Los desayunos del Matador Salas en la U: la imperdible anécdota que relata su compañero de concentración

Marco Olea, técnico de Santiago Morning femenino, durante su participación en El diván del Kily, de El Deportivo.

Marco Olea, actual entrenador del equipo femenino de Santiago Morning, recuerda imperdibles historias con el histórico azul. También habla de la evolución del balompié para mujeres y reconoce que, incluso, le gustaría llegar a dirigir la Selección.


El 23 de abril, Marco Olea asumió un desafío complejo. Horas antes se había conocido la salida de Paula Navarro de la banca de la escuadra femenina de Santiago Morning. El desafío era titánico. El Caballero del Gol era el ayudante de la estratega que había conducido a las bohemias al tricampeonato nacional, pero asumió el relevo con naturalidad. “Hay un respeto enorme a lo que hizo Paula. No solo por los tres campeonato, sino por los 14 años que lleva en Santiago Morning. Es una responsabilidad enorme, primero, estar frente a grandes jugadoras. Santiago Morning se compone de una gran cantidad de jugadoras de muy buen nivel y también de algunas que participan en esta gran Selección que tiene Chile a nivel femenino. Es una responsabilidad doble y se agradece la oportunidad que me dio el club de poder tomar este cargo”, dice el estratega, cuyo ascenso terminó con la única presencia femenina en las bancas del torneo nacional de fútbol de mujeres, en El diván del Kily, de El Deportivo de La Tercera.

Usted venía trabajando como ayudante técnico de Paula Navarro. ¿También le toma por sorpresa su salida de la banca?

Sí. Yo creo que a todos. Por la gran cantidad de años, por lo que significa Paula para Santiago Morning. Ella es un pilar fundamental en el fútbol femenino, a nivel nacional también. Santiago Morning ha dignificado a la mujer en el fútbol, a estas jugadoras. Eso también merece un aplauso. Gran parte de eso es por Paula.

¿Qué nivel tiene en las decisiones técnicas? ¿Cómo es su relación en ella?

Ella está en un cargo más gerencial. Obvio que está con nosotros. Está trabajando a la par con nosotros, solo que dejó la parte técnica. Ella ya no está en la cancha y no toma las decisiones técnicas en sí. Es como una gerenta deportiva de Santiago Morning femenina.

¿Cómo han sido las primeras semanas de trabajo?

Empecé el año pasado en septiembre y, claro, yo había visto el fútbol femenino. Me interesaba, quizás no formar parte, pero veía los partidos. Siempre miro todo tipo de partidos. Entonces, cuando me dieron la posibilidad, no lo dudé. No la pensé dos veces. Estábamos en una etapa difícil de la pandemia y ha sido una experiencia engrandecedora. Estoy aprendiendo más yo de ellas que ellas de mí. Sin dudas, los años que jugué fútbol me han enseñado a saber lo que piensan, lo que sienten los jugadores, lo que quieren. Y en las chiquillas es lo mismo. El género no revierte eso. Sienten lo mismo, tienen las mismas emociones, las mismas mañas. Es gratificante trabajar con ellas. Es un gran grupo y, después, son grandes profesionales. Me saco el sombrero por lo profesionales que son.

Uno tiende a pensar que en un vestuario femenino la sensibilidad es distinta, ¿ve diferencias respecto de lo que vivió usted como futbolista?

Primero, el respeto que se tienen. Y el que debe tener todo el cuerpo técnico hacia ellas. Y, después, la consistencia que han tenido para estar en el fútbol, que ha sido súper difícil para ellas. Uno escucha cómo empezaron. La consistencia es la cualidad que tiene la materia de resistir sin romperse fácilmente. Imagina todo lo que han tenido que soportar ellas para estar donde están. Yo se los digo. Las aplaudo. El cómo empezaron es totalmente distinto al de los hombres.

¿Y cómo están hoy? Santiago Morning se preocupa mucho por el desarrollo de la rama ¿Cómo ve al fútbol chileno en ese ámbito?

Creo que va creciendo. De a poco, pero crece. Lo de Santiago Morning es totalmente aparte. Lo veo cuando jugamos, en entrenamientos, cómo el club ha dignificado a este grupo de jugadoras. O a las que pasan y luego quieren volver, por la calidad de trabajo, el respeto que se les da. Es igual o más que a un equipo profesional de hombres.

Hoy, todas las bancas de los equipos femeninos son ocupadas por hombres, ¿cómo se explica eso?

