubiese metido en un hoyo y no hubiera querido nunca más patear un penal, hoy no tendría la cantidad de goles que tengo. Entonces, creo que todo parte en la iniciativa, en tener el atrevimiento de agarrar el balón, de patear y de volver a hacerlo. Decidir y no cambiar. Es un número más. Lo importante es que sirva para sumar. Nosotros somos conscientes de que no tenemos que ser protagonistas como otros equipos. Entonces, vamos a tener menos chances de gol y que las pocas que tengamos hay que capitalizarlas.

Gonzalo Sosa celebra el gol que le marcó a Huachipato
Gonzalo Sosa celebra el gol que le marcó a Huachipato (Foto: Agenciauno)

No hay arqueros viéndonos. Entonces, quiero que me explique qué señales percibe de los arqueros cuando va a ejecutar un penal.

Es al revés. El arquero puede ver o intuir un poco más el gesto corporal del jugador. La clave del ejecutante es decidir, no cambiar, morir con esa. Y patear fuerte. Me parece que los penales se tienen que patear fuerte porque pateándolo despacio les das más chances a los arqueros.

Con 32 años, ¿le da para pensar para jugar en un grande? ¿En cuál?

Sí. Obviamente, me ilusiono y me lo planteo como objetivo, como una meta personal. Siempre con el respeto que se merecen Melipilla y toda su gente. Por eso, lo primero es dejar al equipo en Primera División y luego ver el crecimiento personal siempre que sea beneficioso para el club. Preferencias no tengo, pero sí te puedo decir que me encantaría jugar en alguno de los tres grandes de Chile. Tengo contrato con Melipilla este año y el próximo. Cualquier cosa que pueda salir, tendrían que comunicarse con el club. La idea siempre será buscar el beneficio mutuo.

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