La “intervención” del Segundo Piso en el Minsal durante las últimas semanas de Mañalich

16 de marzo del 2020/SANTIAGO El Presidente de la Republica, Sebastian Piñera, observa a Jaime Mañalich, ministro de Salud, que habla en el entre patio, del Palacio de La Moneda, tras finalizar la reunión interministerial, por coronavirus. FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO

En mayo el Presidente pidió que tres asesores -uno de ellos de su extrema confianza- revisaran a fondo los datos del Minsal sobre el manejo de la crisis para sus decisiones. Su gente se reunió durante semanas con el caído ministro, sus dos subsecretarios, jefes de gabinete, estadísticos y el departamento de Epidemiología. La "misión", que no fue solicitada por Mañalich, revisó números e hizo hallazgos que provocaron cambios metodológicos en el conteo del número de fallecidos, asunto que marcó la salida del antecesor de Enrique Paris.




Depende a quién se le pregunte. Para parte del exequipo de Jaime Mañalich que aún sigue en el Minsal, fue una “irrupción” del Segundo Piso, una “intervención” que generó “molestia e incomodidad”. En La Moneda no se ponen de acuerdo en los vocablos. Lo que para unos fue una “intervención”, para otros fue “un ejercicio de accountability” -según una ex autoridad-, pero terceros hablan de un “chequeo cruzado”, o un “trabajo colaborativo” y hasta un “reforzamiento”. Y hasta hay quienes atribuyen tanto comentario a que en el ministerio que ahora está en manos de Enrique Paris queda gente con la “epidermis un tanto delicada”.

Pero como dice el Presidente, uno puede tener sus propias interpretaciones, pero no sus propios datos. Y los que detallan tanto en su equipo como algunas voces del Minsal coinciden en que en las últimas semanas antes de la salida de Jaime Mañalich, un equipo de al menos tres asesores, tanto del Segundo Piso como de su gabinete, intensificaron el trabajo que venían efectuando junto a la cartera con la misión de revisar los datos sobre el manejo de la pandemia.

Y coinciden en que se centraron en tres ítemes, entre otros: el método con que se contabilizan los casos de contagios, el ítem de los exámenes de laboratorio y la metodología que se utiliza para contar y registrar los fallecimientos. Todos, y especialmente este último, han enfrentado críticas de la comunidad científica y hasta alcances del Consejo Asesor COVID-19. El asunto de los decesos recibió aun más, luego de dos cambios de criterio y confusión en el mensaje, y la revelación de CIPER de que el Minsal informaba a la OMS una cifra mucho mayor que la que informaba al país, lo que apuró en parte la salida de Mañalich.

Según el relato reconstruido por La Tercera PM, en mayo pasado el Presidente pidió “reforzar” el trabajo de su equipo con el Minsal. El Segundo Piso que comanda el economista Cristián Larroulet tiene sectorialistas por área en su staff. En Salud, los temas de la agenda “normal” (no relacionados con la pandemia) los ve Magdalena Salinas, y desde la llegada del COVID-19, estaba encima el asesor de confianza de Piñera Benjamín Salas, que también participa en el comité de crisis.

Esta labor que muchos describen que data “del día uno”, sufrió un cambio cuando los contagios se dispararon. A principios de mayo, relata una versión, el Presidente pidió expresamente que Salas uniera fuerzas con los asesores del Segundo Piso Ignacio Parot y Pablo Eguiguren. Ambos, dicen en Palacio, dominan el mundo de los números: a este último lo recordarán por el episodio de la minuta filtrada a la prensa argentina para rebatir las cifras de letalidad comparada de Alberto Fernández. La misión que les solicitó -según trascendidos de Palacio- fue específica: que para tomar mejores decisiones, necesitaba recabar información lo más acabada posible, con análisis. Para eso se precisaba mirar bien el manejo de la información, específicamente en su procesamiento y comprensión.

Todo eso, según esta misma versión, porque Piñera habría concluido que la gestión de Mañalich necesitaba “ayuda”. Otra fuente de La Moneda asegura que el Mandatario “no estaba obteniendo respuestas a todo lo que quería saber”, en días en que la pandemia se agudizaba y se caía en gruesos errores comunicacionales.

Y al menos dos fuentes de La Moneda afirman que en la plana mayor de Palacio cundía la sensación de que la información no fluía del todo desde el Minsal hacia otros ministerios y organismos que tenían roles claves en el manejo de la pandemia. El ejemplo que más se señala es el del Senama, que no lograba acceder a los registros de contagios y muertes de adultos mayores a pesar de solicitarlos, por lo que optó por hacer un conteo paralelo. Sin embargo, la única vez en que dieron a conocer esas cifras públicamente, tuvieron un fuerte llamado de atención por parte de la cartera que dirigía Mañalich.

En Palacio afirman que parte de ello ocurría porque Mañalich operaba con un equipo muy cerrado y porque prefería controlar el flujo de información.

