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¿Importa o no que haya curas homosexuales?: Celibato sale otra vez a la discusión

La Iglesia chilena ha vivido uno de sus años más complejos.

"El 50% de los sacerdotes son homosexuales" dijo el sancionado Tito Rivera en una polémica entrevista. Sacerdotes, laicos y canonistas entran a la discusión. ¿Se condena el acto o la tendencia? ¿Pertenece a la vida privada de las personas? . "No se pueden admitir dobles vidas”, asegura el religioso Francisco Walker.


“Graves acusaciones contra algunos obispos o superiores, que habrían confiado dichas instituciones educativas (seminarios) a sacerdotes sospechosos de homosexualidad activa”. Este fue uno de los tantos reproches que el Papa Francisco les hizo a todos los obispos chilenos en mayo de 2018, cuando los citó al Vaticano y les entregó una carta, en la cual hizo hincapié en varios puntos deficitarios, basándose en el Informe Scicluna, sobre la situación de la Iglesia en Chile.

En estas últimas semanas, dos hechos puntuales volvieron a poner el dedo en la llaga: el libro “Sodoma, poder y escándalo en el Vaticano”, del autor Frédéric Martel, sobre la homosexualidad en la curia romana; y las declaraciones que en la noche del miércoles reciente dio el sacerdote Tito Rivera, denunciado por una presunta violación en la Catedral Metropolitana, quien sostuvo que “un 50 % de los sacerdotes son homosexuales”.

Las preguntas llueven. ¿Es tan así? Y si lo fuera, ¿resulta realmente relevante? ¿O problemático? ¿Pertenece a la vida privada de las personas, curas incluidos, o la institución religiosa debiera darle un nuevo vistazo a sus ejes fundacionales?

El sacerdote Francisco Walker, experto en derecho canónico, explica que “las normas de la Iglesia son claras: una persona con tendencias homosexuales no debe ser ordenada sacerdote. El ambiente masculino propio de los seminarios y del sacerdocio en general, más otros factores más largos de explicar, hacen que los riesgos sean muy grandes. Cosa distinta es si alguien ya ordenado experimenta esta tendencia. En tal caso, dependerá cómo viva su sacerdocio”.

Apunta que “si vive castamente y entregado a su ministerio, puede ser incluso un santo sacerdote. La clave es que no se pueden admitir dobles vidas en el sacerdocio, y esto vale tanto para relaciones con varones como con mujeres. Eso es una hipocresía tremenda. En general, estos temas deben ser enfrentados, y la Iglesia los debe abordar con valentía y transparencia, aplicando debidamente las normas que existen sobre estas materias”.

Célibes

El debate crece y el tema no ha sido nunca precisamente cómodo para la jerarquía católica. Ejemplos sobran. En 2014, luego de aprobarse el Acuerdo de Vida en Pareja (APV) en el Senado, el propio cardenal Ricardo Ezzati afirmó que “no existe fundamento alguno para asimilar o establecer analogías entre las uniones homosexuales y el proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia”.

Respecto de la homosexualidad, Alejandro Álvarez, abogado canonista de la Fundación Voces Católicas, dice que “de acuerdo a las disposiciones de la Iglesia, un candidato al sacerdocio no puede presentar conducta homosexual, así como tampoco conductas heterosexuales, puesto que el sacerdote es una prolongación histórica de Jesucristo célibe, que con un corazón indiviso se entrega a todas las personas sin preferencias, a ejemplo de Cristo. La razón del celibato es por una parte teológica y por la otra práctica”.

Y sobre si la orientación sexual es un “problema”, subraya que “más que problema, es un síntoma preocupante de una doble vida, que no solo puede llevar un homosexual, sino que también un heterosexual. Lo que todos esperamos de los sacerdotes es una vida coherente con la vocación que libre y voluntariamente han abrazado en la Iglesia. Este síntoma requiere un serio proceso de discernimiento en la admisión de los candidatos al sacerdocio, así como un importante formación humana y afectiva, que le permita al clero estar a la altura de su misión y consagrarse al servicio del pueblo Dios, que necesita más que nunca sacerdotes que nos devuelvan la esperanza y la fe”.

A modo de background religioso, para entender la mirada doctrinaria sobre el asunto, el sacerdote Walker explica que “en lo que respecta a la homosexualidad ,en general, la doctrina católica distingue entre la condición o tendencia, por un lado, y los actos homosexuales, por otro. En la Iglesia, al igual que en el resto de la sociedad, hay un número apreciable de personas que experimentan atracción hacia el mismo sexo, y la Iglesia mira a estas personas con pleno respeto, sin hacer un juicio moral sobre su tendencia. Sin embargo, los actos homosexuales son considerados pecaminosos, en cuanto no están orientados a los fines de la sexualidad humana, la cual supone una verdadera complementariedad, tanto física como psico-afectiva, y una apertura a la vida”.

Y añade que “respecto de los sacerdotes, los casos de abuso han demostrado que efectivamente existe un porcentaje, cuyo número es muy difícil de conocer, pero ciertamente menor al señalado por Tito Rivera, de sacerdotes homosexuales. Aquí, debo señalar, en forma muy clara, que ser homosexual no es en ningún caso sinónimo de ser abusador. Son dos cosas totalmente diferentes. Pero es un hecho que en los casos de abusos cometidos por sacerdotes católicos, hay un muy alto porcentaje de víctimas varones”.

Cobo: Una decisión personal

Otra mirada la aporta el sacerdote Sergio Cobo, denunciante de Karadima, quien sostienen que el hecho de que haya presbíteros homosexuales es una cuestión “a estas alturas bastante evidente”. Sin embargo, señala que “no me parece que ser homosexual, necesariamente, por principio, tenga que ser algo contrario a un ministerio fecundo y entregado a la Iglesia. Más allá de que lo reconozca o lo quiera reconocer o no, me parece una decisión personal el admitirlo públicamente”.

El jesuita Tony Mifsud, director de la Revista Mensaje, no se atreve a dar una cifra sobre la dimensión de este tema. “Nunca se ha hecho una estadística sobre eso, pero sí está la imagen que vuelve una y otra vez, de que hay mucha gente homosexual que está en el clero”.

Pero Mifsud cree que la discusión es sobre el celibato y no sobre la orientación sexual: “Para mí, personalmente, no es ningún problema. A mí, lo que me parece, es que aquí hay un voto de celibato relacionado con el sacerdocio, por lo tanto, si un sacerdote es homosexual, pero mantiene el celibato, creo que no hay nada de malo. El problema sería si un homosexual o un heterosexual tiene una vida doble, eso no puede ser”, dice.

Para el sacerdote, “la condición sexual no define a la persona, lo que define a la persona es ser persona. Lo importante es que cada uno sea honesto, es que si cualquiera que sea heterosexual u homosexual que quiera entrar al seminario que sea fiel y honesto a su misión”.

 

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