La columna de Guarello: La obviedad

La oncena que cayó goleada ante Inglaterra, en Murcia. FOTO: @PinatarArena

"El fútbol juvenil chileno lleva casi tres años a los tumbos con el agravante de la intervención de empresarios de jugadores desde los doce o trece años, la nula política formativa de muchas instituciones y que no pocos entrenadores de cadetes, ante los bajos sueldos, tienen que complementar sus ingresos en 'escuelas de fútbol' para llegar a final de mes".



Los torneos juveniles en Europa tienen siempre el mismo escenario: pequeños estadios de barrio, cámaras que transmiten casi a nivel del piso y los gritos que vienen desde la cancha que se cuelan en la emisión. Puede haber cien millones de euros en uno de los equipos, como ocurrió con la selección inglesa que aplastó al equipo dirigido por Patricio Ormazábal, pero esa atmósfera de entrenamiento, de informalidad y distracción es ineludible.

Tal vez ese entorno relajado donde hasta el nombre del torneo, Costa Cálida Cup de Murcia, permite un análisis más complaciente y manso del paupérrimo debut que tuvo la Selección Sub 20 en este campeonato donde enfrentará, además, a Australia y Marruecos. Justo es señalar que los cadetes en Chile están con actividad discontinua o nula desde el estallido social del 19 de octubre del 2019. Entonces, cuando livianamente se decidió suspender toda la actividad sin medir las consecuencias, los primeros que pagaron el pato fueron las series juveniles donde, no sólo se dejó de entrenar y competir, en algunos clubes directamente se finiquitó a los cuerpos técnicos. Mandaron a los cabros para la casa y después vemos.

Entonces vino la pandemia de Covid-19 y si los cadetes estaban contra las cuerdas, terminaron por ser noqueados con las cuarentenas, restricciones para entrenar y el lentísimo retorno a las canchas.

En una línea: el fútbol juvenil chileno lleva casi tres años a los tumbos con el agravante de la intervención de empresarios de jugadores desde los doce o trece años, la nula política formativa de muchas instituciones y que no pocos entrenadores de cadetes, ante los bajos sueldos, tienen que complementar sus ingresos en “escuelas de fútbol” para llegar a final de mes. No me meteré con Patricio Ormazábal ni quién lo puso ahí, cómo forma las nóminas o a los intereses que responde. No hoy.

Patricio Ormazábal, actual DT de la Sub-20.

Viendo la formación inicial, de inmediato entendemos por qué los jugadores ingleses, campeones europeos y mundiales, parecían adultos y los chilenos escolares. Eduardo Villanueva, por ejemplo, no tiene partidos oficiales en Colo Colo, Darko Fiamengo ni siquiera está en el plantel de Gustavo Quinteros y Jordhy Thompson acumula 37 minutos en Primera. Sólo Daniel Gutiérrez tiene experiencia con trece partidos en dos años. Tomás Avilés no registra minutos en Primera defendiendo a Racing; Maicol León jugó nueve partidos el 2021 en Palestino, pero este año con Gustavo Costas volvió a las juveniles; Cristóbal Castillo salva, tiene nueve participaciones el 2022 en O’Higgins; Jeison Fuentealba acumula 376 minutos en Primera por La Serena; Manuel Lolas juega algo en Rangers, once partidos, pero es el Ascenso; Esteban Calderón sólo ha jugado en cadetes por O’Higgins; Gabriel Norambuena ha tenido que entrar en varias ocasiones por Unión Española por la obligación del Sub 20, pero son apenas 356 minutos divididos en quince partidos y sin goles a su haber. Sólo Darío Osorio, titular en Universidad de Chile, se sale de la norma con 24 partidos y siete goles. Y contra Inglaterra no la tocó. No lo dejaron.

Un equipo físicamente inferior y casi sin experiencia competitiva enfrentando a, tal vez, la mejor selección Sub 20 del Mundo: sus jugadores, en el peor de los casos, son titulares en la potente Premier League Two o se pulen en las canchas de la Championship. No había cómo competir y no se compitió. Pero no es problema de los muchachos, ni de Pato Ormazábal ni tampoco del inefable Francis Cagigao. Acá se optó por sacrificar sin miramientos en octubre del 2019. No nos podemos quejar ahora.

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