Nosotros estamos tratando de profesionalizar sin pasar a llevar a la gente que ha estado antes. Siempre he escuchado a Paula, que es la persona que he tenido más cerca dirigiendo y ella siempre ha hablado de excelencia. Ellas empezaron como amateurs y ahora recién se está profesionalizándose, entre comillas, porque son tres equipos. Santiago Morning ha sido pionero en profesionalizar esto, en hacerles contrato a todas sus jugadoras, en tenerlas bien, en darles una buena implementación, un buen lugar de trabajo, un lugar confortable, donde se sientan cómodas. Y nosotros estamos aportando con nuestro granito de arena, de pasar nuestra experiencia. La mía, de 20 años, me tocó estar en la Selección, un año afuera, pasé por muchos equipos, fui campeón, goleador del fútbol chileno. Estoy tratando de traspasarles esas experiencias, porque sé que, al final, nosotros no queremos tomarnos las bancas de las mujeres, solo estamos tratando de aportar y de ayudar y de traspasarles nuestra experiencia. Todos los ex jugadores pensamos lo mismo. Y recurro a un caso cercano, el de Lucho Mena. Estamos pensando en aportar nuestra experiencia para ellas. Después vendrán Dani Pardo, Pancha Mardones, Karen Araya. Ellas van a ser las grandes entrenadoras.

Se lo pregunto porque siempre está instalada la sombra del machismo, sobre todo en el fútbol, y podría verse también de esa forma.

Claro, pero acá tenemos entrenadoras. Nicole Fajre, por ejemplo, pero está jugando actualmente. Pero es lo que decía. Nosotros estamos tratando de aportar, sabiendo que ellas van a ser las grandes entrenadoras.

Claudio Quintiliani, el técnico de Palestino, atribuyó la ausencia de entrenadoras a la falta de capacidad para dirigir grupos, ¿coincide?

No. A él no lo conozco y cada uno tiene su opinión y la respeto, pero no la comparto. Si las jugadoras, cualquiera de las nuestras, se retirara, estaría capacitada para tomar un grupo de compañeras. Son responsables, respetuosas, inteligentes. Van en camino a eso. Están totalmente capacitadas.

¿Habrá que esperar que la Generación Dorada se retire y asuma con el conocimiento pleno del profesionalismo?

Sí. Ellas se han encontrado con la importancia que le estamos dando al fútbol femenino, que en tres años más no va a ser mirado como ahora. Los clubes ya van apostar por sus equipos femeninos. En la ANFP debe estar totalmente separado el fútbol femenino del masculino. Tiene que haber un estamento aparte. Que el fútbol femenino no dependa de la selección de hombres, porque incluso lo que están haciendo ellas es mucho más, actualmente, que lo que ha hecho la selección masculina. Clasificar a los Juegos Olímpicos es algo histórico. Yo se los comento a ellas, que no se pueden perder la posibilidad de ir. Cualquier deportista de elite sueña y añora ir a unas Olimpiadas y ellas lo tienen a la mano.

¿Hay que pensar en Christiane Endler, en Carla Guerrero o en Daniela Pardo como futuras entrenadoras?

Como te decía, nosotros tenemos una titulada. Ahora, independientemente de que no te lo digan, uno siente, palpita la jugadora que va para ese lado. Está Marcela Pérez, Su Helen Galaz, la Pancha Mardones. Sin que les preguntes, tú sientes. Es lo mismo que cuando jugábamos nosotros.

¿Y para usted, es de paso?

Yo voy paso a paso. Mi proyección es ser un gran entrenador en Chile. No puedo decir si en el fútbol femenino o para donde voy. Si se me da, si puedo dirigir una selección chilena femenina, feliz. La experiencia ha sido gratificante, sobre todo como persona. No importa el género. Yo me preocupo de trabajar en base a la emoción y lo que te entregan las mujeres es mucho más que los hombres. Eso uno lo siente. La emoción es vida. Dirigir de acuerdo a las emociones del jugador, de lo que te entrega, es bastante gratificante. No me cierro a seguir en esto. Mi idea es ser un gran entrenador en Chile.

¿En qué modelos se fija?

Soy muy ecléctico en eso. Sin duda, no porque esté de moda, las escuelas holandesa y española me atraen mucho. O Pochettino y Simeone. Voy viendo y sacando para mi propio modelo. No digo que quiero ser como Pep Guardiola, pero dirigir desde la emoción me atrae muco y eso lo tiene él.

¿Qué expectativa tiene de la participación de Chile en los Juegos Olímpicos?

Tiene muchas posibilidades. Ellas nos han sorprendido siempre. Cuando fueron al repechaje, el 50 por ciento les tenía fe y el 50 por ciento no. Yo lo veo en las jugadoras que van a la Selección y el hambre que tienen de seguir consiguiendo cosas y de dejar en alto al fútbol femenino. Nos pueden sorprender. Hay grandes jugadoras, faltan algunas por llamar. Tenemos jugadoras que a lo mejor tuvieron problemas, pero que eran súper importantes para la Selección. Una de las goleadoras en otro campeonato internacional no está. Faltan, pero con las que están podemos hacer cosas importantes. Son grandes jugadoras Uno las ve entrenar y no hay diferencias con los equipos masculinos.

