La pelota corre por el desierto: las memorias de futbolistas chilenos en la liga de Qatar
Hablar de Qatar es sinónimo inmediato del pasado Mundial. Sin embargo, para llegar a ese megaevento deportivo, el país impulsó el crecimiento y maduración de la liga local Qatar Stars League. Allí, personajes como Luis “Mago” Jiménez o Nicolás Córdova jugaron por sus estadios. Hoy recuerdan su paso por el fútbol qatarí.
En este 2026, cuando el fútbol vuelve a girar sus ojos hacia el Mundial que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, las memorias del último torneo planetario siguen frescas. Hace apenas cuatro años, Qatar fue el epicentro del deporte más popular del mundo y escenario de una de las finales más recordadas de la historia, aquella en la que Argentina conquistó su tercera estrella.
Más allá del resultado, ese campeonato dejó imágenes imborrables y consolidó a la nación del Golfo como un actor relevante en el mapa futbolístico global, una huella que aún resuena entre quienes vivieron el fútbol qatarí desde dentro de la cancha.
Los esfuerzos para levantar un mega evento en pleno desierto marcaron un antes y un después en la competencia local, que durante este siglo fue mejorando su nivel competitivo, contando con deportistas nacionales entre sus filas.
Se podría decir que los chilenos que han hecho patria en suelo qatarí se cuentan con los dedos de una mano, pero eso no quita peso a la aventura que cada uno de estos trabajadores del deporte vivieron en las costas del Mar Arábigo.
Luis Santibáñez fue el primer chileno en atreverse a participar del fútbol qatarí. El director técnico que llevó a Chile al Mundial de España ‘82, llegó a Qatar a inicios de este milenio. Durante seis meses del 2000 dirigió al Al-Arabi, cuando el país aún no despuntaba como destino futbolístico.
Bajo su dirección dicho equipo, que aún continúa en primera división, tuvo un rendimiento sobre la media tras 13 partidos oficiales. Seis triunfos, cuatro empates y tres derrotas. Santibáñez, quien falleció en 2008 con 72 años, marcó una ruta, enfrentando los choques culturales y las limitaciones de un fútbol en formación.
Los primeros pasos
Cristián Montecinos, exdelantero de la selección chilena, jugó en Qatar entre 2002 y 2003 por el Al-Gharafa Sports Club, en una época en la que el fútbol de Medio Oriente recién consideraba al talento sudamericano en sus alineaciones. En dicha época, solo se permitían dos extranjeros por equipo. Hoy, la liga en Qatar encontró en la integración una fórmula para competir de igual a igual con otros equipos del mundo.
Montecinos cuenta que llegó acompañado por su esposa que había dado a luz en Emiratos Árabes hace pocos meses. Después, todos juntos se fueron a Qatar. El deportista vivió entre Dubái, Abu Dabi y Doha en esos años. “Son ciudades hermosas y me sorprendieron muchísimo”, recuerda, al teléfono. “Tuve que adaptarme y, a pesar de todo eso, la vida en la ciudad era bastante tranquila... Uno podía vivir en paz”, destaca el artillero con pasos por Colombia y México.
En la liga qatarí dejó huella. “Creo que hice unos ocho goles en diez partidos, aunque no siempre aparece el dato completo”, describe ante una liga que considera muy física, con partidos jugados a 40 grados de temperatura y muchísima humedad. “Entrenábamos muy temprano en la mañana o muy tarde en la noche para aguantar el clima”, describe ante una situación no muy diferente a la actualidad.
Sobre las diferencias con el fútbol chileno, Montecinos lo resume así:
“Allá el juego era más fuerte, rudo, rápido. Físicamente estaban mejor. Lo que les faltaba era lo táctico, pero eso lo han ido aprendiendo con los entrenadores extranjeros”, dice, en relación con el crecimiento exponencial de la liga en la última década, que ha seguido a lo lejos como un hincha más.
Cristián Montecinos es el primer jugador chileno en cancha y, como todo compatriota fuera, le tocó hacer patria. “No conocían el fútbol chileno, ni sabían mucho de nuestro país y estaban más acostumbrados a ver brasileños o argentinos. Para ellos fue toda una novedad conocer a un chileno, pero también para mí fue un descubrimiento”, analiza.
En su paso, compartió camarín con jugadores de Marruecos, Tanzania, Irak y Europa del Este, además de entrenadores egipcios, croatas, holandeses y franceses. “Fue una mezcla cultural impresionante y aprendí mucho, no solo de fútbol, sino también de vida”, rememora.
