John Armijo: “Vidangossy tiene muchas ganas de jugar con sus pares; con Alexis Sánchez, con Arturo Vidal o con Isla”

John Armijo, técnico de Melipilla, durante su participación en El diván del Kily, de El Deportivo.

El técnico de Melipilla habla de la resurrección futbolística del volante, a quien conoce desde que era niño. También repasa su rol en la gestación de la Generación Dorada y el vínculo laboral con Marcelo Bielsa, uno de los modelos que marca su carrera.


John Armijo (39) tenía encima un desafío importante. De su mano, Deportes Melipilla consiguió el ascenso a Primera División. En la actual temporada, los Potros compiten con los principales clubes de Chile y, paulatinamente, van sintiéndose más cómodos. Hace un par de semanas, derrotaron al tricampeón, Universidad Católica, un tónico para las convicciones del entrenador, cuya carrera en el fútbol comenzó en otro rol: el de preparador físico. En esa tarea, le tocó trabajar en la gestación de la Generación Dorada, primero con José Sulantay y, luego con Marcelo Bielsa. De ambos guarda grandes recuerdos y reconoce influencias. “Hemos tenido adaptaciones importantes en el último tiempo, pero yo creo que en la confianza siempre está el peligro. Independientemente del buen funcionamiento que tenemos, siempre estamos desconfiando estratégicamente, en el buen sentido. Estamos adaptando o variando alguna cosa para poder hacer imprevisible nuestro funcionamiento. Por lo tanto, sí sentimos que encontramos el camino, sí nos sentimos confiados desde el punto de vista del resultado, pero siempre hay matices que ir aportando para el desarrollo del equipo”, analiza respecto del rendimiento de Los Potros, a quienes sueña con llevar más alto aún.

Matices que tienen que ver, por ejemplo, que tienen que ver con la forma en que Melipilla encara los partidos. Al comienzo, presionaban alto y hoy lo hacen más atrás.

Pasa que en el afán de ir a buscar uno desprotege o deja más desequilibradas las vigilancias cuando estás atacando. Entonces, en esta estructura, donde nosotros dejamos esos espacios un poco más cubiertos desde el punto de vista defensivo y también los espacios más amplios para poder atacar, hemos encontrado que esa vigilancia sea mucho más equilibrada y, al mismo tiempo, que nuestros jugadores puedan atacar esos espacios de una manera mucho más fluida. Entonces, tiene que ver con eso, pero no descartamos, en algunos momentos de los partidos, desarrollar esa presión alta, como la veníamos haciendo.

¿Es tentador, de todas formas, dejarse llevar por el discurso del fútbol ofensivo, por las ecuaciones, como dice Borghi?

Bueno, pero ahí tiene que ver un poco con la teoría de Charles Darwin, que habla que no es el más fuerte el que sobrevive, sino el que mejor se adapta. Nosotros intentamos hacerlo en el juego. No pudimos ganar desde el ser protagonistas y, si tu ves lo que pasa en la final de la Champions, hoy vemos al Chelsea de Tuchel manteniendo una estructura bien ordenada desde el punto defensivo para poder atacar. Cuando uno queda pegado en una tendencia, si el rival te lee, no se va a poder sacar un buen provecho de esta adaptación. La versión del entrenador tiene que ir cambiando y mejorando también en la forma de leer el juego. Hay un contexto. Y en ese contexto, en esa lectura, hemos tenido una variante que hoy nos hace muchos más completos que hace un poco de tiempo. No nos cerramos a eso. Y hay que entender que las características de tus jugadores marca la forma en que tienes que competir. Es un todo, muy sistémico.

En el fútbol se dice que los técnicos que no varían su forma, su estilo ‘comen vidrio’. ¿Usted no come vidrio?

Pretendo que no. En algún momento pudo haber sido, pero yo estoy aprendiendo. Me siento un aprendiz constante. Tengo 39 años y pretendo que esto dure toda la vida, porque cuando dejas de hacerlo no tienes más que hacer en el fútbol, que es tan cambiante, tan complejo y tan sistémico, en donde tienes un rival enfrente que también está pensando, que se está jugando su ajedrez. Entonces, tiene que ver con eso, con cómo uno se va adaptando a distintos contextos en los momentos distintos que tiene el partido. El partido tiene cuatro momentos y hay que organizarlos de la mejor manera posible.