Ya que lo menciona y es jugadora suya, ¿Su Helen Galaz está dispuesta a volver a la Selección?

No. Ese es tema totalmente personal. Está Ámbar Soruco o Su Helen, pero es un tema totalmente personal.

¿Le gusta cómo juega la Selección?

Todos los sistemas son bueno, pero depende de a lo que apuntes como entrenador. Si tú apuntas a resultados y el sistema te sirve, y él apunta a no jugar bonito, pero conseguir resultados, está bien. No puedo opinar de su sistema. Si busca aprovechar a sus jugadoras, el gran trato al balón que tienen. Si su sistema es recogerse y esperar al rival, es un tema totalmente personal. No puedo criticar si el resultado es la clasificación. Yo lo respeto.

Y usted, con las mismas jugadoras, ¿plantearía una idea diferente?

Sí, totalmente. Y vuelvo a lo mismo: la materia prima que tiene la selección chilena la quisiera cualquier entrenador. Desde las jugadoras del Chago, que son espectaculares entrenando, las que vienen de afuera, la portera, las delanteras y laterales que tiene. Yo haría otra cosa, mi sistema sería otro. Yo era delantero, por lo tanto soy más agresivo. Me gusta llegar al otro arco con consistencia, con mucho volumen. Sí. Haría otra cosa.

Un balance feliz

Fue delantero, goleador y se ganó el aprecio de la gente con un festejo icónico, ¿quedó feliz con su carrera?

Sí. Todo lo que me propuse, lo cumplí. Llegar a jugar, que costaba mucho. Ahora es más fácil, porque hay veedores en todos lados. Antes era la prueba, con tres mil niños y si tenías suerte te veía el técnico, Me propuse diferentes objetivos y los fui cumpliendo. A la U llegué a lo último del fútbol formativo. Salí campeón, goleador en juveniles. A mí me tocó siempre el camino más largo. Me tuve que ir de la U y me rescató Audax, pero siempre soñé con jugar en la U. Era pelotero y siempre dije que mi sueño era que ese codo de quince mil personas gritara mi nombre. Entonces, di la vuelta larga, volví a la U, salí campeón y sucedió. Fui campeón, fui goleador. Lo que si quedó pendiente, y que siempre soñé, fue ir al fútbol argentino. Tuve la posibilidad, pero no se dio, en el San Lorenzo de Pellegrini. Anduvo dos años detrás mío y al final no pude. No era como ahora. Los equipos eran más románticos, no eran sociedades anónimas. Entonces, te tenían cuatro años ahí, lo máximo que pudieran. Pero logré todo lo que me propuse. Fui a México, pero siempre soñé con jugar en Argentina, por cómo se vivían los partidos, la presión que tiene el jugador.

Ya me quedó claro que en la U fue feliz, pero ¿la U de Conce de 2003 fue el mejor equipo que integró?

Por el tipo de jugadores, sí. Cuando fui campeón en la U, también había grandes jugadores, como Johnny, Rivarola, Iturra, Pepe Rojas, pero como equipo, lo afiatados que estábamos y lo que conseguimos con muy poco, fue la U de Conce. Estaban Jorge Valdivia, Beausejour, Coto Ribera, Luis Pedro Figueroa…

¿Sospechaba la estatura que tendrían Valdivia y Beausejour?

De verdad, lo hablábamos. Eran chicos, pero ahí los llamaron a la Selección. Beausejour no era titular con nosotros y lo convocaron. Ya se veía la potencia que tenía, siendo muy menor. O la técnica y la habilidad e inteligencia que tenía Jorge. Ya se veía venir que, por lo menos ellos dos, iban a ser grandes jugadores.

¿Le tocó agarrarlos y darles algún consejo?

Sí. Es que yo era muy enojón. En algún momento debo haberlos agarrado. Jorge era diferente. No te pescaban. Eran como muestran a Alexis.

Mi amigo, el Matador

Marco Olea ingresa por Marcelo Salas, en un amistoso de la U. Observa un joven cuarto árbitro Roberto Tobar. Foto: Archivo Copesa.
Marco Olea ingresa por Marcelo Salas, en un amistoso de la U. Observa un joven cuarto árbitro Roberto Tobar. Foto: Archivo Copesa.

En la U le tocó le tuvo que pelear la titularidad a grandes jugadores. Estuvo con Gioino, Rivarola y luego con Olivera y Salas, ¿eso explica que le costara ganarse un puesto estable?