A pesar de las distancias culturales y la barrera idiomática, Montecinos dice haber vivido en un entorno cómodo y moderno. “Vivía en una villa hermosa, con todo incluido: tenía supermercado, restaurantes, bares, todo lo necesario para estar tranquilo. Doha ya en esa época era una ciudad muy avanzada”.
El chileno con más clubes en el fútbol árabe
Casi una década después, Luis “Mago” Jiménez llegó a Doha a demostrar su talento. Con paso por tres clubes como Al-Arabi, Al-Gharafa y Qatar SC, el jugador tiene el récord de ser el futbolista nacional con más pasos por clubes en el fútbol árabe.
“El fútbol árabe fue una de las mejores experiencias de mi vida”, afirma el deportista. Con pasos por Italia e Inglaterra, su historia se cruza con el crecimiento del fútbol de la región .
Su primer encuentro con esa zona del mundo fue en una pretemporada cuando aún era jugador del Inter de Milán. Llegó a Dubái a las instalaciones del equipo emirato Al-Ahli. “Me di cuenta de que el fútbol en Medio Oriente estaba creciendo y había muchas ganas de invertir y hacer crecer el deporte”, dice Jiménez, quien con 27 años dio el paso.
“Fueron lindas experiencias, gané campeonatos y copas tanto en Qatar como en Emiratos Árabes: estoy feliz de haber tomado esa decisión”, recuerda. En 2016 llegó a la capital qatarí. En ese entonces, el Mundial aún parecía muy lejano. “Ya había estado ahí por vacaciones, visitando amigos, y también por partidos, así que no fue difícil adaptarme... Me tocó vivir en Doha, que es una ciudad increíble y muy familiar”, precisa.
Para cuando Jiménez ya anotaba golazos de tiros libre, se permitían cuatro extranjeros por equipo. La liga iba creciendo año a año.
Los clubes que más destacan eran Al-Sadd y Al-Duhail, que podría ser un símil bien lejano con Colo-Colo y Universidad de Chile, por ser los equipos que siempre pelean el título.
“Tenían jugadores con experiencia en Champions y en Mundiales. También estaban clubes más tradicionales como Al-Arabi, Al-Gharafa o el mismo Al-Ahli, pero los dos primeros marcaban la diferencia”, describe.
“Son muy apasionados del fútbol, aunque durante la temporada regular los estadios no se llenan tanto. La gente prefiere ver los partidos en casa o en restaurantes, quizás por el clima. Pero siguen todos los encuentros, son fanáticos”, destaca. Y algo en lo que realmente marcan diferencia dice Jiménez es en el espectáculo: “Cada evento está muy bien hecho, mucho mejor que en Sudamérica”.
Dentro de la cancha, Xavi, el español campeón del mundo, fue uno de sus rivales. “En mis equipos tuve compañeros menos conocidos, pero con trayectoria: en Al-Arabi, estuve con Paulinho; en Al-Gharafa, después llegó Wesley Sneijder”, relata, otro finalista de aquel Mundial de Sudáfrica.
DT a nivel de club y selección
Una década después que Santibáñez se sentara en la banca, Julio César Moreno fue el segundo DT en probar suerte. Con Qatar convertido en un hub deportivo y enfocado en el Mundial 2022, el técnico chileno asumió un rol clave en el desarrollo de las selecciones juveniles, trabajando con recursos ilimitados y una planificación a largo plazo.
Moreno, en conversación con este diario en 2013, cuando llegó a la liga, relató que supo navegar en un proyecto moderno y globalizado. Se integró a un sistema que ya contaba con tecnología de punta y asesoría internacional. Misma experiencia que Nicolás Córdova, ex futbolista y DT con pasos a nivel de clubes y selección en la perla del golfo arábigo.
Córdova aceptó el desafío de formar parte de un proyecto “tan ambicioso como la organización del Mundial”. Llegó dos años antes del torneo y se integrío a la Selección Sub-23, bajo el mando de Félix Sánchez, ex DT de Qatar, quien estuvo al mando durante la copa del 2022, y también artífice de la Copa Asiática 2019, el primer torneo a nivel continental de los qataríes.
