Designación de Irina Karamanos como futura primera dama provoca fisura en el movimiento feminista

Irina Karamanos.

Para un sector del feminismo es una contradicción con los postulados del movimiento que desde marzo Karamanos asuma un rol que no está definido y se sustenta en el vínculo afectivo con el presidente electo . Antes de asumir, ella deberá resolver algunos dilemas, por ejemplo, si tendrá una labor remunerada o ad honorem.


Incluso su designación fue especial. Fue la misma Irina Karamanos (CS), antropóloga feminista y pareja del presidente electo, Gabriel Boric, quien anunció que asumiría el rol de primera dama, pero con la misión de reformular el cargo.

El mandatario electo solo envió un mensaje en redes sociales confirmando la decisión que inmediatamente generó un debate subterráneo en el movimiento feminista y entre fuerzas afines a la coalición de gobierno.

Si bien el rol protagónico de Karamanos fue promovido durante la segunda vuelta por el equipo de Boric en vista de la buena recepción que la pareja tuvo en la ciudadanía, para un sector más radical del feminismo era una contradicción con los postulados del movimiento.

Daniela Osorio, vocera de la Coordinadora 8M, señala a La Tercera que “una buena señal hubiese sido terminar con el cargo. Nos parece que es un rol informal, que no está regulado y que nos devuelve a la segunda fila. Es un rol súper complejo... Para nosotras, los cargos en democracia y los cargos de la función pública no pueden depender de con quién nos relacionamos sexoafectivmente. Esto es una crítica al rol, no a Irina Karamanos en particular”.

En redes sociales la también dirigenta de la Coordinadora 8M, Karina Nohales, dijo: “Era un buen momento para terminar con el rol de primera dama. Rol informal, no regulado e históricamente asignado a mujeres en virtud de relaciones familiares. Rol que ha sido asignado a otras personas en los dos gobiernos de Michelle Bachelet”. En otro posteo agregó que “lamentablemente, la viabilidad de esa decisión (que debió ser difícil) transcurrió por afirmar un rol retrógrado. Me pregunto si el único lugar de aporte al proyecto es desde un cargo”.

Camila Miranda, presidenta de la Fundación Nodo XXI, uno de los centros de pensamiento de Apruebo Dignidad, también intervino en el debate que se generó en redes. “Me puse a mirar qué hay explícito sobre sus funciones (en el gabinete de la primera dama) y pillé esto. Además del familismo implicado, muchas (funciones) ya las ven ministerios”, escribió sin precisar si era crítica o compartía la decisión de Karamanos de asumir este rol.

Promesa de campaña

Uno de los problemas es que el propio Boric en su campaña había dicho que su interés era terminar con el cargo. Esa declaración, de hecho, le fue recordada por algunos columnistas, como el periodista Daniel Matamala.

No obstante, consultado por el tema, el presidente electo dijo que no veía contradicción, pues la apuesta de Karamanos será reformular el cargo desde dentro y, para eso, se requería asumirlo.

La explicación tampoco fue completamente satisfactoria para filas del Frente Amplio y de Apruebo Dignidad.

“Encuentro alucinante que personas piensen que es un gran giro histórico que Irina Karamanos asuma como primera dama. Literalmente, SOLO está ahí porque tiene una relación sexoafectiva con Gabriel Boric. ¡¿Cómo vamos a alegrarnos de un acceso al poder dado solo por ser “pareja de”?!”, escribió en Twitter June García Ardiles, activista y escritora feminista y militante de Revolución Democrática.

La presunta contradicción, además, no es el único problema. La decisión de Karamanos implica una serie de dilemas que deberá resolver antes de asumir y eventualmente en el ejercicio del cargo.

Cargo ad honorem o remunerado

Un punto no menor es si Karamanos tendrá una función remunerada. Uno de los principios que defiende el programa de gobierno de Boric es que las mujeres sean reconocidas y remuneradas debidamente en sus trabajos, incluso domésticos, sin discriminación respecto de los hombres.

No obstante, históricamente la tarea de las primeras damas ha sido ad honorem. Incluso, cuando Sebastián Dávalos Bachelet -en el segundo gobierno de su madre Michelle Bachelet- cumplió la función de director Sociocultural de La Moneda (repartición de la Presidencia desde donde se organiza el gabinete de la primera dama) también renunció a la posibilidad de recibir una remuneración “por ética”, según dijo en 2014.

En realidad, más que un tema ético, hay un impedimento legal para que las esposas, hijos o familiares cercanos de un gobernante sean contratados.

Sin embargo, el caso de Irina es distinto. Ella no está casada con Boric, por lo tanto, la jurisprudencia que ha establecido la Contraloría es que las parejas o “pololos(as)” de una autoridad sí pueden ser contratadas con sueldo. Solo existe una recomendación: que la autoridad se inhiba de tomar decisiones que favorezcan a la persona con quien tiene un vínculo afectivo.

Ese fue el criterio que adoptó el contralor Jorge Bermúdez a partir del caso de la ministra Karla Rubilar y el periodista Christián Pino, quien incluso había sido contratado por la Secretaría General de Gobierno (Segegob) con un sueldo simbólico de $ 1.

“Los términos de este rol tienen un fuerte carácter patriarcal, que reproduce la división patriarcal del trabajo, en tanto se ejerce una especie de labor de cuidado del país”, señala Daniela Osorio (8M).

Otras dudas y disyuntivas

Otra encrucijada, a partir de experiencias pasadas, es cómo evitar la mezcla de conflictos políticos y públicos con situaciones personales y afectivas. El mismo caso de Dávalos generó un conflicto a partir de los negocios de la nuera de la entonces presidenta, a través de la empresa Caval, que terminó involucrando a todo el gobierno. El vínculo filial impidió que, en 2015, el ministro del Interior de la época, Rodrigo Peñailillo, cortara de raíz la polémica. Si bien la permanencia de Dávalos en el gobierno se hizo insostenible, el episodio dañó irreparablemente la relación entre Bachelet y su ministro del Interior, quien era partidario de que el hijo de la mandataria renunciara a La Moneda desde un principio.

Otra incógnita son las expectativas y cómo poder reformular un cargo que legalmente no existe y que se adapta según cada presidente. De hecho, aunque Irina Karamanos logre generar una propuesta satisfactoria para su sector, en cuatro años más, legítimamente el próximo(a) gobernante puede decidir otra estructura.

Carolina Garrido, politóloga feminista y militante PS, cree que “el cargo de primera dama, más allá del rol que tenga..., al feminismo no le hace ningún sentido. Esa es la crítica: la persona que ocupa ese cargo no tiene ninguna otra característica que ser la esposa de alguien y el feminismo ha reivindicado que somos mucho más que la pareja de alguien”.

Si bien a priori no cree que sea “un error” asumir el cargo, considera que “las declaraciones han sido confusas”. En esa línea, en lo personal dice que “a mí me hace sentido que quieran ocupar esos espacios de poder, y qué mejor que una feminista como Irina para reflexionar sobre este cargo y reestructurarlo”.

A juicio de Julieta Suárez-Cao, también politóloga feminista, profesional la U. de Buenos Aires y doctora en Ciencia Política de la Universidad de Northwestern, “para cierto sector del feminismo la primera dama es un rol que parece anacrónico, conservador, muy ligado a un matrimonio”, pero coincide en que puede ser desafiante tratar de reformar el cargo.

“Todos los sistemas presidenciales de la región lo tienen y es un poco ingenuo creer que iba a desaparecer de Chile para siempre el modelo de primera dama”, añade Suárez-Cao.

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