Johnny se salva por error

HERRERA

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Herrera volvió a jugar por el campeonato nacional después de cinco meses, pero su retorno casi terminó en tragedia: fue el responsable del gol del empate iquiqueño.




"Esta es la U, poh amigo. Puta, es dificil expresar lo que se siente. Estábamos últimos... Felicitar a la gente. Ganamos la primera final. Quedan seis". Johnny Herrera habla entrecortado. Y, finalmente, llora. El agónico triunfo de la U sobre Iquique, en su retorno al arco universitario por el Campeonato Nacional después de cinco meses, lo supera. Se va feliz, aunque el partido ante los nortinos tuvo también momentos duros para él. Los tres puntos y la salida momentánea de la zona de descenso desplazan a los cuestionamientos.

Fue una jornada especial para el arquero. Apenas salió al campo de juego para realizar el calentamiento, Herrera sintió el rugido del Estadio Nacional. Los hinchas de la U veían en su retorno al arco azul, que no custodiaba desde el 5 de mayo por el Campeonato Nacional, una luz de esperanza. Más que por el nivel futbolístico, que llevó a perder la titularidad en beneficio de Fernando de Paul, por el liderazgo que, entendían, podía remecer a sus compañeros. El capitán, el héroe de tantas jornadas, el ídolo, volvía al lugar que siempre le perteneció. Por méritos y por historia.

Eso sí, el retorno, esperado y hasta exigido por por muchos, sobre todo después del error de Fernando de Paul, que antecedió al gol de Julio Barroso en el Superclásico, incluyó una nueva pesadilla. Y casi finaliza en tragedia. Un tiro libre de Matías Donoso, que rebotó en Rafael Caroca, parte de una barrera mal formada y que se abrió inexplicablemente, terminó descolocándolo. Fue el empate iquiqueño, en los 33'. Herrera iba lanzado hacia la derecha. El balón ingresó por su mano izquierda. Alcanzó a tocarlo,pero no a desviarlo. La pelota se detuvo en la red, como burlándose de la desgracia. O del error y la lenta reacción del arquero.

Además de las redes del arco sur del Nacional, las sociales también estallaban. El apellido del portero se transformaba en trending topic. La imagen del yerro y los comentarios se multiplicaron. Ya no celebraran su regreso a la portería laica, como en los minutos previos. Los reproches de los seguidores se mezclaban con la sorna de los rivales.

Cinco minutos minutos antes de la tragedia, el golero había desviado con una vistosa estirada un remate frontal de Luis Silba. Fue su primera intervención de riesgo y, entonces, resultaba imposible presagiar que la nube negra que lo sacó del arco reaparecería.

En el segundo tiempo, su faena fue tranquila. Recién en los 59' volvió a tomar un balón. Liviano. Desde el área, sin trabajo, la participación de Herrera se remitía a las instrucciones a sus compañeros y a algún despeje largo cuando lo incluían en la posesión. No mucho más. A ocho minutos del final, mostró su plasticidad ante un cabezazo de Matías Donoso.

El agónico autogol de Mauricio Zenteno borró cualquier reproche. Ese error salvaba el suyo. Herrera volvía feliz.

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