“Sentí que era el momento de aportar en un lugar donde uno se vuelve parte de algo grande... Y eso era Qatar”, resume el atleta. Desde su rol de coach, Córdova considera que, a nivel cualitativo, Sudamérica tiene mejores jugadores, pero en términos organizativos “estamos muy por detrás de lo que están haciendo los países árabes y Asia, en general”. “Nosotros, si no nos ponemos al día, vamos a seguir quedando atrás”, propone.
Durante su trabajo, logró la clasificación a la Copa Asiática Sub-23 en Uzbekistán 2022. Posteriormente, en febrero de 2022, fue anunciado como director técnico interino del Al-Rayyan Sports Club de Qatar, donde durante su paso tuvo como jugador al último mejor jugador de la Copa América, el colombiano James Rodríguez, así como al chileno Jeisson Vargas.
“El jeque del club pidió prestado el cuerpo técnico a la federación por dos meses para terminar la temporada y justo teníamos la Champions League en ese período: contra todo pronóstico, terminamos segundos en el grupo, algo histórico para el club”, rememora el chileno, quien gracias a sus resultados y tras la Copa de Asia con la Sub-23, asumió de forma definitiva como DT de Al-Rayyan.
En tierras lejanas, el chileno se acostumbró a entrenamientos nocturnos por las altas temperaturas, escuchando a lo lejos el último rezo del día. Dejando fuera lo religioso o lo climático, las condiciones son “de primer nivel”. Las canchas, los gimnasios, las instalaciones, todo a un estándar altísimo. “Fueron dos años y medio muy intensos y enriquecedores entre selección y club”, precisa, donde la adaptación a un lugar distinto no fue un condicionante.
“Si uno es respetuoso con sus costumbres y religión, todo fluye: son personas muy amables, generosas”, señala, afirmando que durante su paso generó amistades qataríes y árabes con quienes todavía conversa.
“A veces estigmatizamos al mundo musulmán desde el desconocimiento, pero me encontré con gente maravillosa”, ahonda ante Qatar que, con cerca de 400 mil qataríes, el resto de su población es flotante. “Es un país hermoso, muy ordenado, muy seguro. Me adapté rápido. Viví feliz allá”, sentencia.
Mientras Chile recibió el Mundial Sub-20, Qatar será sede del Mundial Sub-17 por cinco años consecutivos. “Desde Chile, mantenemos contacto con nuestros pares en Qatar... Por ejemplo, con la Sub-20 fuimos a Madrid a jugar amistosos organizados por ellos”, añade. Córdova defiende que tener una “conexión activa con Qatar” nos abrirá puertas para competir internacionalmente. “Que ellos sean anfitriones por cinco años consecutivos es una gran oportunidad, y me alegra seguir vinculado a ese proceso”, asegura.
Palestino rumbo a Doha
Retomando la historia del Mago Jiménez, tras su paso por Medio Oriente, volvió a Palestino y ganó la Copa Chile con el club que lo formó, manteniendo las raíces árabes conectadas. “Volver y salir campeón después de 40 años fue algo muy especial... De los 14 títulos que gané en mi carrera, ese es probablemente el más importante para mí”, señala.
Un detalle no menor ya que Years of Culture, a través de la Generation Amazing, organización con sede en Doha que busca expandir los valores del fútbol en diversas comunidades del mundo, busca formalizar una alianza con Palestino, de creciente fama en el mundo árabe y desde donde se sigue su participación en el campeonato nacional o en torneos internacionales. Según adelantaron a La Tercera, se espera que para el primer semestre del 2026 el elenco de La Cisterna viaje hasta Doha para materializar una serie de partidos con equipos de la Qatar Stars League.
Ante esto, Nicolás Córdova vislumbra las posibilidades de colaboración entre Chile y Qatar, especialmente en lo deportivo y formativo. “El vínculo existe y se puede fortalecer... Chile puede aprender mucho del modelo organizativo qatarí, y también podemos aportar desde nuestra experiencia formativa y cultural”, asegura.
Aunque parezcan mundos lejanos, hay más cosas en común de las que imaginamos. Cristián Montecinos opina parecido. “Hoy estamos mucho más conectados, porque la globalización ha estrechado los lazos entre Asia y Sudamérica. Son culturas distintas, sí, pero se pueden juntar perfectamente y lograr muchas cosas juntos”, explica.
Ante este trabajo mancomunado para acercar estas dos naciones, el DT de la Sub-20 cree que hay que aprender para poder integrarnos con dicha cultura. “Estoy agradecido de lo que viví en Qatar, y si bien ahora estoy feliz en Chile, siempre lo recordaré con mucho cariño”, sentencia.
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