La complejidad laboral, el otro gran rompecabezas de los aplazamientos del fútbol chileno

BALON TORNEO NACIONAL

Foto: Agenciauno

El fútbol no aguanta más recesos. Uno más y se pasa a 2020, lo que expone a los clubes a tener que reformular los contratos que expiran el 31 de diciembre. Ni siquiera la ley resulta concluyente respecto de la materia.




El fútbol dio ayer una potente señal de unidad. En el Consejo de Presidentes al que convocó la ANFP estuvieron también los futbolistas y los entrenadores. De esa confraternidad quedó un registro que pretende ser histórico: todos posaron para una fotografía que reflejaba cohesión y también un compromiso. El balompié nacional volverá a los estadios el fin de semana del 23 de noviembre. Ese, al menos, es el acuerdo entre sus actores. Dependerá, naturalmente, de las condiciones y de las autorizaciones respectivas.

Más allá de las sanas intenciones, lo concreto es que la ANFP, el Sifup ni los técnicos tenían margen. Las fechas agobian y si el fútbol pasa del 31 de diciembre a los problemas económicos que dicen estar sufriendo las instituciones, por la falta de recaudaciones y la posibilidad de quedarse sin ingresos provenientes del CDF se suma otra: la de perder a los jugadores que tengan contratos hasta el último día de 2019.

El escenario es complejo, pues ni siquiera los especialistas en la materia se ponen de acuerdo respecto de qué podría pasar. La generalidad es que los clubes suscriban con sus jugadores contratos por la temporada. Es decir, hasta el último día en que tengan compromisos deportivos por disputar. Sin embargo, hay instituciones que reconocen que tienen jugadores contratados hasta fin de año, naturalmente sin haber previsto que el torneo podría extenderse más allá de ese límite por una crisis social de la que ni siquiera se sospechaba cuando los ficharon. "Tenemos jugadores hasta el 31 de diciembre. No muchos", admite, por ejemplo, Luis Baquedano, gerente general de Unión Española. La realidad se replica en varios clubes.

¿Qué hacer?

Sin un nuevo receso obligado, aún es posible terminar el torneo sin pasarse al calendario siguiente. De respetarse el orden de emergencia, los últimos partidos, que en rigor corresponderán a la desplazada 11ª fecha de la segunda rueda se jugarán el fin de semana del 22 de diciembre. Sin embargo, si la inestabilidad social se mantiene y no existen las condiciones para volver a disputar partidos (al menos en condiciones normales, con público) habrá que pensar en condiciones especiales.

"Lo que se puede hacer una modificación de contrato", apunta Baquedano, en una lógica que apunta a mantener en los planteles a la máxima cantidad de jugadores posibles.  "Depende. Por un tema de claridad debe hacerse un anexo, que necesita la firma del jugador. Por eso los contratos se hacen por la temporada y no por un plazo fijo", explica, desde su perspectiva, Alfonso Canales, abogado del Sindicato de Futbolistas Profesionales.

El capítulo VI del Código del Trabajo está referido al contrato de los deportistas profesionales y a los trabajadores que desempeñan actividades conexas. El artículo 152 bis D alude a las extensiones de los contratos. "El contrato de trabajo de los deportistas profesionales y trabajadores que desempeñen actividades conexas se celebrará por tiempo determinado. La duración del primer contrato de trabajo que se celebre con una entidad deportiva no podrá ser inferior a una temporada, o lo que reste de ésta, si se ha iniciado, ni superior a cinco años. La renovación de dicho contrato deberá contar con el acuerdo expreso y por escrito del trabajador, en cada oportunidad, y tendrá una duración mínima de seis meses", consigna.

Entre la ley y la interpretación

El problema es que la regulación no resulta todo lo concluyente que debería ser. "Se pilla un poco la cola, porque la renovación tendrían que ser por seis meses. ¿Y si el futbolista no quiere? También se ve difícil la extensión automática, que involucraría un plazo aún mayor. Por eso surge más claro la firma de un anexo, que requiere la firma del jugador. Sería un instrumento de buena fe, atendidas las circunstancias actuales. Basta el acuerdo de las partes, en el entendido de que un contrato es siempre consensual. Hay que validarlo en la ANFP, mediante la Comisión Jurídica, pero es un camino viable", insiste Canales.

La confusión es tal que ni siquiera los representantes de los futbolistas, quienes deberían conocer con mayor detalle las relaciones laborales de sus pupilos, saben con certeza a qué atenerse. "¿Qué pasaría si a un jugador X le llega una oferta por un millón de dólares para irse después del 31 de diciembre y el Campeonato no ha terminado? Tendrían que liberarlo. Por eso los clubes se cubren poniendo en los contratos que la duración es hasta el final de la temporada. Y el fútbol no se rige por leyes distintas en materia laboral", apunta el agente José Luis Carreño.

El dirigente hispano Luis Baquedano aporta la visión dirigencial en este sentido. "Si el jugador que haya terminado contrato recibe una oferta, seguramente se accederá a que se vaya. Lo primero que hay que hacer es preguntarles a los jugadores", teoriza. "Todo el mercado nacional estará en la misma", explica.

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