¿Le gusta el fútbol que se está jugando en el Campeonato Nacional?

Algunos partidos. Hay algunos partidos que entran en una tónica mucho más cerrada, donde los espacios no se pueden alterar, donde te ganan desde la pelota detenida. A veces no son tan vistosos o agradables al paladar. Es que los paladares también son muy diferentes. En gustos no hay nada definido. Pero ese fútbol estético, de ir a buscar, no se está viendo en todos los partidos. Entonces, hay algunos partidos muy buenos, pero hay otros que son más cerrados y no tan estéticos como para que la gente los disfrute.

La gente tiende a creer que el fútbol se juega de una sola manera. Ustedes deben entender y trabajar lo contrario. ¿Usted está dispuesto a cambiar convicciones en función del resultado?

No. No tiene que ver con convicciones. Yo las tengo muy claras. Puedo tirar el equipo 20 metros más atrás, pero cuando perdemos el balón ejercemos la misma presión. La convicción tiene que ver con cómo uno es un desarrollo y con lo que uno dice y hace para poder llevarlo a cabo. Mis entrenamientos son iguales a los partidos y eso es convicción. No es que las convicciones vayan cambiando. Te vas adaptando a las distintas características y a los distintos momentos que tiene el juego. Cuando vas ganando 1-0 y lo fuiste a buscar adelante y tus jugadores están cansados y lo terminas perdiendo… Tú lo ves en el mundo. Pero las convicciones no tienen que ver con eso, sino con el decir y el hacer. Cuando yo durante la semana no haga lo que hago el fin de semana, ahí te digo ‘renunciamos a las convicciones’, pero cuando hacemos lo que practicamos, la convicción está intacta.

¿Qué le falta al Campeonato Nacional? ¿Qué le gustaría ver más recurrentemente?

Yo lo encuentro entretenido. Me gusta cómo se está dando todo. Hoy hay mucha cercanía entre el primero y el último. Estamos octavos, a tres puntos del primero. Se hace mucho más interesante y entretenido. Antiguamente, cuando la Cato te sacaba 20 puntos, todos se concentraban en quien salía segundo e iba a la Libertadores, pero hoy todos pueden ganar el torneo. ¿Qué le falta? Jugar más. Llegar en esta misma condición al final del torneo. Y mantener este nivel de intensidad.

John Armijo, en el partido entre Santiago Wanderers y Melipilla.
John Armijo, en el partido entre Santiago Wanderers y Melipilla. (Foto: Agenciauno)

La figura de Vidangossy

¿Ganarle a la UC era el punto de inflexión que necesitaba Melipilla para creerse un equipo de Primera?

En términos de resultados, solamente, no de trabajo. Si vemos más atrás los partidos, a pesar de haber perdido con Palestino, tuvimos un segundo tiempo brillante, en el cual pudimos haber hecho una cantidad importante de situaciones ofensivas. Tuvimos dos postes. Después, con Audax, no tuvimos tanta profundidad, pero igualmente nos generamos ocasiones con balones detenidos. Entonces, ha habido una progresión y nunca el jugador dejó de creer. Al contrario, siempre tuvo la convicción en lo que se venía haciendo. Y la claridad y la entrega absoluta. Después, desde el resultado, existe ese punto de inflexión en donde uno dice “listo, estamos preparados para poder ganarle a un equipo que en los últimos años fue protagonista del torneo nacional y, desde ahí, podemos ser competitivos con cualquier equipo del torneo.

En ese partido nos encandilamos todos con Mathías Vidangossy, ¿cómo explica usted su gran momento?