Sí. Me gustaba, sí. Se los digo a las niñas también. Nosotros estamos expuestos constantemente a exámenes. No en cualquier trabajo te están evaluando todas las semanas. Y en esa U en otros puestos no se daba. Cuando entraba desde la banca, hacía goles. O ellos hacían y yo entraba y hacía dos. Le dábamos problemas a Héctor Pinto. Pero no lo tomo como una mala experiencia, como que me costó. Me hice respetar como jugador en la cancha, con mi esfuerzo, lo que quería entregarle a la U era el 100 por ciento en los minutos en que entrara. Mi paso por la U no pasó desapercibido.

¿Qué significó para usted tener al Matador como compañero?

Ah, eso es totalmente diferente. Es un privilegio tener a tu ídolo de compañero. Siempre fue mi referente. Con Marcelo salimos desde el mismo club de barrio, en Temuco. Llegamos a la misma edad a Santiago. Entonces, Marcelo jugaba un poco más retrasado, de diez. Yo iba de pelotero y lo veía jugar la Copa Libertadores. Ir a verlo calentar era todo. Y después tenerlo de compañero de pieza es un sueño. Primero, es un sueño jugar por el equipo del que eres hincha, entrar a la cancha, vestir la camiseta, hacer un gol. Y después, que tu ídolo sea tu compañero y, más encima, te vayas a concentrar con él.

Habrá alguna anécdota imperdible con Salas, me imagino.

Era cabrón, jaja. Jamás le ibas a quitar el control. Yo cuando iba a concentrar con Marcelo, a nosotros nos llevaban el desayuno a la pieza. Había buffet abajo y a nosotros nos llegaba lo mismo, pero a la pieza. Si hubieran existido los grupos de WhatsApp, hubiésemos hecho explosión abajo, porque los otros estaban ahí y nosotros teníamos todo en un carro, pero más reducido. Y era porque se trataba del Matador nomás.

¿En qué lugar del ránking de jugadores históricos de Chile pone a Salas?

Es difícil. Es mi ídolo, pero hay un respeto por jugadores como don Leonel Sánchez, don Carlos Campos. No podría colocarlo antes que esos jugadores.

¿Y en la Selección tampoco?

Es que si me hablas de goleadores, está en el dos. Primero don Leonel. Pero en el macro de referentes, es difícil, porque hay jugadores íconos que a lo mejor no se respetan. Yo tuve la posibilidad de conocer a Carlos Campos y le tengo un respeto enorme. No podría poner al Matador antes que a Leonel o Carlos Campos.

¿A quién se le ocurrió la idea de la corbata?

A mí. Pero fue una humorada. Justo fue para un partido frente a Audax. Estaba saliendo el Play 1 y nosotros hacíamos celebraciones en la concentración. Hicimos muchos goles y muchas celebraciones. Era un grupo muy unido y alegre. Todos los fines de semana inventábamos uno. Al final del campeonato se nos estaban acabando. Un día vi una corbata en el clóset y se me ocurrió llevarla. Jugamos contra Audax, centro del Tanque Hurtado y gol mío de cabeza. Ahí la saco y un periodista de allá pone en la portada que habíamos ganado con gol del Caballero del Gol. Después lo toma Claudio Palma. Después jugamos en Santiago y traje la corbata. Le hice un gol a Palestino y Palma, que se empezaba a escuchar harto, dice lo del Caballero del Gol. Y luego, en la U, lo primero que me hacen Los de Abajo es regalarme una corbata.

Después pasa por MasterChef, ¿ya le quedan mejor los cupcakes?

Fue un gran paso. Cuando me retiré del fútbol, por una decisión propia, estaban empezando las sociedades anónimas y no se estaba respetando al jugador. Decidí alejarme totalmente del fútbol. Sabía que iba a hacer el curso de técnico, pero necesitaba un respiro. Dentro de eso, salió una invitación a un casting, porque unos productores sabían que cocinaba. Fui a un casting como todos, nadie me conocía. Solo el camarógrafo me saludó como El Caballero del Gol. Yo siempre lo tomé como una humorada, hasta que vino la selección de los 300, la de los 50 y luego la de los 22. Y me veo en un set de televisión. Lo tomé como una humorada. Pensé que me iba a la primera. Yo cocinaba los días domingo y veía que mis compañeros hablaban de reducción, de emplatado y yo en mi vida había escuchado esas palabras. Y la reducción era una salsa. Para ellos, su sueño era la cocina. Todos los capítulos pensaba que me iba. Pero después empecé a estudiar. Lo tomé como un desafío. Sabía que no iba a ganar, porque tampoco me lo había puesto en la cabeza, pero ya no era una humorada. Estudiaba hasta las cuatro de la mañana, veía platos, preguntaba por las salsas. Me lo tomé en serio.

Marco Olea y su inseperable compañera de celebración: la corbata. Un clásico que derivó en el apodo "Caballero del Gol". Foto: Archivo Copesa.
Marco Olea y su inseperable compañera de celebración: la corbata. Un clásico que derivó en el apodo "Caballero del Gol". Foto: Archivo Copesa.

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