Para entonces, el exministro ya había puesto por primera vez su cargo a disposición los últimos días de abril, como lo reveló La Tercera Domingo. Mañalich enfrentaba múltiples flancos y se asentaba el diagnóstico de que comenzaba a desgastarse. A principios de ese mismo mes entraron otros hombres y mujeres de la confianza presidencial a áreas críticas de la gestión: el exsubsecretario Rodrigo Ubilla llegó como asesor el 8 de mayo a apurar el operativo Cajas de Alimentos, pero luego pasó a gestionar la implementación de las residencias sanitarias.

Como sea, algo está claro y no hay dos voces: Mañalich no fue el que pidió esto.

En ese cuadro, Salas, Parot y Eguiguren comenzaron a intensificar una ronda de reuniones -unas presenciales, otras remotas- que incluyeron a los subsecretarios Paula Daza y Arturo Zúñiga; al jefe de gabinete de éste, Jorge Acosta; a la hasta ayer jefa de gabinete de Mañalich, Itziar Linazasoro (reemplazada desde hoy por Juan Carlos Ríos, uno de los primeros fichajes de Paris junto a su nuevo jefe de prensa, Raúl Escárate); a la jefa de la División de Planificación Sanitaria, Joanna Acevedo; al jefe del Departamento de Epidemiología, Rafael Araos, y al bioestadístico Fabio Paredes, quien desde comienzos de abril trabaja en Epidemiología.

También se reunieron con Mañalich, según un testigo de estos encuentros.

Uno de los relatos detalla que en estos encuentros -que algunos describen como “mesas de trabajo”- los enviados de Presidencia se dedicaron al levantamiento de cifras, revisaron a fondo documentos y datos, sobre todo números, provenientes del Departamento que capitanea Araos. Y que en esa labor detectaron una serie de “hallazgos” que motivaron cambios metodológicos, y por ende, de comunicaciones. En el círculo cercano al Mandatario hay quienes advierten que algunas de estas modificaciones se alcanzaron a aplicar durante el mandato de Mañalich, otras no alcanzaron, y otras las está ejecutando Paris.

Citan tres casos de hallazgos que motivaron “alertas”, que fueron informadas a las autoridades. Uno fue un ajuste de los casos activos de COVID-19, que motivó un decreto dictado por el Minsal y que comenzaron a contar según lo establecido en el reporte epidemiológico.

El segundo cambio impactó en el conteo de los fallecidos, y se tradujo en un brusco aumento de 653 casos en un solo día que sumaron al acumulado, registrando un total de 2.190 decesos el día. Este reajuste fue el que se comunicó en el balance diario del 7 de junio.

El registro de decesos sufriría más tarde nuevos cambios. Uno, hace dos semanas, cuando el Minsal anunció una nueva metodología que iba a recoger la recomendación de la OMS de considerar casos probables, pero que ese mismo día (lunes 1) el ministro dijo que aún no se iba a aplicar. En esto, en Palacio dicen que debió a una confusión originada en comunicaciones del Minsal y no en el Segundo Piso.

A la semana siguiente, la pasada, entró en escena el ministro de Ciencias, Andrés Couve, y se anunció otro método: contrastar la base de datos del Registro Civil con la que recogen los laboratorios, esto fue producto del trabajo con la gente de Presidencia. Luego, cuando asumió Paris el sábado, debutó informando que retomarían los criterios de la OMS, considerando a los casos probables.

El tercero fue el informado en el balance de hoy, que suma 31.412 casos no notificados que serán incorporados en los próximos reportes del Minsal, con lo que el total superará los 200 mil contagiados confirmados hasta la fecha. Este se decidió al incorporar los casos de contagiados con PCR positivo que no tenían confirmación clínica o que no habían sido integrados por los doctores en el sistema Epivigila y que fueron incluidos en un “ajuste de stock" a los casos confirmados.

¿Estuvo de acuerdo Mañalich en toda esta labor? En Palacio dicen que concordó en líneas gruesas, pero no en todo: una versión dice que el ex ministro quería hacerlo de forma paulatina, pero que Paris -y el Presidente- querían hacerlo lo más rápido posible. Piñera, recalcan allá, habría insistido en que se contabilizaran también los casos probables de fallecidos a causa del virus, que fue lo que anunció Paris el fin de semana. Y que eso -eso sí reconocen- Mañalich habría estado dispuesto a hacerlo, pero que “no lo alcanzó a ejecutar”.

En Palacio hay quienes insisten que lo hecho por Salas, Eguiguren y Parot no fue ni una intervención que buscara fiscalizar ni una auditoría de ningún tipo. Otras voces dicen que difícilmente podrían tomarse mal la labor que precisamente está llamada a hacer el Segundo Piso. Pero la gente de Mañalich insiste en que fue una irrupción que molestó. Y otros personeros de Salud argumentan que en todo el proceso no hubo nada extraño y que fue “transparente”.

Como sea, este flujo de información directo al gabinete presidencial y a Larroulet sigue hasta hoy. Tanto así, que incluso esta semana Salas y Eguiguren han figurado como receptores del reporte epidemiológico diario que se envía por correo electrónico y de forma interna dentro del Minsal.

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