El Mathi siempre fue talentoso. Siempre tuvo ese talento intacto. Había otros elementos o dimensiones de su talento que tenía que desarrollar aún más. Y se empezó a trabajar. El Mathi hace un año ya que está haciendo trabajo diferenciado, tiene un trabajo completamente distinto del de sus compañeros. También su forma de alimentación cambió. Mathi es vegano, por lo que su forma de procesar energéticamente también cambia. Hay un cambio de hábitos en los últimos dos años. Nosotros, como cuerpo técnico, le hemos dado la confianza, la seguridad. Hoy, en nuestro desarrollo ofensivo, tenemos que crear los sistemas de vigilancia para que él tenga esa libertad. Él juega con balón, pero también le pedimos que haga cosas sin el implemento y lo hace también de buena manera. Si yo dijera cuánto corre el Mathi, quizás no me creerían. Mathías está corriendo casi 12 kilómetros por partido. No es solo lo que vemos. Es lo que se hace. Me saco el sombrero con su crecimiento. Tiene un coach que lo está desarrollando en la normalización de sus emociones. Eso habla de un profesional que se está preparando para la elite.

Talento tuvo siempre, pero ¿cómo logran reengancharlo, convencerlo de que aún estaba tiempo para rendir de acuerdo a sus condiciones?

Partió desde ahí, desde que él buscó su oportunidad. Él llamó, habló con directivos, conmigo. Nosotros nos conocemos desde 2005, de Unión Española. Mi ayudante, Rodrigo Córdova, era el entrenador y yo era el PF de la serie en que estaba Mathías. Entonces, hay un conocimiento desde hace mucho tiempo. Después me tocó tenerlo en esa generación dorada del Mundial de Canadá. En el Sudamericano de Paraguay resaltó y fue el primer vendido a Europa, al Villarreal. El talento está intacto. Faltaban otras cosas.

¿Le alcanzará este segundo aire para llegar a la Selección? ¿Se lo plantea como objetivo?

Vamos a preguntarle al Mathi lo que quiere. Siempre tiene sueños, va cumpliendo etapas. Tiene muchas ganas de jugar con sus amigos, con sus pares. Con Alexis, Arturo, con Mauricio. Estamos dando pasos, no hay que adelantarse. Todavía hay que ratificar en el juego una regularidad no solo de tres o cuatro partidos, sino que de diez, quizás. El profe Lasarte sabe ver bien el juego. La estructura de estos microciclos también les da la posibilidad a los jugadores del medio nacional de poder estar en Copa América o Eliminatorias. Yo creo que para allá va. No lo quememos aún, no lo presionemos, pero ha logrado llevar lo que se ha propuesto en este corto período. Vamos, ojalá, a disfrutar a Mathías y al resto de nuestros jugadores, por la mayor cantidad posible de partidos.

Su aporte a la Generación Dorada

Y a usted, como profesional, ¿qué le provoca haber sido parte de la formación de la generación más importante de jugadores chilenos?

Para mí es una satisfacción tremenda. Tiene que ver con agradecer a la vida por haberme puesto en el momento justo, en el lugar preciso. De haber trabajado con José Sulantay y con Marcelo Bielsa, después del Mundial de Canadá. Tengo que ser agradecido de la vida y de estos dos maestros que me enseñaron. Al mismo tiempo, es una satisfacción tremenda, quizás, haber aportado ese granito de arena a lo que fue el desarrollo de esos jugadores y hoy, imagínate, me toca estar con el Mathi y nuevamente encuentra ese rendimiento que hace mucho tiempo no estaba desarrollando. Yo también tengo el sueño, la proyección, no en el corto período, sino en cinco o diez años más, de terminar en la Selección, como empecé el camino.

¿Qué hizo distinto a este grupo?

Varias cosas. Las carencias, los golpes de la vida, el hambre. Son generaciones que se marcaron por los aprendizajes, por no decir derrotas. El profe Sulantay intentó una forma protagónica. Se junta el sueño con el soñador. Dos caminos, la conducción y el desarrollo, se juntaron y llevaron a cabo todo lo que se planificó. Tiene que ver con lo social y con lo que Chile pretendía y no tenía.

Muchas veces, el lugar común nos lleva a decir que Bielsa le cambió la mentalidad al fútbol chileno. Sin embargo, este grupo se empieza a formar con Sulantay, ¿qué porcentaje le asigna a cada uno?

Son dos cosas distintas. El profe Sulantay realiza un gran proceso de captación. Y ahí no podemos dejar de mencionar al profe Nelson Acosta, con los centros regionales. Sulantay recorrió Chile completo. Llevó jugadores desde el amateurismo. A Eduardo Vargas lo captó en una selección amateur. Nosotros estábamos en todos lados captando, conversando con entrenadores. Pero desde el desarrollo, el rendimiento y competir de igual a nivel mundial o desde un modelo de juego para competir de igual a igual, tiene que ver con Bielsa. Entonces, entre los dos, hubo una muy buena progresión o correlación. Y tampoco hay que restarle méritos al profe Acosta.

¿Y desde lo físico? Hoy, Vidal y Sánchez son verdaderas máquinas, ¿siempre se preocuparon por eso?

Hay dos cosas también. Por ejemplo, hay una selección natural, bastante interesante, de jugadores que no tenían tanto renombre, pero que llegaban con una muy buena condición física. Y lo que no eran sometidos a trabajos de lunes a miércoles o de lunes a jueves. Fueron dos o tres años. Después, se les dejaba ir a los clubes para jugar el torneo de reserva o juveniles. Y los jugadores que no llegaban en buena condición, eran sometidos a un programa diferenciado. Todos nos complementamos para desarrollar el trabajo. Y hay una intención, un interés de los jugadores también. Bielsa siempre decía que cuando no ganas el duelo físico, no puedes ganar el duelo técnico. Un ejemplo de eso es lo que pasa hoy con Mathías Vidangossy. Entonces, el éxito tiene que ver con la preocupación que ellos tuvieron, con las competencias que generaron.

El maestro Bielsa

¿Qué tanto aprendió al haber trabajado con Marcelo Bielsa y con Luis Bonini?

Muchísimo. De Bonini aprendí el manejo de grupo, la cercanía con el jugador, el sacar rendimiento desde la emoción, que son cosas que habitualmente no se comparten y no van de la mano con lo frío que es el rendimiento. Y del profe Bielsa desarollé un poco la convicción, el amor por el trabajo, la obsesión bien entendida de atender las necesidades que uno tiene, de desarrollarlas hasta que no termina, la obsesión por disminuir el error al mínimo. Hay mucha herencia desde la planificación, desde la metodología y desde la fortaleza mental y desde que el trabajo es la única manera de poder llevar a cabo tu idea pretendida. Del profe Bonini, las habilidades blandas y del profe Bielsa, del rol del trabajo.

¿Usted se define como bielsista?

En parte sí y en parte no. Yo me defino como John Armijo. Tengo una herencia importante de Marcelo Bielsa, pero he tratado de hacer mis cosas personales. No trato de ser Bielsa ni de imitarlo en nada. Conozco su trabajo, soy un agradecido de haber estado con él, pero también tengo mi propio sello y quiero desarrollarlo.

Se lo pregunto porque hay algunos que lo saludaron y se sienten bielsistas o fueron sus vecinos y predican su modelo por el mundo. Usted no lo vocifera y no lo practica a ultranza.

Lo que pasa es que si fuera bielsista, no tendría que haber cambiado la forma de jugar o haber retrasado y adaptarme al contexto del juego. Marcelo no cambia la forma. Cuando el Leeds estaba jugando con el City, que lo hizo retroceder, Marcelo estaba enojado porque no podía desarrollar su juego. Y termina ganándolo. A veces ha ido ganando y por el hecho de ir a presionar alto descuida la parte defensiva y termina perdiendo. No puedo ser bielsista si termino adaptándome al contexto. Es un poco lo que decía de Sampaoli. A Marcelo la convicción no lo deja cambiar. Y por eso no puedo ser bielsista.

¿Abre puertas haber trabajado con Bielsa? ¿Usted lo menciona cuando postula a algún proyecto?

En algunos momentos, sobre todo cuando empecé, sí. Como inicio. Pero después, si uno no tiene la capacidad, te van a echar igual. Como carta de presentación es importante haber trabajado con grandes entrenadores, pero después debe ser capaz de mantener ese nivel de desarrollo del trabajo para mantenerse en los puestos. De inicio ayuda, pero después te deja la vara alta. La expectativa de la gente que te contrata siempre son altas por el nivel de la gente con la que trabajaste. Es un compromiso y una mini presión. Y me gusta, porque me hace mejorar.

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